Ando hace años intentando escribir sobre los acontecimientos de la conquista canaria, en especial en la ísla de La Gomera ( suelto la historia, la dejo reposar, la retomo de nuevo…y nunca la acabo), pero en esta ocasión quiero compartir varias escenas cortas de violaciones ( no es fácil hacerlo). Fuera de contexto es difícil explicar...los aborígenes liderados por un guanche llamado Pedro hautacuperche mataron al Conde que lideraba la isla de la Gomera, ejecutado é, ste los canarios huyeron al monte de Garajonay…y allí ocurrió esta historia que puede ser ficticia, pero que seguramente, como éstas, hubo cientos. Nota.- Harimaguada.- Era la sacerdotisa, o maga, que estaba siempre presenten en los actos importantes del pueblo, nacimientos, muertes, himeneos, decisiones.
VUELO EN EL GARAJONAY
Ejecutado Pedro Hautacuperche los que restan se esconden en las cuevas, riscos y barrancos.
Las paredes rocosas amplían los pasos de los soldados que escalan los montes, silba el aire que desplaza las varas con que agitan los matojos, la arboleda, las esquinas del bosque del Garajonay.
Ahí están, ya llegan.
Un niño llora.
Encuentran a la mujer y al hijo. Con ella no pueden, se ha vuelto loca, arranca una oreja de un soldado con los dientes, tiene la fuerza de una posesa. Primero la matan, así es más fácil entrar en ella. Después, las moscas zumban sobre el reguero de leche que mana del pecho descubierto y un cuervo se posa en la rama florida del almendro recortado en el atardecer del bosque del Garajonay. Negro sobre rosa. Al recién nacido le revientan el cráneo con una piedra.
Tiembla una niña escondida, cierra los ojos y se agarra a la tierra. Bajo los helechos, calidoscopio de verdes esporados bailan sobre su piel de cobre. La luz refulge, una nube apaga y ensombrece, luego se aparta y el sol tardío enciende de nuevo su escondite.
No sabe cuántos fueron.
Restaña como puede la sangre de sus muslos, no hay “harimaguada” que purifique el primer acto que afirma a una mujer, o que la niege, ni madre que apacigue , ni hierba que calme, no hay cura, ni olvido.
Todo está muerto o huído en el bosque de helechos del Garajonay.
La niña se asoma al borde del vacío; salta repujada de vientos, recortada y precisa. Se expande la bóveda del cielo, las galaxias, los infinitos caminos celestes. Dos halcones la acompañan con el gesto correcto y justo. Detrás de ella su cabello como una sombra, como una sombra amarga.
Ando hace años intentando escribir sobre los acontecimientos de la conquista canaria, en especial en la ísla de La Gomera ( suelto la historia, la dejo reposar, la retomo de nuevo…y nunca la acabo), pero en esta ocasión quiero compartir varias escenas cortas de violaciones ( no es fácil hacerlo). Fuera de contexto es difícil explicar...los aborígenes liderados por un guanche llamado Pedro hautacuperche mataron al Conde que lideraba la isla de la Gomera, ejecutado é, ste los canarios huyeron al monte de Garajonay…y allí ocurrió esta historia que puede ser ficticia, pero que seguramente, como éstas, hubo cientos. Nota.- Harimaguada.- Era la sacerdotisa, o maga, que estaba siempre presenten en los actos importantes del pueblo, nacimientos, muertes, himeneos, decisiones.
VUELO EN EL GARAJONAY
Ejecutado Pedro Hautacuperche los que restan se esconden en las cuevas, riscos y barrancos.
Las paredes rocosas amplían los pasos de los soldados que escalan los montes, silba el aire que desplaza las varas con que agitan los matojos, la arboleda, las esquinas del bosque del Garajonay.
Ahí están, ya llegan.
Un niño llora.
Encuentran a la mujer y al hijo. Con ella no pueden, se ha vuelto loca, arranca una oreja de un soldado con los dientes, tiene la fuerza de una posesa. Primero la matan, así es más fácil entrar en ella. Después, las moscas zumban sobre el reguero de leche que mana del pecho descubierto y un cuervo se posa en la rama florida del almendro recortado en el atardecer del bosque del Garajonay. Negro sobre rosa. Al recién nacido le revientan el cráneo con una piedra.
Tiembla una niña escondida, cierra los ojos y se agarra a la tierra. Bajo los helechos, calidoscopio de verdes esporados bailan sobre su piel de cobre. La luz refulge, una nube apaga y ensombrece, luego se aparta y el sol tardío enciende de nuevo su escondite.
No sabe cuántos fueron.
Restaña como puede la sangre de sus muslos, no hay “harimaguada” que purifique el primer acto que afirma a una mujer, o que la niege, ni madre que apacigue , ni hierba que calme, no hay cura, ni olvido.
Todo está muerto o huído en el bosque de helechos del Garajonay.
La niña se asoma al borde del vacío; salta repujada de vientos, recortada y precisa. Se expande la bóveda del cielo, las galaxias, los infinitos caminos celestes. Dos halcones la acompañan con el gesto correcto y justo. Detrás de ella su cabello como una sombra, como una sombra amarga.
Impresiona, Impacta, grandes descrpciones, tragico, un placer leerlo
Comentarios
Muy bueno el relato...como todo lo que escribes.
Impresiona, Impacta, grandes descrpciones, tragico, un placer leerlo