Bonus track.
De tanto vivir y leer, finalmente comprendí.
A todos los seres humanos, en uno o varios momentos de nuestras vidas, nos ha pasado de sentir el placer más absoluto y, con independencia de nuestra condición social, raza, credo o religión, todos lo hemos experimentado en algún momento y podemos dar fe de él. El motivo que nos lleva a ese estado pueden ser muchos y variados. Podemos haber llegado tras vivir una particular instancia en nuestras vidas o haber evocado un recuerdo placentero o la simple expectativa de lograrlo. Aunque no siempre es el amor el que nos conduce a él, en todos estos instantes está vigorosa y amorosamente presente y se manifiesta de múltiples formas. Aunque lo parezcan, no son eternos y duran poco tiempo. Bajo esa instancia todo nos parece brillar y ser maravilloso. Si bien la experiencia es solitaria hay una marcada necesidad de comunión y colaboración al prójimo que se asemeja a ayudarles vivir lo que estamos viviendo y sintiendo aquí y ahora. ¿Le ha pasado…? ¿Va comprendiendo? Ese instante de placer absoluto parece, y es, una experiencia espiritual, perfecta y armoniosa a la que frecuente e intencionalmente relacionamos con lo religioso o lo divino sencillamente porque no la podemos explicar y porque la magnitud de su impacto en nuestros cuerpos, que parecen flotar, es tan imponente que parece no ser real. En él, nuestros sentimientos son absolutamente puros y llenan de significado nuestras vidas. De hecho tras de él afianzamos la creencia en dios o suponemos que hay alguien superior dando vueltas por ahí que ha creado este maravilloso universo que acabamos de experimentar en un instante y que contrasta nítidamente con esa otra persona cargada de angustias y miedos en busca de la promesa de los sueños por cumplir. Como resultado, además de la gratificante experiencia, renovamos fuerzas y expectativas en cuanto a lo que deseamos en la vida y con ese plus de energía, encaramos el tránsito con la expectativa de lograr otro momento parecido lo más rápido posible o, porque no, perpetuarlo. Esta nutricia experiencia de placer absoluto nos iguala a todos los seres humanos en un mismo plano. A menudo lo llamamos felicidad. Y así es.
Sus maravillosos efectos terapéuticos en los organismos que los viven son reales y concretos. Además, como si fuera poco, nos da instrucciones claras y confiables sobre nuestra consciente intimidad y la dinámica que podemos darle a nuestras vidas privadas y comunes.
Serrat evoca estos instantes en su bellísima canción que seguramente a escuchado…”de vez en cuando la vida, toma conmigo café y esta tan bonita que da gusto verla. Se suelta el pelo y me invita a salir con ella a escena. De vez en cuando la vida, se nos brinda en cuero y nos regala un sueño tan escurridizo que hay que andarlo de puntilla por no romper el hechizo…” No se puede haber escrito esta belleza sin haber sentido ese placer, que usted seguramente al escucharla querrá re-vivir y repetir. Entonces, si lo ha vivido. Si lo ha sentido en carne propia y algo de lo que acabo de describir sintéticamente le ha dejado huellas en su vida…Si entonces es así, tengo buenas noticias para Usted.
Hasta hace un rato, el momento en sí y su intensidad estaban rodeados de un misterio inexplicable que facilitaba nuestra tendencia, por no hallar respuestas acordes, de orientarlo a lo místico, divino o religioso sencillamente porque así lo vivíamos y sentíamos. Que lo hayamos enfocado a lo místico, espiritual o religioso no termina de explicarnos nada -el misterio continúa- y que hoy haya una explicación neurobiológica que la describa tampoco le quita dignidad ni vigor a la experiencia. Esa percepción de ese infinito más allá que asociamos a lo divino no es otra cosa que la belleza de nuestro organismo funcionando a la perfección en un momento concreto y mensurable. Ese dios creador que imaginamos en el infinito mas allá –sereno y bondadoso- somos nosotros mismos aquí y ahora iluminando nuestras vidas y llenándolas de un sentido más humano y menos divino. La luz no viene de allá. Sale de acá.
Estas experiencias “místicas” surgen en la mente de un cerebro, es decir las posibilita la biología y no son ajenas, ni pueden serlo, al funcionamiento de un organismo que, además, contiene a esa mente. Un organismo en el que tanto la sangre, el oxigeno, la postura, la mirada y la multiplicidad y riqueza de imágenes mentales fluyen tan vigorosas y vitales como esperanzadoras. Todo lo contrario a la tristeza y a la angustia.
Es hora de sabernos respetuosamente dioses, sin otro poder que el de organizar -tentativamente- nuestras vidas, privadas y colectivas, guiados por la riqueza de aquellas experiencias reales, concretas y pragmáticas que tanto Usted como yo seguramente hemos vivido y que tan claras las ha dejado Serrat en su prosa.
Un organismo que funciona bien en el seno de una comunidad medianamente serena y contenedora posibilita y multiplica la belleza del impacto de estos instantes en nuestras vidas. La potencia. Porque los organismos fueron hechos biológicamente con ese “plus” para asegurar una supervivencia con bienestar y porque una maravillosa ocurrencia de la evolución permite y obliga a ciertos organismos a no limitar su vida a la mera supervivencia sino a la superación común y propia.
Eso que experimentamos, somos nosotros. Eso que sentimos, somos nosotros. Y eso que creemos mas allá, lejano y misterioso, somos nosotros aquí y ahora.
Hay un individuo despertando y consciente de que parte de su angustia y desazón se debe a la ignorancia por el otro.
Y las cosas se complican. Ya no hay que rezar, hay que hacer.
Si yo soy dios, Usted también.
Ricardo A. Kleine Samson
Contador Público Nacional®
Neuquén, 31 de diciembre de 2011
Comentarios
Creo que este texto invita a una profunda la reflexión y por eso hubiera esta mejor ubicado en el subforo de Filosofía,etc.
No obstante, me ha parecido necesario actualizarlo porque lo considero digno de atención. Estoy de acuerdo con tus planteamientos desmitificadores y la importancia que das al individuo como generador de su propia felicidad.
He aquí estas líneas extraídas de tu texto que nos invitan a pensar:
"Ese dios creador que imaginamos en el infinito mas allá –sereno y bondadoso- somos nosotros mismos aquí y ahora iluminando nuestras vidas y llenándolas de un sentido más humano y menos divino. La luz no viene de allá. Sale de acá".
Saludos cordiales, Klein.
No creo que de para mucha reflexión, sencillamente describí un proceso homeostático propio de la mayoría de los organismos vivos, solo que en el nuestro su impacto es mayor y consciente.
Y si la merece, como pensás, es solo a los fines de desmitificar el desenvolvimiento de un complejo organismo como el nuestro que a veces tiene estos episodios y que frecuentemente se los confunde con una acción divina y se olvida que fue un logro de la evolución para mejorar su funcionamiento.
Agradezco muchísimo tu atención al texto
Un abrazo