Hola gente, me haría falta saber el nombre del libro en el que aparece y el autor de este fragmento. Lo unico que se es que es de un autor colombiano.
El viajero
(Cartas de un padre a su hijo)
Nunca conocí a alguien que no hubiera sentido, al menos una vez, el encanto del camino y el llamado de los lugares lejanos.
La pasión de viajar, el impulso hacia la aventura, el deseo de saber que hay mas allá de la próxima colina, son como ecos en el fondo de nuestra mente que hablan de sonidos no completamente oídos o lugares no completamente vistos.
Para algunos, estos ecos son distantes y pequeños. Pueden ser dejados de lado a favor de otros más cercanos, de búsquedas más inmediatas, de construir una vida alrededor de un hogar y una familia. Para otros son tan fuertes como el mar y nunca desaparecen sin importar cuan intenso sea el deseo de establecerse y construir.
Creo que tú puedes escuchar esos ecos cuando eres joven. Aprovecha la oportunidad y sigue las voces que te llaman de sitios distantes. Vive, aunque sea por poco tiempo, la vida del viajero. Es una vida que siempre apreciarás y nunca olvidaras.
Te contare un episodio de mi vida. Tal vez te ayude a entenderme.
La nieve había estado cayendo persistentemente desde la mañana. Cuando llegamos al último puesto de control, caía en láminas deslumbradoras.
Enfrente de nosotros el Brooks Range se erguía como un muro negro envuelto por la niebla y por torrentes giratorios de nieve.
“Esta nevando como el diablo aquí arriba” dijo el hombre de la cabaña del puesto de control. Acuna su rifle entre las manos. “Vamos a cerrar muy pronto por el invierno”.
Mire hacia la estrecha vía que se extendía desde la cabaña hacia la niebla. Tal vez era transitable tal vez no. La carretera había sido construida de prisa por los trabajadores que tendieron el oleoducto de Alaska entre Faibanks y Prudhoe Bay. Era apenas un sendero de gravilla que trazaba una débil línea a través del escabroso paisaje de la Alaska salvaje. Había cruces blancas al borde del camino donde los conductores de los camiones habían perdido el control de su vehiculo y se habían precipitado a la muerte. Ahora estábamos en Disaster Creek (El Arroyo del Desastre), el último paradero antes de Brooks Range y Tundra. Después de los terribles despeñaderos de Brooks no había habitaciones humanas a lo largo de 240 kilómetros hasta los dispersos remolques y cabañas de Deadhorse y Prudhoe Bay.
Me dirigí al conductor de un camión cisterna que acababa de recorrer el paso. El vehiculo estaba cubierto de hielo.
- ¿Podremos pasar? – le pregunte
- ¿Ustedes tienen cadenas?
- No – le respondí
- Yo no lo intentaría – dijo
Se lo dije a los demás. Se opusieron.
Hemos llegado muy lejos. No vamos a dar marcha atrás.
A regañadientes me subí al camión y comenzamos el ascenso. El camión comenzó a patinar y a dar bandazos a cuando entramos en el paso de gravilla. Pronto estábamos empujando a través de una enceguecedora tormenta de nieve. No podíamos ver nada de lo que había adelante, y la estrecha vía no tenía barrera al lado derecho. Un camión que saliera de frente por entre la blancura, un patinazo de la llantas traseras, y caeríamos al precipicio, nuestros cuerpos nunca serian rescatados. Seis muertos. Seis cruces blancas. Nada más.
El conductor acelero la maquina y se lanzo hacia delante en el débil resplandor de los faros delanteros. No podía diminuir la velocidad porque no podría volver a arrancar en la helada gravilla. Si nos deteníamos, no podríamos regresar porque la ruta era muy estrecha y la tracción demasiado insegura. Podíamos quedar inmovilizados en un paso de montaña, donde los osos grises vagabundean en la laderas rocosas y donde no había voces humanas a 240 Km. a la redonda.
Varias veces el conductor estuvo a punto de salirse de una curva, y las ruedas lanzaban grava hacia la oscuridad nevada cuando lográbamos volver al camino.
Nadie decía ni una palabra. Todos permanecíamos sentados, escuchando el latido de nuestro corazón, agarrados de los bordes de los asientos. Estaba pálido de terror, convencido de que íbamos a morir. Esta vez, me dije, cometí un error. Esta vez he ido demasiado lejos.
Luego abruptamente, salimos de la tormenta.
La montaña se extendía a cada lado. Al frente, lejos de la distancia, apareció la llanura más grande que yo había visto en mi vida. Como una visión de etérea blancura, era tan basta que se podía ver la curvatura de la tierra. Bajamos el paso a esa extensión sin límite. El terror se transformo en regocijo.
Llegamos a la tierra sin límites e hicimos un alto.
Los grandes vientos de la montaña cesaron. Descendíamos en un mágico silencio la tierra ondulaba entre nosotros como un mar cubierto de nieve. El cielo tenia el color púrpura de un crepúsculo perpetuo que hacia que la tierra pareciera helada en el tiempo.
