Llego al barrio un tal Don Augusto, de barba partida y pelos canosos.
-Todo un hombre de mundo-decían las doñas del barrio ese tal Don Augusto
-Mató a un cocodrilo en el Amazonas y un león en tierras africanas-contaban los niños del barrio.
Rara vez se dejaba ver el tal Don Augusto.
-Quizá este meditando o haga rituales chamanicos como en el Brasil-contaba mi madre, ya que Don Augusto era un hombre de mundo.
El chisme del barrio se volvió Don Augusto, historias sobre sus hazañas ya eran bien conocidas incluso en los barrios vecinos. Pero rara vez se veía a Don Augusto pues se decía que disparaba a quien se acercara a su casa y aun así yo tan fiero como el reto amistoso me lo permitiese me asome a ver a Don Augusto.
Un pequeño y cansado viejo fue lo que vi, con un perro igual de decrepito a sus pies, dormido se encontraba con la dentadura en un bazo de agua aquel hombre de mundo.
-¿y bien?- preguntaron a mis espaldas
-Todo un hombre de mundo el tal Don Augusto, grande como montaña y fiero como oso, afilaba su navaja tan grande como espada y con un lobo a su costado,apenas me pude escabullir-felizmente les contestaba.
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