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La Coma de Carlitos (Marx).

tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
editado marzo 2012 en Narrativa
LA COMA DE CARLITOS (MARX).



Hace algunos años, muy pocos (quizás, dos o tres), me enteré de la existencia de los foros on line. Ignorancia supina, tal vez, aunque, yo me inclino a que aquello (el no saber de su existencia), se debió, más, a una cuestión generacional. No me considero un troglodita, pero en el sentido más amplio de la palabra, y refiriéndonos al tema en mención, casi soy un dinosaurio comparándome con la moderna generación de los nativos digitales. Chocho al fin, la verdad que lo pensé mucho antes de ingresar como miembro activo, en uno de ellos.
Rompí mi ciber-virginidad, con uno de vocabulario y gramática. Llegué allí por pura casualidad. Y la verdad-¡oh grata sorpresa!- me resultó ser de tan amena utilidad, que los clásicos diccionarios (inclusive el DRAE), se trocaron en terriblemente soporíferos y truculentos. Ya desvirgado, me fue más fácil zambullirme en mi segunda experiencia. En el nuevo, como en el anterior, me encontré en una torre de babel. La presente hispanohablante, pero igual de variopinta por las jergas y modismos que manejan cada pueblo, del que provienen los habitúes a esta comunidad. Foreros o foristas (con perdón del DRAE por los “terminóculos”, usados) de variados sexos, por lo menos dos evidentes-si los hubiera del tercero: bienvenidos seríais si gustaseis salir de la mampara-, con un amplio sentido democrático (característico de esta babel), en donde los credos religiosos y seglares solo sirven para que sus miembros amelcochen sus diferencias tácitas. Bueno… de lo otro, poco. Solo alguno que otro lunarejo; eternos ciber-errantes, lobos esteparios, execrados de sus guaridas montunas y humanas que descargan sus frustraciones, enlodando de bilis a los que les dan camino. Es inevitable su presencia y de alguna manera aleccionadora, si lo vemos desde la variante positiva. El que disiente, tiene su verdad por más que su “aliento” destile mierda.
Hablemos de lo bueno: Algunos son asiduos al, chachareo-Post. Otros, escribimos, o intentamos hacerlo. Los más sabios se sumergen en las vísceras de “La Gran Biblioteca”, oteando en las entrañas de temas tan profundos como las de los credos religiosos; o en los más seculares, como los de la vida y obras de tal o cual autor clásico, entre otros contenidos.
Hace algunos días me atreví a intervenir en uno de esos sub-foros. Fui ilustrado en dos temas; tan disimiles, como exaltantes: la fe religiosa y su vómito; “la fe ciega” y el vampirismo. La verdad, lo confieso; me sorprendió el verso y el verbo de los coforistas. Creo que la gran mayoría jóvenes que se han subvertido a la atosigante manipulación de los medios audiovisuales; ¡hasta leen libros de papel!: ¡Sorprendente!
El tema de los “vampiros” y de la inmortalidad, secularmente ha movido el morbo de nuestra quintaesencia humana; desde las ochocentistas correrías del voivoda expiado en su lóbrego castillo de los Cárpatos, en Transilvania (Drácula); hasta la de los modernos chupasangres andróginos de la “Crepuscular” saga de Stephenie Mayer. Siempre, presentes e inmortales como su infesta pus. Bueno, hasta aquí; todo bien. Pero de allí a creer la existencia de estos “seres diabólicos“(los “vampiros”) por el único hecho de no poder “demostrar” científicamente su no existencia, hay un trecho bien largo; como de aquí hasta Pekín. Pues sí, ¡posteé con un “vampiro”! y esto quedará, como una anécdota increíble que guardaré con celo carroñero para alborozar a mis nietos; cuando estos lleguen. Infelizmente, creo que el buen vampirito fue excomulgado por los jerarcas del Santo Foro Inquisidor, actuando como pares del inefable “estaqueador” Abraham Van Helsing; decisión de la cual disiento, con humildad (si se dio).
La fe, “la fe ciega” y el fanatismo fue otra de las “reyertas” en la que “hice guantes” con otros foristas. Con uno de ellos hicimos unos cuantos rounds, que al final, luego de un conteo acucioso de las tarjetas, los árbitros fallaron: “parches” (empate). En el penúltimo asalto yo saqué la delantera y mi “contrincante”, casi me dio la razón en mis argumentos, pero al final, sabiamente, se desdijo enviándome la siguiente cita: "Si dos individuos están siempre de acuerdo en todo, puedo asegurar que uno de los dos piensa por ambos. "FREUD, Sigmund” Me tentó retrucarle con lo siguiente: “Pues claro que sí, y es probable, también, que el uno, pudiera ser el jefe del otro”. No lo hice, porque esto hubiera conllevado a retomar la “discusión”, cosa que no iba a hacer; por los argumentos que de inmediato, si la “pluma” no se me des tinta, os relataré:

