Capítulo VII
(Traducido de inglés a español)
--¡Cariño, ya te dije que no me gusta este perro! ¡Otra vez igual! Me ocurrió lo mismo cuando convencí a Sile para llevarlo de caza. Nada mas subir a la camioneta, ¡se lo hizo todo el muy cochino! Y para la caza, ¡un inútil!
Espera, que ya lo saco yo del coche. A ver si con lo que nos traiga el chico podemos limpiarlo un poco, de momento--dijo echando un suspiro Frank, el primo hermano de Lady Sile, que, junto a su esposa, acudió a recoger el perro que legalmente ya les pertenecía.
Ésta, haciendo caso omiso, abrió la puerta trasera del vehículo y se dispuso a sacarlo a la fuerza.
--¡Fuera! ¡Fuera! ¡Sal del coche!´--comenzó a gritarle mientras tiraba de la correa que Damián gentilmente les había proporcionado. Pero el pobre can cada vez se encontraba más inmovilizado por el miedo que, desde el primer momento y sin razón aparente le causaban los dos.
La mujer, viendo que tanto se resistía a salir y casi histérica de oler todo lo que éste había depositado sobre el asiento de atrás, lo agarró del collar y lo arrastró como un saco hacia afuera, haciéndole caer sobre sus patas en el suelo.
--la culpa la tuvo Sile por haberte mimado tanto--le murmuró al animal con desprecio.
En un solo segundo el rostro del perro se transformó y una expresión de fiera agresiva sustituyó a la cara de súplica y terror. Apenas escuchó el gruñido, la mujer fue a soltarlo percatándose de algo, pero tarde. Los colmillos de nuestro pobre amigo ya se habían disparado como la punta un látigo.
Un fuerte alarido resonó por todo el lugar. Damián corrió hacia ellos soltando el cubo y la esponja, sabiendo que ya no le daba tiempo a nada.
La mujer estaba sentada en el suelo con el antebrazo ensangrentado. Su marido, agachado a su lado, la intentaba calmar. Al mismo tiempo rebuscaba por el bolsillo de la chaqueta su pañuelo para tapar un pequeño agujero que el mordisco le dejó a la altura de la muñeca.
La cosa se comenzó a sosegar en cuanto vieron que no se trataba de algo serio. Sólo fue necesaria una cura sencilla, que el mismo Damián se encargó de realizar con el botiquín del centro.
--¿ Mejor cariño?--le preguntó en voz baja Frank a su mujer mientras le destapaba ligeramente el algodón de la muñeca para asegurarse una vez más de que la herida no sangraba.
Ahora estaban los dos sentados en un estrecho sofá que usaban los voluntarios para echarse una siesta de vez en cuando dentro de la pequeña caseta que hacía de oficina.
--Sí cielo, acercame mi taza, por favor--le respondió, un poco llorosa aun.
Damián les había preparado café para que se fueran tranquilizando mientras esperaban. ¡Cómo no! En seguida ya se había ofrecido a limpiarles un poco el coche. A él no le importaba mucho porque estaba acostumbrado a este tipo “percances”. Además, así le daba tiempo a pensar.
--Algo le pasa a Gajito con estos señores. No es normal cómo ha reaccionado desde que llegaron. Y, después de esto … ¿qué harán con él?…--se decía preocupado mientras frotaba el asiento trasero con una esponja jabonosa.
Y , justo de eso se encontraban ellos hablando en la oficina.
--No quiero saber nada de este perro cariño, lo dejamos aquí.--dijo ella con la voz yá calmada y fría.
--Por mi mejor.--respondió en seguida él--No me gustan los perros, si no es para la caza. Lo mejor será hacer una pequeña donación al centro y que se lo queden.
--Pero, entonces habrá que llevarse otro. Sabes que se lo iba a regalar a Rosa para cuidarle su casa de campo--le inquirió ella, refiriéndose a su apreciada amistad de cuando estudiaba español en esta ciudad.
--Y ya se lo había apalabrado. Anoche me comentó que, además de la necesidad de un vigilante, le hacía ilusión tener una mascota …
--Pues llévale otro-- interrumpió él. --Había un Pit Bull muy bonito en una de las jaulas. Esos perros son buenos vigilantes. Y tienen agallas, no como el mimado ese.--añadió con desprecio.
--No es mala idea … yo también lo he visto, sí.--dijo pensativa.--Preguntémosle ahora al muchacho.--
Al cabo de una hora el lujoso coche de Frank y su esposa se alejaba del lugar con Pit entusiasmado ladrando con la cabeza asomada por la ventanilla de atrás, mientras el joven los despedía a lo lejos saludándoles con el brazo, feliz del sorprendente resultado.
