Marta se levantó como todos los fines de semana, a las diez de la mañana. Era un sábado soleado pero tenía toda la pinta de ser aburrido. Pensó en lo que tenía que hacer, básicamente era limpiar la casa y tirarse toda la tarde tumbada en el sofá viendo la televisión. Se puso a barrer cuando sonó el teléfono con ese timbre tan impertinente y molesto que tenía, “haber cuándo lo cambio” -pensó Marta. Apoyó la escoba a la pared y descolgó; se llevó una grata sorpresa al oír su voz, era su mejor amiga Laura. Hablaron unos quince minutos y al final quedaron para ir a tomar algo por el centro esa misma tarde, concretamente a las cinco. Se despidieron y Marta siguió limpiando.
Cuando paró de limpiar, miró el reloj y se asombró, ¡ya eran las dos y media de la tarde! Enseguida se preparó una ensalada fría y un poco de arroz, comió rápido, fregó los platos y se metió a la ducha. Cuarenta y cinco minutos más tarde salía. Se secó el pelo y se fue a arreglarse, ya eran casi las cuatro de la tarde. A las cuatro y veinte ya estaba lista, cogió las llaves del coche y salió de su casa. Al llegar al garaje, saludó a los vecinos que se encontró y se subió a su coche; dejó su bolso en el asiento del copiloto y puso el coche en marcha. Antes de salir por la rampa, saludó al guardia de seguridad que estaba en su caseta.
“La verdad es que es un día muy bonito como para desperdiciarlo quedándome en casa encerrada” –pensó Marta.
Al salir de la urbanización, cogió la carretera que lleva al centro de la ciudad. No había apenas tráfico. Cuando llegó al centro de la ciudad ya eran las cinco menos diez. Enseguida encontró sitio para aparcar y llamó a Laura para que supiese que ya había llegado. Marta fue hacia la plaza donde habían quedado y allí, como siempre, ya estaba Laura.
-¡Tan rápida y puntual como siempre!- le dijo Marta a Laura.- ¡Esa es una costumbre que nunca se te quitará!
-¡Y a ti la de no comer casi nada!- le contestó Laura.- Estás muy delgada.
Se dieron un abrazo pero no como los de siempre, este estaba cargado de todo tipo de emociones. Se sentaron en una mesa y se pidieron dos coca-colas.
-Marta, ¿cuánto hace que no te miras al espejo?- le dijo Laura.
-¿A qué viene eso ahora, Laura?- le replicó.
-¿Te crees que no me iba a enterar, Marta?
-¿De qué?
-De que desde que murió Jordi hace un mes apenas sales, vas del trabajo a casa y de casa al trabajo, casi no llamas ya ni a tus padres.
-Laura, tú no sabes lo duro que es el estar con una persona dos años y ¡pum!, que por culpa de un borracho no vayas a volver a verlo nunca más- le contestó Marta, llorando.
-Marta, lo único que quiero es que te desahogues con alguien, no te guardes todo para dentro porque es peor. Habla con alguien, aquí me tienes y lo sabes, ¿vale?
-Vale Laura, y siento no haberte llamado para hablar o eso pero es que no sabía qué hacer. Sólo sé que lloraba y lloraba hasta que ya no podía más.
-Marta, tú no tienes que disculparte, no tienes la culpa. Además alegra esa cara que pronto tú y yo nos vamos a ir de aquí por una temporada, para que te despejes.- le dijo Laura.
-¿Cómo que nos vamos, Laura? ¿A dónde?
-Nos vamos a Estados Unidos, exactamente vamos a recorrer la ruta 66. ¿Te apetece?- le preguntó Laura a Marta.
-No sé qué decir, Laura. ¿Qué dirán mis padres?
-¿Tus padres? ¡Pero si tus padres son los que han organizado todo esto! Estaban preocupados por ti, Marta.
-Ah, vale. Pero ¿y mi trabajo?
-Te han concedido un mes de vacaciones.- le dijo Laura, sonriendo.
-¿Un mes?- dijo Marta, estaba alucinando.
-Sí, un mes. Te tengo envidia, chica. Se ve que como eres una de las mejores investigadoras que tiene el laboratorio ese pues te quieren recompensar así por todo lo que has hecho.- le contestó Laura, en tono burlón y con una sonrisa pícara.
Siguieron hablando de otras cosas, riendo, bebiendo…
Una semana después, Marta ya tenía la maleta preparada. El día que se tenían que ir, cogió algunas cosas más y se fue al aeropuerto donde la esperaban sus padres, Laura y los padres de Laura. Cuando anunciaron que su vuelo ya estaba preparado para subir los pasajeros y despejar, Laura le preguntó a Marta:
-¿Preparada?
A lo que Marta le respondió:
-Creo que nunca lo había estado tanto como ahora.
Las dos se echaron a reír como locas mientras ya se alejaban por la puerta de embarque pero antes de cruzarla, se giraron y se despidieron de sus respectivos padres saludándoles con la mano.
Comentarios
Tu relato me ha gustado mucho.
Las dos cosas que más me han gustado de tu relato son el estilo con que lo has narrado: claro, sencillo, conciso y directo. Y el desarrollo, donde, en un brevísimo relato, hay tres cambios muy distintos de escenario, y que comienza con la perspectiva de la protagonista de que va a ser un sábado aburrido ¡y acaba con la protagonista en la puerta de embarque a punto de emprender con su mejor amiga un largo y emocionante viaje por otro continente!
Te felicito por tu relato, que me parece uno de los mejores relatos que he leído en este foro.
Te animo a que sigas publicando relatos así.
Un saludo. Y hasta pronto.