Hay un momento en el que no es ni de día ni de noche, es ese proceso fugaz en el que el sol se esconde detrás de alguna parte dando vida a las farolas. Hay caras pasando, parejas diciendo alguna que otra cosa que quedará en el olvido, una sonrisa que sigue un silencio y un silencio seguido por una explosión de palabras proclamando la libertad de un ser encarcelado. La música de un violinista callejero resuena en las calles llegando a rincones inesperados, desde los tejados de casas olvidadas hasta aquel bar de la callejuela de enfrente donde los hombres y las mujeres beben vino y cerveza desde tiempos de los que no queda constancia. Que música tan agradable. ¿Sabrá acaso aquel violinista que provoca sensaciones tan dispares? Desde inspirar un verso a una mirada de indiferencia. Ahora es ese momento del día en el que el sol tan solo es mero recuerdo. La oscuridad siempre llega al alma después de ver la cosas mas increibles, aquel musico se marcha y ya no habrá espectador del mismo momento , no existirá una visión del mundo identica a esta... ¿Lo sabrá el violinista? ¿Lo sabrá?
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