Comentarios

  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2011
    La Lima de los mediados de los setenta convulsionaba en luchas fratricidas del “gorilismo”. Desde el 68, esta peste homínida, había incrustado sus botas en nuestra apática sociedad burguesa, sometiéndola de facto. Disfrazada de nacionalismo o de reformismo, sus pezuñas infestaban todos los cimientos de la sociedad criolla acomodaticia. La reacción de la sociedad civil, desorganizada, había sido tibia y hasta cierto punto, cómplice. Si bien…no toda. La vanguardia del movimiento de resistencia se apertrechó en la Universidad; aunque… con sus bemoles. El movimiento estudiantil, fiel reflejo de aquella sociedad camaleónica, se debatía entre las luchas internas de grupúsculos de izquierda, cuyos afanes sectarios desvirtuaba el norte de las verdaderas luchas reivindicativas del pueblo. Solo era una bravucona caja de resonancia en la que se multiplicaban los decibeles de los avatares de la política doméstica del día a día. ¿Mucha bulla y pocas nueces? No del todo. Una simiente atroz, ya comenzaba a echar raíces, aprovechándose de la indignación, el hambre y el abandono, de los ancestralmente olvidados. Sendero ya era un cigoto, próximo a “embrionar”. A la vuelta de unos lustros la tierra de Mariátegui y Vallejo se teñiría de sangre: ¿de quién? ¡De los más olvidados! : “¡Rico nunca muere en el campo taitita, y si se muere; muere de viejito en su finquita!”
    <<Algo va a pasar…, algo va a pasar…>> Lo escuché por primera vez, en boca del “luminoso” Ramírez, en la “uni”. <<Algo va a pasar…, algo va a pasar>> Eran dos, los Ramírez. No eran parientes; hermanos de causa: <<¡eso, sí!>> Rabiosos, beligerantes; con una lengua incendiaria que no admitían más razón, que la que metían en sus ponchos huamanguinos. ¿Lengua de sapo? ¿Ave de mal agüero? ¡No sé! ¡Pero, pasó! “El Limazo”. La 41 Comandancia de la Guardia Civil: Radio Patrullas; allanada. Madrugonazo militar. Una bulliciosa metralleta pesada cuetea en la Av. Andahuaylas. El muro y el portón de acceso al cuartel, habían sido derribados. Un tanque, cuyas orugas metálicas; los habían aplastado. La avenida está que arde. ¿Huelga policial? Lima sin custodio. Treinta guardias masacrados; cien heridos. Respuesta milica, cruenta. Vandalismo desatado. <<¡Saqueo! ¡Saqueo! ¡Saqueo!>> El negro Gumersindo, entra en el callejón de “La Buena Muerte”, a medio cuerpo desnudo, sudado y con una lavadora sobre sus lomos .El “cholo” Miguel, Joaquín y yo, nos miramos: ¿sorprendidos?, ¿asustados? <<¡Saqueo! ¡Saqueo! ¡Saqueo!>> Primero las tiendas de la Av. Manco Cápac; luego las de la plaza San Martín. Las del Jirón de la Unión: ¡tremendo botín! Arde el Centro Cívico; Lima en tinieblas de cenizas. El Círculo Militar, despachurrado. Diarios asediados. No hay ley; tampoco credo. Los enseres mal habidos no tienen color político. El dinero tampoco. Sirven los del gobierno; los otros también. Las botas responden. A las dos de la tarde la División Blindada y la tropa salen de sus cuarteles. Toman la calle. ¿Ironía? El embajador gringo saluda a los tanques rusos del “Chino” Velasco, que impiden el asedio a su embajada. ¿Muertos?: ¿Cien? ¿Heridos? Casi un millar. Toque de queda. ¿Garantías constitucionales?, aplastadas por las botas del “gendarme oscuro”. <<Algo va a pasar… ¿algo va a pasar?>> ¡No! ¡Algo pasó! Y eso no era todo.
    El silbato marcial “sonaba” a las seis de la tarde. Lima sufre de parálisis y se torna más gris que de costumbre. <<Tanques rondan los barrios, taitita… Tanques rondan los barrios…>>, la chola María husmea temblorosa la calzada por la entre cortina de su ventana. El borrachito “Chupón”, abaleado. No respondió a la voz de alto de la barricada militar. Que iba responder de lo chispo que andaba. Murió en su ley con una botella de pisco entre sus manos. Fue el número quince, o quizás el veinte. No importa, era un número más de los que se contaban; solo un número. Al menos un número. Los más, no se contaban. Desaparecían, nomás.
    Veintinueve de agosto de 1975. El “Tacnazo”. Golpe de estado. Cambio de bota. Sale el “Chino”; entra el “Felón”. Ya Pinochet reina en el sur; en Chile. La CIA; su asesor. ¿Los gringos olisqueando? ¡Ay Jesús! Donde están estos bichos; ¡hay candanga! Al inmaculado Departamento de Estado le llegó el tufo: “el “Chino” Velasco se apresta a invadir Chile”, por eso: lo de Arica y Tarapacá. El tío Sam no permitirá que ese “gorila” comunista lo haga. Salta el “Felón”, besuquea con su trompa de judas al “Chinito cojo” y se acaba la jarana. O tal vez, comienza…
    –Verga, cumpa. ¡Descoñetaron al “Chino”! ¿Quién lo iba a creer? Está visto: el poder embrutece y enceguece.– César, que se “empujaba” un chancay con un vaso de Inca Kola, me miró de reojo esperando mi respuesta. Taciturno, yo la buscaba, en mi ensimismamiento.
    Fueron meses de paro obligatorio. Las tanquetas, merodeaban en las inmediaciones del campus sanmarquino, “resguardándolo”. Tímidamente, poco a poco… las actividades curriculares tomaban cuerpo. Los más audaces rompieron la barrera militar. Primero la del silencio oprobioso; luego la toma física de los claustros. Había una tensa calma que enmantaba a todos los estamentos que hacían vida en la universidad. Mucho miedo. Mucha rabia. Mucha impotencia…
    –¿Qué te pasa, huevón? ¿No me digas qué eres velasquista? ¿O andas cagao?
    –No…. Nada… nada. Solo un poco sorprendido… como todos.–Respondí entrecortado a mi yunta, que se levantó con su charola en mano, dispuesto a pagar su consumo. Yo lo esperé sentado en una de las mesitas del quiosco que el chuncho Isidoro tenía al lado del estacionamiento de la facultad.
