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Sentimientos Frustrados -iv

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  • pablogarciapablogarcia Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2011
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    Nos cuenta también que para él fue un momento inolvidable, cuando con esa peculiaridad tan susceptible que la caracterizaba; precipitadamente y sin dejar de reír le abrazo su hermana Teresa. Matilde después, le volvió a estrechar la mano a la vez le dio un beso en la mejilla con la más seductora sonrisa y nos dice que en sus labios creyó distinguir una enamorada expresión. Su felicidad era tal, que dice que no pasó desapercibido en la gente; pues al pasar junto a ellos fijaba su mirada y en sus sonrisas maliciosas se podía adivinar una ironía mordaz al pensar que el encuentro de ellos tenía una especial importancia amorosa. – ¡Qué recuerdo tan hermoso! – Pues os aseguro que parece como si fuese hoy.
    No cabe la menor duda que era la hora más concurrida de este parque tan hermoso de Madrid y nos sigue diciendo que al entrar en la avenida peatonal que conduce al borde del estanque les llama la atención las filas de rosales y macizos de arbusto bien cuidados. Estos arbustos como en toda jardinería, primero serian mutiladas por las tijeras de los expertos jardineros, para que después la madre naturaleza desafiándoles le hiciera reverdecer con el soplo cálido de la primavera. La Verdad es que era de una belleza sorprendente ver como se cubrían de flores de todos los colores a la vez que sus especiales perfumes envolvían a los paseantes de este exuberante paseo.
    Con una sonrisa especial sigue precisando, que por el verde y colorido paseo desfilaban con pasmosa lentitud las domingueras familias. Que solo rompían su pasiva armonía, los gritos continuos de las madres, al querer impedir las continuas imprudencias de sus pequeños; que en sus juegos arrancaban las flores y destrozaban con sus pies los macizos de repletas margaritas. – ¡Qué tarde ya que de ella se acordaría toda su vida!
    Les aseguro que el relato del abuelo a los tres nos mantenía la boca abierta y sobre todo al observar las sonrisas continuas y el brillo de felicidad en sus ojos. No pudimos más que enviarle con nuestras miradas una prueba de simpatía que determinaba nuestra gran estima hacia su persona. El a la vez al ver con la simpatía y atención que le dispensábamos, prosiguió su relato para decirnos que para él, el recordar aquellos días tan felices le hacía olvidar los momentos más dolorosos de su pasado.
    Había que reconocer que era una persona encantadora y todos sentíamos una admiración difícil de explicar y ninguno de nosotros era capaz de separar un momento la vista de su persona. Por eso él absorbido en su memoria, nos recordaba con gesto de merecida sabiduría.
    – ¡Qué el pasado es un río del presente y nos dice que no quiere cerrar los ojos! – Porque tal vez en la oscuridad no pueda volver hacer realidad aquel día ni de ese encantador lugar.
    – ¡Qué agradable y hermoso es recordar las cosas que nos hicieron felices, mismo si el recordar es envejecer!
    No cabe la menor duda que aquellos recuerdos marcaron su vida dado que el feliz recuerdo de aquella primavera quedó plasmada en su memoria, porque sin pausa y con una sonrisa poco común en su persona, prosiguió contando que los frondosos árboles con la brisa de la tarde se estremecían dejando una nevada de pétalos al caer. –« ¡Todo parecía bueno!». Y tal felicidad hacia olvidar las fatigas pasadas, mientras al fondo del paseo las familias conversaban a gritos provocando las sonrisas compasivas de los paseantes.
    Al ganar el llano del empinado paseo, abandonaron la acera al querer acercarse al borde del estanque, nos dice que a su lado iba Teresa del brazo de Matilde y que contagiado de las risas continúas de las dos. Él con cierta discreción, intentaba con la mano cubrir su boca y disimular las miradas curiosas de las gentes. Después fueron calmándose dados los continuos saludos de gentes conocidas por Matilde, pero solo dejo de reír al temer encontrase con alguna amiga intima de su madre.
    Es verdad que era la hora donde que el paseo se hallaba más brillante y concurrido por la alta sociedad, pues una larga fila de carruajes con sus ruedas pintadas de rojo y amarillo, refrescaban la memoria de la desigualdad social existente entre los de a pie y la burguesía que en todo momento quería demostrar su distintivo social.
    Lo no deseado llegó al cruzar de acera y pese a que en ese momento él marchaba a corta distancia de ellas. Un cochero sujetando con fuerza las riendas de un elegante carruaje de cuatro ruedas, con voz de trueno obligaba a los dos blancos caballos a rechinar sus herraduras sobre el recio pavimento. Para después desde la berlina, con insistencia una voz femenina pero con fuerza pronunciaba el nombre de Matilde. Esta elegante señora a la vez iba acompañada de una mujer más joven que ella y de un erguido caballero que como un palo sonría con presumida altivez.
    El gesto de desagrado ante el inesperado encuentro, nos dice que le hizo sonreír al no pasar desapercibido para él, la actitud de sorpresa de esta señora al verla caminando y confundida con la chusma dominguera. No obstante por todo esto Matilde sonrió como si su susceptibilidad no fuese herida y les saludó con la más seductora hipocresía. Teresa que también fue reconocida por la marquesa de Trinón, a la que correspondía a la vez con sendas sonrisas sin expresión, para después explicar a la “distinguida” señora su presencia y la de su hermano. Por estos justificados temores, Matilde miraba a Teresa y a él. Pues ella era consciente que el encuentro con esta inesperada familia más tarde para ellos les podría causar graves problemas y nos dice que por primera vez esa tarde en los ojos de ella descubrió la tristeza.
    Después de este desagradable encuentro, pensativos los tres se apoyaron en las recias balaustras del estanque, pero afortunadamente poco después los sentimientos se fueron calmando al observar como con una marcialidad sorprendente un grupo de majestuosos cisnes avanzaba con la disciplina de un desfile militar. Más allá el estanque solo perdía su armonía, por los golpes de remo que a duras fuerzas jóvenes con blancas camisas hacían avanzar las pesadas barcas de madera. Sentadas detrás de ellos iban una o varias mujeres con sus amplios vestidos y sus bordadas sombrillas que las cubrían de los rayos del sol de este prematuro verano que embellecía el lugar.
    A lo largo del paseo que bordea el estanque, una docena de caballetes de madera sujetaban frágiles lienzos de tela especial y frente a ellos jóvenes pintores decididos a triunfar. Estos sujetaban en la mano izquierda una paleta cubierta de una mezcla de pinturas y con un largo pincel recogían con cierta maestría para después alejándose con elegancia del lienzo imprimir el paisaje que con continuo reojo iba tomando forma el estanque y todo su contorno.
    Interesada Matilde por la rara belleza que caracterizaba el cuadro, él la cogió del brazo y la pidió que se retirase unos metros. Para así poder apreciar mejor la belleza del paisaje que se reflejaba en el lienzo, para luego continuar explicándola; que el estilo del cuadro y en su conjunto se refleja por parte del pintor la voluntad de imprimir su estilo denominado como impresionismo que era el arte más modernista en ese momento.
    – Perdón señor no quisiera introducirme en su trabajo, que por cierto es magnífico, pero usted está imitando posiblemente sin saberlo a Paul Cézanne. Uno de los más importantes pintores franceses que yo tuve la suerte de conocer y le diré que este maestro fue llamado con acierto el padre del modernismo. El pintor al escuchar los conocimientos que él daba de su trabajo, le pidió, por favor, que le diera más explicaciones. A lo que el abuelo después de una corta pausa, prosiguió para decir que en uno de los viajes al sudoeste de Francia y precisamente en Marsella por su amistad y afines políticos se hospedó en su casa de (Aix-en-Provence) donde pudo admirar su fantástica colección.
    El joven pintor después de oír sus explicaciones, señalando con el pincel el lienzo les explicó las razones de su posible imitación: – «Observe, por favor, el intenso amarillo que se extiende por el agua del estanque y vera que al no poder penetrar los rayos del sol en las oscuras aguas con toda su fuerza. No tengo más remedio que diluir el color amarillo sobre ella, lo que hace, sin querer, que el amarillo siga siendo por este deslumbrante día primaveral el color dominante y es con el resto del paisaje lo que determina las peculiaridades de esta imitación». Y era verdad, pues en el fondo del lienzo, ya no se reflejaba tanto el amarillo. Sino en su tono normal las escalinatas de granito que daban pie a una sucesión de columnas unidas por unas pilastras salientes. Estas columnas formaban a la vez un anfiteatro con un enorme pedestal en centro y este finalizaba con un oscuro caballo de bronce montado por un militar vestido de gala que no era otro que Alfonso XIII él último rey de España.
    Orgulloso de sus conocimientos y tras una corta pausa nos dice que el paseo central del Retiro en esos momentos en un ir y venir de carruajes que circulaban formando una larga fila y solo de vez en cuando se veía un lujoso automóvil que hacía sonar su claxon con el solo propósito de llamar la atención. Y nos dice que este intenso tráfico dejaba adivinar el bienestar de las clases pudientes de este Madrid tranquilo de la segunda década del siglo XX.
    – ¡Sí Matilde, les he acompañado hasta aquí! Se apresuró a decir Teresa que intentaba justificar su separación momentánea, para más tarde encontrarse en la puerta del parque. Teresa con su ingenua voz parecía rogarles con su mirada que aceptasen su decisión, a lo que Matilde con su ingenuidad insistía para que no les dejase. Pero al insistir Teresa y guiñarla un ojo comprendió su aptitud y aceptó con cierta sonrisa maliciosa su ausencia.
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    editado mayo 2011
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    Al quedar solos y ver que no se hallaba ningún banco vacío y deseando encontrar un lugar tranquilo. Cruzaron la concurrida avenida, con el peligro de los cocheros que daban poca importancia a las gentes de a pie. Estos cocheros embutidos en sus recios uniformes, exhibían desde lo alto sus largos látigos en la mano derecha, mientras con la izquierda sujetaban con fuerza las riendas guiando la buena marcha de los caballos, que con la boca llena de espuma de vez en cuando lanzaban un fuerte relincho contagiando a los demás cuadrúpedos.
    Al no encontrar donde sentarse, continuaron paseando y cuál fue su sorpresa al observar que Matilde, por primera vez le extendía su mano y al mirarla con ojos profundos. Nos dice que al descubrir el brillo intenso de los ojos con que Matilde le miraba, se sintió el hombre más feliz de la tierra. Después bien recuerda que se sentaron en una pequeña loma cubierta de hierba y al hablarse arrancaban las margaritas silvestres que crecían al alcance de la mano.
    Era maravilloso ver al abuelo con esa satisfacción de la que no estábamos habituados y nos llamo la atención esa efervescente ilusión iba ganando según los días de la semana. Pues las citas con Matilde según nos cuenta hacían que su pasión cada vez con mas fuerza y sigue diciéndonos que por hallarse la marquesa en el extranjero las citas se repetían todos los domingos en el mismo sitio. Aunque los demás días solían ser los jueves, que aprovechando el día de descanso de la servidumbre bajaban al paseo de la Castellana; para después volver como siempre al parque del retiro.
    Ahora con el amor por un lado y por otro la avanzada primavera. Iban fraguando el firme sentimiento que cada día encendía con más fuerza sus sentimientos. – ¡Qué tardes más hermosas las de aquella primavera! El recuerdo fluía a borbotones de esos jueves donde a esas horas paseaban por el bulevar donde grupos de criadas, con las faldas bien almidonadas y en el cuello un ondulante pañuelo de seda. Matilde siempre sonreía al observar que muy de cerca, eran seguidas por soldados probablemente de infantería, que con relucientes uniformes y faltos de elegancia forzaban sus fuertes voces con el fin de llamar la atención de estas jóvenes mujeres que reían maliciosas la torpeza tímida de estos inexpertos mozos en el arte de las conquistas femeninas.
    Con un tono que denotaba de su seriedad habitual, nos dijo que era feliz, pero recordaba a menudo que se hallaba próximo al ocaso de su juventud y se iban perdiendo para él, esos benditos treinta años. No obstante, era feliz al descubrir este intenso amor y la alegría de saber que en el mundo no hay nada más hermoso que el de adorar y ser adorado por una mujer bonita y juiciosa como Matilde.
    Después de una corta pausa, reconoce que regresó al hostal muy contento y habiendo dejado las preocupaciones de días atrás, donde una fuerte inquietud por un posible fracaso lo angustiaba continuamente. Por lo contrario ahora reconocía que comenzaba a sentir de nuevo alegre y con una vitalizada tranquilidad en su mente.
    Esa noche en el comedor del hostal, nos dice que todos le miraban con apreciado tono de alegría y gestos admirativos. Doña Encarnación fue la primera que no pudo resistir su curiosidad femenil y le dijo: – ¿Qué ella quería saber con respuestas precisas lo ocurrido? Ante tal insistencia nos dice que empezó a mostrarse nervioso por sus preguntas, a la vez que sus ojos reflejaban cierta alegría por el interés que sus amoríos causaban. Pero ante las continuas preguntas abandonó su tono y con voz emocionada, terminó por reconocer la gran influencia seductora que Matilde ejercía sobre todo lo que le rodeaba y contesto: – ¡Yo espero que pronto Matilde sea mi compañera! – ¡Señora, le aseguro que se la presentaré muy pronto!


    CAPÌTULO XI

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    editado mayo 2011
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    CAPÌTULO XI


    Mientras tanto la segunda década del siglo XX. Será la mejor después de muchos años para España. Su neutralidad en la trágica Iª Guerra mundial donde las fuerzas aliadas consiguen una penosa victoria, al lograr que él militarismo Alemán quede neutralizado por el momento; dado que solo veinticinco años después se rearmaría con más fuerza provocando la IIª Guerra Mundial de nuevo y que esta fue sin lugar a dudas la más atroz que él ser humano haya conocido. (Esta horrible guerra costo la escalofriante cantidad de más de 80 millones de personas desaparecidas.
    Es verdad que como nos dice el abuelo nuestra neutralidad en dicha contienda, fortaleció la raquítica economía Española. Pero la verdad es que como bien dice, no supo aprovecharla como debiera haber hecho y todo porque España no hizo la llamada revolución industrial de principios de siglo. Donde la mayor parte del mundo occidental no falto a la cita y no cabe la menor duda que esta neutralidad hubiera sido decisiva para ella. Pero nuestro sistema dominado por una oligarquía inoperante desde siglos atrás; vivía en un mundo feudal incapaz de cambios y a esto habría que añadir la perdida de las colonias de ultramar así como sus resultados militares catastróficos.

