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Mi Marciana

Fabian BetancourtFabian Betancourt Pedro Abad s.XII
editado enero 2014 en Narrativa
CAPITULO I (Mi casa)
Mi nombre es Pedro, vivo a la orilla de un gran rio a los pies de una montaña, mis padres crían animales para vivir, en general estoy bastante en la granja voy muy poco al pueblo, solo cuando mi mamá tiene que comprar algo en la tienda de abarrotes de Don Manuel, mi papá a veces me lleva para que me corte el pelo o lo ayude con algunas cosas para los animales, tenemos gallinas, vacas, chanchos y uno que otro cordero, la verdad no sé si mis padres los venden o solo los usamos para comer o abrigarnos en invierno con su lana, lo que si se, es que siempre tengo que sacarlos a comer pasto a la montaña, claro no las gallinas, ellas comen trigo solas, no necesitan mucho de mi ayuda, solo comen, en general son bastante tontas, si les das trigo comen trigo, si les das pan comen pan, no tienen ningún interés en comer algo mejor que lo les estas dando, a veces veo a los mayores decir que sus problemas son los más importantes del mundo que nadie podría vivir con ellos, eso no lo entiendo, mamá me dice que cuando sea grande voy a entender, no me importa no me interesa entender, esas cosas son de grandes, así que se preocupen ellos.
Una mañana me levante como de costumbre muy temprano para ayudar a mi mamá a ordeñar nuestras vacas, esas que tenemos en el establo y no pueden salir como las otras a pastar, mamá dice que no pueden moverse mucho, eso es entretenido, me encanta hacerlo, ver como sale la leche en un montón de chorritos como la salida del río del frente, a veces me mojo los pies como disparando una pistola, o le disparo a otra vaca, pero si mamá me ve seguro me daría un buen golpe, termine cinco vacas y tenía que ir a recolectar algunos huevos que me había pedido mi papá para uno de sus amigos, justo cuando iba saliendo me encontré con mi amiga Laura,

Continuará...

Comentarios

  • Fabian BetancourtFabian Betancourt Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2013
    CAPITULO II (Laura)

    ella era mi vecina, vivía en la granja de al lado, pasando el rio, tenían una casa grande y bonita, algunos caballos y un par de autos en la cochera, aun no entendía que hacían sus papás, nunca vi un tractor o algún arado para trabajar la tierra, pero no me importaba, Laura era una buena amiga, después que me saludo le dije, me ayudas a sacar huevos del gallinero, papá me pidió quince para el tío Carlos, Laura me dice claro vamos, me encanta eso, las gallinas son calentitas, nos dirigimos al gallinero, sacamos los huevos y se los llevamos a papá, la bolsa estaba llena y tuvimos que ir despacito, ese día hacía mucho frio así que el camino se nos hizo bastante largo, se los entregamos a mi papá y le pregunte, ya que es fin de semana podemos ir a jugar al rio con la Laura, el abrió la bolsa, supongo que era para ver si los huevos venían enteros, no sería la primera vez que traía uno que otro huevo roto, verificó y asistió con la cabeza, claro hijo pero sabes que tienes que tener cuidado, se que sabes nadar pero es importante tener siempre cuidado, la gente grande siempre dice que tengas cuidado, como si uno no lo tuviera, piensan que uno por el hecho de ser niño quiere andarse cayendo por la vida, Laura me dice, vamos al pozón, ahí hay muchos peses para jugar con ellos y podemos cazar algunas libélulas, esos bichos le encantan, dice que son como helicópteros, no sé que es un helicóptero pero en general ella me explica muchas cosas, me encanta porque me enseña como mi mamá pero sin enojarse, ese día fuimos a la parte baja del pozón, era muy lindo, tenía juncos por toda la orilla y un gran sauce llorón, ese árbol tiene las ramas largar para que puedas colgarte de ellas y jugar muchas cosas, yo le hice una corona con unas ramas a Laura y jugamos a los reyes del rio, sacamos algunos peses con la mano y los devolvimos, Laura no le gustaba la idea de que esos peses murieran porque nosotros jugábamos con ellos, ya era la hora de almuerzo así que nos devolvimos a nuestras casas, era como una hora para llegar así que nos entretuvimos sacando moras de las zarza moras y persiguiendo lagartijas, esas no les molestaba que murieran, decía que eran feas y le daba miedo tocarlas, era especial salir a jugar con ella, siempre estaba feliz y era una amiga nueva, solo la conocía hace algunas semanas, pero se me hacía tan familiar que siempre la invitaba a salir, nunca he ido a su casa, ella no habla mucho de sus papás, la verdad no sé si tiene, pero no me importa, ella me importa, una vez fuimos a conocer su perro, era grande y muy peludo, se llamaba Nerón, ella decía que era un antiguo Emperador Romano, como si yo supiera que era un Emperador y si Roma se comía me abría interesado, pero no me importo, ella con mucha calma me explico que era Roma y los lindos lugares que quedaban alrededor, ella al parecer conocía todos esos lugares, yo le decía que algún día los conocería también y me encantaría que ella me acompañara, porque es mucho mejor cuando alguien te lleva a un lugar desconocido, porque te explica la parte mágica, te dice que hacer y qué no hacer, es más entretenido eso, así no pierdes tiempo descubriendo cosas sin importancia y te dedicas a lo realmente importante que es disfrutar el destino y que el camino se te haga más sencillo, esos días fueron muy especiales,
  • Fabian BetancourtFabian Betancourt Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2013
    Continuara...
  • Fabian BetancourtFabian Betancourt Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2013
    CAPITULO III (Las estrellas)

