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Juanito, el Loco

FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
editado febrero 2014 en Narrativa
Él se llamaba a sí mismo Juan, así, a secas.
Desconocía, porque era como un niño que vive con los ojos cerrados al mundo, que todos lo llamaban "Juanito , el loco". Pero así era.
Juan pateaba las calles con dos cubos de arena enganchados de las asas por un palo, que hacía de balancín y de asidero. Cada mañana, se lo cargaba a la espalda y pregonaba:
-¡Arena, arena "branca y colorá"!
Las mujeres salían a la puerta de sus casas para comprar un poco de arena , que él medía con un jarro de hojalata de un cuarto. Esa arena servía para abrillantar y pulir los cacharros de metal, sobre todo los de peltre. Y Juan se iba manteniendo con lo que ellas le daban, además de alguna fiambrera con comida caliente y algún pitillo que se agenciaba por ahí. Porque todos sabían que Juan se gastaba la mayor parte del dinero en vino peleón en las tabernas que punteaban su recorrido. Es que el invierno era frío y su casa no estaba nunca caliente , por falta de picón para el brasero y, también, por no tener las ancas de una buena moza que le calentara la cama por las noches.
Juanillo era mocito. Nunca había tenido una muchacha tan cerca como para saber a qué olía su piel o a qué sabían sus besos.Nunca había tenido a una mujer, cantando por la casa, mientras hacía las tareas domésticas. Tampoco lo había echado de menos, porque había estado muy bien cuidado por su madre, doña Remedios, hasta que ésta muriera hace tres años, aquel maldito invierno que se llevó por delante a muchos viejos del lugar.
Juanillo, que siempre había tenido muchas rarezas, se volvió más raro todavía. Hablaba solo, mascullando quejas e imprecaciones con una colilla colgando del belfo. No se afeitaba, ni iba aseado como antes, y la ropa empezaba a rasgarse por las costuras.¡Qué falta le hacía su madre!
Pero él parecía no darse cuenta y hablaba con ella como si nunca se la hubiesen llevado los de la funeraria , con los pies por delante. Eso sí, cuando Juan pasaba por enfrente del Cementerio, apretaba los ojos para no verlo. Porque a veces se le venían imágenes a la cabeza de un día de lluvia- o eran sus lagrimas- y de un golpe seco de una caja dentro de un nicho perturbadoramente familiar.
Juan, con la exactitud de un reloj suizo, pasaba por las calles pregonando la arena que recogía en una cantera cercana al pueblo. La roja, de grano grueso y la blanca, fina, para dar acabados brillantes a las piezas. Con la misma puntualidad, las vecinas se asomaban a comprarle un cuartillo de ésta o de aquélla.
Lo que Juan no sabía era que ya nadie necesitaba la arena para limpiar, porque casi nadie tenía objetos de peltre en su casa.Lo moderno era el duralex, y las mujeres usaban jabón, con mucha espuma,y algunas - las más modernas- máquinas para lavar la vajilla.
Pero se apiadaban de Juan, cada día más "Juanillo", porque iba encogiendo dentro de su ropa holgada y porque se comportaba como el crío que fue y que algunas recordaban aún. A medida que pasaban los años , también era más "el Loco", con su mirada perdida en otros tiempos y en otros mundos, y había dejado de hablarle a los vivos para charlar siempre con sus difuntos.
Pero él, loco y todo, por no haberle hecho daño nunca a nadie, pudo tener una vejez tranquila, con su pregón y con sus recuerdos.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado junio 2013
    Bonita historia, parece que cada ciudad tiene sus loquitos:)
  • DestripadoDestripado Pedro Abad s.XII
    editado junio 2013
    Me ha parecido una historia muy entrañable, lo de "branca y colorá" me parece un gran acierto, le otorga personalidad que sumada a otros aspectos me hace pensar en esos famosos pueblos blancos de Andalucía. ¿Crees que daría para una historia más larga?

    Saludos
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado junio 2013
    ¡Has acertado de pleno con la ubicación de la historia!
    Seguramente daría para una narración más larga, sí.
    Thanks!
  • DestripadoDestripado Pedro Abad s.XII
    editado junio 2013
    Supongo que en este foro estamos gente de diversos países de habla castellana. Pero cuando eres español, el acento andaluz (que por cierto, en ocasiones me inquieta), se detecta al instante. Y bueno, si te ves capaz, podrías alargar, o contar más historias del entrañable Juanito.

    Saludos
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado junio 2013
    Me ha hecho muchísima gracia eso de "me inquieta".
    A mí también , porque no hay "un" acento andaluz. Varía mucho si eres del interior cercano a Sevilla o a Córdoba o a Granada. El acento de Jaén no tiene nada que ver con el de Almería, ni el malagueño con el de Cádiz. Y los que hemos llegado a Andalucía transplantados de otras latitudes
    , acabamos hablando de un modo un tanto raro, un andaluz "sui generis".

    Te aseguro que he trabajado en pueblos en los que apenas si entendía a mis vecinos.

    No sé si Juanillo da para más, pero sí otros conciudadanos suyos.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado julio 2013
    ¡Hola Francesca! Me gustan esos personajes que yo llamos esquinados, los desechos de la sociedad, dan para mucha literatura.
    Lo has escrito de manera sencilla, con tu acento particular y la gracias que tiene la gente de tu tierra.
    Y de paso...como sin querer queriendo, nos cuentas lo que se hace, o hacían en esos pueblos y aldeas de Andalucía...arenar, albear, encalar...
    ¡Ay que no se pierdan esas costumbres!
    Se deja querer el Juanito.
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2013
    Tu comentario es muy bonito. No lo digo porque te guste mi pobre relato, sino por la sencillez y la naturalidad con la que lo has escrito.
    Tengo predilección por esos personajes "esquinados" -¡qué bueno!- y por las personas reales que los inspiran. Si mis obligaciones me lo permiten, habrá más de éstos.


    Saludos,
    F.
  • DukdosDukdos Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2014
    Un delicioso relato costumbrista. Felicitaciones Francesca.
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado febrero 2014
    Te agradezco que rescates este relato del olvido... Me gusta dar un espacio a estos personajes "esquinados", como los bautizó Suina.
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado febrero 2014
    Te agradezco que rescates este realto del olvido... Me gusta dar un espacio a estos personajes "esquinados", como los bautizó Suina.
  • anderosuanderosu Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2014
    ¡Excelente relato Francesca! Menos mal que lo rescataron, como has dicho, pues es de lo mejor que he leído en el foro últimamente.

    Me recuerda en varios puntos a cien años de soledad, primero por el nombre Remedios, segundo porque le compren la arena a Juan por caridad y no necesidad, como le compraban los pescaditos de oro a Aureliano, por lástima. ¡Cosas!


    En fin, todo un gusto, ma copine.
    Saludos.
  • FrancescaFrancesca Fernando de Rojas s.XV
    editado febrero 2014
    Cuando se está triste -¡ tan triste!- alegra una voz amigable, aunque venga desde el otro lado del Atlántico.

    Me halaga la comparación con el maestro Gª Márquez. Me gusta mucho "100 años" y, sobre todo. "El coronel no..."

    Y me encantan estos personajes que pasan a nuestro lado y carecen de voz. Tengo muchos en mis alforjas.
    Pero tal y como me encuentro de ánimo ahora, quizás se queden a vivir ahí dentro por un tiempo indefinido.

    Salutations et bessers!!
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