    No obstante, como gran defensor de la neutralidad española en dicha contienda, reconoce que lentamente pero segura, podría avanzar y dar los frutos esperados. Es verdad que esto duró poco tiempo al soplar con fuerza los aires sociales que azotaban Europa y que debido al feudalismo reinante en nuestro país no se hicieron esperar los movimientos revolucionarios a lo largo y ancho de la península.
    Después de estas explicaciones y una corta pausa, él volvió con su tono agresivo para decirnos que los responsables eran los de siempre, un ejército defensor del poder establecido e incapaz de evolucionar y al servicio de una burguesía inoperante que solo estaba preparado para la represión del interior. Y ante el miedo al avance cada vez más determinado del movimiento obrero y campesino, en crearse con formas totalmente absolutistas grupos de presión. Que con su ceguera al miedo de perder sus privilegios les impedía hacer las reformas necesarias en un país enormemente retrasado.
    Calló un momento y el silencio se hizo profundo, hasta que más tarde como si quisiera apreciar el efecto que su ultima explicación había causado en nosotros. Intentó con su mirada profunda observar nuestro interés en sus radicales comentarios y como quiera que todos permanecíamos silenciosos y con una clara curiosidad por saber más sin dudarlo continuó su faceta de hombre profundo e inquieto.
    Por eso y con esa fuerte inspiración ética…que le caracterizaba y unida a las turbaciones de su pasado arremetió de nuevo contra las instituciones inoperantes del sistema nos dice que él se sirvió de los periódicos como plataforma para sus continuos ataques a un ejército incapaz de sacar enseñanzas de su pasado. En esa época nos confiesa que fue desde la tribuna que le permitía “El País”, el diario de mayor tirada de la capital aprovecharlo para sus fines. Como cuenta también que por su colaboración en varias revistas literarias y sus continuos ataques al régimen que fue un año después condenado por un sobornado tribunal a dos meses de arresto domiciliario.
    Al comprender la dificultad que suponía para nosotros el asimilar sus argumentos, así como la situación que atravesaba el país en esos momentos precisos. Nos dice que mismo para él era difícil de explicar sus propios argumentos, pero que no obstante él actuaba basado en sus sentimientos liberales, de republicano radical y de anarquista comprometido. Y por eso no era difícil de comprender que en esos momentos sus enemigos eran la iglesia, él ejército y después el estado burgués.
    Con una tristeza profunda en sus ojos. Nos confiesa que esa fue una de las etapas más difíciles de su vida y para poder hacer un análisis profundo del conservadurismo político y económico de esta turbulenta España. Habría que trasladarse a casi cien años atrás y analizar con la misma claridad sorprendente que lo hizo Don Mariano José de Larra. Que fue, sin la menor duda el pensamiento político, más riguroso del Siglo XIX. Larra en la “Revista Española” ya denunciaba con virulencia en 1833, la España conservadora y feudal; decía entre otras cosas: “La Verdad es que hay en España muchos terrenos que producen ricos “facciosos” con maravillosa fecundidad y donde hay regiones que dan en un solo año dos o tres cosechas. Se conocen porque basta dar una patada en el suelo y al volver la cabeza nace un faccioso. Larra aborrece desde el principio a ese puñado de facciosos, que van a sembrar de sangre nuestro país durante Siglos.
    Después de un serio análisis de nuestro pasado y volver al presente. Nos dice que nunca se puede olvidar los acontecimientos internacionales que repercutieron con fuerza en España. Al incrementarse de nuevo, las viejas luchas entre las dos Españas y que años después irremediablemente nos llevaría a uno de los conflictos más sangrientos que se hayan conocido. “La guerra civil española”.
    Para mejor comprender el presente y futuro de España, hay que remontarse a los años anteriores de la Rusia Zarista; donde por su feudalismo a ultranza se vio envuelta en una de las revoluciones más sangrientas de la historia y estos vientos de la victoria del pueblo no tardaron en sacudir con fuerza la clase trabajadora Europea. Al principio, en Rusia el socialista moderado formó un gabinete provisional con representantes de la Douma y de los Soviets. Pero la llegada de V.I.Lenin en un vagón plomado de su exilio en Suiza. Hizo cambiar los elementos democráticos del parlamento, al denunciar la alianza social- burguesa y propone a los Soviets la conquista total del poder por la fuerza. Gesto del que él está en total desacuerdo con la actitud dictatorial del movimiento obrero y sus dirigentes en Rusia.
    Después de esta exposición histórica, el abuelo sigue manifestando que él Marxismo dirigido por los bolcheviques era para él una simple dictadura y que dada su ideología anarquista no lo aceptaba mismo si en apariencia los bolcheviques le denominaran dictadura del proletariado.
    Después como profundizando en sus reflexiones de nuevo, nos dice que comprende que esta no obstante fue el detonante para que el explosivo estallara con gran virulencia por todo el viejo continente…
    «Un fantasma recorre Europa.-El fantasma del comunismo» Y sigue diciendo, que por toda una serie de razones, también en España los autonomistas, republicanos, movimientos obreros y los intelectuales hicieron causa común pues sin tardar al poco tiempo la confederación del trabajo y la unión general del trabajo. Concluyen una alianza para llamar a la “Guerra de Subsistencia” y más tarde todas las centrales unidas no tardaron en llamar a la huelga general.
    La situación social que día a día se deterioraba, hizo que él ejército se irritara contra la inestabilidad del poder y entre ellos emergió un joven comandante, que no tardó en ser conocido con el nombre de “Franco”. Este, años después de pasar por una rápida carrera en el Norte de África, el 4 de marzo del 1917 fue trasladado al I regimiento de Oviedo; donde eran frecuentes revueltas de los mineros. Este trágico militar será más tarde el decisivo “triste personaje” que ensangrentó la España democrática y republicana.
    Ante la grave situación social, las juntas lanzan una ofensiva parlamentaria que iba desde los liberales, republicanos, socialistas y anarquistas; a la vez, que cierto número de diputados y senadores exigen del gobierno la convocatoria de las cortes para establecer una nueva constitución. Fue muy corto el tiempo de espera porque ante el inmovilismo por parte del gobierno, las ilusiones de algunos se fueron perdiendo y si a esto se añade la falta de entendimiento por parte de las fuerzas opositoras fue lo que hizo que el gobierno cogiera de nuevo más fuerza. Ante este inmovilismo la situación se hizo insoportable y la unión de las juntas de defensa, la asamblea parlamentaria y los sindicatos pasaron a la acción creando una situación cada vez más difícil al gobierno y al rey.
    Sin forzar apenas su memoria sigue contando, que mientras se desenvuelven las intrigas en los altos mandos del ejército. Los sindicatos presionados por las capas populares lanzan en toda España la huelga general y en Madrid los huelguistas ocupan las cocheras de los tranvías al asalto. Haciendo de ellos carros brindados frente a la guardia civil a caballo. Al mismo tiempo que los obreros ocupan las fabricas y las tiendas echan sus cierres metálicos.
    Ante los peligrosos enfrentamientos entre obreros y guardia civil y a la vez los continuos telegramas enviados al gobierno por los altos cargos militares. La actuación del gobierno no se hace esperar y se declara el estado de guerra en todo el país. La represión será sin piedad, las tropas regulares junto a la guardia civil, los cuerpos de seguridad, los regimientos de infantería así como los escuadrones de caballería; cargaron contra las masas y no dudaron en hacer fuego contra los huelguistas. Las cifras oficiales fueron de catorce muertos en Madrid, treinta siete en Barcelona, veintisiete en Bilbao y una cifra no conocida en Asturias.
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    También nos dice que Asturias fue la región mejor organizada y los obreros disponían de organizaciones sindicales y políticas capaces de resistir más tiempo que el resto de España. Hasta que por instrucciones gubernamentales se dio los poderes al ejército para intervenir. La intervención del ejército se hizo a las ordenes del tristemente conocido coronel Franco, que sin ningún escrúpulo a la vida de la que hace constante prueba a lo largo de su existencia. Pues el cruel y futuro general, aplica en Asturias fríamente con la vida de los demás, el sentido que ya en el norte de África aplicaba junto a su amigo; el repulsivo fundador de la triste “Legión Extranjera” -- “Millán Astray” .“Como defensores los dos de la muerte ante la vida”.
    Estos llamados “caballeros legionarios”, se reclutaban entre lo más bajo de la sociedad y bastaba con enrolarse en la legión para evadirse de la justicia, incluido el crimen. Su himno se izó celebre: «Legionarios a luchar, legionarios a morir». – ¿Dónde están los valientes combatientes? – ¿Dónde está la muerte? Sin la menor duda este característico personaje de la lastimosa historia contemporánea Española, y conocido por el nombre de “Millán Astray”, será sucesivamente amigo e inseparable de “el glorioso caudillo Franco por la gracia de Dios”.
    En Madrid la represión contra el comité de huelga, no se hizo esperar al ser detenido el comité de Madrid. Que según cuenta el periódico “El Liberal”, fueron detenidos en el número 12 de la calle Desengaño y en el domicilio del tipógrafo llamado Ortega. Y cuenta que cuando este se encontraba preparando la mesa con siete cubiertos; por un chivatazo la policía entra en el piso y después de un minucioso registro descubrieron en los armarios y debajo de las camas. Entre otros, al Sr. Largo Caballero, Besteiro, Anguiano y Saborit, firmantes del manifiesto. Encarcelados en la prisión de Cartagena, poco después un tribunal les condenaría a cadena perpetua.
    Sofocada tras una represión feroz la huelga general como siempre al final dio la victoria esperada a la España conservadora y la más pobre oscuridad a los vencidos. Mientras tanto, desde los medios de información y especialmente desde los periódicos madrileños de tendencia liberal. Cuenta que él y sus amigos denunciaban con dureza los acontecimientos y especialmente al cabecilla de la represión el futuro general Franco. Después con cierta ironía, nos dice, que su persona destacaba entre los demás no por su estatura sino por su odio a todo lo que fuera progreso y colocara en peligro la integridad del estado. El poco tiempo que tardo en aniquilar el movimiento obrero en Asturias, lo que le dio una fama nacional al obtener una victoria escandalosa.
    Victoria que no se hizo esperar, pues cuenta que a los pocos días de finalizada la tenaz represión obrera. La policía se presentó en la redacción del periódico con un mandato judicial para llevarlo detenido a la dirección general de seguridad de la Puerta del Sol. Ya con menos rabia, nos acentúa para decirnos que en los pasillos sin gran sorpresa encontró a un grupo de intelectuales detenidos como él y que Dámaso Alonso vino a calmarle los ánimos. Explicarle que los dos estaban acusados de fomentar el movimiento obrero a través de sus denuncias en los distintos órganos de información de la capital.
    Después, como por dar mérito a su situación también nos dice que entre los detenidos se hallaban el doctor Gregorio Marañón, Vicente Alexandre, él filosofo José Ortega y Gasset y su amigo Ramón Gómez de la Serna. Al parecer las diligencias fueron pura rutina, posiblemente por la cantidad de personalidades detenidas, nos dice que pocas horas después fueron puestos todos en libertad.
    Una vez en la calle, dice que de oreja a oreja se comunicaron que a la hora de comer todos se acercaran a un restaurante de la calle de Alcalá; con el fin de redactar un amplio manifiesto para denunciar la sangrienta represión obrera y así como también la situación que atravesaba el país a causa de la ensangrentada e interminable guerra colonial en el norte de África.
    Dicha contienda contaba ya con un considerable número de pérdidas humanas y el “desastre del Annual” que vino a demostrar la baja calidad de nuestro ejército y las esporádicas victorias que se sucedieron solo sirvieron para que los oficiales de cierta graduación hicieran rápidas carreras.
    Para él la causa de todo eso eran ambiciones de poder y las luchas fratricidas entre los mandos del ejército español. Que termino desbordando entre ellos el vaso de agua, así como la imprevisión de Alfonso XIII, de enviar al norte de África al general Manuel Fernández Silvestre. Un militar bravucón y causante en buena medida de la muerte de miles de soldados que fueron derrotados y humillados en Annual; por fuerzas irregulares muy inferiores en número. Y que después la contraofensiva lanzada por el ejército Español tras el desastre de Annual, dicen que fue nada más que para lavar la afrenta sufrida, vengar los muertos y tratar de liberar los prisioneros. Pero la verdad es que no sirvió más que para elevar la guerra colonial a extremos inusitados de brutalidad.
    Tras una corta pausa para recuperar aire a sus delicados pulmones, prosigue para asegurarnos que él al igual que un numeroso creciente de intelectuales, comenzaron a denunciar desde todos los medios la situación intolerante de esta absurda guerra que hace estragos en las “Quintas”. Pues a los pocos días de estos terribles acontecimientos se vuelve a redactar un nuevo manifiesto condenando los errores cometidos una y otra vez por el inoperante mando del ejército. Que según un buen número de periodistas coincidían en que habían utilizado la aviación y la artillería. (Gas-mostaza) y de los que ya todo el mundo conocía sus horribles consecuencias en la I Gran Guerra Mundial.
    Por estas denuncias de los intelectuales y la exigencia de responsabilidades políticas en el parlamento por el desastre de Annual, así como de las continuas sospechas de la implicación del Rey en el origen de la catástrofe. Contribuyeron al desprestigio de la Restauración y de la posterior dictadura del general Primo de Rivera.
    Sin apenas hacer una pausa y sin esforzar su memoria, sigue contando con cierta sonrisa maliciosa como en este segundo e importante manifiesto y después de estos tristes acontecimientos su amigo Antonio Sergio, junto a otros conocidos intelectuales le invitaron a asistir a una tertulia en casa del escritor Pío Baroja; con el fin de confeccionar un nuevo y más duro manifiesto de condena al gobierno. Donde nos dice que dicha reunión fue un éxito, no-solo por el importante número de personalidades de la cultura; sino por la seguridad de su organización.
    Con su triste sonrisa habitual, nos describe la personalidad del escritor Pío Baroja, para después remarcar que fue este hombre el que marcó por su vida literaria e ideológica para siempre. Baroja era un hombre leal consigo mismo, haciéndole asco la ficción y el artificio, siendo su lealtad el eje motor de sus sentimientos, de su arte y de su vida. Su personalidad creo que siempre fue espontanea y con una fuerte aspiración ética. Su carácter quedó plasmado en el testimonio de sus ideas y el fervor por la acción que le llevo a ser un hombre humilde y errante.
    Después con un nerviosismo en aumento, sigue contándonos que Baroja fue siempre un anarquista firme y radical en su ideología: – Primero como enemigo de la Iglesia y después enemigo del Estado, pues convencido estaba que Baroja de sus teorías. Al aborrecer las instituciones fundadas con la sola intención de intervenir en la conciencia individual y de someterlas fueran los que fuesen sus sentimientos. –«Pues él Soñaba con lo imposible; con una sociedad en que los méritos individuales fueran los únicos valorados y reconocidos».
    Con cierta nostalgia pero apoyando siempre las teorías de su maestro sigue explicando: – Que por sus convencimientos, él se fue separando en lo esencial de su amigo él filosofo y escritor Ortega y Gasset y que culminaría más tarde con sus teorías en su famoso manifiesto filosófico – “La Rebelión de las Masas”. No obstante, reconoce, que sus ideas no le impidieron seguir colaborando con Ortega, Marañón, Pérez de Ayala y otros, en la «Agrupación al Servicio de La República».
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    Después de una pausa para recuperar aire, prosigue para decir que también; mismo de su distancia filosófica cooperaba también en la “Revista España”, con Américo Castro, Salvador de Madariaga, Manuel Azaña, Ramón Pérez de Ayala y además puntualiza que contaron con la impulsión de Ramiro de Maeztu que poco a poco inclinara la revista hacia ideales republicanos y antimilitaristas.
    La reunión que sin ninguna duda fue un éxito por parte de los organizadores, fue idea de Ortega y Gasset al correr la voz que sería en el café Levante. Pero su gran capacidad fue la de decidir que se corriera de oído a oído y en la casa de Pio Baraja.
    Y sigue contando que a las tres de la tarde salió del hostal y que caminó despacio y sin dejar de observar a cada instante la posible vigilancia policial. Quería hacerlo a pie, ya que este ejercicio robustecía su voluntad y disipaba las dudas que pudieran seguirle. Y así fue pues apenas una hora después, entro en la calle donde vivía el maestro y que el bien conocía por haber asistido a sus tertulias con anterioridad con su amigo Sergio.
    Fue, al no ver a nadie sospechoso en los alrededores, lo que le calmó los nervios y sin detenerse un instante entró en el portal para después serenarse del todo al salir a su encuentro el cuñado de Pio Baroja, Rafael Caro Raggio.
    Rafael Caro estaba casado con su hermana Carmen, que era escritora y a la vez mujer de gran sensibilidad que con su marido seria después la principal editora de las obras de Baroja.
    Con gran satisfacción sigue contando con gran regocijo, que al interior del gran salón había de pie más de una veintena de personas discutiendo y que al apercibirle uno a uno se acercaron para saludarle. Después su amigo Vicente Alexandre le invito a sentarse a su lado y nos dice que le causo gran tristeza al observar detenidamente a su amigo. Pues nos dice que se asustó al observar su rostro enfermizo, que pese a la falta de claridad en el salón no le impidió observar su blancura macabra y rápida comprendió que su enfermedad avanzaba implacable devorando sus riñones.
    El manifiesto fue redactado y firmado por más de 300 personalidades de la cultura y la político, por lo que el gobierno al sentirse ultrajado no tardó en reaccionar enérgicamente. Pero tuvimos suerte, ya que el gobierno fue incapaz por esta vez de promulgar ningún arresto en particular, no obstante las juntas militares que con acuerdo tácito del rey a toda costa intentaron controlar el poder.
    La verdad es que esta era la moneda de cambio de siempre y dado que en España se vivía en una continúa conspiración. El general Aguidera no disimulaba con su actitud instaurar una dictadura militar, quien la llevo más tarde acabo fue Primo de Rivera. Para que después, este ambicioso y poco preparado ejército, que solo tuvo éxitos en las represiones populares. Por sus fanfarronerías y las ansias de jóvenes oficiales de ganar estrellas, no dudaron más tarde en arrastrar a España en una nueva guerra que esta vez sería la más cruel de todas conocidas.
    Mientras tanto incapaces de una sola victoria, todo el Marruecos español se encontraba doblemente amenazado; por un lado los intereses de un buen número de países expansionistas, como eran la Alemania, Francia y el no-menos imperialista y aventurero que siempre fue la Gran-Bretaña. Ante estas circunstancias un decidido joven militar que cursó estudios en las academias militares españolas y conocido con el nombre de Abd el Krim. Creara un fuerte ejército que tras una inteligente ofensiva y feroz combates recuperó: - Melilla-Nador-Zeluan- Monte Arrit-Dar Drius, que el general Navarro no llegó a defender con los rescatados de Annual y el 9 de agosto se rindió.
    Como segunda fase de sus operaciones el legendario “berbeére Abd el Krim”, llega a las puertas de Melilla que quedo sobre el fuego constante de los rebeldes
    El escritor Sebastián Balfour subraya la singularidad política de Abd el Krim, que solo le movía la ambición de crear una república en el Rif, independiente de Marruecos y libre de ocupaciones extranjeras. Después, el ejército Español incapaz de derrotar a estos decididos rebeldes que llegaron a contar con más de 60.000 combatientes. Exigió la colaboración Francesa, que con un ejército de casi medio millón de hombres, desembarco de Alhucemas en septiembre del 1925, marcando el fin de Abd el Krim. Quien se entregó en mayo de 1926 a las autoridades francesas y fue desterrado a la isla de la Reunión.

