Siempre pensó que había sido un chico obediente o sumiso ante sus padres. Pero también hacia todos sus mayores aunque estos mayores dejaran mucho que desear. Sabía desde los quince años que tenía que librar una batalla por su independencia y no iba a ser fácil. Una enfermedad nerviosa se iba a encargar de enredarlo todo para que las cosas fueran más difíciles. Y sin contar con las gilipolleces de su hermana pequeña a la que solo sacaba un año. Pero luchó y trabajó con altos y bajos hasta la caída final. Le dieron una pensión por incapacidad. Había podido comprar un piso con grandes esfuerzos, con grandes renuncias. No había vivido la noche con un cubata en la mano carcajeándose de la vida pero tenía su piso. Pero no tenía para pagárselo. Menos mal que la depresión nerviosa que le aquejaba no le había dado disgustos. Tomaba su medicación y visitaba al psiquiatra pero todo el mundo decía que estaba normal, que era una persona normal, que por qué no trabajaba. En el último trabajo no pudo soportar la presión, le temblaban los brazos, se ponía muy nervioso. Su hermana no quiso ayudarla, sus mayores pensaban que él iba a ser una carga siempre. El quería quitarse de en medio esa lacra de sentirse dependiente y débil. Mataba el tiempo escribiendo virtualmente en una web de literatura. Allí hablaba de su problema como una terapia, también inventaba otras historias. Los demás miembros las juzgaban. Le gustaba aquel especie de juego literario. Pero de la literatura no viven más que cuatro afortunados. Deseó vivir de lo que escribía. escribió una larga novela de tintes autobiográficos. La paseó por editoriales. Nada. Nada de nada. Ahora sigue pidiendo a sus padres para poder comer con vergüenza porque sus padres quisieron que él se pudiera ganar la vida por su cuenta. Para eso le educaron aunque suene cruel, aunque suene egoísta. Va ya por la cuarta novela, casi no sale de casa, no va con amigos desde hace tiempo. Su salud mental un día se resintió, le ingresaron. En el psiquiátrico aprendió a perdonarse un poco pero no lo suficiente. Al final le publicaron una novela y fue éxito de ventas. Pero ya no es el mismo. Ha dejado de luchar mientras habla en la radio de argumentos y personajes sin ninguna pasión, sin ninguna emoción. Todo es comercio en su vida actual. Tiene pensado cuando cumpla los cincuenta, retirarse a Icaria, un pueblo griego y escribir allí algo no comercial, no autobiográfico, sólo una historia muy bonita, muy bonita.
Comentarios
Me gusta la forma directa de enfocar el relato, y encuentro muy cercano al personaje luchando por hacer llegar mediante la escritura algo muy real y que procede de lo más intimo. Sí que comienze pronto esa novela prometida.