La escala y el ritmo del paisaje producían vértigo. Me sentía inseguro sin saber si el próximo valle ondulante estaba a 30 metros o a 16 Km. de distancia.
Lejos, a la derecha, había una montaña que formaba un arco de una extensión de mi visión hasta el otro. Era como una corona en el horizonte con cimas cubiertas de nieve que desaparecían en el cielo opalino.
No podía orientarme. El silencio era tan fuerte que se diría celestial, el paisaje tan vasto que las rocas parecían guijarros pequeños. Olas de nubes de color lavanda flotaban como montañas en el cielo del crepúsculo hacia el norte. No podía decir donde terminaba la tierra y donde comenzaba el cielo era un mundo de en sueño demasiado amplio para mi imaginación.
Me movía en círculos tratando de captar todo. Pero el propósito era demasiado grande. Cuando inicie mis viajes, espere encontrar bellezas, pero nada como esto. No puedo enorgullecerme de esa experiencia. Solo puedo enorgullecerme de mi mismo.
Ya no era el mismo. Nuevas verdades me asaltaban como grandes vientos. Colores que nunca había visto y espacio que nunca había sentido me inundaban y me llevaban a regiones desconocidas del espíritu. Estaba aturdido y desorientado. Mi viejo yo había sido despojado de su piel, y en su lugar había aparecido alguien nuevo, mas amplio, desconocido para mi.
Nunca volví a ser el mismo.
Esa es la magia del viaje. De cualquier viaje. Dejas la seguridad de tu hogar, tus conocimientos y tu identidad, pero cuando viajas, aparece el mundo con todas sus riquezas. Encuentras gente que no puedes inventar, ves escenas que no puedes imaginar. Tu propio mundo, que era tan grande como para ocupar toda tu vida, se vuelve cada vez mas pequeño, hasta que es solamente un minúsculo punto en el espacio y el tiempo.
Y vuelves convertido en una persona diferente.
Todo lo que necesitas es entregarte a lo desconocido. El viaje no tiene que ser algo como un vasto sueño de una llanura Artica.
Puede ser un amable paseo por un bosque de Wisconsin o en una esquina en una calle de Nairobi. Lo que importa es que has dejado el confort de lo familiar y te has abierto a un mundo que esta totalmente alejado del tuyo.
Lentamente se alejan todos los recuerdos de lo familiar, y te encuentra sumergido en la experiencia del mundo que te rodea. Cambian tus pensamientos y tus preocupaciones. Tus emociones se concentran en nueva gente y nueva situaciones. El mundo te solicita en tu mente y en tu corazón y quedas libre, al menos por el momento, de las preocupaciones de tu vida diaria.
Muchos no quieren ser viajeros. Preferirían más bien ser turistas, para fugazmente pasar por la superficie de la vida de otra gente sin abandonar la suya propia. Estas personas tratan de llevar su mundo consigo a donde quiera que vayan o tratan de recrear el mundo que dejan. No quieren arriesgar la seguridad de su modo de pensar y ver cuan pequeñas y limitadas son sus experiencias. Van de un hotel a otro, protegidos por el dinero y las tarjetas de crédito, y nunca conocen realmente el mundo por el que están viajando.
Para ser un verdadero viajero debes querer abandonarte al momento y salirte del centro de tu universo. Debes creer totalmente en la vida de la gente y en los lugares donde te encuentres, incluso si con esto pierdes la fe en la vida que dejas atrás. Necesitas compartir con ellos, participar con ellos. Sentarte en su mesa, caminar por sus calles. Luchar con su gente. Contarles anécdotas de tu vida y escuchar las de ellos. Mirar como se aman y como luchan entre ellos. Ver que valoran y que temen. Sentir los espacios que guardan en su vida.
Vuélvete parte de la elaboración de su vida de todos los días, y entonces comprenderás lo que significa vivir en su mundo. Entregarte a ellos, aceptarlos en vez de juzgarlos, y entonces encontraras que la belleza de su vida y su mundo se vuelve parte de los tuyos.
Cuando te vallas habrás crecido. Te darás cuenta de que las posibilidades de la vida de este mundo son infinitas y que en el fondo de nuestras diferencias de idiomas y cultura compartimos el mismo sueño de amar y ser amados, de tener una vida con mas alegrías y penas.
El viaje no es tan romántico y exótico como parece. El llamado de lo familiar permanece, y tu sensación de falta de raíces no te dejara descansar. Tus emociones volaran locamente en todas direcciones hasta que sientas alguna vez que has perdido amarras. Si viajas solo, encontraras que el calor de las familias y las parejas te romperán el corazón y te lanzaran a profundidades que no creías posibles.
Y, además, hay peligros más grandes. Puedes despertarte un día para encontrar que te has convertido en un corredor que usa el viaje como una manera de escapar de los problemas y las complicaciones de tratar de construir algo en la vida. Puedes encontrar que has estado fuera una hora, un día, un mes de más y de que ya no perteneces a nadie ni a ningún lugar. Puedes encontrar que has sido atrapado por la tentación de la ruta y que eres un esclavo de la insatisfacción de cualquier vida que te obligue a permanecer en un solo sitio.
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