    CAPITULO XII


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  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado mayo 2011
    que tal el viejito tumbalocas, levanta bajas pasiones:D:D:D:p:p:)
  • pablogarciapablogarcia Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2011
    Bueno estuve en Palma y no hizo buen tiempo, pero bueno siempre unas vacaciones son un descanso merecido. Saludos
  • pablogarciapablogarcia Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2011
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    CAPITULO XII



    Con una sonrisa que aparecía como dibujada en sus labios, nos confiesa que llevaba viendo dos veces por semana a Matilde y reconoce que su amor se fortalecía por el continuo contacto al prometerse defender con todas sus fuerzas sus sentimientos amorosos que empezaban para él a ser la única y sola ilusión de su vida. – Y sobre todo ante un mundo tan feo.
    Al recordar ese domingo de julio, que según él fue el último de sus encuentros en Madrid, nos dice que a su última cita del Retiro llegó con más de media hora de antelación y que esta vez caminaron solos después que la doncella llegara a un acuerdo con Matilde de caminar a una distancia prudencial de ellos. No obstante, la doncella continua ejerciendo como una escolta tenaz y hostil que con su mirada inquisicional parecía reprimir las miradas acariciadoras de la pareja.
    Matilde según cuenta caminaba cogida de su mano, a la vez que la empujaba hacia delante como una niña traviesa y feliz, a la vez que con su poca fuerza femenil; sonriente estrechaba su mano y sus palabras como sus movimientos tenían una alegría igual a la de los muchachos cuando se entregan juntos a sus juegos preferidos. También recuerda como si fuera hoy que en sus miradas más que nunca, destellaban sin hablarse una firme declaración de amor; pero con cierta tristeza, nos dice que recordar es envejecer y reconocía que es doloroso saber que nunca se volverá a ser joven.
    Más tranquilos sigue contándonos que sentados al borde del estanque, Matilde de nuevo besó sus manos, sus ojos y tras una intensa mirada--su boca. Después ella restregó sus ojos para secar las lágrimas y decirle que no se verían de nuevo pues la semana siguiente se iría con su madre a pasar las vacaciones de verano en San Sebastián. – ¡Adiós, adiós!…
    –Y además te diré que mi madre está al corriente de nuestros encuentros y desde ahora en adelante será muy difícil volvernos a vernos. Matilde mientras tanto no dejaba de besarle en la boca y se retorcía entre sus brazos como si temiera despedirse por última vez.
    – ¡Adiós, adiós mi amor!
    La vuelta hacia la puerta principal la hicieron cogidos de la mano, pero triste y silenciosa y todo pese a que de vez en cuando se detenían para que él con un susurro a su oído le prometiera que se desplazaría a San Sebastián. – Te lo prometo Matilde, pues es imposible imaginarse ningún obstáculo ni tempestad humana que me detenga y te diré que no existe fuerza capaz que me haga cambiar mi mayor deseo.
    Después hubo un largo y penoso silencio que se rompió al verse de nuevo observados por la sirvienta, que con cara de pocos amigos golpeaba el zapato con nerviosismo a la vez que justificaba la caída de la tarde señalando el cielo. Consciente de la situación Matilde fijó sus húmedos y hermosos ojos en él y cogiendo con fuerza sus manos sólo pudo decir: – Antonio hasta pronto. – ¡Adiós, adiós!
    Esta situación le dejo aturdido y no le fue fácil explicar el orden irregular de sus recuerdos. Pero nuestra comprensión fue total al observar el esfuerzo mental que él no mostraba para que no le viéramos hundido e irritado. No obstante, poco después, incapaz de sobreponerse al volver de nuevo a sus recuerdos, empezó a balbucear sin que realmente pudiéramos adivinar sus palabras; hasta que creyendo que acababa de decir palabras inadecuadas quedo mudo. A la vez que sus ojos quedaron fijos en un punto de la mesa y al comprender que nuestras miradas buscaban con curiosidad el punto fijo de su mirada en un abrir y cerrar de ojos volvió a la realidad del momento.
    Para después con voz más fuerte intentó serenarse para decirnos, que el amor era una cosa hermosa; pero que era indispensable escoger una buena compañera para el resto de la vida. Esta reflexión parece que fue la que le hizo situarse en el momento presente y de una manera o de otra volver a insistir en que Matilde fue su única realidad y el mayor tesoro que supo siempre bien conservar. Por lo contrario, reconoce que los sentimientos humanistas que el siempre había creído fueron frustrados.
    Con pesar y ante nuestra extrañeza, por sus profundos cambios sentimentales, con voz entrecortada continua. Pero esta vez para justificarse y decirnos que él siempre había creído en el hombre libre, poseedor de un sentimiento noble y capaz de no doblegarse a ningún obstáculo ante la lucha por lograr sus objetivos. Pero descubría ahora que él poseía las mismas pasiones, alegrías y debilidades que cualquier ser humano.
    – ¡Ah la vida!
    – ¡Qué engaños, que ilusiones bordamos sobre ella para ocultarnos la realidad de su drama!
    – Está bien y perdonen muchachos… Dijo con visible desesperación.
    – ¡Yo siempre fui un monstruo del liberalismo y de la gratitud y todo pese a mis debilidades!
    Bueno perdonar de nuevo y os seguiré contando que aunque en el comedor del hostal terminaba la tarde, porque por sus balcones entraba ya el resplandor rojizo de un sol medio escondido. Dice que le cambio el pensamiento la voz chillona de su amigo Ramón que llegaba acompañado de Encarnación y de su sobrina.
    –« ¡Venga aquí, que parece usted un alma en pena!». – Don Antonio, le pregunto y conteste con franqueza: – ¿Se fue Matilde y ese es su verdadero problema? Insistía con cierta risita irónica Encarnación y la cual nos dice que le desesperaba. – ¡Pero qué remedio! Pues él comprendía que era de broma y había que amoldarse a las circunstancias.
    Dona Encarnación y su amigo continuaba frente a él y con las miradas fijas en sus ojos, dado que continuaban esperando una respuesta a sus preocupaciones y fue entonces comprendió que no debía de conformarse con esperar la vuelta de Matilde a Madrid. Por eso en ese momento y como bien él sabía que Ramón cubría con sus artículos de sociedad los periódicos El Sol, La Voz, Revistas de Occidente y El liberal; trabajar su astucia para convencerle de que este verano le acompañaría a San Sebastián.
    –«Siéntense ustedes»… Volvió a insistir con voz reposada que marcaba sin la menor duda su forzada pausa entre sílaba y sílaba. – «Lo primero que les diré que Matilde marcha a San Sebastián y no sé hasta qué punto ustedes se sienten interesados y pueden ayudarme», dijo con marcada decisión…
    Atónita, Encarnación escuchaba con la mirada fija, el entrecejo fruncido y los labios apretados. – ¡Míralo–Míralo! – ¿Ramón este hombre nunca me tomo en serio? Le dijo Encarnación como sí se sintiera herida con una sonrisa misericordiosa, por sus continuas dudas; para luego continuar hablando: – « ¡No, no dude don Antonio que en esta casa todos le aprecian de corazón!». – ¿Don Antonio usted no ha oído decir que los marineros sienten una pasión loca por el barco en que navegan? – ¡No sea niño! – ¿Cree que nosotros carecemos de sentimiento? – Pues pregúntele que piensa de su caso su amigo Ramón».
    Mismo si las palabras de Encarnación le dejaban más tranquilo, reconoce que por primera vez sintió inquietud y molestia ante la naturaleza con que Encarna trataba sus dudas, pero cayó por admiración y respeto volvió a decirle: – «En fin Antonio, tal vez le haya herido, pero cuente para todo de corazón con nosotros. – ¿Tengo acaso otra familia que ustedes?». Y fue tras una corta pausa que sonriendo maliciosamente y con un simple guiño para tranquilizarlo le dijo de nuevo.
    – ¡Sí, señor! Ramón le ayudara sin mayor problema. – ¿No es verdad Ramón, que lo harás? Ramón no tardo en afirmar las últimas palabras de Encarna y acogió con noble modestia las expresiones de confianza de su amada y dijo: – «Es verdad que ahora estoy muy ocupado pero basta que vallas de mi parte a la Revista de Occidente y seguro que pronto estarás en San Sebastián».
    Ramón nació en Madrid y estudió derecho y muy temprano se sintió atraído por el periodismo y sus obras se caracterizaron por su arrolladora personalidad. Hasta tal punto qué creó un estilo conocido por el Romanismo, sinónimo de independencia, esteticismo y provocación. Autor de más de cien libros de todo género como la novela, el ensayo, el teatro o él artículo periodístico del que fue maestro indiscutible.
    En lo que él definió con su estilo, llamado “metáfora más humor”. Ramón practicó el madrileñismo, una ligazón especial con esta ciudad de la que le atraía su vida cultural y bohemia. Sin embargo, no hay que confundir su frialdad divertida, con el nihilista que ante la sociedad caótica y carente de valores en que le toco vivir; él respondió con la extravagancia más habilidosa.
    Tras una corta pausa, comprendimos que el abuelo intenta de nuevo ordenar sus recuerdos con cierta tristeza por un pasado que no volverá y nos dice que pese a su pausa no le era difícil recordar aquellos años que según él se manifestaban con extraordinaria fuerza sin dejar de repetir que fueron años muy felices. – ¡Qué época aquella!» Y con ligera sonrisa al seguir recordando con entusiasmo su juventud, dijo: – ¡qué las ganas de vivir y de poder estar cerca de ella le producía unas ansias que si bien consideraba ridículas unas veces, otras las creía hermosas y audaces!




    CAPITULO XIII
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  • pablogarciapablogarcia Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2011
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    CAPITULO XIII

    Mismo si el sol caldeaba la Estación del Norte, nos dice: – ¡Qué qué bien se estaba allí! Y que no le importaba además que se esparciera por el aire, el clásico tufillo de carbón recalentado que a veces sé hacia insoportable. Como también que ese bullicio ensordecedor que caracterizaba la muchedumbre enloquecida al agitarse en el reducido espacio de los andenes. La verdad es que para él, esto era insignificante dado que ahora, el amor por un lado y por otro el verano, le parecían días felices en comparación a su antigua vida y por lo contrario ahora le parecía el presente una existencia tan bonita que era como si se hallara soñoliento o como flotando en un sueño.
    Como otros años no dice que no le fue difícil a su amigo Ramón, cubrir la corresponsalía de varias revistas de Madrid con acontecimientos que pudieran desarrollarse en la capital de la aristocracia en verano, que era sin ninguna duda que San Sebastián y que a él esta oportunidad a la vez le ofrecía el mejor experimento periodista de su vida. Dado que en San Sebastián veraneaba la mayoría del Gobierno e incluida la familia Real.
    Para despedir a Encarnación que parecía con sus gestos seguir la marcha ininterrumpida del tren, Ramón desde la ventanilla movió su pañuelo con la mano. Para después ir dejando atrás esa ciudad tumultuosa que era Madrid para después de a ver transcurrido varias horas el tren atravesaba un largo túnel que le permitía su entraba en la provincia de Segovia.
    Por la noche volvió a llover y estuvo oyendo el golpear del agua largo tiempo. Pero cuando creyó haberse dormido le pareció que ya solo se oía una llovizna más callada. Al no poder reconciliar su sueño nos dice que fijo su mirada en los vidrios de la ventanilla y fue cuando observó que estaban cubiertos de vaho por dentro y del otro lado las gotas resbalaban en hilos gruesos para dejar paso a las demás y estas al unísono creaban un pequeño bisbiseo como el de grillos.
    Por fin, San Sebastián la perla del Cantábrico, donde la aristocracia Española había encontrado la ciudad ideal para sus vacaciones de verano. La aristocracia buscaba siempre el juego y se desplazaba con facilidad entre Biarritz y San Sebastián. Ramón conocía este mundo dado que llevaba varios años frecuentando la ciudad y cuenta que siempre que entraba en el casino se encontraba con algún conocido maltratado por la suerte, que llegaba hasta el suicidio. Para el abuelo el casino era un portento de mal gusto. No creía en el poder mágico del negro y el rojo y repetía con desprecio que dudaba de – ¡Los milagros de la ruleta!
    Ramón cogió las deducciones del abuelo con una sonrisa silenciosa, para después decir: – Antonio fíjate en él publico de este jueves, veras que todos son “señoras o señores” y observa cómo van todos vestidos.
    – Si Antonio, ellas copian las modas de París y ellos siempre van aviados al mejor estilo de las últimas películas de Hollywood y además veras que aquí no hay mendigos… – Amigo, el casino es la certeza de que la aristocracia y los nuevos ricos seguirán llegando y estas gentes seguirán cuidando este mundo de privilegiados como de su propia vida.
    – ¡Parece imposible como tú dices que en la ruleta haya tantos milagros!… ¡Pero si la hay y siempre para los mismos! – "Los que lo manejan".
    – Se lo aseguro y yo solo puedo hablar de lo que conozco y le aseguro amigo que un día escribiré sobre las irregularidades y los problemas que se derivan del juego.
    El hotel de las Antillas, que era donde se hospedaban, estaba situado en la parte alta de la ciudad, era un edificio sólido y de grandes dimensiones. Sus cornisas se destacaban por su color rosa y los muros blancos y existía en él cierto ambiente “chic” que daba al hotel una afinidad romántica.
    Aún no había amanecido cuando despertó y nos dice que extrañado indudablemente de la blandura de su lecho y se incorporó al notar que le faltaba el aire fresco de la calle. Recuerda bien, que fue atravesando pasillos y que después de encontrase en un hermoso parque; siguió caminando hasta oír cada vez más cerca el sonido del mar. Inquieto siguió paseando hasta descubrir un brusco acantilado que por su belleza le dejo asombrado; pues desde allí se divisaba un mar enfurecido que rompía con fuerza el acantilado como si se tratara de un vulgar enemigo. El choque continuo de este inmenso océano levantaba unas enormes crestas de espuma que llegaban incluso a salpicarle el rostro. Esta belleza era mínima si se comparaba con el fuerte color amarillento que se extendía en la inmensa superficie del océano causado por los rayos del sol saliente en este divino amanecer.
    De vuelta al hotel, encontró a Ramón desayunando y a la vez ojeando varios periódicos. Sobre las diez de la mañana salieron en dirección del paseo que bordea la bahía de Santa Clara con su concurrida playa de la Concha, donde según su amigo encontrarían paseando la flor de la aristocracia nacional.
    El Cantábrico y la famosa bahía de San Sebastián estaban a sus pies, y aquí su oleaje era tranquilo como sí quisiera mimar la playa al no sentirse este inmenso océano amenazado por los relieves bruscos del acantilado. En la bahía, se observaba unas aguas de un intenso color azul, peinadas por un suave oleaje que en su ir y venir creaban una espuma blanca como el nácar.
    Detrás se halla el casco antiguo de la ciudad que está emplazada en el istmo de una tierra firme con el rocoso y elevado monte Urgull coronado por la fortaleza de La Mata. En la falda se encuentra el palacio de Miramar (residencia de verano de los reyes) que durante la restauración se convirtió en el lugar de veraneo de la burguesía madrileña. Más al centro, destaca el teatro María Eugenia y así como el más elegante casino de España.
    Luego como hipnotizado, nos siguió contando que no pudo por menos de lanzar una nueva mirada al mar y observar como las nubes blancas que flotaban en el horizonte oscurecían con un mate azul la isla de Santa Clara y a su izquierda el acantilado del Peine de los Vientos. Luego como entusiasmado ante tanta belleza, nos dice que fue cuando se hallaban de espaldas apoyados en las balaustras que bordeaban la playa. Que escuchó pronunciar su nombre y cuando volvió su cabeza nos dice que no la habría reconocido seguramente la persona, de haberla encontrado en otras circunstancias…
    Era Isabel la Marquesa de Grimón que a simple vista no parecía la misma que el día en que su hermana preparó el encuentro “fortuito” con ella en su casa de Madrid.
    Su detenido examen no pareció molestar a Isabel, dado que ella le observó a la vez con una maliciosa sonrisa a la vez que sus ojos denunciaban con brillo especial su coquetería femenina. Más tranquilo y despreciando sus antiguos perjuicios, sé acerco a Isabel para besar su mano, mientras Ramón con elegante movimiento extendió su brazo hacia ella pidiendo que le presentara tan hermosa señora. En esta circunstancia, él nos dice que nervioso termino por presentarle a Isabel como amiga de su hermana y que ella a la vez les presento a su acompañante que era una mujer mayor que ella.
    Dicha mujer y ante su sorpresa nos dice que no era otra que la esposa del gobernador civil de la provincia. Después y apenas habían terminado las presentaciones, nos dice que a pocos pasos de ellos en una profunda discusión dos señores se acercaron a ellos.
    Las presentaciones fueron cordiales y sin sorpresas al reconocer Ramón a los dos personajes. Por lo contrario nos dice que él se sintió preocupado por el modo en que se habían iniciado las conversaciones. Y por eso dice nervioso comenzó a divagar su pensamiento al no encontrar las palabras adecuadas ni la forma de como se dirigiría a ella. – ¿La tutearía? Al fin y al cabo en sus jóvenes años, jugaron juntos. – ¿Pero cómo hacer? Las dudas fueron ganando su pensamiento, hasta que al observar de nuevo al esposo de Matilde, se dijo que si bien era un hombre favorecido por la vida. No debía de ser esto la causa de sus complejos hacia un personaje vacío de sentimientos.
    Este señor que a simple vista se adivinaba acaudalado, aún parecía joven y no iba más allá de los cuarenta. No obstante, al personaje en cuestión, se le empezaban a marcar las primeras canas de su pelo ondulado; era moreno, algo grueso y poseía unos ojos negros y penetrantes. Por las malas lenguas y confirmado por su amigo, supo de sus traiciones maritales con cierta hermosa actriz de un teatro francés de Burdeos y además que desplazaban sus amores entre los hoteles de Biarritz y San Sebastián.
    Pero fuera aparte de estos cuchicheos, el rápidamente comprendió que Isabel, quería sacar provecho de este encuentro y no se equivoco. Al cortar la conversación y pedir a su esposo que les invitara a la fiesta que se celebraría próximamente en los salones del casino con motivo de su cumpleaños. Después con cierto orgullo nos dice que al despedirse de ellos, ella volvió repetidas veces su cabeza y observo que con visible elegancia femenil les perseguía con su mirada.

