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La soñadora

BoneyBoney Pedro Abad s.XII
editado septiembre 2013 en Narrativa
Estudiar un doble grado es, con perdón, un poco putada: no puedo dedicar el tiempo que deseo a leer y, mucho menos, escribir.

Pese a todo, aquí os dejo un capítulo de la obra que estoy creando:

http://www.dropbox.com/s/iurgt0727567h1j/La%20so%C3%B1adora.pdf

Espero que os guste. Y ahora me voy a comentar por ahí el tiempo que pueda.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado septiembre 2013
    Y cuantos capítulos tienen ya? me quedé con ganas de saber que sigue:)
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado septiembre 2013
    Boney, a ver si puedes poner el relato directamente, al menos a mi me cuesta abrirlo, soy torpe...muy torpe.:)
  • BoneyBoney Pedro Abad s.XII
    editado septiembre 2013
    [FONT=&quot]LA SOÑADORA[/FONT]

    [FONT=&quot]Alcestis odiaba los domingos porque el hastío de la inoperancia la abrumaba. Ya había estudiado todo, y la cabeza le estallaría si se volvía a sumergir en los libros. Y además los domingos estaba él, su padre.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    Alcestis había soñado toda su vida con ser una de las Emperatrices que aparecían en los libros de Historia, pero en el fondo sabía que aquello era imposible, no porque aquella época ya se hubiera extinguido, sino porque se sentía “sucia”. Su “suciedad” le había impedido entablar relaciones serias con chicos, y no tenía ningún amigo o amiga. Era cierto que se llevaba bien con la gente del instituto, pero nunca había encajado; todos sabían que las cosas no iban bien con y en ella, y solía recibir un trato cordial pero distante por parte de todos sus compañeros. Alguna vez algún chico se le había acercado, pero muchos no insistían y ella tampoco ponía mucho empeño. Solo uno mostró, aparentemente, verdadero interés por ella, pero al cabo de un curso entero desapareció.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    Circulaban muchas historias acerca de ella: unas contaban que, al ser su padre parte del Alto Funcionariado del Consejo, lo mejor era estar alejado de ella porque cualquier palabra errónea ante ella podía provocar que las Tropas te detuvieran y todo lo que eso conllevaba; otras historias eran más fantasiosas y comentaban que los pelirrojos eran demonios que venían del centro de la tierra, y que lo mejor era no acercarse a ellos.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    Alcestis conocía estas historias y muchas más, pero no le molestaban en absoluto, de hecho le solían producir amargas sonrisas cuando las oía entre los cuchicheos de sus compañeros. La verdadera historia de todas era la que ocurría en su casa desde que ella tenía diez años: su madre había muerto al darla a luz y, por ello, su padre siempre le había guardado un rencor sordo. Un día, cuando tenía apenas diez años y era casi una preadolescente, su padre la había violado por primera vez.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    –Estoy harto de tenerte por mi casa sin obtener nada a cambio: solo me ocasionas más y más gastos, preocupaciones. –Su padre la había golpeado aquel día de hacía ya ocho años hasta romperle la ceja izquierda y el labio inferior. Mientras Alcestis se acurrucaba en una esquina del comedor, detrás de una de las sillas de la gran mesa, la sangre de sus heridas manaba espesa y cálida. Su padre no había estado con ninguna mujer desde la muerte de su madre, especialmente, porque su trabajo se lo impedía: Ferdinand Doubvski trabajaba en el Área de Desarrollo Económico, y se había especializado en Derecho y Economía. Toda su vida había estado viajando con su mujer de un lado para otro por los países vecinos, formándose y trabajando para el Estado: había visitado Spehtr, la Federación de los Pueblos Unidos de la Gran Llanura del Sur, Getc y muchos otros países pertenecientes a todos los puntos cardinales. Pero semanas antes de nacer Alcestis, su mujer le había pedio que se instalasen en Olinnos, así que el Estado les había ofrecido por sus servicios una casita adosada de dos pisos en un barrio nuevo del