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Mi novia sólo puede quererme a mí

Javixu13Javixu13 Pedro Abad s.XII
editado marzo 2012 en Narrativa
Título: Mi novia sólo puede quererme a mí
Mi madre suele hacer humano aquello que no lo es. Consigue este mágico efecto concediendo a ciertas cosas sentimientos. Por ejemplo, para ella el suelo de casa es “agradecido” porque cuando le pasas la mopa o el mocho, queda reluciente. Yo no me canso de buscar una sonrisa o algún gesto que denote su felicidad, como si al pasarle el mocho le estuviera calmando un picor irresistible que recorría desde hacía siglos cada una de sus grietas. También le gusta decir que el hornillo donde cocinamos es “grosero” porque, cuando lo encendemos, la llama sale como a traición, como “haciéndolo adrede”, según dice. Ella siempre argumenta que trata de quemarnos. Está convencida de ello como otro está convencido de que el amor dura toda la vida. Dice que un día va a tirar el hornillo a la basura, así que siempre que tiene oportunidad me pide que me siente al lado del desdichado hornillo y que, con paciencia, trate de explicarle que cambie, que no se comporte así, que su destino es cocinar carne, pero no cocinar carne humana. El caso es que me ignora. Eso, o que por más que m madre insista, el hornillo es lo que es, un instrumento inerte, sin vida. Por si acaso yo le insisto en que trate de ser más parecido al suelo y menos al frigorífico, al que mi madre también ha cogido manía y tacha de “caradura” porque dice que congela a más temperatura de la que lo tenemos programado. Siempre que estoy en casa de mi madre hago terapia con los tres a la vez, pero no hay manera de hacerlos entrar en razón. Cada uno sigue en sus treces; mi madre la primera.
Yo pensaba que esto era algo aislado de mi madre, que dice el psicólogo sufre el Síndrome del nido vacío desde que no vivimos en casa. Éste me dijo que debía pasar más tiempo con ella y que si una forma era ejerciendo de mediador con sus aparatos electrónicos, que adelante.
Y aunque yo pensaba que este comportamiento era extraño, el otro día mi novia trajo de casa de sus padres un viejo ordenador portátil y saltó la sorpresa. Me puse a buscar con él algo por internet y me percaté de que la velocidad de navegación no llegaba ni a una triste milla náutica. Se me ocurrió decirle qué menudo asco, que iba muy lento, qué a ver si lo tira y compramos otro. Me miró a los ojos y se puso muy seria. Estaba tensa y me dijo que lo tratara bien, que iba lento porque estaba malito (se refería a que estaba por formatear) y que ya tenía unos cuantos años, pero que no por ello íbamos a tirarlo a un cementerio electrónico.
Iba a rebatirla pero me vino a la mente la imagen de mi madre. Mi madre fregando con serenidad y confianza el suelo; mi madre echándole el puro al hornillo y pegándole algún golpe al frigorífico. Y, aunque tenía a mi novia delante, que seguía argumentando por qué debía hablarle bien al portátil, me las imaginé a ambas en una tienda de reparación de aparatos electrónicos.
Mi madre y mi novia, en la tienda imaginaria, en vez de usar destornilladores y sierras (supongo que esas herramientas se usarán en las tienda tradicionales), tenían libros de autoayuda y de cómo afrontar el estrés. Les leían a los aparatos fragmentos de estos libros, los colocaban en posiciones que ellas creían óptimas para sus desdichados y complejos órganos internos, los acariciaban e incluso a alguno le colocaban cerca un bote de 3en1.
Aunque la tienda me gustó y creo que les reportaba beneficio por lo original de la idea y el poco gasto inicial que demandaba el negocio, me tocó volver a la realidad porque mi novia me preguntó si la estaba escuchando.
Le dije que sí y continuó tocando el ratón, el teclado, acariciando el monitor e incluso llegó a darle un beso al puerto USB, un beso tierno, mucho más tierno de los que últimamente me daba a mí. Sentí celos de aquel portátil e incluso me pareció que, no sé de qué modo, quizá por cómo latía su ventilador, de manera rítmica, el portátil se sabía vencedor de aquella lucha que yo estaba manteniendo por su culpa con mi novia. Le dije que trataría de hablarle mejor, pero que me reafirmaba en la idea de invertir en otro de más calidad. A ella la dejé sentada, limpiando al ordenador y yo fui a llamar a mi madre para ver cómo estaba y le conté lo sucedido.
Me dijo que no me sorprendiera, que no debía pensar que los aparatos tenían menos derecho que yo y que no me pusiera celoso. Añadió que si ella fuera más joven, en vez de con mi padre se hubiera casado con el PC más adelantado de su época y lo hubiera ido actualizando, cosa que no puede hacer con mi padre, que adora el fútbol y los toros. Le pregunté si papá sabía esas cosas y me dijo que claro, que él le había propuesto al DVD irse de cañas pero que la televisión se ponía celosa y prefería no irse con ninguno.
Aunque no soy partidario de alimentar sus locuras —así considero yo lo que hacen—, le conté a mi madre lo de mi tienda imaginaria. Me dijo que eso sí que era una buena idea y no escribir poesía, como últimamente hacía. Me dijo que pidiera un préstamo joven, que los estaban dejando a un buen interés y que ella se encargaría del negocio. Al final me hizo partícipe de su locura y me convenció para que lo abriera. En menos de una semana conseguí el dinero (la cantidad no era elevada) y alquilé un bajo en la zona más céntrica de mi barrio.
Aunque mi novia se mostró algo reticente al principio, a las dos semanas dejó su trabajo de fisioterapeuta y se centró de lleno en el negocio, el cual mi madre dirigía con maestría. Creo que este negocio es el sueño de mi madre hecho realidad. Lo que yo creía locura, se convirtió en algo factible.
Con la incorporación de mi novia, yo me pude centrar más en la parte comercial, mientras que mi madre se decantó por la terapia cognitivo-conductual y mi novia se encargó del resto de departamentos, como eran los de rehabilitación, masajes, 3en1, puesta a punto para sus nuevas vidas, etcétera.
También mi padre, que estaba en el paro, tenía ganas de participar en el negocio (negocio familiar, más bien). Él tenía la misión de hacer que la publicidad circulara por el barrio, entre sus amigos y por los negocios de la zona mediante la táctica del boca a boca. También es el responsable de dejar publicidad en los parabrisas. Hacía lo que se considera el trabajo sucio, pero que es tan importante como el trabajo limpio.
Con todo organizado y funcionando mejor de lo esperado, en un par de meses había saldado la deuda con el banco y tuvimos que contratar a más especialistas. A los que nunca contratábamos eran informáticos, por su poca sensibilidad hacia los aparatos electrónicos (esto lo argumento sin tener ninguna base para ello). Lo que más demandábamos eran trabajadores sociales porque algunos aparatos se quedaban huérfanos —había quien nos confundía con un vertedero— y teníamos una importante sección que era la de reinserción. Los trabajadores sociales jugaban aquí una baza insustituible.
Por lo demás, llevamos tres años y estamos capeando la crisis de manera solvente. Nos da para vivir, que siempre es mejor que sobrevivir.
De todas formas, lo que más ilusión me provoca es que mi madre ha dejado al psicólogo y mi padre se siente útil. El próximo paso empresarial es ofrecer el servicio a domicilio y extendernos a nivel mundial.
El punto amargo de todo esto es que temo que mi novia está siéndome infiel con su viejo portátil porque, desde que lo tiene en casa y lo cuida de manera tan meticulosa, navega más rápido que nunca. Tampoco es mi intención dramatizar: un primer amor es un primer amor y contra eso nada se puede hacer pero, por si acaso, he decidido entregarlo “por error” a un cliente que se va a vivir a Ecuador y le he regalado a mi chica un PC de última generación sin ningún tipo de encanto. Mi novia sólo puede quererme a mí.