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  • pablogarciapablogarcia Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2011
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    San Sebastián en la segunda década del siglo, era una ciudad reluciente con unos paseos marítimos realmente divinos que brindaban a la burguesía un ideal cuadro de lujo y nos dice que en sus andares cotidianos el abuelo con cierta tristeza creía ver siempre a Matilde entre las jóvenes mujeres del paseo. Pero no fue así, aunque reconoce que su viaje no fue en vano ya que su amistad con Ramón fue en aumento y esto le permitió tratar con personas de cierta influencia que en el futuro cambiaron su situación.
    Por todo esto, tuvo que cambiar su indumentaria, imitando con cierta elegancia a los “caballeros” que encontraban en el hotel y los paseos.
    Al lamentarse de la injusticia social que reinaba en España con relación al lujo existente en que esta ciudad contaba con sus sentimientos de indignación y por eso volvieron a su conciencia con fuerte intensidad. Pero al fin terminó por aceptar los consejos de su amigo al pedirle que no exagerara: –«Amigo, tú no puedes mantener la pobreza en el vestir como antes. – ¿Es que no reconoces que eres un periodista en funciones? – Pobre Antonio debes desarrollar tu imaginación y aunque vivimos entre el lujo y nos sentemos en sus mesas. –Pero no obstante tu como yo seguiremos criticando esta gentuza des humanizada.
    Al no comprender su nieto porque su abuela Matilde no se hallaba en San Sebastián como él creía y preguntarle qué es lo que en realidad había pasado. Su abuelo luego crear de nuevo una pausa, se dirigió a tos nosotros para decirnos apenado que Matilde se encontraba todavía en Santander. Pero que no obstante por su hermana supo que ella en esos días se hallaba ya preparando el viaje a San Sebastián. Y todo porque su madre había sido invitada a la fiesta que el marqués con motivo de su cumpleaños daría en él casino. Pues al parecer la madre de Matilde tuvo gran amistad con los padres del actual marqués de Grimón y además, ella ansiaba conocer a su joven y bella esposa por ser según los comentarios una joven sin título de nobleza.
    Con una sonrisa de satisfacción, dice que por ella más tarde supo que mientras preparaba su viaje apoyada en la ventana, nerviosa intentaba en el horizonte descubrir la silueta de su inolvidable Antonio. Para también decirnos con cierta tristeza que su madre buscaba en esa fiesta el encuentro con un joven que pertenecía a una familia de la aristocracia bilbaína y que pese a que su madre lo mantenía en secreto ella suponía que su madre buscaba su posible enlace con él.
    Por eso a Matilde le dijo que ella no compartía la alegría de su madre por asistir a dicha fiesta y que pese que deseaba verle. Esto a ella la dejaba angustiada dado que sus pensamientos estaban en el recuerdo inolvidable de aquellos días en Madrid. Y por eso pensaba que debía de encontrarle pronto para pedirle que la llevara de una vez para siempre a vivir con él… Y sobre todo antes de que fuera tarde.
    Ella no podía esperar que su madre ahogara sus ilusiones, casándola con un hombre que no amaba, pero que si lo rechazaba según su madre, quedaría soltera y amargada el resto de su vida. –No, no podía dejar su destino en manos de su madre. – ¿Qué haría su Antonio en estos momentos? – ¿Se habría olvidado de ella? –No, no puede ser la vida sea tan ingrata con ella.
    Luego nos dice que Matilde ya más serena, Le dijo que hacía días que no recibía noticias de él y por eso se dijo que al estar solo y sentirse libre se habría olvidado de ella. Al fin y al cabo. –Nadie se muere de amor. Por todo esto después le dijo que después al sentirse desesperada, se encerró en su cuarto y extendiéndose en su cama irrumpió en continuos sollozos.
    Bueno continuare para deciros que al avanzar la mañana en esta hermosa ciudad, las primeras nubes matinales fueron diluyéndose para dar paso a un sol radiante que ya sin trabas daba un brillo deslumbrante a la bahía y sobre las once ya el paseo de la Zurrola se convirtió en un espectáculo movible. Por eso Ramón sin dejar de retirarse el sombrero saludaba con cierta cortesía a los paseantes conocidos y que según él eran siempre los mismos que encontraba frecuentemente los domingos en el paseo de la Castellana; pues la mayoría formaban parte de la aristocracia madrileña.
    Como apesadumbrado y con un gran pesimismo después vuelve a crear una nueva pausa, para decir que sin Matilde los días para él se seguía y perseguían sin la mayor importancia y además ese día cuando que se levantó después de una corta siesta y pregunto de nuevo que hacía en San Sebastián si ella no estaba allí. Pues después de los múltiples paseos por la bahía y asistir en dos ocasiones al teatro no consiguió en ningún momento poderla sacar de su pensamiento. La verdad es que desde que llegó no había conseguido tener más noticias de ella y nos dice que llego a pensar sí la madre de Matilde no habría adivinado sus intenciones.
    Más tranquilo nos dice que al mirar a través de los visillos de su cuarto, descubrió que el cielo estaba nublado como era corriente en el País Vasco. Y que además al abrir el balcón observó que el aire ese día era pegajoso y húmedo como en la costa levantina. No obstante, recordó que era sábado y esa noche con su amigo asistiría a la fiesta con motivo del cumpleaños del marido de Isabel en el casino y nos dice que presintió en todo momento que ella también asistiría.
    Serian diez de la noche cuando llegaron los dos a la explanada que serbia de aparcamiento a la continua llegada de carruajes y automóviles de lujo que de manera especial dado que estos flamantes automóviles comenzaban a ser una moda para la aristocracia y que para los de a pie solo les queda contemplarlos con envidia. Sí, así era, pues al dueño le endiosaba ver las miradas admirativas que producía en la gente estos flamantes vehículos. A la vez que no era para menos la satisfacción de ellos, el observar la envidia del resto de las transeúntes.
    Al acercarse a las amplias escalinatas que conducían a las puertas del casino, los invitados creaban un ensordecedor bullicio, que acompañaba al del que provenía del interior del casino. Pero fue después atravesar unas puertas giratorias que le sorprendió como los sirvientes con cierta elegancia recogían los bastones, sombreros y estolas de las más ricas pieles que las damas lucían con vanidad. Y como a la vez ellas con cierta elegancia al despojárselas de sus chaquetones con maliciosa coquetería dejaban al descubierto exuberantes carnes y el comienzo de sus senos.
    Ante su admiración y como adivinando sus pensamientos, Ramón le invitó a pasar a un mayor y espléndido salón donde colgaban tres inmensas lámparas de cristal que daban una luz tan intensa que nada tenía que envidiar al astro Sol. Para después seguir contando que sin mayor explicación había comprendido que eran los salones donde se desarrollaban los bailes de la alta sociedad de los que tanto había oído hablar.
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  • pablogarciapablogarcia Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2011
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    Pero lo que más después le sorprendió fue como al fondo del amplio salón una banda compuesta de una docena de músicos en ese momento hacía sonar sus instrumentos mientras las parejas entrelazados por la cintura deslizaban los pies sobre el brillante suelo de mármol a la vez que giraban los tacones al son de la música.
    Era verdaderamente fascinante según él estos movimientos, dado que al unísono todas las parejas en perfectos y elegantes movimientos reflejaban en sus rostros el sentimiento de un gozo infinito.
    Fue al contarnos este ir y venir de las parejas que nos dice que mismo sí a él, le costaba comprender este fastuoso lujo para los demás bastaba y era justificable por su siempre cómoda existencia. La verdad es que hay tantas cosas de nuestra vida que son completamente superfluas, pero estas como tantas otras cosas para la mayoría se hacen perdonar y todo al comprender la necesidad del contacto entre dos seres opuestos hace la vida más agradable. Al inspirarnos estos movimientos un intenso morbo, que nos conlleva al mismo sentimiento que se desarrollan el resto de los animales en su momento de celo.
    Después, la música no tardo en cambiar su sonido y fue en ese instante que todos los ojos se volvieron hacia una pareja que cogidas del brazo penetraba en el salón, y que no eran otros que los marqueses Grimòn. –Anfitriones de la fiesta. Después cuando la música dejó de sonar las parejas fueron agrupándose con sus respectivas familias o amistades y fue cuando el abuelo reflexionó fríamente que pasaría parte de la velada siendo presentado a un sinnúmero de personas que Ramón bien conocía. Por eso ante esta nueva situación se preguntaba continuamente: – ¿Qué expresión seria la suya al encontrarse con estas gentes que le obligaban a un gesto de fingimiento continuo?
    Como en todas las fiestas de sociedad, lo primero era dar paso a la ceremonia y en este concepto las intervenciones fueron de continuos elogios hacia la persona del señor marques. Aquí se hallaban los distintos personajes de las finanzas que halagaban las últimas proezas comerciales del anfitrión, pero para él estos elogios sonaban a música celestial y al mirar con cierta insistencia observaba a las mujeres más jóvenes con la esperanza de que en cualquier momento apareciera Matilde.
    Al irse cansando de la fiesta y como faltándole él oxigeno nos dice que seguía observando los grandes ventanales que daban a una extensa terraza, pero fue cuando apenas habían terminado las intervenciones. Que sus ojos se encontraron con los de Isabel, que con un disimulado gesto les pidió que se acercasen.
    La marquesa les fue presentando a un grupo de banqueros sin dejar de halagarle como distinguido profesor de economía de la universidad de Madrid, para después coger a su marido por el brazo y acercándose a su oído comprendió que estaban hablando de él. Y a si fue, pues poco después el marqués se dirigió de nuevo a su persona para pedirle que esteva interesado en discutir con él los pormenores de una importante responsabilidad en su banca. Luego nos dice que Isabel acompañada de otras dos señoras, volvió a encontrarse de nuevo con él le habló de su hermana Teresa; pero en particular de la importante oferta para en su día trabajara él con su marido. – ¿Antonio esperó que las proposiciones de mi marido no hayan caído en saco roto? … – ¡Prométame que lo tendrá en cuenta! Ante la buena fe con que Isabel insistía en que aceptara las proposiciones de su marido, él término contestando.
    – «Sí, es posible y lo pensaré» y sonriendo le agradeció de corazón lo que ella hacía por él y su hermana.
    Nervioso ante las continuas observaciones de las que era objeto por parte de las señoras que acompañaban a Isabel. Sus ojos no tardaron en descubrir, la extraña malicia y los gestos que las acompañantes de la marquesa se intercambiaban al observar el interés que la marquesa mostraba hacia su persona. Y nos dice que menos mal que al darse cuenta su amigo con su intervención le salvo a tiempo de la situación embarazosa en que se hallaba.
    Más calmado y sin dar mucha importancia a la animada conversación que mantenía su amigo con el grupo de mujeres. Nos dice que volvió con disimulo a observar el lujoso salón y quedó entusiasmado al contemplar sus techos policromados cargados de frisos de azulejos y mosaicos dorados. A la vez que una mayor curiosidad observo los ángulos del salón donde había estatuas de bronce pulido que representaban figuras de la mitología Griega. También dice que le llamo la atención la continua imitación del oro y a las piedras preciosas con el sólo motivo de deslumbrar más el ornamental y espléndido salón. Después al seguir observando las gentes, así como el refinamiento y la soltura en que se movían. Quedo maravillado sobre todo de la normalidad de sus gestos al despedirse de unas personas y pasar con cierta reverencia a saludar al grupo más cercano.
    Luego y al seguir fijándose en las personas con cierto asombro nos cuenta que descubrió de espaldas a él a la madre de Matilde. Pero a la vez cuenta que tuvo que disimular su alegría al ver que acompañándola se hallaba su Matilde. Que con tristeza nos dice que iba acompañada por un “caballero” con gruesas gafas que no dejaba dudas a una avanzada miopía y por su corte de pelo muy propio de un militarista convencido.
    Con su gesto habitual, la señora marquesa se acerca al corro y se detuvo sorprendida al ver que en él se hallaba él, persono que para ella sin la menor duda era la persono menos esperada. Después, suspiró un poco inquieta y con disimulo como no queriendo darle más importancia que la que ella de vía darle continúo su conversación, para decir: – ¿Tú? - Pero eres tú. Exclamo la marquesa. – ¡Qué sorpresa me has dado!…Saludando cordialmente a Isabel.
    – No me diga que es usted la señora del marqués de Grimón. –Sabe mi marido, que en paz descanse éramos muy amigos de los padres de su marido. Pero nunca pensé que la más bella jovencita de Corvera de Toranzo y como en los mejores cuentos, terminaría siendo la futura marquesa de Grimón». A Isabel las últimas deducciones de la marquesa no le hicieron mucha gracia, pero su refinada educación le hizo hipócritamente sonreír, para después sin dar la mínima importancia a su última palabra, cambiar de conversación.