    –El Ramírez, uno de los “luminosos”, me lo dijo. ¿Cómo carajo lo supo?–Pregunté. El César que retomaba su asiento, pitando un Marlboro, respingó:
    –Esos hijos de puta, están en todas. Están muy organizados: ¿oíste? Muy informados. Silenciosos. Eso sí, hablan bien esos perros extremistas.
    –¡Epa! ¡Epa! Que allá viene uno de ellos–lo interrumpí tomándolo de un brazo. Nos quedamos mudos. mirando al aire.
    <<¡Camaradas! ¡Enhorabuena! Celebremos jubilosos la toma de nuestra casa de estudios. La bota asesina no pasará. Somos la vanguardia ilustrada de esta lucha. Somos los llamados a avivar las esperanzas de nuestros hermanos proletarios y campesinos. ¡Lucha armada! ¡Del campo a la ciudad! ¡Venceremos!>> Después de vomitar esa arenga mañanera, el proselitista nos entregó un pasquín invitándonos a su asamblea de bienvenida, esa misma tarde a las seis, con el sol poniente.
    Luego de caída la supremacía aprista, a finales de los 60, San Marcos se tiñó de rojo. El Frente de Estudiantes Revolucionario (FER), era reivindicado tanto por los antifascistas radicales- Patria Roja (PR) y el Partido Comunista Revolucionario (PCR), entre otros-ambos de la línea maoísta; como por los llamados reformistas, aglutinados en torno a la llamada Unión Estudiantil (UE); todos en pos de la codiciada Federación Universitaria de San marcos (FUSM): el botín mayor.
    –¡Carajo! Ese serrano sí que tiene labia. Y la tiene tan pesada como su aliento pestífero. ¿Lo sentiste?–César se paró carcajeado, imitando los movimientos histriónicos del “luminoso” que ya se dirigía al comedor estudiantil.–Yo no sé. Pero son raros esos, concha de su madre. Tienen algo… tienen algo… No son como los chinos maoístas de Patria Roja; ni como los del PCR. Hieden a muerte; ¡sí, a muerte!
    –¡Pinga! Ahora sí que soltaste al filósofo–Le repliqué, carcajeándome.
    ¿Premonición? Puede que sí. Pero como lo dicho por el César: eran raros… eran raros…
    En verdad, yo no le metía mucho a la política. Tenía compañeros; que sí, y de diversas tendencias; pero cada vez que le entraban a “la rabiosa”, yo “les sacaba el culo”. Ya tenía mujer y un “pelado” que mantener. ¿Cobarde? Quizás. ¿Aburguesado? ¿Quién no lo era? Había muchos hijitos de papá que en sus cinco minutos de mariconería se metían de activistas políticos. Yo los conocía a toditos. Pero no discutía. ¿Para qué? Para ser político y hasta subversivo había que tener real; o vivir de la conchabanza, como algunos de los “dirigentes” que vegetaban año tras año, en la universidad. Ellos no trabajaban, pero no vivían mal. ¿Cómo lo hacían? ¿Manoseaban dólares rojitos? Yo no podía, pensaba en mi familia. Tenía que terminar rápido la carrera; conseguir un trabajo decente; buscar el pan. Ninguno de esos, hijo de puta, obnubilados, me los iba a agenciar.
    –Mira, “chito”, por allá ya pasa el doctor Gastón. Es mejor que nos apuremos.–César se paró haciéndome una seña. Soltamos las “patas”.
    En efecto, con su casi dos metros de estatura y su andar desgarbado el Doctor ya bajaba la rampa de ingreso a la facultad. La 202, ya nos esperaba. Entramos en el aula, tan silenciosos como dos gatos dañeros.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2011
    Fue pura curiosidad, la que me indujo a intervenir en una de las asambleas de la UE. El hermano mayor de César pertenecía a la junta directiva de ese grupo. Secretario de Organización; creo. Yo lo conocía de vista. Larguirucho, él, de aspecto aindiado y ventrudo como una rana raquítica. Siempre andaba con un cartapacio negro y una casaca gris, que en sus buenos tiempos habría sido oscura. Ahora, tan desvaída; como su rostro cetrino. Bueno; fue curiosidad y también, casualidad. El ingeniero Lavado era uno de los azotes del quinto semestre. Él nos daba Mecánica I. Una lumbrera, sí, y todo un espectáculo en sus disertaciones. Ese bendito semestre todos nos apendejeábamos y pasábamos por masoquistas. Sabíamos, que con él, íbamos derechito al cadalso. Pero: ¡Qué va!, nos atraía como a las moscas; la melaza. César, el “Chato” Ramírez (este no era luminoso), la “Vieja” Quiñonez y yo; acordamos reunirnos en el comedor universitario a los tres días previos a la primera “prueba” del “Loco” Lavado. Solíamos estudiar en grupo cuando la cosa, apretaba. Y esta “prueba” ameritaba, sin lugar a dudas, ese conciliábulo. Pues la reunión no se dio; o se dio a medias. El “Chato” Ramírez faltó y al no tener escenario disponible (solíamos estudiar en la vivienda estudiantil), tuvimos que desistir.
    –El “Chato” Ramírez anda más enamorado que gato mariqueado: no va a venir… no va a venir… – Alertaba a mis condiscípulos, que ya se habían chupado media cajetilla de Marlboro. –Ese hijo de su madre debe de estar cogiéndose sabroso a la “Desteñida”, y nosotros aquí como cabrones esperando a que se la termine de sacudir. Lo que es yo: media hora más, sino viene, me voy para el carajo.–La “Vieja” Quiñones sacó del bolsillo trasero de su jean, media “chata” de ron y se empujó un “guamazo”. –Coño,” Vieja”: ¿vas a empezar?
    –Solo un traguito… es para calentar–hociqueó la “Vieja”, mirándome de reojo y guardando la botellita.
    Esperamos media hora más. La “Vieja”, se había zumbado tres tragos; ya la lengua se le comenzaba a “pegar”. Lo dejamos en la parada de la “va llena”, en “Letras”, y regresamos.
    Había que “tirar” bastante “patita” para llegar desde la Facultad de Letras; a la de Ingeniería Química.