Distrito Norte, con jardín trasero y delantero. Y él siempre había soñado con llegar a ser Consejero de Economía y fundar una familia que sirviese al Estado. Todo había sido perfecto hasta el momento en que nació Alcestis: la historia idílica de amor de Ferdinand con su mujer se había acabado a causa de la muerte de esta, y en su lugar había nacido una niña pelirroja que parecía un monstruito de los cuentos. Mucho se había comentado en su trabajo del hecho de que su mujer hubiera muerto dando luz a una niña pelirroja. Pero con lo años, Alcestis se había convertido en una chica muy guapa, y ya nadie la veía como algo raro, sino como una belleza surgida de alguna leyenda extraída de un país exótico como los que había más allá de la Cordillera Azul.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    Y en aquel día su padre, posiblemente, había pensado que nadie tenía más derechos sobre su hija que él y por eso había ido a violarla. La hubo de golpear varias veces hasta dejarla casi inconsciente, y de la primera violación Alcestis aun recordaría, a pesar de los golpes, como su padre la había penetrado y desgarrado las entrañas. Al día siguiente no había podido moverse de la cama apenas a causa de los dolores en su vagina. [/FONT]
    [FONT=&quot]
    Una vez, cuando Alcestis contaba con solo quince años, se había enfrentado a su padre y le había dicho que estaba harta de que le arruinara la vida.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    – ¡Ojalá viviéramos en la época de las Emperatrices, no te atreverías a tocarme! –Alcestis hablaba con la cara llena de golpes: su pómulo derecho estaba completamente hinchado y un ojo que empezaba a tornarse morado.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    –Qué idiota, eres, putita pelirroja, ¿acaso no has leído cómo acabó la última de tus adoradas emperatrices? No, claro que no, ese tipo de detalles no vienen en los libros que lees: a Iammenanive la Pulcra la encontraron escondida como un conejito asustado tras su enorme trono. ¿Sabes lo que le pasó?[/FONT]
    [FONT=&quot]
    – ¡Déjame en paz! [/FONT]
    [FONT=&quot]
    –Entraron quinientos soldados del Demos a la sala del Trono, y los maestres curanderos se encargaron de drogarla y de cuidar que no se muriese desangra: por cada cien hombres que se corrían en su coño le amputaban un miembro, ya sabes, un brazo, una pierna…[/FONT]
    [FONT=&quot]
    – ¡Mentira, mentira, mentira, mentira, MEN-TI-RA![/FONT]
    [FONT=&quot]
    –Al correrse el último hombre, tu adorada e idealizada Emperatriz perdió la cabeza. Imagínate el horror que le tocó vivir a la pobre. [/FONT]
    [FONT=&quot]Aquellas palabras hundieron a Alcestis, y comprendió que estaba “sucia” para siempre. Por supuesto, alguna vez había pensando en denunciar a su padre al Estado, pero, en otra ocasión, había cometido la imprudencia de amenazar a su padre con aquello.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    – ¿Sí, me vas a denunciar al Estado? –Había dicho# sonriente– Corre, ve; cuando vean quién soy lo más seguro es que las Tropas te lleven al Complejo. Lo pasarás muy bien. Echarás de menos a tu padre, te lo aseguro; el Estado no va a meter en la cárcel a un funcionario vital como yo por el mero hecho de que me dedique a plantar semillas en el jardincito de mi hija pelirroja y lasciva. [/FONT]
    [FONT=&quot]
    Los insultos, las palabras hirientes, le dolían siempre demasiado, y nunca se acostumbraba. Nunca llegaría a comprender porqué él la odiaba tanto, aunque sospechaba que la causa de su odio hacia ella había sido su infausto nacimiento. Pero ella no tenía la culpa de aquello; todo carecía de sentido.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    El año pasado Alcestis se las ingeniaba los sábados para estar casi todo el día fuera de casa, este año con las clases extraordinarias no le hacían falta tantas artimañas para evitar estar en su casa. Pero los domingos no podía evitarlo: su padre trabajaba de lunes a sábado, y estaba todo el día en el Complejo, llegaba por la noche, se duchaba, se servía una cena frugal y se acostaba. Pese a todo, muchos sábados su padre volvía antes, y ella no podía soportar tenerlo en casa: había pensado muchas veces en marcharse pero en aquel Estado las cosas no podían ni debían torcerse. Había pensado más de una vez en cometer suicidio, y era una idea que seguía revoloteando en su cabeza, aunque la idea de ir a vivir fuera el año que viene debido a la universidad la alentaba a seguir viviendo. Y quizás conociera a alguien especial; quería que alguien la cuidase y la ayudara a cicatrizar sus heridas.