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Sandalias de bronce. Prólogo

Nae SirudNae Sirud Juan Boscán s.XVI
editado mayo 2014 en Narrativa
Como sabéis, hace unos días puse un enlace a los dos primeros capítulos de Sandalias de bronce, que varias personas tuvieron la gentileza de leer.

Cada vez tengo más claro que la redacción de esta novela va ganando según avanza, es decir, empieza muy floja y tarda unos cuantos capítulos en ser más aceptable y fluída. Cuando la comencé no tuve en cuenta aquello de iniciar el relato con algo que enganche, que cree alguna expectativa o interés.

Tampoco me gusta la idea de hacer parches, pero al final decidí hacer un capítulo previo o prólogo breve, a partir de uno de los momentos clave del desenlace. Es el que os pongo a continuación, y me gustaría saber qué sensación os da:

Comentarios

  • Nae SirudNae Sirud Juan Boscán s.XVI
    editado mayo 2014
    Inaídes, rey de Zirgon, de Barana y de Darmasala, sintió cómo la cólera le quemaba por dentro, ascendía inundando su cuerpo y amenazaba con explotar en su cabeza.

    —¿Que me espera dentro? —bramó–. ¿Pero qué es esto?

    ¿Cómo era posible que un miserable comandante de puesto se atreviera a no presentarse en la entrada de la guarnición, enterado de la visita de su rey? Ni siquiera había acudido a recibirlo en el patio de armas, y tenía la desfachatez de encargarle a un soldado tal responsabilidad. ¿Qué castigo merecía una ofensa como esta?

    —Esto es lo que veis —respondió el soldado con parsimonia, y entonces sucedió lo que menos hubiera esperado.

    Los más de cincuenta soldados del fuerte que presentaban armas rodeando a su escueto séquito habían levantado sus arcos como un solo hombre, y ahora le apuntaban, a él y a todo su grupo.

    Sin poder creer lo que estaba presenciando, miró a un lado y a otro, mientras sus acompañantes eran obligados a entregar las armas y descabalgar, y reparó con espanto en que muchos de los que lo amenazaban ¡Eran mujeres!

    —No puede ser —pronunció tan débilmente que nadie escuchó sus palabras–. Las mujeres guerreras.

    Entonces, no eran fantasías. Las historias que se contaban sobre una tierra en que las mujeres gobernaban y guerreaban eran realidad. Estaban ante él, vestidas con uniformes de su propio ejército. Sin duda habían conquistado el fuerte antes de su llegada ¿Era posible?

    Pero aún le quedaba una sorpresa más. El soldado que le había hablado cedió su puesto a una de aquellas mujeres, quien sin ninguna prisa se quitó el casco de cuero, liberando su melena negra y su rostro… Inaídes nunca la había visto, pero la reconoció.

    Era la protagonista de sus pesadillas, las que lo atormentaban desde hacía más de dos años, el sueño angustioso en el que uno de sus soldados se transformaba en una mujer bella y despiadada que lo condenaba por haberse atrevido a profanar su mundo, y a continuación lo ejecutaba con la espada ante sus propios hombres. El rey de Zirgon siempre lograba despertar antes de morir, pero no antes de sentir en su cuerpo el dolor de la espada que lo atravesaba, y sobre todo, el dolor de la vergüenza.

    Los ojos de la mujer se clavaron en los suyos, y el rey sintió que le arrancaban el alma, que lo absorbían y lo lanzaban hacia arriba, desde donde pudo verse a si mismo completamente cercado. Al instante se sintió caer como un relámpago, volver a su cuerpo y asomarse de nuevo a sus ojos.

    ¿Cómo era posible haber caído en semejante trampa? ¿Por qué razón había sido tan confiado, al acudir al fuerte de Nisura con sólo veinte soldados? ¿Cómo el dominador de los tres reinos podía haber tenido tamaño descuido?

