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Metro, trabajo, café, metro.

HombrepagodaHombrepagoda Gonzalo de Berceo s.XIII
editado noviembre 2013 en Narrativa
La noche se cernía sobre la ciudad y las estrellas se escondían tras la incandescencia de la metrópolis «Qué bella eras, querida noche, cuando la oscuridad te cobijaba y las estrellas te adornaban... y ahora el vano temor del hombre se ha llevado eso atrás». Pensó el hombre mientras a pie de aquel lugar donde pasaba sus días, se lamentaba.

Comenzó su típico viaje nocturto, aquella noche el tiempo le premió con algunos minutos, y pudo así, huir de aquel lugar, entonces, decidió ir por un café. Siempre acudía a La Barrarrabal era un lugar pequeño y muy modesto, no tenía mesas, ni sillas, sólo había dos objetos, postrados sobre un barra de madera, una antigua caja registradora y una viejísima cafetera manual, dirigida por un señor barista: Dalí, le apodaban por su prominente bigote.
—¿Noctámbulo o Madrugador?
Ante aquella pregunta el hombre le respondió con una apática mirada —Ambos, Dalí, ambos.
—Entonces, señor, le daré un delicioso té relajante.
—¿Un espresso dijiste? ¡Espléndida idea!
—¿Cortado, señor?
—¿Tienes ajenjo?
—No.
—No.

«¿Por qué los grandes placeres de la vida han de ser tan efímeros? Los romances, los orgasmos, los espressos. Sin embargo, los grandes sufrimientos son eternos». Un pensamiento amargo, para una bebida amarga, pero placentera, que se consumió rápidamente en su interior, llenándolo de energía renovada y pensamientos fugaces para el resto de su viaje.

Absencia. La luz del metro lastimaba sus ojos, nunca lo notó hasta que ella dejó de estar ahí, pero seguro que los demás nunca lo notaban «Siempre dormidos, hay tan pocas personas por la noche, y siempre están dormidos». Pero ella no dormía, al contrario, como él, resistían siempre el vano deseo de dormir y afrontaban la tragedia humana dada por morfeo, tantas horas, tantos momentos, desperdiciados, inútilmente echados yacemos mientras dormimos, pero ellos no querían pasar por eso, al menos no en el metro.
Él siempre leía en su camino, eran dos horas de buena lectura, y por alguna razón, digería mejor las lecturas difíciles en su trayecto que en la tranquilidad de su departamento, auque podría ser que en su departamento no había tranquilidad en absoluto. Ella, siempre leía, él siempre lo notó, la miraba fijamente unos segundos entre párrafo y párrafo ¿Pero ella lo miraría? No, seguro que no. Una de aquellas infinitas noches se sentaron frente a frente, ella evitó su mirada, y él evito mirarla para consentrarse en su lectura:

«Para el artista y para el que toma mezcalina, los ropajes son jeroglíficos vivos que representan, de un modo peculiarmente expresivo el insondable misterio del puro ser».


Entonces, por primera vez, sintió su mirada; ella con sus ojos reflexivos, dejó caer sobre él una pesadez que se diluyó en una simple sonrisa irónica «¿Qué sería?». Se preguntó, y después lo notó: leían el mismo libro.

Enorme, imponente y en ruinas, apenas en pie. Así era el edificio en el que él habitaba, pero almenos aun funcionaba el elevador, mucho más de lo que se podía decir de los edificios vecinos. Y así, comenzaba la parte final de su viaje: Piso 1... 2... 3... 4... ... ...15.

Comentarios

  • HombrepagodaHombrepagoda Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado octubre 2013
    Al llegar al piso quince tenía que subir uno más, así que subía por las escaleras para llegar a un enorme lobby, vacío, con algunas enormes ventanas ausentes o quebradas y sillones que albergaban colonias de diversos insectos, y ratas. Después, estaba la sala de fiestas, donde acudían un sin fin de personajes excéntricos y drogadictos, y para su sorpresa, nunca los encontraba fuera de la sala de fiestas, aunque muy en el fondo, siempre tenía la curiosidad de encontrar algún cadáver con sobredosis en las escaleras, el lobby o el elevador. Frente a la sala de fiestas había un espacio vacío y caótico, con una pared falsa, que ocultaba la puerta de su modesto departamento. Aquella noche alguien le esperaba.

