No veas lo que puede provocar el aburrimiento.
Mi madre coleccionaba lechuzas, de adorno, claro.
Fue una obsesión que le duró unos cuantos años, hasta que me metí donde no me llamaban y se la cagué.
Desde que tengo uso de razón aquellas extrañas criaturitas nos acechan con sus ojos penetrantes, desde todos los ángulos de la casa.
Una tarde, sentí pena por mi madre, al verla echada en el sofá mirando la televisión. Vaya mierda de vida entregada a la maternidad, a las tareas de la casa, a la cotidianeidad de unos días pedorros, sin más núcleo que los de las telenovelas baratas que miraba.
Aburrida, sin saber que más buscar en youtube, quise hacer algo por ella. Tuve la brillante idea de crear una fanpage de coleccionistas de lechuzas.
Al cabo de un mes, tenía casi cincuenta seguidores que me escribían desde todos los barrios de la cuidad. Participaban subiendo las fotos de sus apreciadas lechucitas. Algunos pirados comenzaron a juntarse para intercambiar ejemplares.
Mi madre había abandonado la novela de la tarde por estar pendiente de la página, la cual le había enseñado exitosamente a administrar.
Una mujer, Susana Fuentes, vino un día a visitarla a nuestra casa. Trajo como cuarenta búhos de todos los tamaños y colores envueltos en papel madera dentro de un bolso.
Junto a otros chiflados por las lechuzas, acordaron reunirse en la plaza de nuestro barrio, los primeros sábados de cada mes.
Llevaban sus estatuitas y las exponían sobre lonas extendidas por el suelo. Pronto, el número de seguidores de la página aumentó de cincuenta a cien, y se sumaron fanáticos de otras ciudades cercanas.
El Club de las lechuzas, (o los locos de las lechuzas), como se conocían entre las personas que caminaban, comenzó a ser un atractivo paseo para los habitantes de aquella ciudad carente de alternativas u otras ofertas tentadoras.
No tardó demasiado en ponerse de moda comprar lechuzas para adornar las casas. Pronto, las miradas de aquellos animalitos que tan familiares me resultaban, comenzaron a verse por todos lados. Estampadas en camisetas, en bolsos, en carteles de los cines, en folletos de supermercados. Se convirtieron de la noche a la mañana, en una imagen representativa de la ciudad. Los gobernantes tampoco dudaron en sacar provecho a la situación y comenzaron a realizar actos durante los encuentros de los coleccionistas.
Cuando las lechuzas alcanzaron aquella fama, mi madre cerró la fanpage. Botó todas las aves de la casa, incluso aquellas exóticas del armario vidriado, y retomó las novelas de la tarde.
Cuando regresé del colegio, noté de inmediato el poderoso vacío que había dejado la ausencia de aquellos búhos. No hizo falta que le pregunte nada, solo miré a mi madre esperando una explicación:
-Ya no me gustan, dijo sin más.
Me encogí de hombros, reflexioné unos segundos, me pareció que la respuesta tenía su lógica.
Pasé caminando rápidamente por delante del televisor en busca del ordenaron que estaba cerrado encima de la mesa.
Comentarios
Me siento identificado con ellos por un tema estrictamente corporativo y tal.
Los hay quien dice que dan suerte.
Yo colecciono muertos.
Tengo tantos que podría empapelar la casa con ellos.
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Ya veremos.. ya veremos
Saludos!!
¡¡Pero que asco!!! Seguro que esos muertos no tuvieron búhos que le traigan suerte.
Y tus vecinos, con el olor que saldrá de tu casa, tampoco.
EEEEHHH, bueno gracias por comentar, jejeje. Arrivederci!!!
La historia es curiosa, casi surrealista, divertida. Escribes de una forma peculiar, una de las pocas cosas que puedo apuntar es que tienes muchos, muchos, puntos y aparte, y hace que la lectura sea algo difícil, porque vas saltando de una linea a otra, vas saltando de una idea a otra sin molestarte siquiera en unirlas.
Venga, queremos ver mas relatos surrealistas :-P
Gracias avedón.
te doy la razón con los de los puntos y apartes. Yo no se si es tan surrealista
Curioso lo diferente que leemos unos de otros, yo sólo noto el tema de los puntos y aparte en un sentido gráfico, no me parece que afecte a la fluidez y de hecho lo leo mejor que bien.
Me encantó ese punto de inflexión del "Ya no me gustan". La vida tiene a veces explicaciones extrañamente sencillas.
Muy bien hilvanada toda la idea, mucha naturalidad en las letras, me encantó.
Saludos!
así como una palabra se multiplica al repetirla, o el amor se expande.
Un foro, el bien y el mal, succionándose mutuamente, mutando, tu poesía tan cotidiana y exagerada, abre los ojos de quien cubre sus paredes con viejas estampas de santos, reivindicando las conclusiones.
Me ha gustado.
Sé que ciertos términos muy coloquiales ( "cargue", "pedorra¨") eran necesarios para el desarrollo de la historia, pero me rechinan. Costumbres que tiene una...
Gracias por sus interesantes y llamativos comentarios
Saludos!