    –Mira “primo”, ya llegó la “va llena”.– El César se volteó, señalándome el transporte universitario, que con todos “sus huesos” rotos, se asomaba al paradero. La “Vieja” se subió a la carcacha, trastabillando. Lo vimos alejarse tragado por la “Ballena”.
    –¿Qué hora tienes, cumpa? El César se remangó la camisa descubriendo con su derecha, su Longines:
    –Las siete, primo. Todavía la noche es joven.–Me respondió, estrujando la cajetilla de cigarros que se había quedado sin un “pito”.–Mejor así–murmuró mirando el paquete que ya se escabullía por el césped–Hoy he fumado más que puta presa–, sonrió.
    Las tripas me tronaban del hambre que tenía. Dada la deserción del “Chato” Ramírez y de la “Vieja” alcohólica, decidimos, el César y yo; no dar la noche por perdida, y “ganarle unas cuántas fórmulas” a la Mecánica. Nos dirigimos a la biblioteca de la Facultad.
    –¡Coño , “párcero”!, ya no aguanto las tripas: ¡estoy que me cago del hambre!–Mi “adú” me miraba, tuno. Yo continué–y no tengo un puto sol en el bolsillo: ¿Podrás creer eso? Bueno… solo lo del pasaje–rectifiqué.
    –Tranquilo, “socio”, que aquí está su banquero preferido: pida usted por esa boquita, que estamos a la orden para servirle por un módico interés de 20 % semanal.
    –¡Ladrón!–, le respondí.
    Carcajeándonos, hicimos una “escala técnica” en el quiosco del chuncho Isidoro.
    La “invitación” de César, no fue toda lo gratuita, que parecía. A media comelona comenzó a sacar poquito a poco todo su “arsenal”.
    –Sabes “cuñau”, que hoy hay una asamblea de los muchachos de la UE.–Me la lanzó, devorándose medio emparedado de asado.
    Yo lo miraba de soslayo, haciendo lo propio con uno de pavo.
    –Puedes creer, ¿qué todavía hay en esta universidad compañeros llenos de apatía, incapaces de comprometerse con nuestras luchas? ¿Lo puedes creer?– Enfatizó limpiándose la boca con una servilleta. <<Ya empezó con la misma cantaleta este hijo de puta>>, rumié para mis adentros.
    –¿Podemos ser indiferentes? ¿Podemos dejar que los putos extremistas, campeen tan alegremente? ¡Crees tú…
    –¡Yo no creo nada, huevón!–lo interrumpí en seco–Y deja de gastar tanta saliva barata. Tú y tu grupo, saben muy bien que pienso, de ustedes y de los hijos’e puta, extremistas: ¡Todos son la misma mierda, en diferentes letrinas!
    Iracundo el César se paró sin dirigirme una sola palabra. Pagó la cuenta al Chuncho, retornando eufórico.
    –¡Me debes cincuenta soles!–me la empujó, sin anestesia.
    –Tranquilo–le dije, pensando cómo salir de ese atolladero: <<¡cincuenta soles!, y ahora, ¿cómo salgo de esta?>>, rebobiné.
    –Mira cumpa, no es para tanto. Si pareces gila con la regla. Deja la “depre”, y pídete un cafecito. Ese, sí lo pago yo.–Lo embromé.–Y para que no creas que soy un cavernario anarquista: acepto tu invitación. Vamos a la, del UE y espero que sea buena la broza.
    A Dios gracias, salí bien de este aprieto. O más bien salimos bien, ambos. Yo con mi conciencia tranquila, “siendo empujado” por la “dialéctica” económica, a lo que “no quería hacer”; y él creyendo que había ganado un militante más para su causa. Bien valía el sacrificio, por los cincuenta soles, que de seguro, me los iban a condonar.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2011
    Duramos solo una hora en la biblioteca. A las ocho y media salimos en busca de la 505.
    La noche estaba fresca. Una ligera brisa nos escoltó en todo el tramo que serpenteaba la rampa de caracol que daba acceso a los pisos superiores de la facultad. La vibración hacía que el piso se moviera, la verdad, ya estábamos acostumbrados a esta contingencia. Mi cumpa, buscó en sus bolsillos de su jean… ¿los cigarrillos?; recordó que se había quedado “limpio”: <<uno de los compañeros, debe de tener>, murmuró, atusándose la barbilla.
    Las paredes del pequeño atrio de ingreso al quinto piso, nos recibió. Hoces, martillos, puños proletarios y otras pintas nos mostraban el camino hacia la 505. Un murmullo como de abejorros en plena labor, se iba acrecentando a medida que avanzábamos hacia el lugar de la asamblea. El César abrió la puerta del aula y un atronador golpe de voces se irradió, destrozándome los tímpanos. Tardé unos cuantos segundos en adaptarme a tan ensordecedor bullicio.
    Era un grupo de aproximadamente sesenta militantes-en realidad, sesenta y tres, lo supe después-que estaban reunidos en grupos de cuatro, de tres y hasta de a dos. Formaban pequeños círculos sentados sobre sus carpetas. Los de a dos; pegados, casi cachete a cachete. Cada cual, discutía por su cuenta, no sabría decirles qué, en esa babel marxista. Tomamos dos carpetas que estaban acuñadas a una de las paredes del aula (la posterior), acercándonos a la maraña de alucinados. Delante del montón de carpetas desordenadas estaba una pequeña tribuna donde dictaban cátedra los profesores. Se accedía a ella por un conjunto de tres escalones y sobre esta había una mesa sobre la cual Gerardo, el hermano de César, hurgaba en un laberinto de papeles. Cinco sillas estaban dispuestas detrás de la mesa.
    Casi a las nueve hizo su ingreso el Secretario General. ¡Más bien que general parecía un “cachaco”! Era un retaco, de no más de un metro cincuenta de estatura, con una melena y barba que le cubría casi todo el rostro, ¡sí parecía un piojo peludo! <<Esta mierda es el Secretario General>>, le murmuré de soslayo al César. Él me respondió con un codazo en pleno plexo, que me quitó todo el aire.<<Quieres que te maten, huevón… quieres que te maten>>, tartajeó entre dientes y a media boca cerrada.
