Durante la monarquía, Roma había organizado su ejército a la griega, en falanges integradas por cinco clases de combatientes, agrupados según su nivel económico.
La primera clase, los más ricos, se armaba como los hoplitas, con lanza, espada, coraza, grebas y escudo redondo. Pero las cuatro restantes, es decir, el grueso de las fuerzas, combatían con disímil y menor armamento.
Los indigentes, aquellos que no pertenecían a ninguna clase, llamados proletarios, iban a la guerra sin armadura y sencillamente cargaban piedras para arrojárselas al enemigo.
Cuando el rey Tarquino fue expulsado, se estableció la República del Senado y el Pueblo romano o Senatus populusque Romanus (S.P.Q.R.). Inmediatamente, la mayor parte de la primera clase de ciudadanos abandonó la metrópoli junto a su ex soberano, lo que hizo necesario reestructurar las fuerzas militares. En consecuencia, el sistema griego fue dejado de lado para siempre y, para reemplazar a la falange, nació el mayor y más potente agrupamiento táctico de fuerzas terrestres, capaz de ser empleado, bajo un comando único, en cualquier teatro de operaciones: la legión.
[img]http://i52.************/cs4rp.jpg[/img]
A cada cónsul le correspondían dos legiones, que se armaban para una campaña específica, y como cada legión, formada por cuatro mil quinientos hombres, era una unidad táctica, el hecho de conducir más de una significaba, para su comandante, la capacidad de desarrollar maniobras de nivel estratégico.
No obstante, para integrar sus unidades militares Roma continuó con la costumbre de dividir a los ciudadanos en clases. Éstos, ingresaban en la fuerza a través del reclutamiento militar.
La pedagogía en "El Quinto Infierno, la vida de Lucio Cornelio Sila"
Grecia había entrado en decadencia y la mayoría de sus antiguas, en otra época florecientes ciudades, estaban ahora casi despobladas, como Corinto, que atestiguaban en ruinas los otrora años de esplendor. Siglos de guerras, saqueos y rencillas habían empobrecido definitivamente al país y sólo Atenas mantenía medianamente el orgullo de los viejos tiempos.
Por eso era común que aquellos griegos que tenían la suerte de dominar un oficio o contar con una buena formación, se vendieran motu proprio como esclavos.
Los hermanos Rossio, hijos y nietos de libreros, se situaron a la cabeza del negocio de los manuscritos mediante la compra de esclavos griegos que, amén de copistas, fuesen calígrafos y pintores. Tenían su local instalado en un solar del Argileto contiguo a la basílica más antigua de Roma, la Porcia.
Durante los períodos de inflación, guerras o crisis económica, a los Rossio se les dificultaba mantener su elenco de escribas. Por eso, para sortear estos imponderables, la familia había acondicionado un cuarto al fondo del taller de copiado, donde los esclavos griegos podían ejercer por su cuenta el “arte de educar a un niño” o, dicho de otra forma, “la pedagogía”.
Comentarios
La primera clase, los más ricos, se armaba como los hoplitas, con lanza, espada, coraza, grebas y escudo redondo. Pero las cuatro restantes, es decir, el grueso de las fuerzas, combatían con disímil y menor armamento.
Los indigentes, aquellos que no pertenecían a ninguna clase, llamados proletarios, iban a la guerra sin armadura y sencillamente cargaban piedras para arrojárselas al enemigo.
Cuando el rey Tarquino fue expulsado, se estableció la República del Senado y el Pueblo romano o Senatus populusque Romanus (S.P.Q.R.). Inmediatamente, la mayor parte de la primera clase de ciudadanos abandonó la metrópoli junto a su ex soberano, lo que hizo necesario reestructurar las fuerzas militares. En consecuencia, el sistema griego fue dejado de lado para siempre y, para reemplazar a la falange, nació el mayor y más potente agrupamiento táctico de fuerzas terrestres, capaz de ser empleado, bajo un comando único, en cualquier teatro de operaciones: la legión.
[img]http://i52.************/cs4rp.jpg[/img]
A cada cónsul le correspondían dos legiones, que se armaban para una campaña específica, y como cada legión, formada por cuatro mil quinientos hombres, era una unidad táctica, el hecho de conducir más de una significaba, para su comandante, la capacidad de desarrollar maniobras de nivel estratégico.
No obstante, para integrar sus unidades militares Roma continuó con la costumbre de dividir a los ciudadanos en clases. Éstos, ingresaban en la fuerza a través del reclutamiento militar.
Grecia había entrado en decadencia y la mayoría de sus antiguas, en otra época florecientes ciudades, estaban ahora casi despobladas, como Corinto, que atestiguaban en ruinas los otrora años de esplendor. Siglos de guerras, saqueos y rencillas habían empobrecido definitivamente al país y sólo Atenas mantenía medianamente el orgullo de los viejos tiempos.
[IMG]http://i55.************/16h11jb.jpg[/IMG]
Por eso era común que aquellos griegos que tenían la suerte de dominar un oficio o contar con una buena formación, se vendieran motu proprio como esclavos.
Los hermanos Rossio, hijos y nietos de libreros, se situaron a la cabeza del negocio de los manuscritos mediante la compra de esclavos griegos que, amén de copistas, fuesen calígrafos y pintores. Tenían su local instalado en un solar del Argileto contiguo a la basílica más antigua de Roma, la Porcia.
Durante los períodos de inflación, guerras o crisis económica, a los Rossio se les dificultaba mantener su elenco de escribas. Por eso, para sortear estos imponderables, la familia había acondicionado un cuarto al fondo del taller de copiado, donde los esclavos griegos podían ejercer por su cuenta el “arte de educar a un niño” o, dicho de otra forma, “la pedagogía”.