    Laura me llevo a conocer un cerro y como se veían las estrellas de noche, me mostro que eran las constelaciones, dijo que eran muchas estrellas juntas y estaba convencida que ahí vivía gente y eran felices, tenían casa redondas y de la misma forma que nosotros vivíamos, ellos lo hacían, yo reía como loco, le decía pero como va a vivir gente tan lejos, ella me respondía que no por el hecho de no verlo eso no existe, siempre tenía la respuesta adecuada a mis preguntas, era como un adulto pero chico, a veces no entendía pero en la noche después de soñar con algo, lograba entender, me gustaba porque me sentía cada vez más feliz de conocer a esa niña, una mañana fuimos al bosque a recolectar hongos silvestres, había que tener mucho cuidado porque mi mamá decía que habían algunos venenosos pero nunca me dijo cuales eran venenosos y cuáles no, creo que mi hermana sabía pero a ellos solo les importaba que no hiciera lo que me decían, nunca que daban el tiempo como Laura de explicarme el por qué no debía hacer algo, yo sé que si molesto un perro este me va a morder, no porque el perro sea malo, creo que a nadie le gusta que lo molesten y si el perro no sabe hablar es natural que te muerda, pero por qué un hongo podría hacerme mal, porque es malo?, las cosas no son malas ni buenas, lo que es bueno para el hongo es evitar que lo saquen de cuajo dos niños porque quieren jugar, puede no ser tan bueno para mí sí me salen ronchas después que lo toco, le pregunté a Laura por qué son venenosos, ella como siempre me miro como una persona grande y me dijo, Pedro todas las cosas tienen algún veneno que permite protegernos de cosas que nos hacen mal, en este caso te gustaría que alguien te hiciera algún dolor solo por hacerlo?, respondí claro que no, es ridículo, bueno tú tienes tus padres para que te protejan, ellos no van a permitir que eso suceda, mañana podrás hacerlo solo, ese es hoy tu veneno, tus papás, ellos evitan que otras personas te hagan daño, le encontré todo el sentido del mundo pero no le comente nada, me dio como vergüenza, se que ella sabía que sus respuestas me causaban felicidad por aprender pero no me decía nada, como les dije, era como grande pero chica, con el transcurso de las semanas seguimos hablando de muchas cosas de la vida, por que los peses podían respirar debajo del agua, por que los arboles comían por los pies y respiraban por las hojas, ella me explicaba todo, tenia respuesta para todo, yo me di cuenta que solo quería estar con ella y ya no cumplía la mayoría de mis obligaciones, mi mamá me estaba retando más de lo normal, ella de verdad me necesitaba yo entendía eso, pero para mí era en ese momento mucho más importante hablar con Laura, escuchar sus explicaciones, acompañarla en sus caminos, a ella le gustaba caminar casi siempre por los mismos lugares y sentarse en una colina verde a la orilla de su casa para mirar las estrellas, era como si buscara algo, respuestas a preguntas claramente más complejas que las que mis necesidades pudieran preguntar, ella siempre tenía un momento para responder mis preguntas, para ella siempre eran fáciles nunca se complicaba, siempre contestaba con la verdad, no adornaba mucho sus respuestas, era simple de entender por lo mismo muy cercana, una de esas noches me dijo que al día siguiente llegarían sus papás y quería que yo los conociera, le conteste que tenía que acompañar a mi papá al pueblo por que tenía que comprar alimento para los animales, ella me contesto si podía ir con nosotros, claro le respondí, sabía que a mi papá no le molestaría nada, ella podía ayudar a subir los sacos a la camioneta, siempre se agradece un poco de ayuda, al día siguiente la pasamos a buscar a su casa, la señora que la cuidaba nos saludo como siempre lo hacía, ella estaba muy bien vestida con un delantal largo a cuadros, tenía un peinado extraño pero un rostro muy amable, esa señora hacía la mejor torta de milhojas que he comido, ojala mi mamá no se entere, se moriría de pena que yo dijera que hay una torta en este mundo mejor que las que ella hace, un día recuerdo que comí un trozo que me regalo Laura y de ahí viene lo que hoy opino, Laura no comía mucho, en general hoy recuerdo que siempre parecía muy triste y su cara cambiaba cuando me veía, su rostro era otro como si se sintiera feliz de que yo jugara con ella, decía que yo era muy sensible e inteligente, que cuando fuera adulto sería un gran hombre, en ese momento no sabía a qué se refería pero me sentía por alguna razón agradecido de sus palabras.

