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Bancas

Monarca TuertoMonarca Tuerto Pedro Abad s.XII
editado marzo 2012 en Narrativa
Había un detalle de mí que no había terminado de entender, una cierta manía por las bancas. Algunos me decían que probablemente sería por una tendencia a estar cansado, quizás efecto de las escasas horas de sueño, pero en el fondo creo que estas ideas venían de un cierto reproche por esas noches de lecturas o la afición a ver con una concentración imperturbable los concursos de conocimiento. En el fondo había llegado a pensar que este temita de las bancas no era más que un romanticismo latinoamericano que no podía suprimir, no era el simple hecho de sentarse en medio de la ciudad, de ir a una rotonda que parece inaccesible para algún prudente nativo, hay algo que no lograba explicarle a la gente, ver a lo lejos una asiento de tal simpleza, no era afición a sofás citadinos o sillas públicas, una banca es algo mucho más especial, aunque suene raro a los modernos admiradores de la comodidad.

Una de las primeras etapas era la de seleccionar bancas con ubicaciones especiales. Sentarme, por ejemplo, a la orilla del río y divisar a lo lejos una banca blanca, rodeada de un jardín que no indica otra cosa más que la desesperanzadora privacidad. Sin embargo solía entrar en un estado de inconsciencia hasta que me movían el hombro y me indicaban con señas que tenía que salir de ahí, que no es banca pública, pues la falta de respuesta hace pensar a la mayoría que no domino el idioma.

Luego siguió la época en la que en lugar de sentarme me acostaba en ellas para mirar el cielo, para intentar encontrar la primera estrella (un deseo por ahí no cae nada mal), un día creí ver una un poco más temprano de lo que esperaba y al verla moverse pensé que era un satélite, pero recordé que no coincidía con lo que me había enseñado mi tío en aquella playa en mi infancia, ese día no me atreví a pedir un deseo ni con esa luz que se movía ni con la siguiente estrella fija porque temía que me castigaran por el abuso.

Otra tarde iba caminando cuando vi una de esas bancas que son casi protocolarias porque toda la gente se echa en el zacate que está a la par, noté que había un tremendo basurero a la par y como vi que decenas de personas pasaban y ni volvían a ver, me entró una especie de cólera y me fui a sentar a la banca, estaba bastante cómoda (de esas que tienen el respaldo adecuadamente cuerveado). Después de eso seguí valorando las bancas por su composición, me sentaba y cerraba los ojos, era incómodo cuando amanecía con un frío terrible, pero no puedo decir que me arrepienta.

Ya me sentía yo todo un experto de bancas, me gustaba darles cierta calificación, pasaba horas recordando las bancas en las que había estado para hacer uns lista de las mejores y las peores, en eso se me pasaba el tiempo incluso cuando no me sentaba en ellas, hasta que un día, mientras disfrutaba la que estaba en la décimo séptima posición, llegaron a dejarme una carta con mi nombre, entones la ciudad se quedó sin nadie que valorara sus bancas.

Comentarios

  • AneurismaAneurisma Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2012
    Me parece interesante la temática, el acento reflexivo y relajado del texto es muy gozador en mi opinión. El final también me gustó; senti jovial el texto y como que me llevó a cuando tenía 17 años (décimo séptima... quizá algo tiene que ver). No sé, me causó una sensación agradable.

    Como sugerencia en cuanto a estructura del texto, intenta utilizar palabras diferentes para referirte a las bancas, ya que esto le quita musicalidad al txto y lo hace un poco cacofónico al momento de leerse. Prueba leyendolo en voz alta, notarás que hay palabras que brincan o que, por su repetición pierden fuerza.

    Saludos!
  • Monarca TuertoMonarca Tuerto Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2012
    Gracias ;) Sí, debería ponerle atención a ese aspecto en este texto, lo escribí cuando me mudé a Alemania a estudiar y me concentré más en la idea que en la forma del texto, voy a revisarlo en ese sentido.
    Em, curioso, Aneurisma es el nombre que usaba para muchos juegos de computadora o cosas semejantes
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2012
    Genial que alguien tenga en cuenta las pobres banquitas que se van pudriendo bajo el agua y el sol, si son de madera o se van tarjando sin son de cemento, en mi ciudad hay muchas en los parques y se ve el uso y el abuso de ellas:rolleyes::)
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