¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Insensible (Capitulo 3)

LawlietLawliet Gonzalo de Berceo s.XIII
editado febrero 2013 en Negra
Capitulo 4 – El Laboratorio

El laboratorio estaba casi vacío. Entré por el garaje. No sabía a qué planta ir, no sabía a qué botón dar, pero no hizo falta. El ascensor empezó a subir. Alguien ahí arriba había llamado. Mi arma estaba cargada y lista. Cada vez más nervioso, el trayecto se hacía aun más lento. Y se paró en seco. Las puertas se abrieron con el agudo sonido de una campana. Ante mi tres hombres trajeados con negras gabardinas. Yo les mire, ellos se miraron y luego centraron sus ojos en mí. El tiempo ya no iba lento, simplemente se paró. Un trueno rompió la tensión que había en la sala y las balas empezaron a llover. Me tire al suelo. Cayó uno. Los otros se pusieron a cubierto. Yo seguía en el ascensor totalmente expuesto así que subí una planta y baje por las escaleras. Fui más rápido que ellos y les encontré corriendo hacia mí. Era el momento. Cubierto en una pared y aguantando la respiración conté hasta tres y empecé a disparar. Uno menos. Ahora la cosa estaba igualada. La adrenalina estaba incontrolada en mi sistema. Me puse firme y fui directo hacia él como si nada pasara. Todo a mí alrededor iba a cámara lenta. Apunte y disparé con la misma velocidad con la que bebía. Estaba tan alterado que ni me percaté de que me habían disparado en el brazo derecho. Lo primero en lo que pensé fue que iba ser una verdadera jodienda beber con el brazo izquierdo tanto tiempo. Después retomé la situación y me puse a buscar a Matt.

¿Dónde demonios estas? Piensa James. No había rastro alguno. Frustrado, solté una patada a una máquina de café. El cristal se quebró. En uno de los pedazos podía ver una silueta reflejada tras de mí. Rápidamente me di la vuelta y apunte. ¿Matt? No pude reconocerle a simple vista, su rostro estaba hinchado, probablemente por la paliza que le dieron. Estaba lleno de sangre y le costaba bastante mantenerse en pie. Le lleve a una camilla y de ahí al ascensor. Nos dirigimos al garaje. Mientras bajamos intentó explicarme qué demonios estaba ocurriendo. Matt trabajaba en un laboratorio de investigación bioquímica. Uno de esos laboratorios donde los científicos se sienten como un niño quemando hormigas con su lupa. Descubrió por error papeles sobre una nueva sustancia denominada “Yan Lou” un líquido de color rojo aun en fase experimental creado para eliminar el dolor permanentemente. Similar a los pacientes de CIPA. Según el informe la sustancia actuaba atacando al sistema nervioso dejándolo incapaz de transmitir cualquier tipo de dolor o sensación. Un efecto que, de usarlo como arma, podría crear un ejército realmente resistente. Un hombre incapaz de sentir dolor rendiría al máximo en el campo de batalla, pero ¿Y si esto se extendiera al resto del mundo? Se perdería el miedo, aumentarían los robos, los asesinatos… No era un futuro esperanzador. Además, según decía Matt, la droga dejaba al sujeto sentenciado a morir temprano. Una vez en el sistema, el paciente tendría aproximadamente veinticuatro meses de vida. Matt intentó destruir las cepas que había en el laboratorio y así exterminar cualquier existencia física del líquido rojo. Los informes, las investigaciones, archivos de ordenador… Todo lo que llevara el nombre “Yan Lou” destruido. Ese era el plan, pero no era nada sencillo y por lo que Matt me dijo consiguió un resultado más que eficiente. Solo quedaba una cepa. El resto de documentos fueron destruidos. Seguía empeñado en continuar. No podía ni levantarse de la camilla.

Arrastré la camilla como pude. Por suerte había cogido unas vendas y unos analgésicos en el laboratorio. Tumbé a Matt en la parte de atrás del coche mientras pensaba a donde ir. Mi casa aun era un sitio seguro. Al tiempo que conducía pensaba las palabras que debía pronunciar para decirle lo ocurrido a su familia, pero quizás no fuera el momento de hablarle sobre eso. Como si Matt estuviera leyéndome la mente me preguntó si sabía algo acerca de su mujer y sus hijos. Yo fijé la mirada al frente. Matt se levantó y repitió la pregunta. Mis ojos empezaron a brillar. Casi no podía ni distinguir la carretera. Y entonces lo entendió todo. Su elección tuvo consecuencias que quizás no reflexionó lo suficiente. Ahora estaba condenado a vivir con esa tortura para siempre. Yo le comprendía y sabía mejor que nadie que nunca te recuperas. Son como sombras. Nunca desaparecen. Y a pesar de que logró recuperarse de lo de sus padres, el era un simple niño. La infancia es diferente. Tu cerebro omite recuerdos, es más fácil de olvidar o cambiar el pasado, pero ahora no.

Llegamos a mi casa. Le di unos analgésicos y le tumbé en el sofá. No le costó mucho dormir. Le había dado una cantidad considerable de pastillas. Ahora tenía que pensar en lo que restaba de noche y tratar de buscar una salida. Necesitaba respuestas. Necesitaba un trago. Necesitaba dormir.

Comentarios

  • CheloChelo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Me gusta, a ver cuando lo continuas.

    Chelo
  • LawlietLawliet Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2013
    Chelo escribió : »
    Me gusta, a ver cuando lo continuas.

    Chelo

    lo estoy continuando pero viendo que no habia mucha actividad decidi escribirlo por mi cuenta y luego publicarlo aqui por completo... aun estoy en ello hehe GRACIAS POR TU INTERES!
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com