Caía la ultima noche de Flavio sobre su ciudad legendaria e inmortal.
Envejecido y cansado, aunque aun magnifico se pierde en la inmensidad del infinito, que poco a poco consume su alma al mirar el centellar de un millar de estrellas.
Resguardado por obeliscos de marfil y doncellas de figura divina, que lo rodean de forma ceremonial en esta su ultima noche, aunque a el le causan indiferencia.
Su mirada perdida rememora viejas glorias, recuerdos de arena y rocío, de sangre e invierno, de una vida que ahora le parece imposiblemente lejana.
Los ecos de la guerra retumban en sus oídos, sus arrugas, sus cicatrices son un constante recuerdo de la fría espada y el ardiente acero, que finalmente lo alejan de la inmensidad del infinito y su atención se centra en una doncella. Tan joven, tan bella, de cabellos largos y negros que caen delicadamente sobre sus hombros descubiertos, blancos como los obeliscos, de enormes ojos color almendra que contrastan con los suyos, pierde el aliento, intenta hablar, proclamar unas ultimas palabras de amor, la mujer se arrodilla a su lado y acaricia su cabeza, un recuerdo ya olvidado brota de lo mas profundo de su ser, por ultima vez siente el tacto de su madre, siente la brisa del mediterráneo y sonríe y susurra Vae, puto deus fio.
Comentarios
Imagina si en lugar de Flavio, escribes: "El Rey Dragón" y en vez de la frase en latín "Vae, puto deus fio." escribimos "los dioses me han reservado una plaza más allá de las estrellas". Quedaría así:
Envejecido y cansado, aunque aun magnifico se pierde en la inmensidad del infinito, que poco a poco consume su alma al mirar el centellar de un millar de estrellas.
Resguardado por obeliscos de marfil y doncellas de figura divina, que lo rodean de forma ceremonial en esta su ultima noche, aunque a el le causan indiferencia.
Su mirada perdida rememora viejas glorias, recuerdos de arena y rocío, de sangre e invierno, de una vida que ahora le parece imposiblemente lejana.
Los ecos de la guerra retumban en sus oídos, sus arrugas, sus cicatrices son un constante recuerdo de la fría espada y el ardiente acero, que finalmente lo alejan de la inmensidad del infinito y su atención se centra en una doncella. Tan joven, tan bella, de cabellos largos y negros que caen delicadamente sobre sus hombros descubiertos, blancos como los obeliscos, de enormes ojos color almendra que contrastan con los suyos, pierde el aliento, intenta hablar, proclamar unas ultimas palabras de amor, la mujer se arrodilla a su lado y acaricia su cabeza, un recuerdo ya olvidado brota de lo mas profundo de su ser, por ultima vez siente el tacto de su madre, siente la brisa del mediterráneo y sonríe y susurra: "los dioses me han reservado una plaza más allá de las estrellas".
Bien, alterando las referencias vemos que este texto podría pasar perfectamente por literatura de aventuras fantásticas. En realidad, lo que aporta empaque y nobleza a tu texto ha sido la elección de Flavio como personaje principal. Cualquier amante de las letras y de la historia aprobaría esta elección pero, como soy un poco raro, creo que has conseguido que el texto te quede "literario" más por la referencia clásica de la muerte del emperador que por el texto en sí.
Si el protagonista fuera anónimo y elimináramos la clásica sentencia del emperador, el resto del texto es una ambientación que, para mi gusto, es muy genérica, incluso un poco Hollywoodense por su ampulosidad y cierta visión POP, algo folklórica, del poderoso. Creo que hubiera valido para representar a cualquier personaje histórico del mundo antiguo, real o ficticio. No veo trama, no veo narración, no veo intención de aportar un mensaje más allá de la evocación de un hecho clásico.
Es sólo una opinión, de todos modos.
Y una bienvenida y bien recibida opinión "Perplejo" y creo entender a lo que te refieres, lo tomare en cuenta. El Hollywoodense me parece curioso, creo que Roma en mi cabeza es una vieja película de la MGM. Gracias por comentar.