    Continuara...
  • Fabian BetancourtFabian Betancourt Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2013
    CAPITULO IV (El circo)

    esa mañana el pueblo estaba distinto a lo de costumbre, había algo especial, parece que la gente se había puesto su ropa de domingo, todos muy bien arreglados, mi papá siempre se demoraba un poco en hacer las compras y a veces jugaba algunas manos de póker con sus amigos, eso me permitía ir a visitar rincones desconocidos del pueblo que no veía muy seguido, al fin descubrimos con Laura porque ese día era tan especial, había llegado el circo, yo nunca había visto uno, era hermoso, tenía payasos, leones, trapecistas, una mujer con barba y otro montón de cosas, creo que pase horas ahí, Laura caminaba a mi lado sin decir palabra, era como normal para ella, yo estaba pendiente de mi reloj, no quería que mi papá me regañara por la hora, así que nos apresuramos en visitar cada uno de los rincones, al pasar por una pequeña tiendita que estaba cerrada vimos a un viejo dentro que pintaba un lindo cuadro de caballos jugando con su entrenador, era realmente hermoso, como lo encontré tan lindo entre sin preguntar a nadie, Laura me siguió sin decir nada, ahí nos vimos los dos dentro de la tienda de un gitano viejo algo mal vestido y que hasta mal olor tenía, pero lo único que quería ver era ese cuadro, el viejo nos habla golpeado en una lengua que no logre entender, me dio mucho miedo, dicen que los gitanos hacen brujería y no quería que me convirtiera en sapo o algún otro animal pelado y verde, cuando el viejo se estaba comenzando a levantar de su silla para pegarnos con un palo supongo, Laura se puso delante de mí y comenzó a hablar con el viejo en su misma lengua, creo eso, porque el viejo le entendió de inmediato, ella decía muchas cosas con un tono sencillo y natural, como si esa lengua fuese tal como cuando habla conmigo, no entendí nada de nada, solo me quede ahí, Laura me dijo él se llama Leo y es el dueño del circo, se asusto un poco de nosotros y pregunta que estamos haciendo aquí, miré a Laura y le dije, nunca vi alguien que pudiera pintar algo tan lindo, puedo verlo, ella me contesto que si, solo tenía que tener cuidado de no romper nada, Leo se podía enojar, yo entre y me puse al lado de la pintura, parecía real, era como estar mirando los caballos por una ventana, Laura se puso a mi lado y comenzó a explicarme con que colores los había pintado, que pinceles había usado, que estaba sintiendo el pintor y otro sin número de cosas que yo no entendí, ella como les dije era como un adulo pero chico, yo solo lo mire y de pronto sentí unas ganas increíbles de llorar, así que como mi mamá me dice que cuando tenga pena llore, es lo que hice, comencé a llorar, el viejo me vio que lloraba desconsoladamente y me abrazo, dijo algo en un idioma que no logré entender y me regalo una paloma de papel, de esas que hace la gente como figuritas cuando no tienen nada más importante en que gastar su tiempo, Laura me dijo que te pasa, por qué lloras, yo le dije no sé, solo me emocioné al ver esos caballos, ella me tomo de la mano y me dijo vámonos Leo quiere descansar, nos despedimos de Leo y volvimos con mi papá, camino a casa Laura estaba como triste, no dijo ni una sola palabra, yo no entendí por qué, ella solo era así cuando estaba en la colina de siempre mirando las estrellas, no conmigo, cuando estábamos juntos reíamos y jugábamos mucho, llegando a casa me dijo que quería que la acompañara a su colina, yo le dije claro, voy a cenar y después salgo un rato contigo, ella me vio de una forma extraña pero asistió con la cabeza,

    Continuara...
  • Fabian BetancourtFabian Betancourt Pedro Abad s.XII
    editado diciembre 2013
    CAPITULO V (La partida)