    Con una sonrisa preocupante y maliciosa, el abuelo sigue contándonos que lo más curioso fue cuando Isabel quiso presentarlo. Pues observo como la marquesa se agitó y con un gesto agresivo e irracional para luego decir.
    – «No, no es necesario y nunca creí encontrar aquí a tal individuo»…Después sin complejos y mirándole con cierto desprecio pidió a Isabel que por tanto no tenía inconveniente saludar si se lo presentaba a su amigo Ramón. Dado que no tenía el honor de conocerlo personalmente; pero si había oído hablar mucho de él y nos sigue diciendo que después de saludar a su amigo volvió a mirarle con ese desprecio que la caracterizó el resto de su vida.
    Tras un desagradable y corto silencio la marquesa se echa a reír anormalmente y después de suspirar hondamente termino por decir;
    – «Ustedes no comprenden, pero yo espero que mi problema está bien claro y espero que ellos en su día se basen por la ley de la lógica.
    Bueno dejemos las cosas como están y les presento a don Rafael Sánchez Mazas, periodista como usted y buen escritor». Él a la vez que Ramón, estrechó con cierta resignación la mano de aquel joven espigado que Ramón, al parecer bien conocía y que además años después se cruzaría en sus vidas al ser todos protagonistas de esa cruenta y dolorosa guerra civil.
    Sánchez Mazas no sé si fue buen escritor pero lo que sí se sabe es que fue amigo de José Antonio Primo de Rivera y el ideólogo de la tan triste falange Española. Su infancia transcurrió en Bilbao donde la familia de su madre, María Rosario-Mazas y Orbegozo, era un clan familiar de la alta sociedad vasca con inclinaciones literarias. Emparentados con Miguel de Unamuno y sólidamente implantados en los más importantes negocios del país, de ahí la amistad con la madre de Matilde y el proyecto de un matrimonio arreglado.
    Este extraño personaje escribió su primera novela en 1916- “Pequeñas Memorias de Tarín”. Por Ramón también supo que escribía en la revista “Hermes” que aglutinaba a un puñado de escritores, católicos estadistas, devotos de la cultura romana y de los valores de la civilización Occidental. Era muy amigo de Ramón de la Bosterra, él que fue uno de los más notarios integrantes de ese grupo de escritores que la mayoría de ellos pasaría años después a ingresar en las filas de la falange.
    Este grupo de facciosos según Ramón se reunía en la tertulia del Lyon d’Oro, un café situado en plena Gran-vía de López de Aro, donde Sánchez Mazas brillaba como culto y gran orador. Al parecer la madre de Matilde era su gran admiradora y años después según nos cuenta el abuelo este extraño personaje por su alto cargo en el gobierno franquista, nos dice con cierta tristeza que a los pocos años del final de la guerra por mediación de Matilde, favoreció la vuelta condicionado de su exilio.
    Sin importarle prácticamente la conversación e incapaz de desviar su atención de Matilde, observó la situación embarazante de su amada que continuaba incapaz de levantar su vista del suelo, todo lo contrario de su madre que sorprendía con sus gestos y sus formas arrogantes de moverse en sociedad.
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    editado mayo 2011
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    Más tranquilo nos cuenta que frenético ritmo especial la música invitaba a las parejas a lanzarse a la pista de baile, porque esta vez era una pieza especial que hacía furor por toda Europa y que se conocía con el nombre de”El Charleston”.
    Por eso Ramón incapaz de resistir a la tentación aprovechó la situación e invitó a Isabel a ganar la pista.
    Jamás en ninguna época, según nos cuenta habían sentido las mujeres más afición al lujo ni menos escrúpulos para conseguirlo. El collar de perlas que lucían las hembras en sus pechos semi-descubiertos era su único uniforme de gala y las que no lo llevaban se juzgaban infelices en su suerte. En una palabra, era ese lujo que solo se puede conseguir por ese maldito dinero que no tiene olor; pero si apellido de origen.
    Si era una época fabulosa donde la burguesía sintió como nunca las ansias desenfrenadas de vivir y todo esto porque les favorecía la horrible destrucción de la I Guerra Mundial que como siempre aprovechaba a los que sabían sacar partida de la miseria humana al ser ellos los que siempre ganaban. Pues pocos años después para no perder sus privilegios no dudaron en propiciar una guerra que fue civil y una de las más cruentas jamás conocida.
    Luego con cierta ironía nos habla de la marquesa que según él era muy dada a las fiestas mundanas y sobre todo después de su prematura viudez. Dado que según algunos hombres ya maduros y que fueron jóvenes al mismo tiempo que ella admitía que había poseído una belleza distinguida. Pues en realidad, ella no-se tenía por fea, aunque sus encantos parecían endurecidos por su gesto duro y altivo. Al contrario, su hija si bien había heredado su morena belleza. Era más afinada y débil de carácter y esto la hacía más femenina y no menos inteligente. Su personalidad se agrandaba con una expresión de humildad y timidez en sus palabras y la mirada. Matilde sin ninguna duda era una mujer de una simpleza y frescura virginal; hasta en sus pequeñas cosas, se notaba un fuerte interés por escuchar y aprender.
    Después de estas reflexiones, tuvo que volver a la penosa realidad de la situación presente y nos dice que se encontraba irritado y nervioso. Pero nos dice que no debía, exteriorizar sus sentimientos. Ante tal situación, Matilde que como todas las mujeres era observadora; quiso varias veces calmarle y solo llegó con la mirada hacerle comprender que cuando pudiera hablaría con él de la gravedad del momento.
    Ante esta tensa situación dice que todo cambió, cuando se acercó una mujer que indudablemente era la compañera de Matilde y que al acercarse nos cuenta que esta se cimbreaba al moverse como un Cipres. Pero por mucho que lo intentaba lucir su feminidad esta se afeaban por sus espesas y gruesas cejas, así como su nariz que era más bien gruesa y además también su obesidad la afeaba a un mas su cuerpo juvenil.
    –« ¡Hola, hola!». Dijo la muchacha colgándose del brazo de Matilde, a la vez que pidió perdón a los presentes, señalo la terraza como invitación a seguirla. Al alejarse ellas Matilde volvió disimuladamente la cabeza y con la mirada le pidió que la siguiera; pero él pensó que debía de ser discreto y pensar en los presentes. Por eso temiendo que la conversación se prolongase y no poder estar seguro de sus nervios dirigió una mirada de auxilio a su amigo que rápidamente fue comprendida. Pues Ramón con esa inteligencia que le caracterizaba dio por terminada la conversación al alegar que otros invitados les pedían que se acercasen.
    No le fue difícil acercarse disimuladamente a la terraza y al entrar su amiga que se hallaba detrás del gran ventanal con una sonrisa maliciosa le señalo el sitio exacto donde se encontraba Matilde. Luego nos dice que al ver que ella lo esperaba apoyada en las balaustras de la terraza, su corazón comenzó a latir fuertemente y vio como ella se secaba sus lágrimas a la vez que apretaba los labios. Él acarició con cierta melancolía sus manos, luego su rostro y por unos instantes puso sus labios en los suyos para después dejar caer su cabeza sobre su hombro. Para luego con voz temblona hizo una pequeña pausa para decirnos que al separar la cabeza de su hombro. Ella puso sus ojos acariciadores en él y conteniendo su respiración le dijo: – ¡Llévame contigo!…
    Después de un corto silencio conmovido al parecer por las continuas caricias de Matilde cuenta que incapaz de seguirla viéndola sufrir y derramar sus lágrimas la dijo: – ¡No, no llores, por favor, te lo suplico! – ¡Pobre Matilde!…
    – ¡Pobrecita mía! Y sin dejar de acariciarla, nos dice que Matilde le miro a los ojos y sin rodeos la pregunto.
    – Ahora que estamos solos, podamos hablar con más libertad y le pido de corazón que me diga la verdad de una vez para siempre.
    – ¿Me quiere?
    Al ver la expresión preocupante de Matilde, nos dice que frunció el entrecejo y la dijo con voz firme: – «Usted ya me ha dicho todo lo que yo esperaba y la aseguro que yo sé lo que tengo que hacer.
    –Además sepa que no vivo más que por su amor y le seguro que la alegría de mi vida es usted y todo mi mundo es suyo.
    Al apoyar sus codos sobre la mesa y sujetarse la cabeza con sus manos, todos comprendimos que el abuelo había llegado a una etapa de su vida decisiva. Y nos equivocamos pues al seguir relatando su pasado con esa enérgica decisión propia de su persona, nos dice que sin ser advertidos, se presentó de improviso en la terraza la “señora marquesa”.
    – ¿Matilde, qué haces ahí?
    – ¡Esto es una vergüenza!
    –Te lo ordeno y deja enseguida la oscuridad y a ese hombre que solo busca tu perdición.
    – ¿Pero qué dices mama? Exclamo con dolorosa indignación Matilde.
    – ¡No, no voy con usted a ninguna parte!…
    – ¿Esa es tu respuesta?
    – ¡Sí y no habrá otra!
    Más tranquilo al oír las respuestas afirmativas de Matilde, nos dice que la marquesa a la vez presa de cólera dijo: – “Me voy”. Su expresión era preocupante al mantener el entrecejo cerrado, pero nos dice el abuelo que se fue; pero apenas había dado unos pasos que se volvió, para seguir insultando a su hija y ahora con más agresividad.
    – « ¡Mala hija!». Grito la “piadosa” marquesa con voz recia como queriendo avergonzar a su hija ante el corro de personas que las rodeaban.
    – ¡Qué vergüenza señor!
    – Se quiere marcha con un anarquista, ateo y plebeyo.
    – ¿Qué dirán de nosotras la sociedad?
    – No, hija no tienes vergüenza. ¿Dios como se puede deshacer una familia así?
    – ¡Ay señor en nuestros tiempos las cosas no eran así! – Buen que se vaya…– en estas condiciones da vergüenza tenerla en casa.
    Después la marquesa con voz entrecortada y como queriéndose justificar con los presentes intenta de nuevo justificarse a sí misma y todo por no haberla sabido educarla a su manera y como el no haber podido llegar a tiempo a cortar esa ceguera que estaba arrástrala este mal hombre.
    Ya con cierta alegría en su rostro nos dice que Matilde ante el silencio que habían causado entre la gente los reproches de su madre y al no ser capaz de crear una salida a sus interrogantes. De nuevo apretó sus labios y dio unos pasos por la amplia terraza como queriendo volver al salón con su madre; pero nos dice que al llegar a la amplia puerta del salón, clavo su mirado en su rostro y con una sonrisa quedo frente a él. Para después y sin pensarlo más correr hacia él como una niña mimada para dejarse caer en sus brazos y sollozando decirle: – « ¡Llévame contigo!».
    Un abrazo acompañado de beso en la boca y ya más tranquilos, nos dice que volvieron entrelazados al salón y fue cuando vieron que su amigo Ramón seguía conversando, pero esta vez con distintos personajes y todo pese al el ruido ensordecedor reinante. Uno de ellos era un señor ya viejo y con su reluciente medalla del mérito civil en la solapa y el otro, alto y delgado con aspecto de funcionario retirado. Mientras la música seguía tocando una y otra vez el Charleston el baile más moda que en sus saltos desenfrenados lo más original era el movimiento de sus largos y pesados collares con su gruesa perlas. A la vez era curioso ver como sus brazos se cruzaban con sus piernas intentando crear un juego impulsado al unísono del ritmo de la música y se dijo que el mundo no era difícil para todos.
    Cómo si alguien le hubiese puesto al corriente de lo ocurrido y ver el rostro sollozante de Matilde. El abuelo se adelantó para explicarle su embarazada situación, pero a la vez le pidió que se ahorrase sus consejos ya que él sin ningún problema se responsabilizaba de todo lo sucedido. –«Antonio le diré que su caso puede inscribirse como el mejor melodrama que jamás pudiera soñar un escritor».
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    Luego los tres salieron del salón en busca de un lugar menos bullicioso donde poder conversar y observar que ella deseaba al continuar hablando del tema quiso calmarla: – «No tema usted, su madre que no ha nacido ayer y conoce el mundo como yo y está convencida que pronto volverá con ella. Vera como no mueve un dedo al pensar que sus amores son momentáneos y no tan fuertes como para que usted haga la locura de renunciar sus privilegios».
    Ya bien entrada la noche volvieron al hotel de las Antillas, pero esta vez nos dice que acompañado de Matilde y de una vez y para siempre. Nos ostente dice que él estaba convencido que ella se sentiría más serena y segura después de las palabras reconfortantes que había recibido por parte de su amigo Ramón.
    Una vez en el hotel durmieron en habitaciones contiguas, pero antes de separarse cuenta con cierta voluptuosidad que al separarse no olvidara que fue la primera vez que después de sus abrazos la oprimió dulcemente su cuello le sujetó sus cabellos rizados de su cabeza; para después poco a poco inclinar su rostro hacia sus labios ávidos de besos. Después con cierta picaresca sigue para decirnos que las dos bocas acabaron por unirse y recuerda bien que ese beso fue interminable.
    Después al ver la actitud maliciosa, que había causado en nosotros sus últimas palabras siguió hablando con toda normalidad, para decirnos que Matilde tampoco pudo conciliar el sueño esa noche y todo porque no dejaba de asombrarse de su propia osadía. Para luego ya sin fuerzas con los brazos rodeando el almohadón de seda lloró sin limpiarse las lágrimas casi toda la noche.

