Yo soy de los que piensa que los genios nacen. Es una cuestión biológica que nuestros cerebros están predestinados a hacer algo. Ahora bien, ¿qué hacemos con ese talento innato y como lo ponemos en marcha al servicio de nuestras aspiraciones? Eso es algo que depende solo de nosotros mismos.
Incluso en ambientes donde no se cultiva el amor a la escritura, puede nacer un escritor. No obstante, puede suceder que este talento, esta pasión nunca se descubra, y eso, es una gran tragedia.
He visto personas muy inteligentes que, producto de las vicisitudes de la vida, han desperdiciado esas capacidades y las han usado para estupideces, dejando sus vidas estancadas y vacías. Como he tenido la oportunidad de presenciar el caso contrario, donde, a pesar de las circunstancias adversas, han conseguido salir adelante y explotar ese talento innato y hacer lo que siempre quisieron hacer.
Pese a sus fallos, tuve la fortuna de que en mi colegio me inculcaron el deseo de leer. Al principio lo veía como una obligación, pero con el tiempo le cogí el gusto. Aunque tuve que darme cuenta por mi cuenta qué clase de lectura es la que realmente me gusta, pero esa es una historia que dejaré para otra ocasión.
El genio es como cualquier otro tubérculo, no crece en el aire.
¡Oye que buena frase!
Opino como Gary. Es innegable que las personas nacemos con ciertos dones o dotados de ciertas habilidades innatas (Mozart ya tocaba el clavicordio a los 4 años... Mucho esfuerzo detrás a esa corta edad no podía haber). Pero claro, en la mano de cada uno está explotarlo.
Esto que andáis debatiendo trae a mi cabeza un párrafo del gran Truman Capote, con el que estoy muy de acuerdo: "Al principio fue muy divertido. Dejó de serlo cuando averigüé la diferencia entre escribir bien y escribir mal; y luego hice otro descubrimiento más alarmante todavía: la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil pero brutal (Capote 1981: 9)". Estoy de acuerdo en que hay gente que asistiendo a clases de escritura mejora mucho, y la voluntad y el esfuerzo son encomiables, pero ese duende, esa magia, "eso" que hace que el lector trague saliva, yo creo que con eso se nace. Ojo, es mi humilde opinión.
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Incluso en ambientes donde no se cultiva el amor a la escritura, puede nacer un escritor. No obstante, puede suceder que este talento, esta pasión nunca se descubra, y eso, es una gran tragedia.
He visto personas muy inteligentes que, producto de las vicisitudes de la vida, han desperdiciado esas capacidades y las han usado para estupideces, dejando sus vidas estancadas y vacías. Como he tenido la oportunidad de presenciar el caso contrario, donde, a pesar de las circunstancias adversas, han conseguido salir adelante y explotar ese talento innato y hacer lo que siempre quisieron hacer.
Pese a sus fallos, tuve la fortuna de que en mi colegio me inculcaron el deseo de leer. Al principio lo veía como una obligación, pero con el tiempo le cogí el gusto. Aunque tuve que darme cuenta por mi cuenta qué clase de lectura es la que realmente me gusta, pero esa es una historia que dejaré para otra ocasión.
¡Oye que buena frase!
Opino como Gary. Es innegable que las personas nacemos con ciertos dones o dotados de ciertas habilidades innatas (Mozart ya tocaba el clavicordio a los 4 años... Mucho esfuerzo detrás a esa corta edad no podía haber). Pero claro, en la mano de cada uno está explotarlo.
El genio es como cualquier otro tubérculo, no crece en el aire.
Lo malo es que sea un tubérculo "papafrita", que por estos lares le llamamos a esa gente banal, sin luces, nada brillante
Estoy de acuerdo en que hay gente que asistiendo a clases de escritura mejora mucho, y la voluntad y el esfuerzo son encomiables, pero ese duende, esa magia, "eso" que hace que el lector trague saliva, yo creo que con eso se nace. Ojo, es mi humilde opinión.