    ese día comí un pastel de choclos que mi mamá hace, era muy rico, el más rico que alguna vez probé, en realidad el más rico del mundo, después que termine de comer me lave los dientes, me puse una chaqueta para el frio y salí corriendo a la colina, ella estaba muy bien sentada con Nerón viendo las estrellas, me senté a su lado y estuvimos algún rato sin decir ni hacer nada, Nerón me lamía las manos pero yo no quería quitarlo, podía arruinar el momento, Laura se da vuelta y me dice, podría explicarte todo lo que necesites pero nunca podré sentir lo que tú sientes, no podré llorar al ver un cuadro, tu seguro que hasta pintarlo podrás en algún momento, Pedro, eres especial, nadie es como tú, quiero decirte algo, a mi me dio un poco de miedo, ella no estaba como siempre contenta, estaba más bien seria, yo le dije claro dime lo que quieras, sabes que no se mucho pero si puedo te contestaré, ella mira al cielo y me dice yo vivo allá arriba, como allá arriba le dije, ella nuevamente me ve y dice Pedro yo no soy de este mundo, vivo en una de esas estrellas que tú ves, dentro de una constelación llamada Taurus, mi familia me espera, yo salí a jugar un rato y como el tiempo es distinto aquí de allá, para ti han sido varios meses, lo que para mí ha sido solo una tarde de verano, de todos los mundos que he visitado nunca encontré a alguien como tú, tu forma de pensar, tu inteligencia y sensibilidad te hacen algo tan preciado que quisiera llevarte conmigo a mi mundo, yo no sabía si reírme o escapar a mi casa, ella no bromeaba nunca, no era así y en estos meses varias cosas me hicieron pensar que era una marciana pero no me parece que eso pueda suceder, yo le pregunte por qué, que haría yo en ese lugar, ella me dijo, mi pueblo es muy sabio, sabe de todo pero tanto estudiar las cosas nos hizo perder la sensibilidad a esas cosas que estudiamos, tú podrías ayudarnos a recuperar eso que a nuestro parecer hoy es lo que realmente le da sentido a la vida, puedo ofrecerte vivir por siempre, responder todas tus preguntas, viajar por distintos lugares que te mostraré, todo eso te daré si me acompañas a mi planeta, a mi me gusto la idea, solo el hecho de no tener que ordeñar las vacas todos los días ya me era atractivo, le dije claro pero no sé si mi mamá quiera dejar mucho tiempo la casa sola, Pedro, nadie más puede acompañarnos, ellos no son especiales como tú y solo puedo llevar una persona, yo le dije, pero no puedo dejar a mi mamá, ella me quiere, quien ayudará a mi papá a alimentar los animales, lo que me ofreces es hermoso pero no puedo dejar mi familia, ellos son muy importantes para mí, en ese momento no pude entender lo que mi decisión significo pero ella, me vio con sus ojos grandes