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    Los domingos ella nada podía hacer, era el día en que su padre la maltrataba y la violaba. Los lunes se levantaba muy temprano y se maquillaba lo mejor que podía, y nunca sus compañeros o profesores se habían percatado de sus heridas y moretones, y si lo habían hecho, la idea de las Tropas irrumpiendo en sus casas los había convencido de mirar hacia otro lado.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    Alcestis odiaba los domingos, pero aquel día no tenía motivos. Su padre se había marchado muy temprano, de manera apresurada: estuvo toda la mañana paseando por el vecindario de casitas adosadas, con la estampa de un todo bañado por el dulce halo que suponen los últimos estertores de la vitalidad y vigor del verano. Por primera vez en mucho tiempo, se vistió con un vaporoso y níveo vestido estampado de flores, unas sandalias beige planas y unas rosas violetas pequeñitas que, entrelazadas entre sí, formaban un bello brazalete. Había sido un regalo del chico que había mostrado interés por ella, dos años atrás. Se preguntó dónde estaría ese chico en ese momento; no lo sabía, pero se cuestionó si, en algún momento, sintió algo parecido al amor por aquel chico con el que compartió clase un curso entero. No se había acordado de él hasta entonces: en el fondo de su ser deseaba poder ser querida por alguien alguna vez en su vida, se reprimía ese sentimiento a menudo, pero ese era uno de sus sentimiento más poderosos. Y le amargaba el hecho de saber que, posiblemente, nadie la querría jamás.[/FONT]
  • BoneyBoney Pedro Abad s.XII
    editado septiembre 2013
    [FONT=&quot]Al mediodía se preparó una ensalada y un filete de ternera; comió en paz en la mesa, nunca utilizada, que había en el jardín trasero, destinada, originalmente, para comidas y cenas familiares. Allí, en ese día, solo la acompañaron higueras, olivos y rosales. Nunca se había celebrado ninguna comida en aquella mesa. Alcestis siempre había soñado con celebrar allí sus cumpleaños: cuando era pequeña no entendía por qué su padre no le dejaba celebrar sus cumpleaños e invitar a sus amigos del colegio; una vez se hizo mayor se le habían quitado las ganas de preguntar e insistir. Pese a todo, le dolía no haber tenido una vida como el resto de niños y niñas. [/FONT]
    [FONT=&quot]
    [/FONT]
    [FONT=&quot]Pero dejó de compadecerse de sí misma y decidió disfrutar del resto del día.[/FONT]
    [FONT=&quot]La tarde la dedicó a leer en el jardín delantero, disfrutando de lo agradable que era sentir, tumbada, las cosquillas que le producía el césped entre los dedos de los pies. Leía la historia sobre Theodorus y de como éste había refundado Vergel.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    [/FONT]
    [FONT=&quot]La tarde estaba dando sus últimos estertores, y el cielo se enrojecía como el pelo de Alcestis, y ella, por un momento, soñó con que quizás no fuera hija de aquel hombre que abusaba de ella desde que tenía diez años: quizás fuera ella, Alcestis, hija del Atardecer. Pero sus sueños murieron cuando vio al hombre que consideraba su padre cruzando la portezuela que daba al jardín.[/FONT]
    [FONT=&quot]
    [/FONT]
    [FONT=&quot]–Te has pintado las uñas de las manos y los pies. #–Era cierto, ella se las había pintado de violeta–. Nunca lo habías hecho antes…, bueno, da igual; me han nombrado hoy Subconsejero de Economía, así que quítate esa ropa de ramera, que vamos a celebrarlo.[/FONT]
  • BoneyBoney Pedro Abad s.XII
    editado septiembre 2013
    Suina escribió : »
    Boney, a ver si puedes poner el relato directamente, al menos a mi me cuesta abrirlo, soy torpe...muy torpe.:)