    El lugar donde habitaba era pequeño, y estaba parcialmente al aire libre, a la entrada había un pasillo que terminaba en una pequeña sala, a la izquierda, la cocina, a la derecha el dormitorio y el baño, y después de todo eso, una pequeña zona de lavado con un patio. Era sobre todo rústico y modesto, meticulosamente ordenado, pero de alguna manera parecía desordenado y sucio.

    Ella yacía en un sillón situado en el patio, él entró lentamente, tomando valor, sabía lo que le esperaba. Chet Baker sonaba tristemente, _My Funny Valentine_, él conocía bien aquella canción, la tocaba en ocaciones, lanzando con su trompeta esa bella música hacía la igualmente triste metrópoli, era lenta, la voz de Baker era apagada y conmovedora, acompañada de un elegante piano... «¿Por qué habría escogido esa pieza?»

    —«...ya qué, por más que llore, no me quitará el cómo me siento, por más que me lamente y por más que dramatice, nadie me hará caso... pero eso es lo de menos; tengo que sonreirle a todos, y parecer fuerte, por que, por alguna extraña razón, todos te quieren sólo si eres fuerte, pero, si muestras tus debilidades, eres imaduro, y, todos los que creías amigos, se alejan...»—Recitó ella, sosteniendo una botella de vino tinto adornada con un moñito.
    —¿Y eso de dónde es?
    —De Burdeos—Le contestó con esa sonrisa suya.
    —No eso no, aquello que leías.
    —¡Oh! No leía, sólo parafraseaba, a una de mis autoras favoritas.

    Había un payaso en la pared, tenía una enorme sonriza de maquillaje, más su boca y su mirada contrastaban con una apatía excepcional, _The Clow_. Él lo había pintado hace muchos años, una copia de la obra de uno de sus tantos dioses: Charles Mingus. Por alguna razón, todas las conversaciones, después de la segunda copa, se tornaban a lamentos personales, filosofía nihilista y un gran silencio, mientras recostados en aquel sillón, miraban al payaso, y seguían bebiendo, hasta que el vino se iba para que la conversación regresara.

    —¿Hiciste algo especial hoy?—Dijo, ella, reanudando la charla.
    —Me bebí un espresso, quería ajenjo, pero Dalí nunca tiene.
    —Pero eso lo haces siempre, me refiero a algo especial.
    —Bebí vino, y estoy ebrio.
    Su respuesta, desencadenó una carcajada «Quizá se esté burlando de mi, o de mi estado de ebriedad...», pensó él, sonriendo tristemente.
    —Vamos, sabes como son mis días, primero...
    El metro, el trabajo, el café, el metro, la casa. Sí, sí, todos iguales, mas no hoy.
    —Hoy hay vino, y...—se interrumpió, pensando en qué palabras serían indicadas «¿Y tú?¿Y tu compañía?¿O el libro que compré esta mañana? Joder, soy un estúpido».
    —¿Y...?No digas nada, ya sé qué ibas a decir, de todas formas.
    —Oh, muy bien, si lo sabes entonces no lo diré—. Hubo otro silencio, y después continuó— ¿Y tú, hiciste algo especial hoy?
    —Bebí vino, y estoy ebria— dijo ella, mientras pintaba una sonrisa en su rostro «¿Qué significa eso?¿Malicia, picardía, ebriedad? Podría serlo todo, es ahora, es mi momento, tengo que decirlo, o me arrepentiré en mi lecho de muerte».
    —Gracias— Le dijó él, miserablemente. Intentó gesticular una sonrisa, pero las lagrimas recorrieron sus mejillas y su sonriza se apagó y retorció temblorosamente, mientras escondía aquello de ella, con su brazo, fuerte, lleno de cicatrices, de vida, de música, pero ante eso, no le servía de nada «Debería ser tan fácil como tocar la trompeta».

    Su sollozo silencioso e imperceptible desaparecía en los brazos de ella, no supo en que momento la abrazó, o si ella lo abrazó a él, pero sabía que de haberlo sabido no lo hubiera hecho, o habría reaccionado estúpidamente. Un minuto, dos minos, cinco, diez, no sabía cuanto tiempo pasaba, no le importaba, hacía años que no pasaba por una sensación así, tan simple, como el contacto humano, lo único que tenía era una trompeta y un manojo de sesos, eso había sido su vida, hasta aquel día en el metro, en que ambos, leían el mismo libro.