    Arengas, vivas y proclamas de todo tipo inundaron el recinto. Todos de pie, puños en alto. La algarabía era total. Las voces truenas y los ojos vidriosos de los militantes ponían de manifiesto esa paranoia colectiva. Todas las individualidades se fundieron en una sola masa alucinada que aclamaba: a su ¿líder?; a su ¿Dios? ¡Masa! ¡Masa! ¡Masa! ¿Mística política? ¿Ocultismo? ¿Culto a la personalidad? ¿Al partido?... ¡Masa! ¡Masa! ¡Masa! Asombrado espectaba, tal demostración de psicosis colectiva, sin entender: <<y todo esto, por ese liliputiense peludo>>, pensé<<¡Qué huevonada!>>.
    El líder habló:
    –¡Orden compañeros!
    Un silencio sepulcral tomó de lleno al ambiente. La maraña de carpetas, antes desordenadas, aparecía perfectamente alineada, en filas y columnas. ¡No se escuchaba ni el zumbido de una mosca! <<Deben de ser proletarias>>, murmuré.
    –¿Quiénes?
    –Las moscas–le respondí al Cesar, que hacía esfuerzos por mantener la concentración.
    –Tiene la palabra el Secretario de Presa y Propaganda.
    A la voz del jefe se paró un flaco larguirucho, con unas orejotas que casi le llegaban a la quijada. En la mesa directiva se quedaron sentados los otros cuatro dirigentes.
    Tribilín, inició su larga perorata.
    La agenda política semanal, era casi un ritual. Ella comenzaba, haciéndose un concienzudo análisis de la situación internacional y nacional; para luego pasar a la discusión de los informes sobre el movimiento estudiantil, nacional y local; y la de los gremios. Se concluía con los acuerdos generales y las tareas asignadas para la semana.
    <<¿Y todas las semanas hacen esto?>>, me preguntaba admirado.<<¿Es qué el mundo puede cambiar tanto en una semana?; y el movimiento estudiantil: ¿también?>>
    La “Desteñida”, me sacó de mi abstracción. Pasó por delante, mío, poniéndome su tremendo rabo entre los ojos. Miré al César, haciéndole un gesto como preguntando: “¿qué hace ella aquí?” él me respondió, también gesteando: “ella es camarada”. “Tremenda camarada”, repliqué haciendo otro, obsceno, con mis manos.
    A medianoche entró al aula, un tipo con una bata blanca raída que llevaba un paquete debajo del sobaco. Estaba manchado de tinta, hasta por el culo. Se acercó a Gerardo, el hermano de César, le entregó el paquete, cuchicheó algo, con este y se retiró dándole una venia al “iluminado” líder.
    Eran volantes. Sí, estos contenían la proclama que al día siguiente había que bajar a las bases. ¡Coño!, lo bueno, recién comenzaba: ¡y a la una de la mañana! Gerardo bajó de la tribuna con el paquete en manos, lo abrió y comenzó a repartirlos. César me explicó, que había que hacer un análisis minucioso del contenido de la proclama, párrafo por párrafo; línea por línea y que la aprobación de la tal, tendría que ser por unanimidad y aclamación. Entendí la mitad de lo que me explicó. La maratón empezó.
    Fuimos reunidos, primero en grupo de cuatro, luego de ocho y así sucesivamente a medida que íbamos coincidiendo en nuestras observaciones. Me asomé hacia la mesa directiva. Busqué al líder con mi vista. No lo vi. Fisgoneé por todo el salón: “el enano no estaba”. Como un relámpago, se me atravesó una idea por la mente. Salí apurado, asomándome por la baranda que daba acceso visual hacia el primer piso. El Enano y la Desteñida se perdían por entre las sombras que devoraban la primera planta. “¡Pero, si acaso le llega a la cintura!” Me lo imaginaba como un monito tití, montado sobre una "yeguota". ¿Y los huevones? ¡Discutiendo la quinta esencia de un canario verde! Bueno: <<jefe es jefe>>, me dije, regresando al berenjenal. No hice ningún comentario. Tomé asiento. Proseguía la discusión.
    El cansancio me iba minando. Las pestañas se me caían pese a los codazos de César, que ya, ni los sentía. Entré en un letargo total. De tanto en tanto, escuchaba algún comentario; y en otro balbuceaba alguna incoherencia. Recordé a “Eduardo”, el gallo carioco que mi abuela tenía en la casa vieja. De madrugada, me paraba a escondidas de la mama vieja y me iba al gallinero. Observaba, horas y horas a “Eduardo”; sus patas atenazaban una estaca; erguido, solemne… Me preguntaba como lo hacía. ¿Dormir parado? Ahora lo entendía, yo estaba haciendo lo mismo; sentado. Como él, yo no estaba dormido. Él siempre estaba muy consiente. Lo supe porque una vez que me le acerqué: “¡para qué!”, casi me come a picotazos. “Yo: ¿a quién picotearía?”
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2011
    “¡Viva! ¡Viva! ¡Hurra! ¡Hurra!” Un vocerío infernal restalló en mis tímpanos. Estaba completamente aturdido. El regocijo lindaba al éxtasis. Abrazos, apretones de mano, golpes en los hombros, puños al aire. ¿Qué celebraban? Masa flipada, alucinada…
    Volvió a hablar el líder:
    –¡Orden compañeros!
    El Enano, había vuelto. La Desteñida aplaudía con frenesí, a primera fila y con los ojos alagunados, al borde del paroxismo.
    “Tribilín”, tomó la palabra:
    –¡Enhorabuena compañeros! Las cuatro paredes de esta magna aula, han sido testigos…
    <<¡Orden compañeros!>>, fueron las únicas palabras que expelió, en dos oportunidades el excelso, durante toda la dilatada noche. <<¡Orden compañeros>>, solo eso: <<¡Orden compañeros>>. Pensaba asombrado: <<Hijo de puta gañán, mantenido y “cogedor”>> No salía de mi estupor.