Capítulo VIII
Hola amigos, perdonad que intervenga de nuevo. Hay cosas que Yago no os puede contar y yo os debo aclarar porque, al fin y al cabo, también formo parte de esta historia.
Perder mi oportunidad de encontrarme con Sheila apenas me importaba con tanta tristeza que sentía por su propia desdicha.
Todos los días me despertaba al alba y, tras comprobar el correcto funcionamiento del servicio realizado por la señal marítima donde resido (El Faro de CaboMayor, en Santander), bajaba despacio por la ladera hacia el mar mientras contemplaba los bellos matices que diferenciaban cada amanecer de esta linda ciudad; en función de las nubes, el estado de la mar, la humedad del aire … etc.
Al llegar a la playa caminaba y caminaba por la orilla siempre abstraído del tiempo con el sonido de las olas en mis pensamientos.
Cualquier momento del día podía resultar bueno o malo excepto aquellos paseos en los que siempre me encontraba bien. Por eso disfrutaba de ello todo el tiempo posible hasta que comenzaban a bajar los turistas.
Después del accidente, durante estas comuniones con la naturaleza, no paraba de meditar, andando con los pies por el agua, intentando digerir todo.
Según iban pasando los días y, casi sin darme cuenta, fui avanzando por una cadena de conclusiones que me descubrieron, paso a paso, mi verdadera realidad. La cuál no se parecía en nada a la impostora que hasta entonces me tenía engañado.
Inesperadamente todo comenzó a tener cada vez más sentido. Me explico:
¿Por qué fui tan feliz con Sheila? ¿Por qué comencé a pensar de pronto en ella, después de tantos años? Y, ¿Por qué me sentí, no se si aun o de nuevo, tan enamorado?
Desde que ella y yo nos amamos con dulzura aquellas dos semanas, mi vida transcurrió por una línea ascendente de integración social, a la vez que mis sentimientos fueron perdiendo relevancia. Así, mientras más importancia le iba dando a la lucha del día a día, en la misma proporción iba olvidando viejas sensaciones que me guiaron en situaciones de desconcierto siendo un niño.
Por aquello de “no hay mal que por bien no venga” esto cambió al atravesar mi pequeña crisis personal. Cosas, o bien sencillas; como una mirada tierna, una sonrisa sincera, un gesto amable … o bien un poco extrañas: un silencio sentido y saboreado, nuevos puntos de vista en lo cotidiano, analizar despacio algo escuchado … me entretenían cada vez más.
En poco tiempo, estas novedades se fueron haciendo rutinarias. Y también me deleitaba así con los buenos recuerdos.
Por eso reviví mentalmente mi romance con Sheila e idealicé un reencuentro como el antídoto de mis penas. Luego, al suceder el naufragio, todo se derrumbó.
Sin embargo, el camino estaba abierto y, a pesar de que el destino volvió a ser más cruel que nunca con nosotros, yo continué mi vida diaria con ese tipo de relaciones y comportamientos que la brújula de las sensaciones me iba indicando. Gracias a ello ahora empezaba a sentirme acorde con el mundo.
Una de esas deliciosas mañanas, tumbado en la arena, me quedé dormido. Solía ocurrirme de vez en cuando. Pero en esta ocasión, me despertaron juntos un olor y un sabor característicos. Rápidamente, al abrir los ojos, comprobé que una espesa niebla de amanecer me rodeaba. Algo muy normal en verano, pero había que estar atento para poner en funcionamiento la sirena del faro inmediatamente. Aquel silbido intermitente era una estimable ayuda para evitar que algún barco pudiera acercarse por error a las rocas que rodeaban el acantilado, que caía en vertical unos cincuenta metros desde los pies de la torre. Así que, en unos segundos ya estaba corriendo por la orilla hacia las rocas del final de la playa con idea de subir por un atajo y ponerla en marcha cuanto antes. Atravesándolas con la marea baja y una vez situado de espaldas al norte, había que semiescalar la pared escarpada que caía desde el faro. Un trayecto sólo conocido por algunos pescadores lugareños, que yo ya me sabía casi de memoria. A buen ritmo y salvando con cuidado algunos pasos ciertamente peligrosos, solía tardar 10 ó 15 minutos en llegar arriba, menos de la mitad que por el camino habitual de la ladera de levante.