    —Feliz cumpleaños—, dijo ella, apartándose de él— tengo que huir.
    No sabía cuántos años habían pásado sin que celebrara su cumpleaños, había dejado de importarle hace mucho y lo recordaba sólo por sus amigos y sus familiares, pero ahora todo era diferente, y a ellos también había dejado de importarles, lo único que lo hacía recordarlo, era el calendario, llegaba al día y sólo pensaba «¡Oh! Un año más ¿O un año menos?», incluso lo había olvidado algunos años, o lo recordaba semanas después, pero ahora, le parecía increible el hecho de que alguien más le tomara importancia, no sabía si era algo extraordinario o patético—Gracias, tengo algo para ti—. Entonces fue a su habitación, y salió con un pequeño regalo, era un libro, con un moño rojo.
    —¿Para mi? ¡Pero si yo debería regalarte algo a ti!
    —Con el vino y tu presencia basta, tuve la imperiosa necesidad de regalarte algo ya que te tomaste esa molestia.
    —¡Oh! Pues gracias.
    —«Soy un hombre cobarde. Ahora lo digo, ahora que he llevado a término un plan que nadie no calificará de arriesgado. Yo sé que fue terrible su ejecución».
    —¿Y eso?
    —Es de uno de mis autores favoritos, Borges.
    —Nunca he leído nada de él.
    —Pues deberías, es maravilloso.
    Ella se fue, él durmió y soñó con todo lo que pudo haber sido, todo lo que pudo haber cambiado.

    Metro, trabajo, café, metro.

    Ese día iba a ser diferente, él no iba leyendo en el metro, y como el día anterior, ella no iba en él, estaba en su hogar, tenía un asunto pendiente, y lo iba a terminar aquella noche, sabía que era, ella también sabía. Siempre había sido un hombre de acciones más que de palabras, pero sabía que eran necesarias, y se obligaría a si mismo a decirlas.

    «¿Pero qué le digo?¿Te amo?¿Te quiero?¿Nunca había conocido una mujer como tú?¿Eres más bella que las musas? Tal vez simplemente tenga que besarla, o podría abrazarla, y decirle lo que se me ocura ¿Y si le regalo el Payaso? Ella sabe cuanto amo ese pintura, lo que trabajé en ella, sería una muetra indiscutible de...». Las dudas ahogaban su mente, y lo atormentaban, pero a su vez abrían un mundo de posibilidades y de fantasías, tal vez ella lo envolvería en sus brazos y se fundirían en una pasión sin precedentes, o tal vez sólo charlarían recostados susurrandose uno al otro cursilerías y demás, podrían terminar acurrucados en su cama, durmiendo en paz y despertar juntos, eso le gustaría, una de las cosas que más anhelaba.

    Chispas, candentes, bailarinas y voladoras, salían de aquel metro frenéticamente, la línea de la periferia había sido siempre la peor, y más descuidada, esos que llamaban metros apenas estaban un paso sobre los trenes de vapor y las vías estan al margen de las condiciones, pero no importaba, a él también le gustaban las chipas, pero esta vez eran demasiadas, y no dejaba de frenar ¿Estaría realmente frenando? No, cuando él se percató de aquello una calma inmensa lo inundó, el metro seguía su camino, estaba a punto de terminar, la última estación, repleta de personas, en su mayoría humilde, los turnos nocturnos, noctámbulos que trabajaban mientras él disfrutaba la noche, que mantenían la ciudad em pie, pero la periferia no, esperaban y el metro desesperaba, salían más chispas, ruidos infernales emergían del contacto, metal con metal, rojo vivo, la estación se acercaba pero la velocidad aumentaba, hasta que llegó.

