(...) A medida que continúa internándose en la niebla, él ve como de entre sus jirones y pliegues comienzan a formarse, a voluntad del observador, las quimeras e ilusiones más disparatadas: una fantasía de recodo tranquilo, una puerta entreabierta al antiguo hogar, una voz que susurra soluciones seguras y definitivas; pero a su vez, algo le impide terminar de alcanzarlas, a medida que él se acerca ellas se alejan, y si finalmente llega a tocarlas con la punta de los dedos, es para darse cuenta de que no son nada, para que se disuelvan sus ladrillos de polvo y humo. Así, Urueña se le aparecerá muchas veces durante su camino, pero nunca será Urueña, sino cualquier otra cosa: un cerro coronado por la nada, un camino que sólo retrocede, un olor a chimenea que resulta en un vientecillo triste y confuso. Pero algo no le falla, al menos no de momento: sus piernas mantienen, aún a trompicones, el paso. ¿No es esto el no-camino perfecto, la íntima soledad, el desasosiego de la sana incertidumbre? ¿no es acaso en parte lo que buscaba? Si es así, ¿por qué no puede dejar de pensar en Urueña?, ¿qué habrá allí que no tenga ya ahora? ¿por qué inconscientemente apresura sus pasos?. A veces piensa que, durante toda su vida, se ha limitado a correr hacia delante, esperando quizá allí una especie de satori, de comprensión inmediata, de revelación, de epifanía existencial. Otras veces piensa que todo eso, o al menos una pequeña fracción -que no es poco-, a cada instante se le escapa, precisamente por estar sumido en esa carrera sin aliento, esa fuerza sin fricción que nunca se detiene, esa suerte de "pregúntale al caballo...". Con los años, la ilusión ha ido muriendo al darse cuenta de que, allá adelante, posiblemente no habrá nada que él no lleve (...).
Comentarios
Este fragmento es de que, un libro, cuento...tuyo
El fragmento es de un pequeño cuento inspirado en un viaje.
Quisera saber quién es Ureña.
Pero sí, tomando sólo un fragmento no se entiende bien su sentido; podríamos llamarle mejor Ítaca.
Pero he de admitir que a mí me gusta que me cuenten una historia. Me cuesta detenerme en la morosidad de las palabras.
Pero eso, sin duda es falta mía, no tuya.
De todos modos, gracias por tus comentarios.