    A la media hora entró nuevamente el sujeto de la bata blanca raída. La misma ceremonia. El paquete en el sobaco. La tinta hasta en el culo. El cuchicheo con Gerardo. La despedida del jefe… Era Ramoncito, con su brazo derecho musculoso, de tanto darle a la palanca del mimeógrafo mecánico. Olía a papel bulky, a tinta, a esténcil, a periódico viejo. Todo un personaje, Ramoncito. El buen Ramoncito. Moría de amor, Ramoncito. Por la “Desteñida”, Ramoncito. Pobre, Ramoncito. Baja, Gerardo. Gerardo y sus volantes. Los nuevos volantes, corregidos y aprobados por unanimidad y aclamación; en nuestras manos.
    Sentí un golpe en mi hombro. Todos nos paramos solemnes. Salía el Enano y su comitiva.
    –Nos vamos cumpa–Me alertó César, dando un profundo bostezo.
    Bajamos al primer piso. Lo cruzamos, saliendo hacia el estacionamiento. El “Chuncho” Isidoro, envuelto en una chompa multicolor iniciaba su faena diaria.
    –No caería mal un cafecito–murmuró mi cumpa, soplándose un cigarro.
    –Ni tampoco un "sanguchito"–le repliqué, sobándome las manos para entrar en calor.
    Nos sentamos en la mesita que terminaba de armar el Chuncho.
    Dentro de mi cuaderno de Mecánica I, tenía los dos volantes que me había entregado Gerardo: el original y el corregido; el que resultó después de la trasnochada discusión.
    Comencé a revisarlos y a compararlos. César fumaba, mirando a la nada. Como “Eduardo”, se había quedado dormido y fumando: “¿podría ser?” El Chuncho se afanaba dentro del quiosco, preparando el café.
    Párrafo a párrafo; línea a línea, revisé ambos contenidos, ya más lúcido. No eran muy extensos. Cabían en una hoja. Lo revisé hasta seis veces. No encontré diferencia alguna entre el uno; y el otro. Ni en los signos de puntuación.
    El Chuncho llegó con el café.
    –¿Y el "sanguchito"?–pregunté mirando a César.
    –Dos de asado, Chuncho–pidió el César, haciéndole una seña:–menos mal que no eres mi “hembra”; me quebrarías, huevón–sentenció, volviendo la mirada hacia mí.
    Devoramos todo lo que nos puso el Chuncho.
    En completo uso de mis facultades físicas y mentales, y con una temperatura corpórea de treintaisiete grados centígrados, pregunté:
    –Cumpa, estuve comparando el texto de la proclama, del documento original, contra el corregido; y la verdad, es que no veo diferencia alguna entre ambos.
    Él me miró descreído, expresando:
    –¡Qué, la vas a encontrar, si estuviste durmiendo en toda la noche. Tómalos, y léeme el primer párrafo.
    Lo hice con claridad.
    –¿Y entonces?–preguntó, sorbiendo un “chupo” de café.
    –Nanay, nanay. Para mí son iguales– le repliqué.
    –Lee la primera línea del primer párrafo de ambos, y compara–respondió, sorbiendo, otro.
    –Sigo sin ver diferencia alguna, entre los dos–le volví a replicar, después de leerlos.
    –Escucha, pendejo–bramó, tomando y remarcando el texto con su índice, mientras leía a toda voz:–“El camarada Carlos Marx, puso en evidencia la necesidad…
    Yo volví a leer, en ambos papeluchos, la misma línea que él había acentuado. Seguía sin ver la diferencia.
    Molesto, tomó su silla y la puso junto a la mía. Se sentó a mi lado, tomó los dos pasquines y remarcó con un círculo la coma que iba después del nombre de Carlos Marx, en el texto corregido.
    –Ves–me dijo casi fuera de control, señalándome con el dedo, la coma marxista.
    –Es una coma–le contesté, añadiendo–pero, el otro… también la tiene.
    –Poco observador…, poco observador. Hay mucho que trabajar en ti–me fustigó entristecido.
    –Mira la coma del documento corregido. Mira su curvatura más pronunciada que la otra. ¡Es que acaso no lo ves! Eso demuestra, fuerza y tesón; nuestra necesidad inquebrantable de lucha y de victoria…
    Totalmente… ¿desquiciado?, mi amigo, tomaba el documento con sus manos temblorosas, haciendo énfasis en lo críptico de su contenido. Yo lo miraba, estupefacto.
    ¡Qué vas a entender tú, huevón!–me insultó enfebrecido.
    –Ah, era la coma– le asentí, “pazguato”. En realidad, yo no veía lo que él, sí; mas, no quería que la larva marxista, que mi camarada había engendrado en su psique, hiciera implosión en su humanidad, destruyéndole en ese momento.
    –Cumpa, me voy. Ya llega la “va llena”.–Me despedí dejándolo perdido en su dialéctica emocional. La muchachada, comenzaba a poblar el campus.
    Me bajé de la “va llena” en el paradero de la Asistencia Pública de Lima, frente a la Facultad de Medicina de San Fernando. De allí me fui caminando hasta, casa. Jamás me arrepentí de haber asistido a tan esclarecedora asamblea. Un poco alunada, tal vez, pero tremendamente ilustrativa. Por demás, siento que fue muy reveladora. Aprendí que las ideas hay que defenderlas con convicción y pasión; pero también, que todo tiene su tamaño, y su medida. Como el vaso de agua que solo acepta una cantidad de líquido y que más allá de esta, se reboza y encharca.
    “¿Discutir, el punto de inflexión que hace la curvatura, de la hipérbole de la coma, en la ventruda guatita del maestro, Carlitos Marx?”: “No, compay”, eso, no va conmigo.
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado septiembre 2011
    Tigre, excelente repaso histórico de una época en la que se perseguían utopías; eran años turbulentos a los que gente de buena fe, se enfrentaba a pecho descubierto, por puro sentimiento de justicia. Se cometieron muchos errores y demasiada gente pagó por ellos.Los grupúsculos que lideraban esa lucha eran de dudosa ética. Los partidos monolíticos, al estilo leninista o maoísta, hacían un burdo lavado de cerebro a sus militantes y no servían para implantar una democracia que en su seno tampoco existía.
    Me ha gustado mucho la jerga propia de tu país, de la política y del momento.