    Fuego, cáos, sollozos y lamentos, gritos agonizantes, pero él seguía calmado, tal vez era por que no creía que realmente le estubiera ocurriendo, pero el dolor del metal candente atravesándolo le confirmó la verdad y los estridentes sonidos del cáos las explosiones comenzaron a torturar su mente, por un momento recordo a Penderecki, pero escucharlo a él habría sido lo más reconfortante del mundo. El dolor se detuvo, intentó arrastrarse, no sentía sus piernas, no sentía su espalda, ni sus brazos, a lo que sabía tal vez la mitad de él podría haber volado, miro hacía atrás, al fuego saliendo de la estación, los cadáveres tirados, y otros luchando por su vida al igual que él, se miró a si mismo, lleno de sangre, de vidrio, de metal, de muerte. Un enorme trozo de metal caliente le desgaraba el estómago, los pulmones, la columna. El tren se encontraba lejos de él «¿Cómo llegué aquí?», pensó estúpidamente, intentó levantarse vanamente, no sabía donde estaban sus piernas. Se acurrucó sobre si mismo en el asfalto, una calidez lo arropó, e intentó recordar la sensacion de ella, su calor, su olor, su abrazo, sus pechos contra él y el movimiento de su respiración.

    La oscuridad se cernía sobre él y la muerte se escondía tras la calidez de un último abrazo...
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado noviembre 2013
    Lo leí y lo releí, pero no tengo palabras para describir lo bien que se siente al leer algo así como tan triste pero tan bien contado:rolleyes:
  • HombrepagodaHombrepagoda Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado noviembre 2013
    Muchas gracias amparo :D, supongo que esto tiene aun más mérito viniendo de ti, veo que te has forjado una bonita reputación.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado noviembre 2013
    Pero no por ser la mejor critica ni nada de eso, :o:)
  • HombrepagodaHombrepagoda Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado noviembre 2013
    Por algo será :)
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2013
    ¡Qué buena pinta tiene esté café a vuela ojos!
    Me lo guardo, para leerlo con calma, desde que tenga tiempo.
  • HombrepagodaHombrepagoda Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado noviembre 2013
    Suina escribió : »
    ¡Qué buena pinta tiene esté café a vuela ojos!
    Me lo guardo, para leerlo con calma, desde que tenga tiempo.

    Espero y lo disfrutes (cuando lo leas, claro) y me dejes una crítica bonita e igual de larga que el cuento Jajajaja
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2013
    Te comento la primera parte de la parte contratante (J), y comienzo con alguna crítica en contra…ya vendrá lo bueno compañero, un poquito de paciencia.
    La primera frase me parece pretenciosa y rebuscada, a no ser, dado el tono algo cáustico de tu relato, que lo hayas hecho con voluntad de hacerlo así.
    ¿De dónde eres? Al señor barísta por aquí le decimos barman o camarero.
    Café exprés mejor que café espresso.
    Concentrarse por consentrarse
    Ocasiones por ocaciones
    Sonrisa por sonriza
    Estuviera por estubiera
    Las acentuaciones no te las indico porque yo misma estoy en ello, siempre confundo acentos.
    La frase de los objetos postrados sobre una barra de madera es poco afortunada, ya que postrar significa arrodillarse.
    Sin embargo me parece acertado ese tono filosófico del noctámbulo, algo borrachito con su punto romántico. Me gusta lafrase del pensamiento amargo para una bebida amarga.

    La segunda parte me gusta más, te dejas llevar, y en el primer bloque de frases de…Al llegar al primer piso etc…está conseguido el ambiente de opresión, asfixia, decadencia, droga y cadáveres…exagerándolo al máximo conseguiste hacer una parodia.
    Hay una contradicción clara cuando afirmas que el apartamento estaba meticulosamente ordenado para luego comentar que de alguna manera parecía desordenado y sucio (meticuloso significa escrupuloso, minucioso).
    ¡Qué bien le va al ambiente la letra de la canción que recita ella!
    Los diálogos los bordas, naturales, coloquiales, auténticos. La frase que da título a tu relato es buena …el metro, el trabajo, el café, el metro, lacasa…, así como las cortas afirmaciones de bebí vino hoy, estoy ebrio…bebí vino hoy, estoy ebria, el joder soy un estúpido…( naturalidad, un valor en alza). Y sí, debería ser fácil, como tocar la trompeta
    A medida que avanza tu relato mejora,cuando te dejas llevar, cuando el protagonista llora y piensa los años que no tenía contacto humano, un abrazo, una cercanía, con el detonante de leer el mismo libro, de hacer el descubrimiento al unísono de la misma lectura, Borges.
    Bravo por las dudas, la indecisión porlas frases adecuadas de…¿pero qué le digo?....
    Y pesar de ser una reiteración los turnos nocturnos, noctámbulos …parece una cantinela, un mantra, un rizar el rizo, un juego .

