Muchas veces trato de investigar por qué temo a la oscuridad, si nací y me crié bajo las oscuras hojas del cacao. Nunca he comentado esto con una psicóloga, porque me imagino todos los dislates que se podría inventar, sin acertar en nada, claro está. Cuando tenía diez años, quedé ciego por dos meses, justamente después de que mi padre me diese una pela por haberme escapado del conuco. Mi madre le reclamaba constantemente a mi padre el hecho de que yo hubiese quedado ciego. Estoy absolutamente seguro de que mi padre no me hizo nada que pudiese haberme provocado una ceguera precoz. Dos años después murió mi padre, entonces cuando me escapaba del conuco, mi madre me recordaba aquella acción. A pesar de los grandes esfuerzos de los médicos, me madre se jactaba de que yo hubiese recobrado la vista, porque ella me encomendó a Santa Lucía. No tiene sentido recordar las pocas escenas tristes de mi niñez, si todo lo demás fue correr y bañarme bajo los inmensos aguaceros de mayo y, en tiempos de sequía visitar Leonora, Ozama y Guanuma. Lo interesante en todo esto es que pude haberme liberado de la miseria de la contemplación. Hoy, mientras esperaba la aceptación de mis labores docentes en una escuela de PREPARA sabatino, vi como un haitiano enterraba en el corazón de un compatriota suyo, el mismo cuchillo con que me había vendido un pedazo de melón. Quise correr hacia ellos para evitar otra, tragedia, pero otro haitiano que presenciaba tranquilamente los acontecimientos, me dijo que no me metiera en eso, que podía salir embarrado. Me quedé tranquilo esperando la caída del haitiano herido, con un corazón casi saliéndoseme del pecho, pero cuando se separaron, la victima me mostró en su pecho un pequeño rasguño.
Comentarios
Aunque no tiene nada que ver me recordó tu cuento al "ensayo sobre la ceguera de Saramago", que si no has leido te recomiendo.
Te seguiré leyendo con mucho gusto Hermes.
Este lugar tenia antes posibilidad de editar, por lo visto desaparece al poco tiempo.
¿Y si alguien quiere modificar alguna aportación, o corregirla?
O borrarlo, aunque borrar por aquí siempre ha sido de lo más dificil.
Sí. He leído varias veces "Ensaio sobre a Cegueira", una excelente obra.
Abrazos!
Y ciertamente, me encanta ese halo que desprende también tu relato
Abrazos.
Lo que más me gusta es tu capacidad para crear con el lector un clima de cercanía, convirtiendo cada frase en una especie de espacio angosto de intimidad. Es un relato intimista. Pese a su brevedad, en pocas líneas vemos perfectamente la escena, es casi domo estar ahí. El uso de la puntuación, las inflexiones y pausas, perfecto. De ese modo se saborea mejor cada frase, pues las sentencias demasiado largas corren el riesgo de perderse en la intención.
Un saludo
VÍCTOR VIRGÓS
Salud!
Este relato en concreto, no quería yo pasar de largo, sin antes decir, que es magnífico.El lector se adentra en él sin problema alguno e incluso, puede llegar a percibir la ceguera momentánea o el cuchillo rasgando la carne.
Hace ya unos años, leí una novela de Allende, que trata sobre Haití y al leer tu relato, me vino a la memoria ese libro.
Mis más sinceras felicitaciones por este relato tuyo.Un saludo desde el sur.