Él lo hizo todo, Shiva, el que protege.
El lo hizo todo, ¡Mahadeo! ¡Mahadeo!
A todos proveyó y a ninguno pasó por alto,
Shiva, mi buen Dios.
Ya sé, no teníamos la edad adecuada. Tu andabas por los doce años de la piel suave y el pelo rubio y yo tenía trece recién cumplidos. Demasiado grandes para jugar los juegos de la infancia y demasiado jóvenes para ser novios. Yo soñaba contigo, sin embargo, desde mi más tierna edad. Desde el tiempo en que caminaba solo a orillas del arroyo de las piedras luminosas. Me internaba en el parque y en el patio de las columnas mientras la gente mayor me ignoraba por completo.
Luego crecimos y fuimos juntos a las clases de inglés.
Trece y doce años, demasiado jóvenes para ser novios.
Recuerdo que te reías al salir de la clase. Te reías con esa risa contenida que era casi una sonrisa. Y con ese trasfondo triste que te hacía tan bella y que jamás volví a ver en mujer alguna.
Leíamos juntos a Kipling en inglés, sentados en un banco apartado del parque y a veces me decías, haciendo una reverencia: “Mahadeo, Mahadeo, mi buen Dios”. Te encantaban aquellas frases de la India del siglo XIX. Y a mis jóvenes años también le emocionaban los textos que escribía el autor inglés. Recuerdo que algunas veces te tomé de la mano, atravesando el parque y al regresar por la tarde a mi casa pensé: “Esto no puede ser otra cosa que amor”.
Trece y doce años, claro, que otra cosa podía ser.
A veces me acompañabas al estanque, a darle de comer a los peces del lago de aguas cristalinas que había en el límite sur. Te asombrabas de la voracidad de las carpas y hasta del color tornasolado del shubunkin que habían importado del Japón. El sol del atardecer te bañaba el perfil del rostro cuando arrojabas el alimento al agua y yo te miraba y pensaba en lo hermosa e importante que eras para mí.
Después, ya se sabe, (siempre hay un después) mis padres se fueron a Europa y me llevaron a mis hermanos y a mí. Y nuestra relación y nuestro contacto se perdió entre un mar de cartas que no llegan y domicilios que se cambian y errores en los destinatarios y viajes imprevistos de lugar en lugar. Pasé mi secundario en ése continente y no sólo aprendí a hablar inglés sino también francés. Y volví a casa pasados los veinte y siempre estuve pensando en ti.
Tan solo que decidí no buscarte, pero nunca supe bien porqué.
Supongo que ha sido para conservar el valor de tu recuerdo que era tan importante para mí. Tal vez temí (aunque no estoy seguro) que la realidad me dejara sin ese tesoro que guardaba en el alma. Acaso haya sido eso, la verdad es que no lo sé.
Mi vida discurrió luego por caminos previsibles y me pasaron las cosas que le pasan a casi todo el mundo. El mundo se fue haciendo adulto y sin amor. Y los años pasaron y tu recuerdo ha sido una constante en mi vida. Una imagen feliz, que se empieza a hacer borrosa, por el paso de los años, de aquellas tardes en que leíamos a Kipling, sentados en el banco del parque, juntos los dos.
Él lo hizo todo, Shiva, el que protege.
El lo hizo todo, ¡Mahadeo! ¡Mahadeo!
A todos proveyó y a ninguno pasó por alto,
Shiva, mi buen Dios.
Comentarios
No tengo mucho que decir esta vez.
Me ha conmovido mucho tu relato.
La manera en la que evocas las referencias indúes, logrando crear un nexo texto-lector (una suerte de "chiste interno") en tan corta extensión, es admirable.
Saludos.
De diez y medio, que lo sepas.
P.D.-Hay un por qué por ahí que necesitas separar :rolleyes2:, sólo eso.
- Tiene que ser ese aura tierna que lo llena_ continué, en un diálogo con no sé qué otra parte de mí.
- No , es otra cosa. Francesca, busca.
Me di cuenta que estaba tarareando, quedito, mientras te leía.
- Lo he descubierto_ me dije,en voz alta, sin haberme dado cuenta.
.
- Mamá, ¡ casi me muero del susto!_ me riñó , agria, mi hija que intentaba estudiar las ecuaciones.
- Música, _ dije en un susurro_ "Shiva " es Música.
Mis más sinceras felicitaciones.
Me parece que en este texto te luces especialmente, tiene ritmo, musicalidad y es muy agradable su lectura, con ese aire que le das a la añoranza por un primer amor infantil.
Dado el nivel de escritura que demuestras, me ha sorprendido, por decir algo, la forma que le das a esta frase;
"...y me llevaron a mis hermanos y a mí"
Sin más, comentarte que siempre es un placer leerte.
Recibe un cordial saludo.