    CAPÌTULO X IV

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    CAPÌTULO X IV

    Empezaba anochecer cuando el tren de San Sebastián hacia su entrada en la estación central de Madrid, pero él al mismo tiempo que saboreaba su felicidad. A él le parecía que Matilde, por su nueva situación mostraba cierto recelo.
    – «Veras Matilde dentro de poco llegaremos al hostal y conocerás a la señora Encarnación que será para ti como una madre y a la vez una buena amiga. – ¡La he hablado tantas veces de ti, que se alegrara mucho al verte!».
    Al hostal llegaron cuando apenas los faroles de gas daban luz a las concurridas calles y nos dice que fue Encarnación que abrió la puerta para dar paso primero a Ramón que permaneció inmóvil en el quicio de la puerta para que Encarna no viera del todo a Matilde.
    – ¡Buenas noches Encarna! Los ojos de ella brillaron con una irónica sorpresa y sólo atinó a decir: – ¡Y para esto hace falta tanto misterio! – “Sepa usted”, que al ver a esta bella mujer, me figure al instante que era Matilde. – ¡bienvenida la esperaba! – ¡Esta es su casa!
    Según el abuelo para Matilde fue una gran sorpresa de la manera que fue recibida en hostal, pero reconoce que para ella habían transcurrido casi veinticuatro horas sin que apenas pudiera dedicarse a sus cuidados y si ella se creí transformada físicamente por los últimos acontecimientos. Para él no cabe la menor duda, que aunque las horas habían sido largas como meses y si a simple vista parecía más envejecida no por eso dejaba de ser menos bonita.
    A la mañana siguiente, Matilde con cierta facilidad se había adaptado a su nueva existencia, al mostrarse de nuevo laboriosa y emprendedora. Y nos cuenta él que no tardó en conquistar la simpatía de la totalidad de las personas con su trato. Pues de la misma manera que antes con su elegancia se desenvolvía entre la gente de su clase, ahora lo hacía con esa sencillez propia de su persona.
    En el hostal, según cuenta después de cenar la mayor parte de los días, se formaban unas simpáticas tertulias que cambiaba totalmente la cotidiana vida de la gente y estas veladas para Matilde fueron fundamentales pues que poco a poco fue conociendo un sinnúmero de personajes del mundo literario. Sí, la verdad es que ella se hallaba contenta al ir descubriendo que sus nuevos amigos eran menos ignorantes que esa gente que pertenecía de nacimiento a las clases privilegiadas. Y además, estaba radiante satisfacción al comprobar con que amabilidad la estaban acogiendo ya que nadie puso entredicho sus orígenes ni su personalidad.
    Como todos los enamorados satisfechos de su felicidad, Matilde al poco tiempo había conseguido olvidar su pasado y no encontraba otro interés que amar a su Antonio y ser amada por él. Ella estaba tan satisfecha del resultado de su aventura emprendida, que parecía ya haber sé olvidado el despotismo de una madre; que no vio nunca más allá que los intereses económicos de su clase. Es verdad que hubo por su parte una aceleración algo loca, pero su vanidad femenina y los sinceros amores de él estarían siempre por encima de su situación social.
    A primeros de septiembre la vida entró en su rutina diaria, y pese que él llegaba tarde de su trabajo Matilde con facilidad se fue acostumbrando a su nueva existencia ya que Encarna cada día se dejaba llevar más por ella en lo que concierne a lo decorativo. Pues el hostal cada día que pasaba parecía otro, al ir cambiando los visillos de las ventanas y los cortinajes del salón y además Matilde mostraba su talento y la admiración de todos ellos, al usar a menudo el piano de cola del que Encarna se sentía tan orgullosa el piano de cola del que Encarna se sentía tan orgullosa.
    A mediados de septiembre, por un auxiliar de correos uniformado recibió una carta certificada y al leerla descubrió que procedía ni más ni menos del propio presidente del Banco Santander. Hay momentos que no se olvidan y recuerda bien que así comenzó ese día que distinguió del anterior por qué soplaba un vendaval que hacía casi imposible marchar a contracorriente por esa calle de Alcalá. Calle bien conocida de todos los madrileños, por estar situada en una empinada cuesta donde casi siempre el frío y aire se hace insoportable.
    Aquel día no dejo nada al azar nada que pudiera entorpecer su presentación y para eso Matilde le aconsejo no precipitarse en las respuestas para que tuviera tiempo suficiente y eso le permitiera meditar las respuestas más adecuadas. Poco después ya nos dice que se fue calmando y todo pese a que él sabía que tendría que vérselas con un hombre habituado a clasificar y distinguir las personas. Y nos dice que al penetrar en una de las innumerables oficinas, observo como un buen número de mujeres tecleaban en la iluminada sala, las últimas y flamantes maquinas de escribir salidas del mercado.
    Y admirado dice que al irse acercando a la recia puerta que daba paso al despacho central. Nos dice que se asustó al ver que la puerta se abrió sin su llamada, a la vez que un auxiliar elegantemente uniformado le dijo que ya podía pasar. Para después este dándose la vuelta con cierta elegancia anunciaba su nombre a la persona que se hallaba detrás de una voluminosa mesa cubierta carpetas y manuscritos bien ordenados.
    – Pase, pase señor Hernández y dígame que se decidió por fin darme una alegría con su visita.
    –«Perdón, he venido a verle con motivo de la carta que Ud. me envió».
    –Ante todo le pido perdón por mi torpeza, pero anda un tan atareado que se me fue el santo al cielo. –Perdone Señor Hernández, pero le aseguro que esperaba su visita con cierta impaciencia, aunque le aseguro que mi esposa hubiese preferido que nos hubiera usted visitado en mi casa.
    – ¡Siéntese aquí Sr. Hernández y preste atención a lo que le voy a decir!
    –Después de una información precisa, he meditado sobre su capacidad intelectual y no quiero ocultarle que es usted el hombre de adecuado que la banca necesita para desempeñar el cargo de consejero económico al servicio de mi persona.
    –Y por eso espero que lo medite y me dé una respuesta precisa con el fin de dar las órdenes precisas para su rápida incorporación.
    Al no recibir respuesta rápida a su proposición, el marqués sin quitar sus fijos y redondos ojos en él, siguió hablando con una voz cada vez más suave para terminar diciendo que él sabía de sus ideas.
    –«Pero le diré que lo que me cuentan, nunca le di importancia porque yo también fui un joven inquieto».
    El abuelo salió de aquel despacho con el alma rendida a la evidencia y recuerda que se avergonzaba al pensar en su nueva situación. Pero después pensó que la vida le sonreía aunque no estaba seguro de llegar a dominar el poder de los negocios y poseer esa fuerza creadora que hacia surgir nuevos negocios. Sí, ese poder mágico que esclavizaba a la mayoría de los hombres con el dinero.
    – ¿Sería capaz de hacer danzar los millones sin que sus sentimientos se saliesen de su trayectoria? – ¡Más vale así, porque Matilde se lo merece! Después y tras una corta pausa, con una sonrisa justificativa nos dice que aún no podía explicarse que la vida le sonriera así y le presentase tal oportunidad.
    Al volver al hostal, y antes de cerrar la noche encontró en el comedor a Matilde ayudando a Encarnación servir las mesas y que al verlo se precipitó como una niña en sus brazos. Hablo con rapidez, deseoso de expulsar fuera toda su satisfacción y convencido que se hallaba en un salón donde todos le eran como de la familia. Pero dado que algo extraordinario había ocurrido en torno a su persona, nos dice que pese al deseo egoísta que experimento de comunicar a los demás sus emociones y alegrías, quedo indeciso al no saber qué actitud adoptar ante una noticia que si bien era muy importante para él, no sabía qué efecto podía causarla a ella y a ellos.
    Matilde nos dice que tardo en comprender su situación y sentimientos y por eso salió al paso para decirle que a ella no la importaba su nueva colocación: – Sabes Antonio que para ser feliz, le basta al hombre con tener asegurado la satisfacción de sus necesidades y yo me conformo con que me ames. – Y además te diré que yo no admiro a esos fanfarrones modernos del capitalismo que dejan de ser humanos y le digo con toda sinceridad, dado que para mí lo más envidiable es ese hombre capaz de imaginar un gran poema como tú.
    – ¡Pero Matilde por favor! – ¿Quién ha visto a un anarquista crear himnos a la riqueza?
    –Si es verdad, pero por eso yo te pido que por una vez no seas un anarquista de vista corta y si crees que para mí el dinero lo es todo estas equivocado.
    – Ríete, pero sabes que me da rabia la hipocresía de los pregoneros del ideal, que maldicen el dinero en público y luego corren tras él como un cobrador de banco.
    Después de la conversación con Matilde, nos cuenta que estaba contento de su decisión, pues esto le daba una santificación sana al poder ofrecerle una situación más segura y confortable a la mujer que él amaba. No obstante, al mirar largamente a Matilde, de nuevo observó que ella continuaba con sus reproches, aunque esta vez eran ya más elocuentes. –«No obstante, Antonio te diré que yo no creo que con tu extraordinario talento no sepa usar solo el dinero con fines solamente lucrativos, sino también para ayudar socialmente a las persona. – Por eso debes aceptar el puesto que te ofrecen, dado que nuestro país necesita de hombres de gran capacidad intelectual como tu».
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    El abuelo exhaló un suspiro y levantándose recorre el salón con paso torpe para decirnos que Matilde llevaba razón porque la verdad es que la “poesía ya no existía”. Después, al sentarse de nuevo en su silla, se acodó en la mesa y apoyando sus velludos puños puso sus ojos como ausentes en un recuerdo que no parecían tan lejanos para decirnos. Que la vida que llevo después, fue monótona al consistir su trabajo en una administración del dinero lo mejor posible y de lo que más se acordaba de esa época era de que como tuvo que hacerlo para dar salida a su necesaria normativa matrimonial.
    Dos días había estado pensándolo, pero no podía callar más tiempo y comprendió que debía dar el paso. – Sí era muy importante y tenía que decírselo de una vez y para siempre que deberían cuanto antes casarse.
    – Matilde, no - no podemos seguir así, debemos casarnos y encontrar el hogar más adecuado a tus necesidades. Al observar su rostro pensamos que el abuelo se encontraba en una incertidumbre y no nos equivocamos al verle sonreír como algo inesperado y gracioso por sus creencias. – ¡Aunque estaba convencido que las mujeres hacen cometer al hombre las mayores locuras!
    Encarnación al anunciarle que sería nuestra madrina, nos dice que reía con alegría infantil pero quedo más complacida cuando se le dijo que Ramón seria a la vez su acompañante. La noticia de su reciente boda fue acogida con gran alegría por la totalidad de los huéspedes, así como por un buen número de personas relacionadas con la literatura y la enseñanza. También nos dice que fueron invitados su familia y sobretodo sus protectores y amigos de siempre Sergio y su encantadora esposa.
    Más tarde en vano pensó que la marquesa, pero pese a ser invitada y anunciarle que la boda se celebraría por la iglesia; contesto que asistiría y su réplica fue de una dureza infamante. – ¿hija no te da vergüenza, una aristócrata heredera casada con un plebeyo y anarquista? Y días después recibieron de nuevo una carta amenazándola que si se casaba sería desheredada. Pero según nos cuenta tal amenaza a ninguno de los dos le dieron a dicha noticia la mayor importancia.
    –«No se preocupe Sr. Antonio, si me lo permite Matilde su hermana y yo nos ocuparemos de los preparativos». Dijo Encarnación con una sonrisa propia de una madre satisfecha de su hija y abrazando a Matilde reconoció que se daban todas las condiciones para que su matrimonio fuera feliz.
    El primer día del mes de noviembre y a las diez de la mañana. Matilde y él se hallaban puntuales a la puerta de la parroquia de San Martín, situada en la calle Desengaño. Donde anteriormente Encarnación y por mediación de la viuda del coronel Perales convencieron al cura para celebrar una boda sencilla y sin misa.
    – ¡Qué guapa esta Matilde! – Miradla: – Parece una reina. A lo que Teresa escuchaba complacida riendo maliciosamente de las palabras de su hermano.
    – ¡No, no hermano no te hace falta abuela!
    Encarnación después de observar a Matilde y escuchar los halagos de su futuro esposo, con una risita de conejo siguió diciendo: – « ¡No te la mereces Antonio!» y todo sin dejar de dar sus últimos retoques al traje que ella mismo había confeccionado. Como también nos dice que ya antes de salir del hostal vio que Encarna, había organizado los preparativos de la fiesta y sobre la mesa se hallaban formando en círculo con varias bandejas de pasteles elaborados por ella y las demás mujeres del hostal.
    El día era hermoso, un verdadero domingo de finales de otoño y recuerda que se hallaba con la sangre enardecida pese a sus reproches continuos al no poder soportar los intensos olores de cera e incienso. Pero quedo más satisfecho cuando al pasar por las filas de invitados que se hallaban en la iglesia, a todos sus amigos y entre ellos oyó Ramón decir: – ¡Mirad que bien se comporta y yo diría que parece como si toda su vida no hubiese hecho otra cosa!
    Los convidados fueron entrando en el comedor del hostal, confundiéndose unos con otros y a pesar del decorado sencillo la fiesta fue alegre y ruidosa. Pues a media tarde, se formó un grupo espontaneo de guitarras, acordeones y castañuelas animando la velada con alborozados bailes.
    – «¡Muy hermoso!». –Exclamo Isabel que asistía a la boda no acompañada de su marido, el cual pese a ser invitado no vino por encontrarse, según Isabel… en cualquier hotel entre “Biarritz y San Sebastián”.
    –« ¡Muy hermoso!». Volvió a exclamar Isabel. A lo cual, doña Encarnación con las mejillas coloreadas por la satisfacción, de tantos elogios con que la que todos la alababan, respondió. – Pues figúrese usted Señora, si no es para estar una orgullosa.
    – ¡Pues aquí se halla la mejor biblioteca de España! –No, no lo dude usted señora marquesa. Pera luego seguir con cierta obstinación, repitiendo la misma frase pero más acentuadas que allí se hallaba reunida parte de la intelectualidad madrileña.
    La verdad es que el amor había transformado sus sentimientos y al parecer del abuelo también hasta el modo de desde ese día cambiar los dos la forma de vestir. Pues según él desde que conoció a Matilde, parecía haber caído en una verdadera apatía filosófica y le asustaba creer que sus sentimientos se estaban modificando. También, achacaba este fenómeno a su actual situación, ya que sin la menor duda esta le obligaba adquirir nuevas formas de comportarse. No obstante, no nos fue difícil comprender que el abuelo intentaba justificarse con un gesto misericordioso y pese que él trata de sonreír como si se sintiera lavado de todo intento de reproche la verdad que no era así.
    Desconocer los verdaderos problemas de la situación económica y social de aquella España. Era un engaño cruel pues se equivocaban los españoles al imaginarse al hombre de negocios como simples especuladores del dinero. Las bancas según él intentaban romper los negocios raquíticos de esta sociedad feudal, incapaz de acabar con los privilegios de unas riquezas tradicionales y monopolistas. España seguía en manos de unos cuantos centenares de hombres, que no hacían otra cosa que transmitir sus privilegios de generación en generación.
    Es necesario romper con las clases sociales que hacen imposible acabar con estos moldes. El capital no debe de ser algo misterioso e invisible que sólo se deja conocer por unos cuantos, pues el dinero debe correr como el agua y a la vista de todos. Una democracia al servicio de la comunidad y que esta reconozca que todo servicio tiene un pago ya que los hombres sólo debe ser valorado por su capacidad y no su descendencia familiar.
    Con cierta modestia al hablarnos de su nuevo cargo; da prueba de nuevo de su lucida memoria al darnos con exactitud los nombres de las personas que en aquella época jugaron como él un papel relevante en el desarrollo del que sería uno de los más potentes bancos de España. Entre ellos la familia Botín, originaria de Puente de San Miguel en Cantabria y que desde varias generaciones cumplían cautelosamente sus servicios al banco y nos cuenta además que Emilio Botín joven emprendedor y dinámico trabajó desde un principio con él y en el año 34 fue nombrado director.
    Sin pausa sigue contando, que los años siguientes fueron monótonos, en lo que se refiere a su trabajo. Pero nos dice a la vez, que su situación económica fue mejorando y a los pocos meses le permitió dejar el inolvidable hostal de Encarnación para trasladarse a vivir a la calle Del Desengaño. Donde alquilaron un piso que reunía las condiciones que Matilde merecía.
    Para después con una sonrisa que parecía escaparse de sus labios, contarnos que apenas un año después nació su primera hija Teresa y que un año y medio más tarde nació su segunda hija llamada Matilde que es la madre de este buen mozo que veis aquí.


    CAPÌTULO XV

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    CAPÌTULO XV



    El abuelo pasó su mirada por el sombrío salón, para después atusándose la barba comenzar hablar de nuevo; pero esta vez con una triste sonrisa en sus delgados labios.
    –«No quisiera recordar nada de esta época tan brutal de nuestra historia». – ¡Bastaría con volver la espalda y no recordar para no sufrir! ¿Qué hay detrás de mí? ¡No comprendo qué falta a mis años puede hacerme, si no fuera por vosotros! – ¡Pero no es justo ignorar la historia de ayer por ser la consecuencia del presente!
    Vosotros acariciáis todavía las nebulosas ilusiones de la juventud, pero pese a todos los esfuerzos estoy convencido que mismo después de mi muerte seréis adultos y el fascismo y su dictadura seguirá pesando como una losa sobre vuestras vidas.
    – ¡Tened cuidado! – El paraíso con que soñáis deberéis conquistarlo, pese a que el momento preciso de cambios os amenace con una nueva revolución.
    Con la aprobación de los demás y después de una larga pausa su nieto Antonio, a media voz y con una sonrisa tierna de admiración pidió al abuelo que continuase mismo si para él suponía al recordar la época de su mayor tristeza. A lo que el abuelo no tardo al responder sin titubeos: – ¡Si, si no es tan fácil como pensáis! –Pero si la memoria me es fiel continuaré».
    La verdad es que en España las cosas nunca fueron de rosa, pues la oligarquía reinante no toleró jamás ningún cambio en sus privilegios; ni modernización de las inoperantes estructuras arcaicas. Por todo esto, la situación política se deterioró día a día y además con esa absurda guerra en África de donde llegaban noticias cada vez más desastrosas. Por todo esto el 13 de septiembre de 1923, primo de Rivera dio un golpe de Estado militar para el que contó con el beneplácito apoyo del ejército y el del propio Alfonso XIII.
    También hay que sintetizar que en el periodo en que Primo de Rivera ejerció el poder en España. Se suspendió la vigencia de la Constitución de 1876 y su dictadura quedo dividida por los historiadores en dos etapas muy bien definidas: –La del directorio militar de 1923-1925 y la dirección civil de 1925-1930. Diferentes ambas por los dos gobiernos designados por él. La dirección civil de esta última se la conoció con el nombre de “dicta-blanda”.
    Primo de Rivera estableció un régimen. Que partió de una gran improvisación doctrinal. En el manifiesto hecho público el 13 de septiembre se mostraba depositario del clamoroso requerimiento del “Pueblo Sano”. Contra lo que ellos denominaban elementos subversivos a las órdenes de potencias extranjeras. Dicha actitud se impuso con el objeto de llevar a cabo la “liberación de la patria”.
    Mismo a los sucesos de la retirada de Xauen. El año 1924 se acabara con el triunfo de los rebeldes a las órdenes de Abd el-Krim y mientras tanto en la península, la guerra del Rif no interesa a nadie. Al contrario irrita la opinión pública y el dictador muy influenciado por el fascismo italiano. Creó un partido único: “La Unión Patriótica”. A la vez, disuelve el congreso de los diputados y el senado y reemplaza los consejos municipales por comisiones administrativas. La verdad es que en tiempos de la dictadura la paz, no existió y no solo en Marruecos sino también en las fronteras y en las calles. El 24 de junio Primo de Rivera tuvo que afrontar un complot el día de San Juan, conocido como “La Sanjuanada”; donde un grupo de oficiales se subleva contra la dictadura, y entre ellos “Weyler” un viejo capitán general cargado de medallas, y héroe de la legendaria guerra de Cuba. Como también el general Batet y Riquelme y el capitán Galán. Un mes más tarde serán los anarquistas emigrados en Francia que intentaran pasar la frontera, siendo cercados y reducidos por la Guardia-Civil.
    En junio de 1927 se puso fin a la guerra de Marruecos y tres meses más tarde se produjo la convocatoria de la Asamblea Nacional Consultiva. Encargada de redactar una nueva constitución, así como aprobar otras series de leyes fundamentales. No obstante, fue en el campo de la Hacienda y de Obras Publicas donde el régimen dictatorial consiguió ganar sus mejores bazas. La verdad es que Calvo Sotelo logro aliviar la deuda pública y monopolizo un sector productivo clave como era el petróleo. En obras públicas, al calor de la situación económica se ampliaron y mejoraron carreteras, puertos y regadíos.
    La oposición a la dictadura se acrecentó especialmente a partir de 1928, con las numerosas reuniones de intelectuales. Donde no faltaron Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle-Inclàn, Fernando de los Ríos y José Ortega y Gasset por no citar a los que a lo largo de la charla no dejaron por sus ideas de hostigar la dictadura. También hay que destacar los movimientos estudiantiles, políticos de casi todas las tendencias, sindicalistas y militares. Que se enfrentaron al régimen “primorriverista” y en algunas ocasiones con movimientos revolucionarios. Que, en enero de 1929. Encabezó el político conservador José Sánchez Guerra.
    Ante la creciente presión de la mayoría de los sectores de la población y la falta de apoyo de sus propios compañeros de armas. Primo de Rivera presento su renuncia al rey Alfonso XIII el 28 de enero de 1930, dejando tras de sí todo un cumulo de problemas irresueltos; incluida la misma viabilidad del sistema monárquico. Poco más tarde se exilió a Francia y, el 16 de marzo de ese mismo año, falleció en París. El reinado de Alfonso XIII había quedado inevitablemente unido a la dictadura de Primo de Rivera y el final de esta supuso el anuncio del ocaso de aquél.
    Por tanto, todo el mundo quería a Don Primo de Rivera. Él era simpático, y como decían los españoles este hombre gordo, amigo de las comilonas y siempre tenía un especial apetito no solo por los manjares sino también por lo sexual. Se dice que amaba beber, charlar y fumar y cuando más bebía más le gustaba hablar. Como buen aristócrata y español, su debilidad eran las mujeres, gastando fortuna detrás de las elegantes cortesanas de París y también de las prostitutas que él frecuentaba en los bórdeles nocturnos de Madrid.
    El abuelo con la boca pegajosa, pide a su nieto que le sirva un vaso de agua y nos dice que entre la dimisión de Primo de Rivera y la del rey, España quedo en un completo vacío político y fueron estos los catorce meses los más difíciles de la última monarquía española.
    Mientras tanto, el general Dámaso Berenguer es llamado a formar gobierno y este intenta una política de reconciliación a golpes de amnistías que fueron vanas. Al acordar la unión de las izquierdas, en una reunión celebrada el 17 de agosto de 1930 en San Sebastián, donde se intento crear las bases del futuro régimen. En ella estaban presentes, el republicano Lerroux, el neo-republicano Azaña, los socialistas – Indalecio Prieto y los monárquicos arrepentidos – Alcalá Zamora y Miguel Maura y los sindicalistas y separatistas.
    En fin, “El pacto de San Sebastián”, fue futuro gobierno provisional de la República y este mantiene sin fuerza a la monarquía. Hasta que los acontecimientos de Jaca y de Cuatro-Vientos traerán después, el germen de la inevitable Guerra Civil.