    Y ahora te digo lo que me hizo decidirmea comentar tu relato, a pesar de lasnumerosas faltas que tienes, el desorden, el abigarramiento, las reiteraciones, en suma….falta correcciones y trabajo:
    Pues el final, creo que has descrito ala perfección lo que tiene que sentir alguien que se encuentre en esa situación, pensé en lo que sintieron los que sufrieron el atentado de los trenes del 11- M en Madrid, pero pudo ser en cualquier otro lugar del planeta. Esos párrafos son impagables a pesar de las faltas, y sin duda, lo mejor del relato todo el final.

    Bueno, hombre pagoda, ya te he hecho un comentario largo, como tu querías, aunque no sé si bonito.:)
  • HombrepagodaHombrepagoda Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado noviembre 2013
    Muchísimas gracias Suina, ahora sigue mi respuesta.

    Pues, te diré, antes tenía un estilo muy rebuscado y ahora estoy decidiendo en si irme a un estilo así, más denso, pero hacerlo más naturar o a un estilo sobrio y fluído, pero, creo, que la idea era hacer la primera frase así.

    Soy de México, pero eso de Barista y Espresso son los terminos correctos (yo soy barista, es el tipo que se dedica al café, nada más).

    En cuanto a los otros errores...
    "Concentrarse por consentrarse
    Ocasiones por ocaciones
    Sonrisa por sonriza
    Estuviera por estubiera
    "

    Soy culpable de una revisión mala y de estupidez ¡Joder, qué pena! uniéndolo con el infortunio de la frase de los objetos postrados, terribles errores, qué, me han ocurrido más de una vez, ahora sé en dónde enfocarme.

    En cuanto a la contradicción de lo meticuloso sí fue esa mi intención, hay veces que ordenas las cosas, pero de alguna forma, parece lo contrario, hay cosas que no se pueden reparar rápidamente con una ordenada o limpieza común.

    En cuanto al final, aunque sí, se me siguieron pasando unos (muchos) detalles como lo de los noctámbulos, fue lo que reescribí más veces, tal vez debí haber hecho lo mismo con todo el relato.

    Pero bien, me alegro que te hayas decidido a dejar un bonito comentario por aquí :rolleyes:, me hes de mucha ayuda y ya tomo nota de los puntos que debo de mejorar y tomar en cuenta, lo releí rápidamente, y le encontré más errores, es algo terrible, y lo peor es que ya no lo puedo editar (aquí).

    ¡Saludos!
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado noviembre 2013
    De nada.
    Puedes volver a repetirlo yponerlo por aquí como si fuera un comentario, seguro que Amparo te hace el favor de postearlo corregido. Mándale un regalito y ya verás que te ayuda :D
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado noviembre 2013
    Me están sobornando? que sea algo bien bonito :):D
  • HombrepagodaHombrepagoda Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado noviembre 2013
    Sé hacer muchas cosas bonitas, señorita :rolleyes:
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado noviembre 2013
    Pues que no se quede solo en palabras:)
  • HombrepagodaHombrepagoda Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado noviembre 2013
    Claro que no :)
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado noviembre 2013
    Advierto que este teclado no tiene tilde.


    Pues me ha gustado el cuento, aunque quiero senalar un par de cosas.

    Hay varios pasajes de puntuacion dudosa, por ejemplo: "Siempre acudía a La Barrarrabal era un lugar pequeño y muy modesto..."
    El estilo narrativo, aunque bueno en forma (y aqui entrare en un campo completamente subjetivo, asi que tomalo o dejalo) recuerda mucho a un romanticismo exacerbado decimononico, en su forma mas extrema. El mundo de las ideas y lo subjetivo parece no encontrar un balance adecuado con los hechos, diluyendo la importancia de los ultimos en una sola mezcla dificil de discernir. No digo que no se entienda lo que ocurre, sino que esta tras tantas capas que la trancision, intentando aun mantener el mundo ideal que precede al hecho, lo confunde y enreda, cuando se le podria sacar mas provecho.

    Saludos.
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