Pediste un reino y te lo di.
soñaste un sueño y te alcanzó
el verdor de las ramas húmedas.
los dorados campos de mayo
se apoderaron de tu alma.
viviste en tus carnes la magia
de las palabras.
Todo en tu mente florecía.
el fuego te abrasaba
como un hierro candente.
las ascuas de tus ojos
lo decían todo. Soñaste
y no supiste apoderarte
de la palabra exacta.
(De nuevo la tristeza en tu alma).
Pediste un reino
y no supiste modelarlo a tu antojo.
Lloraste. Hoy, barro en tus manos
mojadas. Silencio. Que pare
la rueda del tiempo. Silencio.
y tal vez venga la palabra.
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tiene un sabor especial.