    CAPÌTULO XVI
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    CAPÌTULO XVI


    En 1931 las clases trabajadoras recibieron la República con los brazos abiertos, porque valoraba la libertad y la importancia que se había dado a la cultura. La República, desde su principio, hizo un gran esfuerzo por erradicar el analfabetismo; al mantener a los maestros al día, mediante las misiones pedagógicas.
    El día que se proclamo la República nos dice que bajaba la Gran-Via en dirección a la calle de Alcalá y recuerda bien que la gente “gritaba” ¡Viva la República! ¡Ha entrado la República! Y quedó impresionado cuando vio que la gente estaba con los guardias, se ponían sus gorros y gritaban todos a la vez: “¡Viva la República!”. Todo el mundo reía y todos estaban contentos.
    Las elecciones a cortes constituyentes, fueron por fin convocadas por el gobierno provisional y se celebraron el 28 de junio de 1931. Dando el triunfo a los socialistas (Partido Socialista Obrero Español, PSOE) y varios pequeños partidos republicanos, qué fueron los encargados de formar un nuevo gabinete presidido por Aniceto Alcalá Zamora. En junio del 33, este gobierno se vio obligado a llevar a cabo una pequeña remodalizaciòn gubernamental, aunque llego a dejar algunos ministros en sus puestos y entre ellos. Cambió en Industria a José Franchy Roca, Agricultura a Marcelino domingo, Trabajo a Francisco Caballero, Hacienda a Agustín Viñuales, Gobernación a Santiago Casares Quiroga y Obras Públicas a Indalecio Prieto.
    En aquellos días que precedieron a la instauración de la República, nos cuenta que tuvo que defender su causa en continuas reuniones, y esto suponía salir de casa muy temprano, para después desayunar y comer en un café- restaurante situado en la calle de La Montera a pocos metros de la Puerta del Sol y regresaba tarde a casa. Mientras Matilde quedaba sola en casa y en esa espaciosa habitación que a él le parecían inhospitalarias y todo pese a que los únicos objetos que había en ella a ellos le parecían hermosos y no eran otros que los juegos y risas de sus adoradas hijas.
    Días después, sigue contando que fue a verle su viejo amigo Sergio acompañado de un hombre que no debía tener más de treinta años, pálido, con larga barba, cargado de espaldas y que le fue presentado como Agustín Viñuales secretario del Ministerio de Obras Publicas. – ¡Perdón a mi pregunta indiscreta, pero me parece usted muy joven! ¿Es verdad eso que acabo de oír?». Agustín Viñuales sonrió al oír estas palabras a la vez que en su consumido rostro de joven instruido, aparecía como distraído. Luego con voz completamente distinta y como si representara una obra de teatro dijo: – «Vengo a ofrecerle así como a su amigo el señor Antonio Sergio, que trabajen conmigo en el nuevo Ministerio de Obras Publicas y a las ordenes de Indalecio Prieto y que a la vez me encargo personalmente de comunicarles que el viernes les espera en su despacho». – « ¡Eso no lo esperaba, pero si Sergio está de acuerdo cuente conmigo!».
    Como bien habían acordado les esperaba en su despacho del Ministerio, el socialista Indalecio Prieto; hombre extrovertido y de aparente buena salud. Indalecio Prieto, se caracterizaba por unas gruesas mejillas y una papada que denunciaba su voraz apetito así como el capricho de una buena mesa. Sentado en un holgado sillón, Indalecio fumaba y se sentía tan seguro en su nuevo despacho como cuando en sus tiempos de agitador exacerbaba en Bilbao las masas proletarias. Y sigue contando que al verlos y sin dejar su grueso cigarro se levanto para decirles: –«La dificultad de nuestra tarea reside en el peligro de las fuerzas conservadoras que amenazan la integridad de nuestra joven República. – Por esto y como yo sé como ustedes piensan; no debemos jamás dejar en lo más mínimo seguir defendiendo nuestras respectivas ideologías y todo porque nuestro deber ha de ser honrado y abierto con el nuevo Estado Republicano.
    La reunión terminó en un ambiente apacible y sincero, acordándose llevar a cabo las reformas profundas y urgentes que el ministerio tenia encomendadas. Después, Indalecio Prieto puesto en pie y mirándoles con sus ojos claros, alegres y saltones que le caracterizaban, le dijo: – «No dudo señor Hernández de su sincera cooperación y de su capacidad intelectual. – ¡Ah! - Y sobre todo Muchas gracias por aceptar esta difícil responsabilidad».
    El abuelo recordaba todo aquello con la misma emoción que lo había vivido y nos dice que el camino fue muy difícil al encontrar obstáculos infranqueables por parte de una España ultra nacionalista y conservadora. Estos vieron en la República, no sólo un cambio en la forma de estado; si no en la amenaza que esto suponía para los intereses económicos y el poder de privilegiados que gozaban. Por eso no tardaron en alentar e impulsaron la gran conspiración que aglutinó como siempre los capitalistas, industriales, latifundistas, militares y rentistas muy vinculados a la mayoría de la iglesia. Esa Iglesia que también veía peligrar su dominio cultural ante el creciente laicismo de la sociedad, fruto de las medidas republicanas legisladas y emprendidas.
    No se trata de hacer una defensa de la IIª República, ni defenderla como algo perfecto, ni tampoco pensar que todos los republicanos tenían una misma proyección de futuro; basada en una radical transformación social. Era más sencillo que todo eso y más complicado al mismo tiempo. En resumen, de lo que se trataba era de instaurar, desarrollar y fortalecer en España el principio de justicia social; de la libertad para todos, en lo que se refiere a las garantías judiciales y de la confrontación pacifica de ideas. Pero en esos momentos históricos reconoce el abuelo, que parecía imposible la fusión entre política, cultura y pueblo para dar un salto en el desarrollo de nuestra sociedad. Pero mismo reconocía que si se fracasa entonces, no significaría que no fuera necesario, sino que los enemigos fueron demasiado fuertes y las fuerzas del cambió demasiado débiles. Pues la derecha se enfrento a la IIª República, y antes a la Iª República, no solo por la forma de estado republicano, que no le preocupaba si llegaban ellos a controlarlo, sino por el contenido social y cultural de ella.
    Este proceso político que condujo al más sanguinario fracaso, se debió porque la república Española eligió sus cambios políticos y sociales en una Europa capitalista asustada de los cambios efectuados en la Rusia Bolchevique y por todo esto las fuerzas reaccionarias desarrollaban con gran rapidez gobiernos fuertes. En Alemania, Hitler es nombrado canciller del Reich e impone la ley nazi. En Italia Mussolini es nombrado el Duce y establece su dictadura fascista. En el resto de Europa las fuerzas fascistas forman organizaciones para militares y el nombre de “fascismo” en Europa viene a la moda y su viento furioso no perdona a España. En 1921 la primera asociación de estudiantes socialista, junto a los Anarco-sindicalistas se deshace de toda formula Marxista y vienen esencialmente católicos. Algo típicamente español y que será su “formula substancial del genio popular español individualista y autoritario que predominara. Así, estas concepciones, sin la menor duda contribuyeron a la formación de las juntas de defensa nacional sindicalista
    Quizás en ningún otro país resulta más aparente que en España este introvertido análisis de la realidad nacional. Si no basta oír en todo instante de nuestra vida, los innumerables títulos biográficos de nuestra guerra y las más significativas son: Raíz y decoro de España; – España, un enigma histórico; – La realidad histórica de España; – Origen, ser y existir de los Españoles; – España como problema; – reflexiones sobre la vida espiritual de España; – La España invertebrada; – Hacia otra España; – Vida de Don Quijote y Sancho; – El porvenir de España; – Una hora de España. Como se ve a lo largo de su analizada historia seta confirmada la realidad que España, fue y es siempre un examen de conciencia y nunca un acto de contradicción. Y como bien decía Azorín. « España se repite, repite lo de ayer hoy, lo de hoy mañana. Vivir la situación de hoy es volver a hacer lo mismo.» Pero el abuelo nos dice que era echar raya, sumar y no seguir, porque la dolencia moral, por él denunciada resulta crónica y sobre todo incurable.
    La historia, tantas veces adelantada a su curso y frecuente en la oculta vereda española. Hace de España caldo de cultivo, al manifestarse con inusitada violencia las contradicciones entre fines y medios. Con cierta tristeza en su rostro nos dice, que España es tierra de grandes pasiones y quizá mayores apatías. Somos a la vez anárquicos y serviles y las pasiones crearon y sostuvieron los fines que hicieron y deshicieron nuestra historia. Y por no citar otras pruebas, les diré que un ejemplo vivo seria entre otros él; de Pío Baroja que no obedece a su hondura y originalidad novelescas. Dudosas, como bien lo advirtiera su amigo Ramón Gómez de la Serna y como él otros lo sospecharon sin osar escribirlo.
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    Recuerda bien que su amigo decía que Baroja. Como tantos otros escritores, caracterizaban los impulsos incontrolados de pasión del clásico español. En su destino de escritor es tan español que no tardaremos en dar por dicho la palabra ajena. Cuando la aceptamos solemos ahorrarle toda auténtica critica, lo cual, claro está, consiste en otro modo de ignorarla. Baroja, a juzgar por las apariencias, creía justas ambas justicias, no por espíritu de resignación, que nunca tuvo y el volumen de su labor basta para probarla, sino por su absoluta ignorancia.
    A diferencia de los héroes de Malraux, quienes en la acción aventurera buscan una moral y una metafísica de la existencia que caracterizaba la defensa de las libertades individuales del ser humano. Los de Baroja parecen huir de una previa concepción nihilista del mundo, que nunca consiguieron olvidar por completo. Para el abuelo, la mayoría de los intelectuales españoles fueron los judíos pasivos de nuestra historia.
    – «Todo lo que vive tiene un proceso para apoderarse primero del espacio, ocupar un lugar, luego, para crecer y multiplicares; este proceso de la energía de un ser vivo contra los obstáculos de un medio, es lo que llamamos lucha». Respeto de la justicia… – nos dice que él cree que lo que sucede es que en el fondo lo justo es lo que no nos conviene.
    La fase izquierdista de la República duró del 9 de diciembre de 1931 (día de la ratificación de la constitución republicana) hasta el 3 de diciembre del 33. Este periodo se caracterizó por una actitud legislativa muy rápida y poco reflexionada. Es verdad que el retraso social era enorme, pero para una mayoría de los españoles era fuertemente destructiva. Más que pensar en el futuro y reformar el estado, el gobierno y las cortes se dedicaron a la demolición de todo lo que había. Y por el contrario, aplicaron un punzante, estrecho y vengativo anticlericalismo que terminó por alinear a la mayoría de la población. Hasta tal punto que en las elecciones del 10 de noviembre y 3 de diciembre de 1933 el panorama político cambia 180° con una derrota total de la izquierda. Al mismo tiempo el país se estaba polarizando cada vez más, como demostraba el uso más extendido de los símbolos: camisas rojas y azules, puño cerrado y mano en alto.
    Luego, tras un prolongado silencio, apartó su silla y se apoyó de nuevo en el gran ventanal y nosotros sentados en la mesa seguíamos con gran curiosidad los gestos de sus manos porque sus palabras eran vanas e incomprendidas. – ¿Abuelo le ocurre algo? –¿Por qué se ha enfadado?
    – No; no me ocurre nada, es que este pasaje de la historia me causa una gran tristeza y las lágrimas son inevitables. - Pero no os preocupéis seguiré con vosotros.
    –Comprender, continuo diciendo (mientras buscaba su asiento y secaba sus lagrimas con su mano), que el destino de los pueblos tiene que ser un acto colectivo y si es verdad que en el tiempo somos solos y nadie puede nacer ni morir por nosotros. En el espacio temporal histórico no estamos solos, al vivir condenados por completo a la acción colectiva de la dignidad humana y su ansiada libertad; porque los hombres no son tristes por que mueran, son tristes porque siendo libres por naturaleza no pueden realizar su libertad. “«Y Sartre decía que la humana tragedia cifra una advertencia y una obligación universal en cada uno de nosotros»”.
    El llamado “Bienio-Negro, no fue mejor; pues la derecha lo hizo igualmente mal que la izquierda pero, lógicamente al revés. La izquierda por lo contrario como responsable de proclamación de la República se consideraba como propietaria de su “avenimiento”- no llego digerir su derrota. La verdad es que la izquierda lejos de hacerse creíble no hizo más que conspirar durante el año 1934 y preparar su asalto revolucionario al poder. Pues sin tardar, en octubre la izquierda se lanzó a la calle con una huelga general, antesala del alzamiento largamente preparada.
    Pero la rebelión solamente tuvo éxito en Asturias, donde los mineros luchaban con ametralladoras y carros de asalto. Una autentica mini guerra civil donde la represión fue feroz, dirigida por el ya triste y famoso general Franco. Al mismo tiempo se desarrollo una rebelión catalanista simultáneamente en Barcelona, liderada por Companys quien proclama l°Estat Català de la República Federal Española” que termino también en fracaso. Con la rebelión de 1934, la izquierda perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936”.
    La mañana del 20 de noviembre, cuenta que al salir a la calle y al llegar a la Gran-Vía las gentes se arrancaban de las manos los periódicos. La estupefacción en los rostros no se hizo esperar. ¡La derecha había triunfado! Y la segunda vuelta lo confirmaba. Ella obtiene 203 escaños y los radicales 79. La izquierda había perdido la mitad de sus diputados y el grupo de Azaña no contaba más que 5 diputados. La C.E.D.A, encabezada por Gil Robles y apoyada por todos los grupos conservadores y reaccionarios se transforma de la noche a la mañana en la Democracia Cristiana.
    La promoción política de Gil Robles y más tarde. Su denominación como ministro de la Guerra, servirán a Franco para entrar en la escena política y meses después será nombrado general de división. Su ascensión, ininterrumpida por Azaña se manifiesta de nuevo y mientras los peones comienzan a colocarse en plaza de esta partida de ajedrez tan sangrienta y criminal. José Antonio, hijo de Primo de Rivera jura desarrollar las ideas de su padre; que no eran las de resucitar la España del “Siglo de Oro”, a la manera de Mussolini que, en ese momento intentaba en Italia volver a instaurar el Imperio Romano. José Antonio había fundado ya la Falange que últimamente vino a unirse a las Juntas ofensivas nacional-sindicalista. – la J.O.N.S. y la C.E.D.A. y estas forman sus tropas desfilando militarmente y con su saludo fascista. Gil Robles fuertemente impresionado por la visión de Hitler se hace llamar: “jefe”, que corresponde a “Fuhrer” o “Duche”, con el solo propósito de eliminar la coalición “anti-marxista”.
    No obstante, el 16 de febrero. Gil Robles, a pesar de su gigantesca campaña publicitaria de estrella indiscutible, no le bastó para ser derrotado. Muchos de sus electores descorazonados por sus vacilaciones prefirieron no votar y fue la izquierda que a su turno, triunfó en las elecciones legislativas de febrero del 36 con la bandera del Frente popular y que tres meses después, con las mismas características triunfó en Francia.
    Al revisionismo anterior de los dirigentes frente populistas. En vez de establecer la aplicación de la reforma agraria mediante la legalización de las ocupaciones de fincas. En un intento de arbitraje entre las reivindicaciones extremas populares y la oposición derechista sólo creo ascendente crispación que sólo llevo al estúpido asesinato del dirigente de la extrema derecha, José Calvo Sotelo. Ocurrido el 3 de julio. Motivo más que suficiente, para cambiar los planes estratégicos del general Emilio Mola Vidal y de los demás conspiradores antirrepublicanos.
    Si toda guerra reclama prestar atención a los “hechos de armas”. Nos dice el abuelo que para el entramado político determino la victoria o derrota de las fuerzas beligerantes. Por parte del gobierno republicano, la jefatura pasó sucesivamente de manos de Azañistas y dirigentes de la Izquierda republicana. Entre ellos, José Giral, a Largo Caballero y de éste a Juan Negrín hasta finales de la guerra
    Por aquellos días tan importantes y tristes de la historia de España. El nombre del doctor Negrín, saltó a la escena política. Si bien antes, en junio del 31, fue elegido diputado a las cortes constituyentes por el partido socialista. Y tras el inicio de la guerra y después de grandes disputas en el interior y fuera del partido socialista por sus simpatías Leninistas fue nombrado por Francisco Largo Caballero. Ministro de Hacienda y su misión era organizar la debilitada economía republicana. Apenas una semana después, nos dice que recibió en su despacho del ministerio de Obras Publicas, la orden de presentarse en el ministerio de Hacienda.
    Del doctor Negrin. El abuelo nos dice que ya lo conocía al frecuentar años anteriores las tertulias del casino situado en la calle de Alcalá y bien recuerda sus continuas disputas con la mayoría de los intelectuales por su simpatía a la revolución bolchevique. – Estimado amigo, nosotros no buscamos la guerra y por el momento no hacemos más que defendernos. Los fascistas son los enemigos irreconciliables de la república y pese a nuestras diferencias ideológicas las ansias de libertad nos unen. Le diré amigo Hernández que lo necesito, dado que la guerra no se puede ganar sin dinero. Usted debe cubrir el puesto de cajero y secretario personal del Director del Tesoro. Para esto, y dada la situación, debemos estudiar en próximas reuniones, el traslado a un sitio seguro de las reservas de oro del país.


