Ni tanto ni tan poco.
Jorge Luis Borges me autografió aquel libro en 1978.
Era la Feria de Buenos Aires. ¿Te recuerdas? Aquella que todos los años se levanta en Palermo. A veces en el Predio Municipal de Exposiciones y a veces en la Sociedad Rural.
Tengo por cierto que por aquellos años derrochabas juventud y belleza.
Y te lastimaba el país, igual que a mí. Estábamos a medias. Estábamos y no estábamos. Vivíamos en el centro de un bosque de palabras. A veces te salvaba Neruda, otras veces Cioran. “Tengo que matar el tiempo antes que el tiempo me mate a mí” decías en aquellas tardes de Pepsi y anfetamina. Y yo te replicaba: “Ayer tiré diez sonetos a la basura”.
Desde España Benedetti instaba a no salvarse.
-Acá no se salva nadie. –me decías- Y en el mundo tampoco.
Luego tus padres te internaron y me prohibieron verte. Yo caminaba a veces con mi cuaderno bajo el brazo en la vereda del Instituto dónde estabas. Y miraba minuciosamente cada una de las ventanas, cada reflejo en los vidrios, cada movimiento en las cortinas y cada luz que se prendía y apagaba.
Sin embargo nunca pude verte.
Lo único que supe es que te mandaron a Europa en barco.
En casa quedaba el libro que Jorge Luis Borges me autografió en 1978 y que yo pensaba regalarte. El maestro estaba ciego. Más que una firma era un trazo irregular del que no se entendía nada. “Pero era de Borges”, decías, y estabas en lo cierto. Ese trazo ininteligible había sido hecho por el maestro.
Mientras tanto yo no me salvé pero seguí viviendo.
Abandoné la literatura, me casé y tuve hijos. Viajé por el mundo, conocí Disneyworld y hasta me compré un automóvil cero kilómetro. Fueron años ambiguos de contrastes y envejecimiento. Tiempos de la doble vida y otras intoxicaciones. Tiempos de aspirar la coca y saber y darse cuenta que era mucho mejor la anfetamina.
Y así las Ferias del Libro fueron pasando. Y veinte años después de que te fueras a Europa te encontré por Internet. Dabas clase en la Sorbona.
Eras profesora de la Historia del Arte en la Sorbona. Algo que por momentos se me hacía difícil de creer y de entender.
Yo aquí me volví grande, te lo juro.
Y buen día, sin saber bien porque, retorné a estas cuestiones de andar combinando palabras y palabras. Andaba solo, divorciado y enfrentando la vejez. Y entre tantas mudanzas terminé por extraviar aquel libro que Borges me había autografiado en 1978.
Cosas que pasan.
Ni tanto ni tan poco.
Que he ganado algún que otro concurso y que alguna gente le gusta lo que escribo.
Ahora mismo me he puesto a pensar en escribir un cuento corto. Algo que pueda reflejar algunas cosas de tu vida y de la mía. No sé bien lo que pondré en el texto pero el título ya lo tengo.
Será un breve elogio de la melancolía.
Bar Imperio 2014
Comentarios
Corrijo alguna errata por si quiere modificarlo en el original: "y un buen día, sin saber bien por qué"
Muy buen texto, que me deja igual que Brahma...
Por cierto, bastante tierna la imagen del Borges firmando :-D
Cuando escribe Bar Imperio parece que te lo cuenta al oído, y además, sus referencias literarias, no resulta pedantes ( como le dijo hoy, o ayer la compañera Sinrima a Carlos Serrano), es que las gentes que leen de verdad, que se apasionan por los pensamientos, sus referentes forman parte de ellos, no lo esgrimen para figurar, sino para compartir, para hacer su voz comprensible, audible entendible y demás ibles, al resto del personal). Son generosos.
Nestor, te remarco estas estrofas que para mi gusto son impagables:
Y miraba minuciosamente cada una de las ventanas, cada reflejo en los vidrios,cada movimiento en las cortinas y cada luz que se prendía y apagaba.
… Y Yo aquí me volví grande, te lo juro.
(yo también mevuelvo grande cuando te leo)
La serie de conjunciones reiterativas no hacen más que reforzar la intención, no estorban, al contrario.
¡Gran título amigo!