Llevaba unos minutos trepando sin ningún peligro, a pesar de sentirme angustiado por el tremendo espesor que aquella niebla iba adquiriendo. Sabía que la calma es fundamental cuando se tiene prisa, y más aun desde que cambió mi manera de ser, como os vengo contando. Pero el sonido del motor de una embarcación no demasiado lejos, me hizo olvidarlo un poco. Lo suficiente para dar un paso precipitado y resbalar hacia abajo, cayendo por suerte en un recoveco entre dos rocas escarpadas que acababa de pasar.
--¡Dios! ¡Qué suerte he tenido!--pensé mientras miraba hacia abajo.
--¡Así no se hacen las cosas Jorge!-- Me regañé.
Apoyando los brazos en ambas piedras, conseguí desencajarme del hueco para reiniciar el ascenso.
--¡¡Ay!! ¡Ufff!--no podía pisar con el pie derecho. La adrenalina me había hecho no sentir hasta ese momento la torcedura. Sólo recordaba haber frenado la caída con él. Volví a posarme como pude en aquel hueco y me quedé pensando, valorando la situación.
--Puedo subir. Ya iré buscando la manera de ayudarme con los brazos. Despacio y tranquilo chaval--
Fue decirme esas palabras y recordé el barco de repente. ¡El ruido del motor se escuchaba ahora mucho más cerca!
Me quedé bloqueado. No podía pensar tan deprisa. Ahora sí notaba la adrenalina acelerándome el corazón.
--Viene, viene. ¡Viene directo a las rocas y no me da tiempo!--murmuraba sintiendo el aire cada vez mas denso.
Hice un esfuerzo por respirar profundamente y tendí mis brazos sobre la roca de uno de mis costados, dejando caer la cabeza. Me frotaba la frente y los ojos sobre ellos soltando algún gemido al pensar en lo inevitable. Aquella embarcación, de tamaño respetable a juzgar por el sonido, iba a encayar con toda seguridad en pocos minutos si no viraba de inmediato.
Capítulo IX
Menos mal que Dami es un hombre muy bueno. No me ha regañado por todo lo que pasó hoy. Estoy seguro de que él sabe que fue sin querer. En cuanto le ví aparecer por el patio con mi tio Frank y la bruja esa, mi cuerpo se puso a temblar sin yo poder evitarlo. El instinto ordenaba miedo y terror al recordar sus interminables visitas a casa de Womy. Por no hablar de, cuando me llevó a un sitio lleno de perros hambrientos y angustiados para que yo, fuerte y bien alimentado, les quitara los conejos que los pobres buscaban por el monte. Cogí uno por mi tendencia a obedecer y nada más llegar me lo quitó diciendo … “¡Yá era hora inútil!”.
Pero lo que menos me gustaba por encima de todo, era captar lo mal que se sentía mi ama cuando esa señora le hablaba. Por eso se me escaparon los colmillos al percibir la manera en que mentó su nombre esta mañana.
Después de aquello, no me podía imaginar que terminara hoy tan bien el día. ¡Qué digo bien! ¡Hacía tiempo que no me sentía tan feliz! ¡Encima de librarme de mis tíos, nos hemos liberado todos de Pit! ¡Ho!, ¡ho!, ¡ho! ¡Cuánto tiempo sin reirme así!
Y Dami lo sabe porque se ha alegrado un montón al ver que recuperé el apetito. Esta tarde me comí toda la ración que nos puso.
Pasados unos días …
¿Qué tal chicos y chicas? La cosa marcha bien. Ahora ya tengo esperanza de que el próximo compañero que, para su fortuna sea adoptado, corra la voz de lo que pido en mis marcas. Dami ya me deja estar suelto casi todo el día y a varios amigos también. A nuestro nuevo líder lo llamamos Randy. Es de lo más simpático y no nos regaña ni tapa los mensajes a nadie. Para que sepáis qué cachondo es, os pongo un párrafo típico en sus marcas:
… “Randy, máximo responsable del lugar” … “ modestia aparte, el más ágil y certero en la lucha“ … “ no me gusta la violencia, habiendo trato, respeto hasta los gatos” …
Y más al detalle:
… “hay que pasarlo bien hasta que salgamos de aquí” “ nadie debe desesperarse, tarde o temprano todos tendremos un hogar” …
Siempre muy social, hasta en los más ínfimos olores sin importancia:
… “Ron, te gané la apuesta, jeje. Damián pisó de lleno la horrible caca de Kimba nada salir al patio ayer” … “ Me debes una lavada de ojos, que tus lamidos son muy curativos” … “¿ Alguien sabe quien diablos roncaba tan fuerte anoche? …
Sin embargo, a pesar del buen ambiente que reina ahora, no sé por qué, todas las últimas visitas nos han dejado un nuevo compañero, en lugar de llevarse a alguien. Cada día, el patio está más concurrido y tenemos menos espacio para dormir en las celdas. Esto es lo único que me entristece un poco.