Comentarios

  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado marzo 2012
    Hola Javixu,
    me he divertido mucho con tu relato. Me gusta ese humor casi surrealista, esos celos. Muy bien llevado el ritmo.

    En mi casa llamábamos al lavavajillas "Robustiana", porque era la que hacía el trabajo duro de fregar los platos y sacarle lustre a las cacerolas.
    - Hija, no enciendas la Robustiana que aún no está llena.
    Mi madre le solía decir que era "una buena chica"...

    En una oficina donde trabajé, una compañera siempre decía que no debíamos maltratar a los aparatos (ordenadores, fotocopiadoras, impresoras), porque se "resentían", y ella a veces los acariciaba...
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2012
    Que divertido, pero buena idea la del negocio familiar, todos felices;):):p
  • Javixu13Javixu13 Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2012
    Gracias por leer y opinar.
    No es la primera vez que me dicen lo de surrealista en mis textos, me lo voy a tener que plantear de manera seria. También me dicen que suelo reducir textos al absurdo.Ya iré poniendo y opináis si os apetece. Gracias de nuevo!
  • JMCHJMCH Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2012
    Muy bien llevada la historia y muy bien culminada. Sólo pondría de pega que sobran algunas tildes. El tono de humor lo vas metiendo poco a poco hasta que te atrapa.

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  • Javixu13Javixu13 Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2012
    JMCH escribió : »
    Muy bien llevada la historia y muy bien culminada. Sólo pondría de pega que sobran algunas tildes. El tono de humor lo vas metiendo poco a poco hasta que te atrapa.

    ¡Comparte más relatos!

    Gracias por tu opinión! Me encantaría que me dijeras dónde sobran tildes, porque es cierto que suelo abusar de ellas y deseo corregir esa circunstancia. Antes no ponía, y ahora pongo por si acaso jeje.
    Pondré más relatos conforme vea que están rematados y no sean mencionados en concursos literarios, a los que me presento.
    Saludos!
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado marzo 2012
    Jajajajajaja, caray, lo que me he reído con la madre, ( me recuerda a la mía ).Muy bueno el relato, cómico, realista y diferente.Felicidades.Un saludo desde el sur.
  • Javixu13Javixu13 Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2012
    Gracias por los cumplidos, Dragon. Siempre intento recoger lo ordinario que nos rodea y darle un toque surrealista-cómico-absurdo. Es diferente. A algunos les gusta; a otros no, pero yo escribo para no reventar por dentro. Saludos!!
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