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Ceguera divina

Monarca TuertoMonarca Tuerto Pedro Abad s.XII
editado julio 2011 en Narrativa
Todo estaba oscuro, había tardado mucho en notarlo, no encontró una gran diferencia entre la masa de caras y esa ausencia de luz, o vida, términos que casi convergían en este caso. Oscuridad, ahora lo veía, estaba ciego solamente, seguía escuchando la voz que hablaba sobre literatura, un jactancioso discurso que se regeneraba, como el vómito que mueve a las personas a aumentarlo. Una suave y agraciada voz fue capaz de detener el ritual enfermizo, sin embargo resultaba tímida, retraída. Las risas inundaban la habitación, un coro patético, la voz inicial las silenció, giró su cabeza hacia el lugar en el que proyectaba la fuente de la quebradiza voz, temió fracasar en su intento de no-ver a esa mujer, decidió tomar un riesgo, respondió pobremente la pregunta planteada mientras guardaba el mensaje que quería enviar con la esperanza de que ella entendiese ese silencio como una invitación. Escuchó otra pregunta, nada especial, volvió su cara vagamente confiado porque sabía que aunque hubiese podido ver no se habría tomado la molestia de mirar a esa persona directamente a los ojos, repitió esta acción un par de veces, después la escuchó nuevamente, con su mente exaltada perdía la concentración necesaria para su pretensión de videncia. Entendió que necesitaba esforzarse más para ocultar su ceguera, para evitar que esa imperfección arruinara el momento celestial que vivía escuchando a esa mujer.

¿Qué podría pensar ella si averiguaban que estaba ciego? El caos se apoderaría del auditorio, en medio de tal escándalo le sería imposible volver a establecer algún tipo de contacto con ella. La alejaría de él, crearía un muro indestructible en medio de ellos, eliminaría esas vagas esperanzas de haber encontrado a la mujer capaz de encontrar sus mensajes tendidos a medias. Pensó brevemente en un pintor y su ventana. Tenía que hacer algo. Recordó la botella de agua que tenía en la mesa, un poco a la derecha, necesitaba alcanzarla, un movimiento preciso le aseguraría a esa mujer, al amor de su vida. No tenía razones para pensar que era demasiado optimista, estaba seguro de esto, si no fuese así no podría encontrar una causa razonable para su ceguera. Tenía que arriesgarlo todo, alcanzar la botella, el resto sería fácil, pero no sabía cómo la alcanzaría, en primer lugar necesitaba conocer su ubicación para poder no-verla y recogerla en un rápido movimiento. Era ridículo, su destino dependía de una acción tan simple, y se escapaba dolorosamente de sus manos, riéndose con su simplicidad, la facilidad con la que lo derrotaba y le arrebataba a esa mujer.

Se levantó rápidamente, dominado, aparentemente, por la ira y frustración, empujó la mesa en su repentino movimiento, escuchó el golpe de la botella que se había volcado sobre la mesa inclinada, rápidamente estiró su brazo hacia ella, logró tomarla, la abrió y bebió de ella mientras intentaba idear una solución al inexplicable acto de ira que podría haber arruinado su oportunidad con esa mujer. ¿Qué pensaría? Dejó todo en manos de esa voz inhumana, esperaba que hubiera algo en su ridículo discurso que sirviese, pero no era más que un insensato deseo. Necesitaba salir de la habitación, mas estaba ciego, no podía hacerlo sin dejar que ella lo notara.

Supo que había perdido su oportunidad, salió resignado, logró encontrar la puerta tanteando las paredes. No fue muy difícil caminar descuidadamente hasta que algún conductor descuidado aliviara la agonía de perderla. Una solución sencilla que le evitaría la molestia de pensar en la mujer que escuchaba numerosos comentarios sobre la ceguera sin entender cómo habían descubierto que había perdido la vista mientras escuchaba aquella voz que dejaba mensajes a medias.

Comentarios

  • Alejandro68Alejandro68 Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2011
    Hola Monarca;)
    La historia me ha parecido interesante y la forma narrada un poco escabrosa, debido ésto a una demasía cuando utilizas el " pretérito indefinido " como conjugación principal en tu relato. Es mi opinón :o
    Tu cuento me ha dado que pensar, mucho. Con lo cual te estoy muy agradecido:)...una reflexión de tantas que me causó:
    El menor objeto a sortear se antepone como un muro, cuando la ceguera se vuelve el obstáculo mayor.
    Es bien sabido que ante la privación de un sentido, se amplifican otros; pero, cegar el sentido común es invalidarse como ser.
    Ser capaz de ver en la oscuridad es un privilegio de pocos.
    Me dio gusto leerte.Un cordial abrazo
  • Monarca TuertoMonarca Tuerto Pedro Abad s.XII
    editado julio 2011
    Muchas gracias por comentar :)
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