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El Pañuelo

cantalahierbacantalahierba Pedro Abad s.XII
editado julio 2008 en Narrativa
Llegó justo después de mí a la cola. Yo estaba enfrascado en el periódico y apenas sentí que alguien se había situado a mis espaldas. De pronto miré a mi alrededor de manera distraída y fue entonces cuando la vi. Era rubia, delgada, delgadísima sería más correcto, fea de cara y de cuerpo, sin atractivo ninguno y vestía como un fantoche. Nunca hubiese reparado en ella de no haber sido por el pañuelo.
Un pañuelo multicolor y largo le abrazaba la frente pasando por las sienes y se anudaba a medio camino entre la coronilla y la nuca. La melena le quedaba mitad aprisionada, mitad suelta con estudiada intención. Los extremos le caían por el hombro derecho, alcanzando su cintura y ella jugueteaba con ellos de una manera ñoña y desaliñada pero que pretendía ser seductora.
Fue reparar en el pañuelo y una ira caliente y rencorosa me recorrió desde el estomago hasta la garganta. La reacción fue tan exagerada que incluso me asustó pero no podía hacer nada por evitarlo.
Con disimulada insistencia mi mirada se posaba en ella para alimentar la rabia interior que pedía más y más y mientras, ella seguía jugueteando con sus poses de vampiresa de arrabal. Mis ojos viajaban veloces de sus manos a aquellas piernas delgaduchas y torcidas que unos mínimos pantalones dejaban al descubierto, resbalando hasta los pies, que embustidos en unos zapatos de altísimos tacones mostraban bien a las claras que no estaban todo lo limpios que se podía esperar de semejante reina del glamour. Para colmo de males sus cejas, teñidas del mismo rubio pajizo que la estropajosa melena, revelaban el verdadero color de las mismas, tras demasiados días sin tinte.
Pero era aquél pañuelo absurdo e incongruente lo que me sacaba de quicio. Me parecía el toque que cualquier mujer guapa se pondría para llamar la atención sobre su persona, para resaltar unos bonitos ojos o un hermoso ovalo facial pero aquel fantoche que tenía detrás no poseía ninguno de estos atributos y aquella patética osadía hacían que me resultase intolerable su visión.
Subimos al autobús y se sentó dos filas de asientos por delante de mí con lo que la visión de su cabeza y su pañuelo me acompañaron todo el camino.
Varias veces me tuve que reprimir en un impulso de levantarme y decirle que no se hiciese eso, que su físico no era para concurso pero que tampoco merecía semejantes humillaciones. Unas inmensas ganas de hacerle ver lo patética que resultaba se mezclaban con una rabia incontenible por tener que soportar semejante visión. Ambos sentimientos pugnaban dentro de mí y me paralizaban. Por suerte, claro.
De pronto se levantó para bajarse en la siguiente parada y ya desde la puerta del autobús me lanzó una mirada oblicua de ojos entornados. Probablemente esto no fuese de su cosecha, de hecho ya estaba en tal estado que me parecía verla absorta en la lectura de alguna de esas revistas que leen las adolescentes y en donde les dan consejos para seducir y otras estupideces semejantes. El caso es que me miraba como si quisiese hipnotizarme, atraparme en el encanto de su mirada, haciendo todo tipo de promesas con aquellas poses de mata-hari de pacotilla. Evidentemente me estaba invitando a que la acompañase allá a donde fuese y todo ello de una manera tan evidente, que por un momento miré a mi alrededor para comprobar si el resto de pasajeros se estaban percatando de lo que sucedía.
Cuando comprobé que cada uno estaba en lo suyo como es lo habitual dejé que aflorase la sorpresa que me causaba la actitud de la chica. Sin embargo en una fracción de segundo y sin poder evitarlo, la sonreí tranquilamente mientras mi mano, ejecutora independiente, arrugaba una hoja del periódico y hacía una pelota con ella. Sin dejar de sonreír levanté la pelota por encima de mi hombro y en un tiro magistral del que todavía estoy orgulloso se la lancé, dándole justamente en la franja del pañuelo que le cruzaba la frente.

Comentarios

  • mariaelenamariaelena Francisco de Quevedo s. XVII
    editado julio 2008
    Hola...!!!canta...
    Tus descripciones son perfectas..es posible imaginar toda la cena...
    Me gustado tu cuento y hasta me ha parecido muy tierno.


    un abrazo y mi voto,
  • aRminaRmin Anónimo s.XI
    editado julio 2008
    Chapó, una preciosa crítica. Me ha divertido mucho leerla.
    Me gusta pensar que pasó de verdad.
    Un saludo!
  • cantalahierbacantalahierba Pedro Abad s.XII
    editado julio 2008
    Gracias, me alegro de que te haya gustado y puedes estar tranquilo, pasó ... casi como te lo he contado.
  • NocturamaNocturama Pedro Abad s.XII
    editado julio 2008
    Me ha parecido interesante :) Empiezas a leer y sin darte cuenta las palabras te van conduciendo hasta el mismísmo final.
  • cantalahierbacantalahierba Pedro Abad s.XII
    editado julio 2008
    Gracias Nocturama, me alegra que te haya parecido interesante y espero que en el futuro podamos disfrutar ambos de nuestros respectivos relatos.
  • BohemiosincausaBohemiosincausa Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado julio 2008
    Esta muy bien. Las descripciones son geniales y ,ademas, es bastante divertido. Te felicito por tu relato
    Saludos
  • Ricardo KleineRicardo Kleine Pedro Abad s.XII
    editado julio 2008
    si, re lindo y visual...
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