    Y está muy bién recordar a los nuevos inquisidores que pululan por el foro, que ya estás de vuelta de adoctrinamientos, de fe ciega, de maestros reveladores de su verdad.
    Como a ti, a mí ya me resbalan esas cosas. No entro nunca a discutir en ese subforo; es difícil hacerlo por escrito.A veces leo para conocer cómo piensa la gente de este foro , ya que no solo me interesa cómo escriben sino cómo piensan.

    ¡¡Enhorabuena, Tigre!!. Me gusta cómo escribes y lo que escribes.

    Un fuerte abrazo
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado septiembre 2011
    Tu historia transcurre cuando yo estaba entrando a la primaria tenía seis o siete años. O sea que tigre ya tienes tu kilometraje… :)
    Para no entrar en el enredo de una discusión extra-literaria. En el Perú los últimos cincuenta años de su historia han sido de grandes expectativas y grandes desilusiones.
    Diez años antes de tu historia, Luis De La Puente Uceda hastiado de la asquerosa convivencia política se alzó en armas en la sierra. Y murió por sus ideas.
    Casi en la misma época Javier Heraud el poeta guerrillero moriría en otro intento de romper el esquema político imperante.
    Existe la responsabilidad histórica de la izquierda en su conjunto que jamás hizo una causa común, cada quien formaba su partido político. Estaban los marxistas-leninistas, los trotskistas, los maoístas y asi con todas las combinaciones habidas y por haber. Y cada uno tenía la fórmula perfecta. El que no era sectario es porque no era de izquierda.
    La historia negra del terrorismo de los ochenta y noventa en el Perú es una página aparte. Consecuencia de la miopía política de los izquierdistas y la indiferencia de los gobernantes.
    El caldo de cultivo ha sido la juventud decepcionada de “las clases dirigentes”.
    Quizás algún día con unas “chilindrinas” de por medio podamos conversar de aquello.
    Un abrazo tigre.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2011
    Sinrima escribió : »
    Tigre, excelente repaso histórico de una época en la que se perseguían utopías; eran años turbulentos a los que gente de buena fe, se enfrentaba a pecho descubierto, por puro sentimiento de justicia. Se cometieron muchos errores y demasiada gente pagó por ellos.Los grupúsculos que lideraban esa lucha eran de dudosa ética. Los partidos monolíticos, al estilo leninista o maoísta, hacían un burdo lavado de cerebro a sus militantes y no servían para implantar una democracia que en su seno tampoco existía.
    Me ha gustado mucho la jerga propia de tu país, de la política y del momento.

    Y está muy bién recordar a los nuevos inquisidores que pululan por el foro, que ya estás de vuelta de adoctrinamientos, de fe ciega, de maestros reveladores de su verdad.
    Como a ti, a mí ya me resbalan esas cosas. No entro nunca a discutir en ese subforo; es difícil hacerlo por escrito.A veces leo para conocer cómo piensa la gente de este foro , ya que no solo me interesa cómo escriben sino cómo piensan.

    ¡¡Enhorabuena, Tigre!!. Me gusta cómo escribes y lo que escribes.

    Un fuerte abrazo
    Gracias por tu comentario, querida Sinrima.
    Los seres humanos somos paridos como individuos sociales, pero individuos, al fin. Coartarnos esto, sería quitarnos nuestra esencia primigenia. El comunismo cavernario trató de hacerlo. El capitalismo asqueroso, hoy, puja por ello. Ambos son mierda atiborrada de cresas, que decantan en la misma cloaca. Ese carácter de individuos hizo, que en diferentes épocas de la historia, la rebeldía se vistiera de juventud. Hace más de cincuenta años, en mi patria, muchos jóvenes enamorados de la utopía comunista, levantaron sus voces de indignación denunciando a una sociedad pútrida: ¿Se llegaron a extremos irracionales?, en algunos casos sí. No los culpo ni los proscribo; los entiendo, sí y hasta a los más extremistas. Si hubo un Sendero Luminoso, deberíamos preguntarnos desinhibidos de todo prejuicio: ¿el por qué? (lo hubo). No justifico ningún extremismo; ni de izquierda ni de derechas (que términos tan anticuados), pero los movimientos alunados están, porque están y son fruto de una sociedad enferma.
    Hoy, muchos años después, presencio la indignación de los pueblos del Magreb; la de la España y la Grecia de la “Europa Moderna”. Muchos me dirán que no es lo mismo; que no confundamos, que somos una democracia, que los otros no: ¡Mentira! ¡Es lo mismo! ¡La indignación es la misma, aquí en Bombay y en Beijing! Sé que la propaganda mediática atiborra, que el bombardeo, es pertinaz. Se olvidan esos esbirros hablistanes, atragantados por un bozal de pan, que discernimos y por lo tanto elegimos y que estamos hasta la coronilla, sí: ¡hasta la puta madre de enardecidos! Que ya no es tiempo de borregos. Que ya el redil se les encabritó. Peor para ellos, si no lo entienden. No van a poder con la historia y la historia, como se dice en mis andes lejanos: ¡Canta, papay: ella canta!
    ¡Salud y larga vida a nuestra juventud!
    Un abrazo.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado septiembre 2011
    Esa historia no nos tocó juntos, aún, que buena memoria tienes:):p:p:p;)
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2011
    amparo bonilla escribió : »
    Esa historia no nos tocó juntos, aún, que buena memoria tienes:):p:p:p;)


    Todavía tenemos una vida entera para vivirla juntos, Amparito. Y en cuanto a la memoria, siempre me ayudo con una de papel, siguiendo las recomendaciones de tu paisano ilustre: "El Gabo".
    Gracias por tu tiempo.

