Un globero gordo y bigotón en medio del parque hacía sonar una musiquita para vender los globos, aquellos juguetes sencillos y mágicos.
Nadie acudió a su llamado, ni un padre, ni una madre, ni un niño.
Entonces soltó los globos blancos al cielo. Eran como cien.
En aquel día de viento recorrieron mucho camino... mucho camino...pasaron por techos de mansiones, pasaron por techos de paja...sobre cualquiera podría enredarse el globo...
La gente los miraba desde abajo y decíase: " ¡ mirá vos!".
Finalmente, al llegar al cementerio, bajaron con la densidad del aire y se enredaron cada uno en una cruz...las de aquellos que perdieron contra el glóbulo blanco.
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Un saludo.
Saludos,
Carolina