Bueno, este es la primera vez que comparto un cuento mio, no soy muy bueno escribiendo, pero supongo que compartir es parte de todo esto, así que ahí les va.
Los seis libros
La pequeña estantería repisera tenía apenas seis obras. Aunque no siempre me daban ansias de llenarla, de vez en vez agregaría algunos libros y los colocaría allí con el fin de poder completarla. Y aunque no los leyera, creo que rellenar aquella pequeña biblioteca me daría cierta satisfacción inexplicable.
Los seis libros que esta contenía, narraban mundos ajenos, en los que habitaban seres distintos a la comunidad como conocemos. Cada libro era distinto al otro en autor y temática, pero tenían cierta continuidad uno con otro, en el primero era una sociedad colectiva, pero con algunos rasgos extraños, como la escasés de sentimientos por el prójimo, y un egoismo casi infinito por una mínima colaboración a la supervivencia humanística.
Con el correr de los tomos, las personas habitantes de estas sociedades amorfas, expandían sus rasgos despectivos a cosas insólitas, su figura física se deformaba y se transformaban poco a poco en abominaciones verdes viscozas totalmente vomitivas, mientras que interiormente no paraban de pudrirse aun más, transformándolos en asquerosas criaturas con sentimientos de odio, infelicidad y muchísimo resentimiento (entre otras cosas).
Tomé el cuarto libro, en este quizás el apocalipsis no era demasiado impresionante a comparación con los últimos dos, la historia narrada hablaba de un pueblo en el que los vivientes ya no conservaban su parte humana, y vivían en pequeñas y marginadas aldeas generadas por su misma autodestrucción. Las propias madres se transformaban en caníbales de sus propios hijos ante la necesidad, y cuando sus maridos morían, los sobrevivientes hijos que alguna vez habrían escapado, volvían para devorar el cuerpo muerto de su alguna vez creador, y también el de su indefensa y vieja madre, a la que golpeaban hasta asesinarla. Aquella historia era algo extremadamente desagradable leer, y claramente el que la escribió solo tuvo recuerdos infelices y un agregado de demencia.
Con el libro bajo el brazo, decidí salir a un pequeño sitio verde con algo de hierba y algunos árboles altos, en donde nadie pudiese molestarme. En mi corto trayecto algo me molestó durante un rato, y a mitad de camino solté el libro.
Regresé a casa, e incendié en la parrilla el pequeño estante que me hubiese gustado completar con muchos libros coloridos, de historias claras con finales amables. Antes de incendiarla, tomé los cinco libros atroces que restaban, y los coloqué en un cajón de escritorio.
Comentarios
Me gustó lo que escribiste. Aunque me parece que no debiste dejar caer el cuarto libro porque... ¿quién sabe?
Puede que alguien lo lea y lo que describiste se vuelva realidad.
Saludos