Recomiendo calurosamente el libro "El Peregrino Kamanita" !!!!!!!!! de Karl Gjellerup... no puede ser dificil de encontrar porque ganó Nobel de Literatura
Bueno cuestión que en la India hay una parejita que se recontrama y lloran desesperados porque el hombre debe ser con su caravana comercial con elefantes y todo
- Para recordarte -dice la minita - voy a poner en mi baño flores amarillas porque refulgen como el oro, porque así es nuestro amor
- No. Pon flores rojas, el color de la pasión que vemos en la sangre y el fuego, porque así es nuestro amor, apasionado
- No. en realidad voy a poner flores negras, porque negro se puso el cuello de Shiva al beber el veneno kalketu que iba a destruir toda la creación, prefiriendo morir él, en vez de sus amados. Ese es el verdadero color del amor
Normalmente, yo no miro la forma.No me olvido de aquello de Mena en sus Trescientas:
Miremos al seso, non al vocablo.
Yo busco obras que me emocionen o que me cambien, que me influyan prácticamente, que me eduquen, de las que pueda aprender;textos que me digan algo,algo serio,interiormente Bello.¿De qué me servirá que un texto luzca hasta deslumbrar si un fuego vivo que caliente no es su causa?
Y ando también detrás de la Belleza, la intrínseca principalmente; aunque también a veces me impresiona gratamente una bella frase.En tu texto me ha parecido ver algunas frases bellas de esta clase.También he creído percibir la Belleza interior, ideal.
En cuanto a la influencia de que hablé, no sé si la recibiré de este tu texto; pero sí sé que ha conseguido algo:emocionarme. Ha conseguido que sienta mucha nostalgia de mi pasado, de mis años de adolescente.Yo también fui un jovencito enamorado.Y también perdí por un tiempo largo a la mujer que parecía estarme destinada.Pero yo tuve suerte: la vida me la devolvió, recientemente.
No hubo cartas entre nosotros después de la separación, no hubo nada,sólo recuerdos y ensoñaciones.Y una desesperanza que crecía y crecía.Hasta que una mañana me levanté pensando que era justo intentar saber qué fue de ella.Reconozco que un amigo me influyó y ayudó.Pero durante muchos años, como tu personaje, también decidí no buscarla.Me resigné a mi suerte, que me pareció fatal.
Y también yo temí el golpe acerbo de la realidad; quería asimismo conservar incólumes mis pocos pero bellos recuerdos.
¿Belleza interior, sugerida y sugerente? He aquí algunos ejemplos,según mi sensibilidad, por supuesto:
Creo que también yo soñé con mi amor desde el principio.Incluso desde antes de conocerla, pues ya gustaba de recrearme con la imagen de la mujer ideal.Cuando la vi, cuando la miré por primera vez, supe que no era una mujer más; e intuí unos hilos no visibles que la unían a mí inmaterialmente.Sentí que debía ser para mí, la que llenara mi vacío.Después, incomprensiblemente, la vida truncaría mis expectativas.Pero las causas y los efectos de toda aquella deriva conforman una historia muy extraña y larga.
También para mi amor y para mí hubo un parque encantado, con su mágico banco.Estos parque y estos bancos son eternos y universales.¡Qué bella es esta idea! Habla tu texto al corazón de todos los amantes.¡Cuántas veces yo le cogí también la mano,acaricié su piel suave y su pelo y me dije lo que se dice tu personaje: esto no puede ser otra cosa que amor! Sí, la amaba; ¿qué podía ser aquello sino amor? Que no fue una pasión corriente o arrebato juvenil, lo muestra claramente el haber soportado indemne una separación de casi treinta años.Nuestro amor, con el tiempo y los estragos que se le suponen, no ha hecho sino crecer, y así sigue sucediendo.
Así miraba yo a mi amor; y así sigo mirándola y pensando(sintiendo).Y así hay que mirar a todo lo que nos parece Bello y amamos; así: embelesados, admirados y pletóricos de amor.
Casi treinta años estuve yo pensando en mi amor,sintiendo una nostalgia casi infinita.El muro del tiempo, no pudo separarnos realmente.Ahora me lamento a menudo por el grandísimo error que cometió mi torpe juventud.Pero soy feliz cuando no pienso en ello.
¿Belleza externa, acierto de la lengua escrita? Estas son algunas de las frases que me gustaron señaladamente:
Me expando y esponjo, me alegro mucho mucho que hayan entendido y sentido tu Shiva, tu humano Shiva.
Nosotros leíamos a Unamuno,a Papini ,a Aranguren y a un jovencísimo Jugo de la Raza en aquel banco del parque, nuestro banco.
No comento los textos del Foro, pero leo todo lo que se va publicando, especialmente, en Narrativa. Muchos de ellos me interesan, me gustan o me entusiasman.
Shiva me ha llegado muy, muy dentro.
Bien merecidos todos los elogios que has recibido a los que sumo los míos.
Saludos.
Me refiero a la belleza. El lenguaje literario obedece a motivaciones estéticas y, por tanto, su objetivo no es informar sobre algo, sino crear algo, y que esa obra interese por sí misma y cause deleite o emociones. La participación del autor en todo eso viene debatiéndose desde hace un par de siglos y excede este foro. No queda del todo claro, además, el sentido de la relación autor / lector que ha tenido desde siempre numerosas interpretaciones. Te mando un abrazo. Gracias por tu aporte.