y verdes, me dio un beso en la mejilla y se levanto, dio un par de palmadas en su rodilla para llamar a Nerón, sacudió el pasto que le quedo en los pantalones y se marcho, me dijo fue un placer hablar contigo hoy Pedro, eres una increíble persona, esa noche no dormí muy bien, así que al día siguiente fui a su casa para lograr entender que significaba lo que me había dicho, casi creí que ella era una marciana, llegue a su reja y la casa parecía abandonada, era muy distinta a lo que conocía, ya no estaba la casa del perro o la señora que cuidaba a Laura con ese peinado tan extraño, las ventanas estaban sucias con hongos como si nadie hubiese habitado ese lugar en años, fui corriendo a la entrada solo para darme cuenta que nadie vivía ahí, en ese momento entendí que mi decisión fue en un segundo la respuesta a las preguntas de Laura y las consecuencias de ello era yo sentado en la entrada de una casa deshabitada, ella nunca volvería y yo nunca podría volver a verla.
    Hoy ya soy adulto y agradezco cada momento que estuve con ella, nunca la olvidaré y entiendo que hay que disfrutar cada momento con la gente que te aprecia, mañana le contaré esta historia a mis hijos y ojala a mis nietos, para que ellos si encuentran una marciana la aprovechen y aprendan todo lo que ella quiera enseñarles y si tienen la suerte que quiera irse contigo asegúrense de no dejar a las personas que aquí te aprecian con todo el corazón, la vida no es sencilla, pero no por eso deja de ser hermosa.

    Por Fabián Betancourt para todos los que alguna vez fueron niños y nunca han dejado de serlo.
  • ENEASENEAS Pedro Abad s.XII
    editado enero 2014
    Hola, Fabián Betancourt. Me encantó tu relato. Como en tu otro relato, Pedro y su Luna, me encanta el estilo naif que utilizas.

    Y es que, detrás de la aparente ingenuidad, hay mucha sabiduría.

    Y es que, en la ingenuidad e inocencia de los niños, hay mucha (o toda) sabiduría.

    Ya dijo Aquél que hay que convertirse en niño para entrar en el Reino…

    ¡Adiós!

    ¡Ah!, se me olvidaba. Lo que más me gusta de tu relato es la siguiente frase, referente a las gallinas: si les das trigo comen trigo, si les das pan comen pan, no tienen ningún interés en comer algo mejor que lo que les estas dando. GENIAL
  • Fabian BetancourtFabian Betancourt Pedro Abad s.XII
    editado enero 2014
    Gracias por tu comentario y por enseñarme lo que es naif, me gustó su significado, me ánimas a seguir escribiendo de esta forma, es la que se me hace más natural, mañana subiré otro cuento que termine, es de un sumidor y una reina de piedra, la diferencia es que esta narrado en tercera persona, espero y les guste
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