Tendré que seguir esperando amigos, la paciencia es una de las mayores virtudes que tiene un perro.
Capitulo X
Había perdido mi capacidad de reacción, pero empecé a notar una de esas sensaciones rescatadas en mi vida. Difícil de definir. Como si una voz interior me dijera: ¡Todavía no has perdido Jorge! ¡Busca un milagro!
No se si intentaba un milagro o pataleaba como un niño al que le han quitado la pelota, pero el caso es que me puse a gritar con todas mis fuerzas hacia el mar, al ritmo que la sirena debería estar marcando.
--¡¡¡Ehhhhhhhhhhh!!!… ¡¡¡Ehhhhhhhhhhh!!!--repitiéndolos de dos en dos y con las manos haciendo en lo posible de megáfono.
Seguía y seguía cada vez más desgargantado, cuando noté un resoplido en mi cabeza. Pegué un pequeño brinco del susto y al mirar hacia arriba, vi que era Lupo, un mastín español del chiringuito de la playa, que solía merodear por la zona. Debieron llamarle la atención mis gritos.
--¡Hola Lupo! ¡Anda bonito! Vé a avisar a alguien, ¡corre!--le dije sabiendo perfectamente que no me iba a hacer caso.
Pero, agarrándome a la remota posibilidad de que sí, se me ocurrió atarle mi camiseta de playa al cuello para que la viera su dueño, quien me conocía de sobra, y quizás podría reconocerla.
Él, como si nada, terminó de olfatearme y se fue hacia arriba por donde vino.
Cuando leáis lo que ahora os voy a decir que hizo el perro os aseguro que más de uno cerrará el libro ante su incredulidad.
Siguió subiendo por las rocas y se situó en una de ellas, la que más sobresalía mirando al mar. Se arrimó hasta el borde y comenzó a emitir .., ¡unos aullidos impresionantes! ¡Se parecían al propio pitido de la sirena! ¡Eran ciertamente potentes y profundos!
No podía creer lo que estaba viendo. Estuvo aullando con todas sus fuerzas durante varios minutos hasta que, agarraos con lo siguiente, ¡el sonido de los motores del barco comenzaba a escucharse cada vez más lejos!
En ese momento, Lupo se quedó en silencio y, después de echarme una mirada, desapareció entre la niebla.
Debí tardar un rato en despertar de tanto asombro. Cuando lo hice retomé el camino despacio, yá con calma, gateando por donde no podía pisar, ayudándome con los brazos entre las rocas. No hacía más que darle vueltas a lo que acababa de suceder.
--Esto no es algo para decírselo a cualquiera--pensaba.--Si alguien me lo contara a mí, no le creería jamás.--
Al cabo de media hora avanzando muy despacio, llegué al faro y accioné la sirena al instante.
Por la noche, ya relajado, me senté en la terraza del porche a tomar una taza de té mientras recapacitaba sobre todo lo ocurrido. Aun estaba confuso con lo de Lupo. ¿Habrá sido algún tipo de casualidad? ¿Me estaría acaso imitando? …
De pronto, rompí a carcajadas recordando la escena del animal aullando con todas sus fuerzas hacia el mar, en medio de la niebla.
--Hay algo que sí que tengo muy claro--pensé.--voy a adoptar un perro.
Capitulo XI
¡Ha llegado alguien, queridos lectores humanos! …(Silencio). ¡Sí! ¡Sí! (gemidos). ¡Ya salen! ¡Ya salen! (ladridos, gemidos, gruñidos y gritos en general por parte de todos).
Echamos a correr, los que estamos sueltos, al mismo tiempo. La puerta no terminaba de abrirse y el bullicio era ensordecedor. Yo, que había conseguido situarme el primero, me subí sobre ella para empujarla, pero nada, para dentro nunca se abre. Se cerró del todo, como otras veces. Así que, también como siempre, comencé a arañarla con los demás, a la vez que le gritábamos a Dami cosas como: “¡Que abras yá!” , “¡Me toca a mí!”, “¡Mentira, a mí!” “¡Yo no soy chucho!” “¡Y yo tengo experiencia profesional!”, esto último lo decía Kimba, que tuvo un hogar durante años, hasta que la dejaron aquí. Randy, con su estilo de siempre, soltaba algún que otro ladrido desde atrás del todo …” ¡Que se lleve uno chicos! ¡Quien sea, pero que no se vaya solo! “
De momento no se olía a perro nuevo por la rendija de abajo y eso nos excitaba mucho; parecía una visita de adopción. Se escuchaba a Dami conversar con un hombre. Con el tono de su voz yá supe que estaba contento de recibirle. Señal, como en otras ocasiones de que venía a por una mascota. Al tiempo que le escuchaba hablar, entreabrió la puerta de nuevo.