    Iba a moverse, o quizá a decir algo, cuando se dio cuenta de que todo estaba en silencio y nadie se movía. Volvió a mirar a un lado y a otro. Hombres y mujeres parecían de piedra, un montón de estatuas que lo miraban. La brisa había cesado. ¿Qué ocurría? A su lado, las gotas de sudor se habían detenido y brillaban en la cara de su capitán. Levantó la vista y se asustó al ver varias aves inmóviles en pleno vuelo. ¿Qué prodigio es este? se preguntó sintiendo, terriblemente espaciados, los latidos de su corazón.

    Tenía que hacer algo. Envió a su mano en busca de la espada. Aquella magia que paralizaba a los demás ¿Podría servirle para salir airoso de esta encerrona?

    Sacó la espada. Escuchó el metal deslizándose como el silbido de mil serpientes, cada vez más agudo, pero en cuanto el sonido cesó, los ojos de la mujer volvieron a moverse, y su rostro tomó aquella expresión de burla que él había visto ya tantas veces.

    En ese momento, el rey Inaídes tomó su última decisión.

    Pero esto es casi el final de la historia, la consecuencia del encuentro entre dos mundos incompatibles, que empezaba a anunciarse unos tres años antes, en ta tierra de las mujeres guerreras.
  • elfabricadordetintaselfabricadordetintas Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2014
    Jolines, Nae, me gusta el prólogo, parece genial. Como soy un criticón obsesionado con tu libro, te comento 2 aspectos:
    .-Deberías eliminar alguna reiteración y sobre todo conjunciones adversativas, ej:
    y entonces sucedió lo que menos hubiera esperado.
    , mejor sería:
    y entonces ocurrió.
    o esto:
    Pero esto es casi el final de la historia, la consecuencia del encuentro entre dos mundos incompatibles, que empezaba a anunciarse unos tres años antes, en ta tierra de las mujeres guerreras.
    mejor.
    Esto es el final de la historia, la consecuencia del encuentro entre dos mundos incompatibles que empezaba a anunciarse tres años, en la tierra de las mujeres guerreras.
    También suele ser bueno corregir con una versión en papel, me sobra alguna coma y puntos, pero me gusta el texto, abre la puerta al mundo de confrontación entre mujeres guerreras y demás, muy original.

    Por último, desde mi punto de vista, quitaría el nombre del rey al inicio, lo dejaria así:
    "El rey sintió cómo la cólera le quemaba por dentro..." ya que ralentiza la lectura, ya tendrás tiempo de detallar quién es.
    Son consejillos, me gusta la ambientación y el prólogo en general y sabes que soy un perfeccionista.
  • elfabricadordetintaselfabricadordetintas Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2014
    Que conste que me gusta tu libro y el prólogo, que nadie se equivoque, pero soy escritor aficionado y pretendo echar una mano a una colega de batallas con los errores que yo he cometido ya antes, nada más. Creo que es una muy buena obra con mucho potencial.
  • Nae SirudNae Sirud Juan Boscán s.XVI
    editado mayo 2014
    Y además eres el primer lector "incondicional" que tengo. Muchas gracias por estar siempre "al acecho".

    Recapacitaré sobre lo que me dices. De hecho eras una de las opiniones a las que hice caso, en cuanto a que la falta de un principio con proyección acabaría siendo un defecto de cara a los lectores.

    Probaré cada una de las enmiendas que propones, quizá con alguna variante, a ver qué pasa. Supongo que unas irán adelante y otras no, también ésto es muy propio de mi. Pero no tengo duda de que el "producto" va mejorando con estas ayudas.

    Tampoco me olvido de que tengo pendiente comentar el resto de tu libro sobre el hacedor de tintas. Saludos.
  • elfabricadordetintaselfabricadordetintas Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2014
    Tampoco me olvido de que tengo pendiente comentar el resto de tu libro sobre el hacedor de tintas. Saludos.[/QUOTE]

    Bueno, yo también tengo pendiente el final de tu reseña, pero te enviaré un email explicando el por qué.
    Por otro lado, voy a estar un poco liado porque quiero publicar esta semana mi segundo libro, de relatos breves, ya te comentaré, estoy con los índices, tablas de contenidos y toda esa "rayada" de dar formato....lo peor. Ya os diré.
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