Ya desde muy pequeñito le impactó que el ser humano fuera capaz de alimentar un mundo tan injusto con su egoísmo, y se propuso hacer algo al respecto cuando fuera mayor. Pasó una adolescencia difícil, como todas, aunque la misma idea seguía dando vueltas y vueltas en su cabeza. Sabía que él no era como los demás, y estaba seguro de que algo iba hacer al respecto. Fue creciendo, trabajó en un sitio y en otro, aguantó patadas, malas caras y ensañamientos, hasta que encontró un empleo estable. De pronto, fue necesitando unas y otras cosas, pagaba cuentas y recibos, aunque ahorraba un poco de dinero todos los meses para cumplir esa idea de hacer algo al respecto. Fue pasando el tiempo y ningún proyecto que tuviera que ver con su sueño salía hacia adelante, siempre por pequeños detalles imprevisibles. Pero aun así, estaba seguro de que llegaría el día en que algo haría al respecto. Llegó el momento de su jubilación y ya, por fin, tendría tiempo para hacer lo que quisiera. Tenía claro que ese era ya el momento, aunque sin saberlo muy bien, lo fue retrasando. El tiempo pasó. Seguía pensando en hacer algo al respecto pero ya se encontraba poco a poco más cansado. Un día, sabiendo que pronto iba a morir, dijo a uno de sus hijos: “Hijo, este mundo egoísta está formado por miles de buenas personas, tan buenas como cobardes”. Y este, con indignación, se propuso hacer algo al respecto.
Comentarios
Al final no hacemos nada.
Inconscientemente también lo vinculé con un círculo de Dante, el de los indecisos. Atormentados por avispas.
Saludos
Me gustó.