Pero esta vez pude asomar la cabeza unos segundos hasta que me la empujó hacia fuera. Y ví lo que todos vosotros y yo llevamos esperando tanto desde el principio. Lo que sabía con seguridad que tenía que ocurrir, para así, hacer que sucediera. Lo que ya no me vais a permitir que siga sin decir: Aquel hombre era Jorge.
La explosión de alegría hizo que me pusiera muy nervioso y mis compañeros se contagiaron al verme así, por lo que la pugna por ser el primero en ver y recibir al visitanse aumentaba y se traducía en una revoltosa lucha por colocarse en el lado de la abertura. Esto me hizo recordar que cualquiera podría ser escogido y por eso debí perder el juicio durante un rato. Comencé a apartar a todos con mucha rabia y malas maneras. Hubo un intercambio de mordiscos entre ellos y yo hasta que, de pronto, de un salto, como cayendo del cielo, Randy se plantó frente a mí con un gruñido estremecedor. Me quedé inmovilizado de miedo, al igual que los demás. Nuestro nuevo líder sólo peleaba en raras ocasiones pero cuando lo hacía era un fiera terrible.
--¿Se puede saber qué diablos te pasa muchacho?--me siguió gruñendo.
Como me suele ocurrir en estos casos, me lo hice todo sin poderme contener, manchándome todas las patas.
Hice un esfuerzo por recordar que Randy era amigo mío y de todos, para apenas atreverme a gemirle cabizbajo y sumiso:
--El … El hombre que ha llegado es Jorge.--le aullé entre más gemidos mientras me tumbaba boca arriba en señal de rendición total.
--Es … Es el dueño que busco, el de mis marcas--seguí.
Randy cambió la expresión de enfado y me miró con cara de haber entendido. Se quedó unos segundos pensando sin decir nada hasta que se volvió a los demás y, con su elegancia habitual incluso en las órdenes dijo, dos veces con el ladrido serio y sin gritar más de lo necesario:
--¡Sólo Gajo se subirá a él!--
Se giró hacia mí y, antes de marcharse atrás del todo otra vez, me gruñó en voz baja:
--Es todo lo que puedo hacer chaval. Más, no sería justo. ¡Suerte!--
De repente, por fin se abrió la puerta y .., me temo que ya sabéis lo que felizmente ocurrió a continuación.
Pero, seguro que os estaréis formulando la misma pregunta que no paré yo de hacerme durante el trayecto hacia mi nuevo hogar:
Si ningún perro ha sido adoptado desde que vengo marcando mi mensaje, ¿Cómo y por qué se decidió Jorju a tener una mascota como amigo?
Estuve dándole vueltas y vueltas, al tiempo que pasábamos curvas y curvas por el sinuoso camino de subida al monte de CaboMayor. Cuando llegamos arriba y Jorju salió del coche para abrir la cancela de entrada al recinto del Faro, la respuesta se encendió en mi mente como una pantalla de cine presentando un título con grandes letras luminosas. ¡Estaba claro, debí haberlo imaginado antes! Era tan reveladora, que me hizo pensar esta moraleja: a menudo las cosas son imposibles de suceder por no esforzarnos en hacerlas imaginables.
En fin amigos y amigas, ya para despedirme y deseándoos un posible “despertar”, os dejo escrito lo que, aquellas relucientes palabras, decían:
PIT DIFUNDIÓ TU MENSAJE
Fin.
Comentarios
Compañeros foreros, os animo a que leais este relato de Jorgu porque seguro que os sorprenderá. Es refrescante, tiene ritmo y seguro que el tema me parece muy original.
Bienvenido y felicidades.
Lo primero, animarte a que sigas escribiendo.
Sobre el texto, comentarte que la frescura es invalorable a la hora de escribir, pero puede ser un lastre cuando llega el momento de corregir lo escrito.
No, no digo que haya que erradicarla, al contrario, es un valor agregado muy importante. Pero, al revisar el texto hay que pulirla un poco. Y eso es lo que me atrevo a sugerirte, que pulas, que abrillantes esa frescura. Es todo un trabajo, lo sé, pero vale la pena.
Walter