    “El que no tiene memoria, hágase una de papel”
    Gabriel García Márquez.

    Un abrazo.
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado septiembre 2011
    Tigre,que voy yo a hacer contigo !!!Sólo darte las gracias,por una vez más,hacerme dos cosas.Una,hacerme reír con tus comentários.llenos de ironía y acierto.Y dos,por darme a conocer,hechos de tu tierra,siempre bienevenidos para mi escaso conociemiento.Un abrazo enorme y por favor,sigue escribiendo.
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2011
    juancho escribió : »
    Tu historia transcurre cuando yo estaba entrando a la primaria tenía seis o siete años. O sea que tigre ya tienes tu kilometraje… :)
    Para no entrar en el enredo de una discusión extra-literaria. En el Perú los últimos cincuenta años de su historia han sido de grandes expectativas y grandes desilusiones.
    Diez años antes de tu historia, Luis De La Puente Uceda hastiado de la asquerosa convivencia política se alzó en armas en la sierra. Y murió por sus ideas.
    Casi en la misma época Javier Heraud el poeta guerrillero moriría en otro intento de romper el esquema político imperante.
    Existe la responsabilidad histórica de la izquierda en su conjunto que jamás hizo una causa común, cada quien formaba su partido político. Estaban los marxistas-leninistas, los trotskistas, los maoístas y asi con todas las combinaciones habidas y por haber. Y cada uno tenía la fórmula perfecta. El que no era sectario es porque no era de izquierda.
    La historia negra del terrorismo de los ochenta y noventa en el Perú es una página aparte. Consecuencia de la miopía política de los izquierdistas y la indiferencia de los gobernantes.
    El caldo de cultivo ha sido la juventud decepcionada de “las clases dirigentes”.
    Quizás algún día con unas “chilindrinas” de por medio podamos conversar de aquello.
    Un abrazo tigre.

    Hola, paisa. Que te puedo “decir”… sintetizaste muy bien, los avatares de una época de cambios. Una época romántica y sangrienta a la vez (que contradicción). La verdad, es que no recordaba a Javier Heraud, el poeta (se me quedó en los 80). Alumbraste mi memoria y con ayuda del “papel”, remembré algunos de sus poemas, llenos de vida y de limpio amor a la vida. No lo dejaron envejecer, a Javier. Fueron treinta tiros los que acabaron con su vida. Casi un niño cuando se fue a luchar, a las selvas de Madre de Dios. Heroico ícono del Idealismo puro y romántico. Hijo de una familia de clase media acomodada, egresado de un colegio “de ricos”. ¿Tenía necesidad Javier de involucrarse en la lucha armada? Materiales: ¡No! Solamente, la (necesidad) que le dictaba su compromiso interno, de denunciar y combatir a esa sociedad inmunda que le dolía. Él es parte de lo bueno que tuvo esa lucha. Mi relato, es una crítica a lo malo. Ficción, para el cual tomé prestado el marco histórico de los movimientos políticos que acontecieron en el Perú, en los mediados del 70.
    Dicen que recordar es vivir, pues… sigamos viviendo.
    ¡Salud! Y un abrazo de “Tigre” a “Lagarto” (Juancho).
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado septiembre 2011
    Dragon escribió : »
    Tigre,que voy yo a hacer contigo !!!Sólo darte las gracias,por una vez más,hacerme dos cosas.Una,hacerme reír con tus comentários.llenos de ironía y acierto.Y dos,por darme a conocer,hechos de tu tierra,siempre bienevenidos para mi escaso conociemiento.Un abrazo enorme y por favor,sigue escribiendo.

    ¿Tus comentarios?: Con mucho calor, como siempre, querida Dragoncita. Yo me divierto cuando escribo y me satisface que los que me leen, también lo hagan. Ya hay mucho sabiondo merodeando por allí, que se escarapelan con lo que hacemos, y no es por lo malo (que, bueno fuera), sino por el vértigo de sus alturas. No quiero ser ni seré uno más de esa alforja.
    “Simplecito, nomás taitita, soy simplecito, nomás”.
    “Más vale, simple comodón; que sabio, cagón”
    Un fuerte abrazo y un besote.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado octubre 2011
    Tigre, siga con lo suyo "el estilo es el hombre".

    Un abrazo
  • tigre1950tigre1950 Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado octubre 2011
    juancho escribió : »
    Tigre, siga con lo suyo "el estilo es el hombre".

    Un abrazo

    Ya lo dije compadre, “nunca seré de esa alforja”. Estoy claro en lo que hago y en mis puntos de vista. Respeto todos (los puntos de vista); desde el del más sabio, hasta el del más cavernícola. Cada quién tiene su verdad, y hay que respetarla. ¿Críticas?, las necesitamos, pero alturadas, bien llevadas y sin ofensas. En mi particular, no he sido centro de estas (las sañosas), aún. Pero…
    ¿Confunden (ellos) intríngulis con cunnilingus? Tolerante, quizás; sumiso y pacífico, jamás.
    Un abrazo animal (de “Tigre” a “Lagarto”).
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2012
    En que selva andará mi tigre? me tiene en un abandono:eek::):):p:p
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