CONTEMPLAR UN ANTIGUO RETRATO
Contemplar una foto antigua, es el privilegio de poder emocionarnos frente al indeleble y silencioso testimonio descolorido de aquel que un día fue, y hoy habita, inmortal, en nuestra memoria. Es como regresar a un mundo en blanco y negro en el que nunca hemos estado.
¡Ay de aquel que nunca disfrutará de la sensación de reconocer a su abuelo setenta años antes, perdido en el laberinto del tiempo! Resulta impactante evocar a ese joven lleno de vida, con sus pantalones de altísimo talle, su engominado tupé con un coqueto caracolillo sobre la frente hecho aposta, como si del mismísimo James Dean se tratara; y ese estiloso cigarrillo en la comisura de sus labios, que el inigualable Humphrey Bogart hubiera "fusilado" en su inmortal "Casablanca". -¡Pero si es...! Era guapo el jodido. ¿Y la que está a su lado? Es su mujer, entonces novia. Mira que cinturita tenía con lo gorda que estaba de vieja.
¿Quién instruía a aquellos "pollos" a mirar a cámara como auténticos divos? ¿Cómo conseguían ellas esa ilusoria belleza limpia y serena que lucían ante el flash de la inmortalidad? -Mira, tu tía en la procesión del día catorce cuando tenía dieciséis años. ¡Qué guapa era; pero si parece Claudia Cardinale! ¿Y esta del abuelo con traje y corbata? Nunca le vi trajeado; debió ser en la boda de algún familiar. ¡Ah, mira, mi hermano con sus amigos Gran Vía arriba! Todos van trajeados y con gafas de sol; parece que vayan desfilando uniformados a tenor de la seriedad de sus rostros.
Qué gusto da recrearse ante esos retratos de oscilante troquelado, amontonados y desordenados de forma aleatoria en una vieja caja de zapatos, amarillentos por el paso de los años. Algunos, ajados por doblez solo justificable por el manoseo de un nieto preguntón intrigado por la identidad de ese hombre tan feo de la foto, de mirada perdida y camisa abotonada hasta el cuello bajo un chaleco supuestamente negro del que pende un plateado reloj de bolsillo. -Es tu bisabuelo cuando volvió de la guerra de Cuba. Y es que algunos retratos, parecieran el recordatorio anticipado del inminente "tránsito" del retratado, como si se hubiese colocado adrede la mortaja apropiada para tan fúnebre momento.
Entretenerse mirando una secuencia en papel baritado, es recobrar los paisajes perdidos. Es como si el mejor momento de la vida de alguien hubiese sido concienzudamente detenido, para ser admirado mas allá de la vida o de la muerte.
Comentarios
Como amante de las fotografias, tu relato
me parece muy oportuno y delicado...
¿Hay literatura en blanco y negro o siempre es en color?
Un saludo
Emilio
Las fotos en blanco y negro tienen una magia de la que carecen nuestras instantáneas digitales.
Me ha gustado leer tu texto tanto como me encanta mirar fotos en blanco y negro.
Francesca
Feliz 2014