Un miércoles a las veintidos
caí en el callejón de tu nombre.
Ya tres años han pasado y la historia se repite.
Cuantas risas, cuanto viento
cuantro frío y vos.
Ahí... tan frágil. Me llegaste.
Y te quiero y no se puede,
y lejana te percibo, como capricho de infante.
Se repite y yo me siento
un boludo,
pero bien.
Y en tu abrazo momentáneo
sentí lágrimas en el olvido
que venian de tus ojos y
de mi corazón.
Porcelana al tacto, esquiva y asustada;
siento: mucho ladra, poco muerde.
El que avisa no traiciona.
Pero te quiero en mi vida
y te quiero y no se puede
y aunque corra el riego y muera,
más feliz seré
y escribiré sobre vos.
Comentarios
Hermosa poesia;):):p
Refleja el dolor y la confusión, propio del amor.