    Ahí te lo dejo. A ver qué te parece ;D
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado septiembre 2013
    Lo guardo y ya lo leeré con tranquilidad, que no nos mereces leernos a lo loco.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado septiembre 2013
    que casualidad, acababo d eponer una escena de una violación que teni aescritahce tiempo, aún no había leído tu relato, ahora ya si.
    Mira, nos va a venir muy bien eso, porque ya smos varios por aquí los qu ehemos encarado la escena de una violación, y todos de diversas formas, esos ejercicios literarios son buenos para los que leemos y escribimos.

    Sobre tu historia, la estoy leyendo, pero me pierdo un poco en el contexto histórico, dime de que emperatriz hablas, de que Estado y país...y disculpas por mi ignorancia.

    Tengo a medias el comentario de tu relato, pero notaba que me perdia en las comparaciones con la emperatriz, necesito un poco de ayuda por tu parte Boney.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado septiembre 2013
    LA SOÑADORA





    Creo que daspor hecho que tus posibles lectores deben tener algo de conocimiento dehistoria, al menos de la historia a la que haces referencia cuando hablas deemperatrices…así que no me ha quedado otra que curiosear un poco por la wiki, ymira por donde al final una cosa me ha llevado a la otra y ahora tengo ganas desaber más.

    Empecé porel nombre que mencionas, “Alcestis”, de su sacrificio y muerte, y del amorfilial a su padre…la tragedia de Eurípides, y “Alceste” de mi paisano BenitoPérez Galdós.

    [FONT="&amp]Y supongo,que las referencia a las emperatrices pudiera ser el pasado “glorioso” de laRusa Imperial. Nombras ciudades nórdicas, países e imperios lejanos a nosotros,lo cual dificulta la compresión de tu relato, no quiere esto decir quedesciendas hasta el pozo de nuestrodesconocimiento, pero comprenderás que no resulta fácil leerte.

    Inicias el relato con una fraseafectada y, para mi gusto, falto denaturalidad, y es: “...el hastío de la inoperancia la abrumaba”.

    Al margen de estas críticas sinceras que te hago desde mi percepciónparticular, decirte de nuevo queescribes con fluidez, que has sabidoponerte en la piel de la muchacha doliente. No es nada fácil describir abusos,menos aún en el seno familiar. Lo has descrito con acertada crudeza, conpalabras duras y coloquiales puntuales y certeras para describir una situaciónde dolor y soledad. La sensación de acorralamiento y desespero la he podidosentir con claridad.

    Me gusta más aún la segunda parte de tu relato, cuando vemos a Alcestispreparando una ensalada y un filete de ternera ( me gusta mucho las escenascotidianas, hace que humanicemos a los personajes, se transforman de actores depapel en personas como nosotros). La imagino paseando entre las higueras,olivos y rosales ( aunque si vive muy al norte, difícilmente pueden haberolivos e higueras, más meridional y mediterraneo).

    El final es muy bueno Bonney, ( veo el color de las uñas), con ese sencilloy rotundo, trise y demoledor quítate esa ropa de ramera y vamos a celebrarlo.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado septiembre 2013
    Siento las letras unidas...pero es que desde que han reformado el sitio, me pierdo en como formatear correctamente. Disculpas.:confused:
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado septiembre 2013
    Mejor así:

    Creo que das por hecho que tus posibles lectores deben tener algo de conocimiento de historia, al menos de la historia a la que haces referencia cuando hablas de emperatrices…así que no me ha quedado otra que curiosear un poco por la wiki, y mira por donde al final una cosa me ha llevado a la otra y ahora tengo ganas de saber más y más.

    Empecé por el nombre que mencionas, “Alcestis”, de su sacrificio y muerte, y del amor filial a su padre…la tragedia de Eurípides, y “Alceste” obra de teatro de mi paisano Benito Pérez Galdós.

    Supongo que las referencia a las emperatrices pudiera ser el pasado “glorioso” de la Rusa Imperial. Nombras ciudades nórdicas, países e imperios lejanos a nosotros, lo cual dificulta la compresión de tu relato, no quiere esto decir que tengas la obligación de descender hasta el pozo de nuestro desconocimiento, pero comprenderás que no resulta fácil leerte.

    Inicias el relato con una frase afectada y, para mi gusto, falta naturalidad, y es: “...el hastío de la inoperancia la abrumaba”.

    Al margen de estas críticas sinceras que te hago desde mi percepción particular, decirte de nuevo que escribes con fluidez, que has sabido ponerte en la piel de la muchacha doliente. No es nada fácil describir abusos, menos aún en el seno familiar. Lo has descrito con acertada crudeza, con palabras duras, coloquiales, puntuales y certeras para relatar una situación de dolor y soledad. La sensación de acorralamiento y desespero la he podido sentir con claridad.

    Me gusta más aún la segunda parte de tu relato, cuando vemos a Alcestis preparando una ensalada y un filete de ternera ( me gustan las escenas cotidianas, hace que humanicemos a los personajes, se transforman de actores de papel en personas como nosotros). La imagino paseando entre las higueras, olivos y rosales ( aunque si vive muy al norte, difícilmente pueden crecer olivos e higueras, más de clima meridionales y mediterraneos).

    El final es muy bueno Bonney, ( veo el color de las uñas), con ese sencillo y rotundo, triste y demoledor quítate esa ropa de ramera y vamos a celebrarlo.
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