Este es un relato que escribí hace mucho tiempo, hará unos cuatro años. Decidí arreglarlo un poco y ponerlo aquí, como iniciación en este foro. Espero que les guste.
_______________________________
El policía esperaba cansado mientras el trabajador social hacía su trabajo. Quitaba bolsa tras bolsa de basura, tratando de limpiar la habitación de una chica cuyos afligidos padres aún se encontraban en duelo, tal vez llorando en el salón familiar.
-¡Hey, señor! –exclamó el asistente social. Era un hombre ya entrado en años- Mire esto…
El policía, que por el contrario era un hombre joven, se acercó. En la mano enguantada del asistente social, yacía un papel doblado al menos ocho veces. Parecía demasiado bien colocado y doblado como para ser un papel cualquiera que la chica hubiese podido tirar al suelo.
Lo desdobló con cuidado y comenzó a leerlo. Caligrafía fina, aunque temblorosa, hecha con un bolígrafo azul.
“
Mi nombre es Kinori Satsuki. Cuando encuentren esto, probablemente yo ya estaré muerta. No es como si me importase demasiado ese dato, pero supongo que a usted, policía o asistente social, debe interesarle. Mi cuerpo debe puede que se halle aún donde estaba, pero supongo que ya me habrán visto.
Para facilitarles la autopsia, les diré que no encontrarán rastro de veneno o similar en mi cuerpo. Como mucho, encontrarán que mi estómago está vacío y tengo algún que otro síntoma de desnutrición. Hay una herida que me cruza el cuello, por la que se produjo el desangramiento que me llevó a la muerte. Elegí este método de suicidio por su simpleza y rapidez. En pocos minutos, ya no tienes que preocuparte más de tu vida.
¿Os preguntáis por qué hice esto? Bueno, no es fácil de explicar, pero debo hacerlo. Ya que esta noche se acabará todo, debo plasmar todo lo que pueda mi sufrimiento y dolor en este papel.
El señor Kinori, mi padre, no es más que un depravado absoluto. Es duro decirlo, porque es mi padre, pero si me preguntasen si lo quiero, no podría decir que sí. Todos los días, antes de ir a clase y después de volver, ese hombre me desnudaba y… Ya sabréis como acaba. Es curioso como sé que voy a morir, pero sin embargo me resulta vergonzoso decir estas cosas.
Mi madre lo veía todo, pero no hablaba, no decía nada, no me defendía. Desde niña, solía enfermar a menudo. Hace poco entendí el porqué. En mi comida siempre hay mezcladas una o dos pastillas de a saber qué sustancia. No sé porque lo hace. Cuando el estado era crítico, siempre me llevaban al hospital y tras unos días ingresada, comiendo la comida de allí, mejoraba y podía volver a casa. Si los médicos sabían o no la causa de mi mal, no lo sé, ni me importa. El porqué mi madre hacía esto, tampoco lo sé. Supongo que serían celos.
Esto se notaba en clase, en mi rendimiento, y poco a poco fui alejada de las clases normales y me dejaron caer en la clase E. Allí, quizás por mi apariencia descuidada, comencé a tener problemas con mis compañeros. Hinata, Matsura y Futaba son solo unas cuantas de ellas. Me tiraban agua, me escribían amenazas en el pupitre e incluso una vez me obligaron a comerme un escarabajo. Todo llegó a su cima el día que entre ellas y un chico varios años mayor me obligaron a hacerle una felación.
Ese día, fue el día en el que me encerré en esta habitación. Al principio, salía para ir al baño, aunque solo tarde en la noche o temprano en la mañana, cuando no había nadie o estaban todos durmiendo. El resto del tiempo, menos la hora de coger la comida y dejar el plato, mi puerta estaba atrancada con una silla. Nadie hizo el menor esfuerzo por sacarme.
Eventualmente, tapé mis ventanas con unos cartones y cinta negra. Si estás leyendo esto en mi cuarto, debo suponer que ya lo habéis removido. Lejos de lo que podéis pensar, no era como si la luz me molestase. Solamente era que no quería ver más mi reflejo en los cristales.
Más tarde, comencé a dejar de salir para ir al baño. En su lugar, simplemente sacaba mis excrementos con el plato de comida vacío. Esto fue porque encontré una de las noches al hombre que dice ser mi padre merodeando cerca de mi cuarto.
Ahora ya ni siquiera salgo a coger la comida. Llevo tres días así, estoy sedienta y hambrienta, pero no quiero morir envenenada. No, eso sería demasiado largo. Pero morir de sed es aún peor, así que he decidido acabar con mi vida.
Pronto, en unos minutos seré libre. Me veré sumida en un largo letargo del que no podré despertar. Mi ansiado descanso llegará en poco tiempo.
En las cartas de suicidio, siempre se deja una última voluntad. Realmente creo que es inútil escribirla, porque aunque escribo esto para un posible policía o asistente social, creo que esta carta acabará en el brasero de mis padres. Pero, aún así, solo por mantener la esperanza ya perdida en este cansado cuerpo, les pido por favor que no dejen que esto se repita.
Por favor, publicad esta historia. Hacedla una lectura accesible para todos los jóvenes. Si alguien más está en mi situación, tal vez mi historia ayude a que no vuelva a repetirse.
Por favor, no dejadme caer en el olvido.”
Meses después, el policía esperaba cansado mientras el trabajador social hacía su trabajo. Quitaba bolsa tras bolsa de basura, tratando de limpiar la habitación de un chico cuyos afligidos padres aún se encontraban en duelo, tal vez llorando en el salón familiar…
Comentarios