    CAPÌTULO XVII

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    CAPÌTULO XVII


    Desde el primer momento. El territorio nacional quedó dividido en dos zonas y en función del éxito que obtuvieron los militares sublevados. Prácticamente se reproducía el mapa resultante de las elecciones de febrero del 36. El “Alzamiento” (nombre dado por los rebeldes a su levantamiento contra el gobierno republicano). Comenzó el 17 de julio en la ciudad de Melilla. El general Franco partió de las islas Canarias hacia Tetuán, y ese mismo día se sublevaron los mandos militares de otras divisiones peninsulares. Sin embargo, hay que destacar que el levantamiento fracasó en las principales ciudades del país.
    Por otro lado. El 20 de julio de ese mismo año, recién comenzada la sublevación. “Por puro azar” fallecía en un accidente de aviación el que había sido designado por los conspiradores. Jefe de la rebelión, el general José Sanjurjo y poco tiempo después también “al azar” el que debía sucederle, el general Emilio Mola Vidal.
    De cualquier modo. El comienzo de la guerra estuvo vinculado al plan establecido previamente por los conspiradores en la primavera del 36. Pese a su cuidada preparación por parte de los sublevados la estrategia fracasó en su primera fase; en la que ellos debían acceder a la capital partiendo del norte y del sur. La segunda fase, fue no abandonar la marcha sobre Madrid. Pero la batalla de Guadalajara se saldó con el éxito republicano y donde las tropas Italianas que marchaban sobre Madrid recibieron la mayor derrota de su historia.
    Los alzados decidieron entonces centrar sus principales operaciones en el norte. Que con el apoyo decisivo de la aviación alemana integrada; por la “Legión Cóndor”. Y esta, realiza una salvaje agresión a la localidad vizcaína de Guernica.
    El automóvil oficial, nos dice que se detuvo junto al borde de la acera del último portal de la calle La ballesta; que era donde nos encontrábamos y que el abuelo había adquirido meses antes de estallar la guerra. De la nube que despedía el tubo de escape, salió un hombre uniformado que se quitó la gorra y con cierta reverencia le invitó a sentarse en el vehículo.
    Al llegar a la Plaza del Callao. Los convoyes de las unidades de militares bien uniformados, se confundían con grupos de milicianos y milicianas que con sus brazaletes, pañuelos al cuello y gorras de diferentes colores, desfilaban con sus fusiles al hombro sin orden ni concierto. Su misión defender la capital sitiada por las tropas fascistas.
    Aquel desordenado movimiento de tropas al llegar a la Plaza de España fue tomando poco a poco en dos direcciones concretas: – Unos la empinada calle de Príncipe Pío y otros la calle de la Moncloa con el fin de ganar las trincheras del frente que apenas se hallaba a unos kilómetros de distancia.
    Por eso hasta allí llegaba de día y de noche el incesante movimiento de tropas y convoyes. Desde la plaza, por estar situada en uno de los puntos más altos de Madrid, se podía oír y divisar el tronar de los cañones que era constante. A la vez que continuamente el horizonte arrastraba sordamente hacia la capital una extensa humareda con olor a pólvora y que a veces la artillería incrustaba sus obuses metálicos en las primeras casas de la capital.
    El abuelo recordaba todo esto con la misma emoción que aquellos días terribles de la guerra y nos dice que el miedo era horrible al sentir que se le agarrotaban los dedos. Y además sigue contando que la población aterrorizada esperaba en cualquier momento el sonar de las sirenas y la posterior llegada de los aviones bombarderos destruyendo todo aquello que les parecía sospechoso. Después cuando el ruido de los aviones y bombas dejaban de oírse, las gentes corrían desesperadas en busca de los establecimientos abiertos con el fin de abastecer las ya mermadas dispensas, en un momento donde el hambre hacía estragos en la población.
    El encuentro con Juan Negrín le impresionó enormemente, al observar la metamorfosis de aquel doctor, otras veces placido investigador y siempre acompañado de su amigo y colaborador el doctor Severo Ochoa y Francisco Grande Gaviàn y que ahora parecía haber terminado de colgar su bata blanca del laboratorio.
    Era evidente que la reunión había sido llevada a cabo con una precaución altamente secreta, y nos dice que en los salones sentados a la derecha de su reservada silla, se hallaban Agustín Viénuales, Méndez Aspe Director del Tesoro y su amigo Sergio. Y a su izquierda dos funcionarios del cuerpo de seguridad del Estado que no llegó nunca a recordar sus nombres.
    De frente y a lo largo de la amplia y maciza mesa, también se hallaba en primer lugar, el propio Manuel Azaña una de las figuras más señoriales de la república y a su izquierda el doctor Giral, jefe en ese momento del Gobierno republicano.
    A continuación, Largo Caballero, con su cara de pocos amigos y en continuas disputas con su compañero de mesa y que no era otro que Juan Negrín. Pero nos dice que lo que más le llamo la atención, fue que junto a él se hallaba un personaje desconocido hasta entonces de la vida económica y política.
    Sus rasgos eslavos, saltaban a la vista y después descubrió que no era ni más ni menos que el agregado de Encomia y Comercio en la embajada de la U.R.S.S. en Madrid.- Arthur Stasheski.
    La personalidad de Stasheski según nos dice extrañado, era totalmente desconocida hasta para los dirigentes del Este al parecer era un alto funcionario del comisariado del pueblo (ministerio) para la Economía y Finanzas y que a mediados de agosto procedente de la embajada de París. Este llegó a la capital acompañada del escritor Louis Fischer, verdadero agente del “Komintern” (Internacional Comunista), y que luego por su amigo Sergio supo que era amigo del doctor Negrín al mantener una gran amistad con Fischer y éste sería el que presentaría a Stasheski en la reunión. Esta amistad daría lugar a la leyenda del oro de Moscú. Pues nadie comprendió como al formar gobierno largo Caballero a primeros de septiembre, se conocía ya que Negrín desempeñaría la cartera de Hacienda; cuando hasta en el propio Partido Socialista, no daba como ministro al doctor Negrín y menos en esa cartera.
    Todo empezó nos dice con cierta seriedad, en el Consejo de Ministro que se celebró en Madrid el día 13 de septiembre y cuando Negrín planteo la necesidad del traslado del depósito de oro del Banco de España a lugar que ofreciese mayor seguridad. Pues según nos explicó, Madrid era inseguro ante los avances de las columnas que los sublevados desarrollaban sobre el centro de Madrid. También dio cuenta de la persistencia del Gobierno francés a negar la entrega al Gobierno de la República del depósito de oro propiedad del Estado, situado en Mont de Marsans. Y que fue establecido hacia años como garantía de las determinadas medidas que hubo que adoptar para proteger el valor de la peseta. Deposito sobre el que ya no pesaba ninguna hipoteca ni obligación y que desde el comienzo de la guerra estaba siendo reclamado constantemente por el Gobierno de la República, para poderlo utilizar en el logro de créditos para la adquisición de armamento y material de guerra.
    El consejo deliberó ampliamente sobre la propuesta de Negrín y todos los ministros expusieron su opinión sobre el tema y al final se acordó por unanimidad, facultar ampliamente a Negrín para que, de acuerdo con el jefe del Gobierno se dispusiera el traslado del depósito hasta el punto de que ofreciese más garantías de seguridad. Después de una reunión ampliada de la mayor parte de los responsables del Banco Nacional y del ministerio de seguridad. Se consideró que el lugar más seguro era el Arsenal de Cartagena, exponiendo las inmejorables condiciones que reunía para su custodia y salida en el caso de que fuese necesario situarlo en el extranjero.
    Días después nos cuenta que en el despacho del director del Tesoro Méndez Aspe, se decidió la operación del traslado del depósito a Cartagena que se llevara acabó mediante un plan bien estudiado. La custodia directa estuvo a cargo de una unidad especial de la milicia y el jefe y los oficiales fueron nombrados directamente por el ministro y en la totalidad eran militantes comunistas y a los que se les dio a conocer la importancia del servicio que había de desempeñar.
    Y fue por sus merito que se destinó a esta fuerza la protección y vigilancia de los puntos y elementos del transporte. Esta unidad formaba parte del “Quinto Regimiento y que estaba al mando del recién nombrado comandante conocido por el apodo del-“Campesino”. Hombre que dio pie para que se forjase también la leyenda por la que el Partido Comunista se había erigido en guardián exclusivo de dicho depósito. Pero nos dice con conocimiento de causa, que fue una simple coincidencia el que se decidiese el mando a un destacamento comunista.
    Luego sigue con cierta pasividad justificándose con los tiempos difíciles que estos hechos ocurrieron, para seguir diciendo: –Muchachos la verdad es que la guerra hizo de los sentimientos nobles y sanos una mera chabacanería, ya que eran días tan difíciles que nadie tenía tiempo de amar y ser amado. Por esto y pensando en Matilde, dice que, la decisión tomada en la última reunión cambió sus planes familiares; hasta el punto de que por primera vez estaba obligado a separarse por tiempo indefinido de su familia.
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    Después con voz pasiva, nos dice que en los últimos tiempos habían aumentado sus responsabilidades; dado los acontecimientos políticos que se sucedían en el país y por esto la vida de Matilde no podía ser más triste. Se pasaba los días, tocando el piano y según ella la música no la emocionaba como antes ni sentía ya los latidos de su corazón soñador.
    Ahora, sin más pasaba las horas sentada, nerviosa y grave ante las notas iluminadas por sendas velas debido a la prohibición de usar la luz eléctrica. Esperaba a todo instante los sonidos ensordecedores de las alarmas, que anunciaban la llegada masiva de la aviación y la crispación y el miedo era constante no-solo para ella sino para sus hijas que en muchas ocasiones. Con ropa interior, saltaban de la cama para dirigirse precipitadamente al refugio que por suerte se hallaba en la Corredera Baja de San Pablo y a pocos metros del portal.
    Era difícil acostumbrarse a este vaivén casi diario sin hacer nada que no fuera el de ocuparse de sus hijas y con la sola esperanza de la llegada de días mejores. Dado que esta maldita guerra le creaba una gran angustia y su desesperación era constante.
    El convoy procedente del Banco Nacional cruzaba junto a una numerosa escolta motorizada la plaza de Atocha y se dirigía a altas horas de la noche en dirección a la carretera de Valencia. Donde un fuerte destacamento del ejército a la altura del puente de Vallecas, esperaba su incorporación al secreto convoy cargado de barrotes de oro. A poca distancia les seguía cautelosamente, un vehículo marca Citroën y en el asiento de atrás cuenta que iba él con el gobernador del Banco de España, hombre de pocas palabras y que apenas días antes le había sido presentado. Después con una ligera sonrisa, sin dar su nombre y posiblemente por olvido. No dice que era de menguada talla y debido al intenso frío reinante en el exterior se cubría con un gabán demasiado grande para él y que en su profundo sueño si no fuese por sus fuertes soplidos le hubiera parecido un simple fardo.
    A la mañana siguiente el convoy se detuvo en Albacete y ellos se dirigieron a la comandancia militar donde en un amplio salón se hallaban sentados en una mesa cinco hombres que vestían chaquetas de cuero mal cuidadas. Uno de los hombres con el grado de comandante que se hallaba sentado en el extremo de la mesa, se levantó para decirnos que el responsable militar de la base era él y que las autoridades le habían designado junto con su compañía para escoltar el convoy hasta el puerto de Cartagena.
    Luego y apenas unos instantes después de la presentación del militar se abrió la puerta del salón dando paso a otro militar con él grado de capitán, ancho de espaldas con unos papeles bajo el brazo. Este extendió unos papeles sobre la mesa y apoyando su mano izquierda parecía pensativo a la hora de estampar su firma sobre los documentos; pero el gobernador del banco que debió conocerle, nos dice que le sacudió con su codo, para decirle que apenas sabia firmar ya que se trataba de Valentín González (el campesino).
    Al observar detenidamente a este legendario personaje, se aprecia en él un áspero bigote y las mejillas con una barba mal cuidada; pero no obstante y por su actitud firme se adivina que pese a su falta de estudios poseía una inteligencia poco común. Al parecer, únicamente quien lo conocía bien sólo con el tiempo él podía advertir su fuerte personalidad. Este militar político que terminó siendo una controvertida leyenda, nació en Badajoz y trabajó en las minas de Peña roya y Pueblo Nuevo de Córdoba. Al estallar la guerra se alistó al V Regimiento y obtuvo al final de ella el grado de teniente coronel, distinguiéndose por su bravura en las batallas de Brunete julio del 37, Belchite agosto y septiembre del 37 y Teruel enero del 38.
    La meseta Central Ibérica estaba desierta y triste en aquella fría y ventosa tarde otoñal y la inquietud e inseguridad por aquella blancuzca y sinuosa carretera la hacía más misteriosa todavía. Además, las lluvias la habían erosionado hasta dejar al desnudo las piedras por donde al pasar los camiones chirriaban en su empinada cuesta del puerto de Almanera a 1.797 y donde nacen el río Guadelome que es a la vez subafluente del Guadalimar y más tarde Guadalquivir. Y nos dice con cierta inquietud que en sus retorcidas y continuas curvas todos sentíamos el temor de un ataque por sorpresa y mirábamos con ojos inquietos los pinos gigantes que se mecían al borde de la carretera. Más abajo por el viento fuerte, rumoreaba sordamente el bosque envuelto en niebla y al fondo rugía al chapotear con fuerza un caudaloso torrente.
    Mas tarde y como un mal presagio uno de los camiones que transportaba el oro no pudo llegar a la cima, pues al parecer había roto su palier. El gobernador que acababa de despertar por el brusco frenado del automóvil, sacó la cabeza dando gritos desmesurados, hasta que apareció un capitán con fuerte acento francés que sin levantar la voz le dijo: – Sé ha roto el palier y ya me dirá qué podemos hacer con el camión.
    – Qué palier ni ocho cuartos. –Y además, le diré que sea lo que sea, no podemos dejar el camión aquí por nada del mundo. Después ya con la llegada del campesino se calmaron los ánimos al informarnos que un mecánico intentaba repararlo y que mientras tanto nos invitaba a un café bien calentito en una posada no muy lejos y que esto nos ayudaría a calmar los ánimos.
    La posada se hallaba cerca de un puente, que por su impresionante altura al parar con el fin de observar la precipitada corriente del río al asomarse le causó vértigo. Como también nos dice que para evitarlo lo primero que hizo fue volver rápido la cabeza sobre el muro de enfrente donde se hallaba apoyados en sus fusiles unos soldados que vigilaban el puente. Los centinelas al percatarse de nuestra presencia permanecieron inmóviles, pero al instante se echaron el fusil al hombro para después militarmente saludarnos.
    Era ya de noche cuando salieron de la venta, pero nos dice que las casi tres horas que paso junto a la confortable chimenea, tuvo tiempo de profundizar la conversación con Valentín González, aunque en realidad con quien per más trató fue con el joven oficial francés. El joven en cuestión según le contó era de un barrio céntrico de Marsella y se llamaba Pierre Carré. Al parecer su padre era un enamorado de las letras y poseía una editorial donde él como su hijo, habían hecho ciertos ensayos literarios y nos dice también que lo que más le agrado de su interesante charla fue al adivinar que sus ideas coincidían con las suyas. Más tarde y en los avatares de la guerra profundizo su amistad con él al coincidir que después este joven se enamoró de su hija Teresa. La cual después corrió la misma suerte que su hermana Teresa al morir en acto heroico y con el grado de comandante en la ofensiva del Paso del Ebro.
    A los tres días de la salida de Madrid el convoy, se detuvo en una gran explanada, frente al arsenal de Cartagena, para después de la presentación de la documentación necesaria las enormes puertas de acero del arsenal se abrieran para dar paso al convoy seguido de los militares. – ¡Ósea misión cumplida!
    Pues en esta primera etapa del traslado del depósito del oro se cumplieron rigurosamente todas las formalidades legales de entonces vigentes, interviniendo en ella todas aquellas personas que por sus cargos estaban obligados hacerlo. A continuación, Largo Caballero, antes de dar su conformidad, requirió a los servicios jurídicos de la Presidencia del Gobierno, del Ministerio de Asuntos Exteriores y el de Hacienda, para que le informasen ampliamente de las condiciones y requisitos legales que habían de cumplirse para realizar la operación dentro de la más rigurosa legalidad. Todos estos informes coincidieron en dictaminar que el Gobierno tenía facultad legal para decidir sobre la utilización del depósito.
    El acuerdo, con un protocolo adicional detallando, la forma en que sería utilizado él depósito fue firmado al día siguiente por el embajador Rosenberg y Negrín. El Comisario del Armamento y Munición seria el organismo que intervendría en la formulación de pedidos y en la recepción del material, según un mecanismo que se estudió. Dicha comisaria la regentaba Indalecio Prieto, al mismo tiempo que la cartera de Marina y Aire. La operación de traslado del oro a Moscú se planeó dentro de la natural reserva, dándole un carácter de”Secreto militar” o una operación de guerra.
    Mucho se escribió y fantaseo sobre esto, aunque algunas personas con cargos relevantes entonces, lo hicieron de forma vaga y como ignorantes de la operación hasta después de haber sido realizada. Pero lo que es inaudito es que algunos de los que después han emitido juicios casi censurando el hecho, no manifestaron entonces ninguna consideración ilegal o perjudicial a la operación. También ha habido quienes no han resistido el deseo de fantasear haciendo con los actores o testigos, dando hasta detalles pintorescos. La verdad, es que en las tareas y formalidades de la operación de embarque en el Arsenal de Cartagena, sólo estuvieron presentes aquellas personas que por sus cargos estaban obligadas a tomar parte en ella o cumplían órdenes del Gobierno.
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    En el mismo Arsenal de Cartagena se firmaron las actas de entrega del cargamento por Méndez Aspe, Stasheski, el gobernador del Banco de España y como él los que estaban obligados hacerlo. El cargamento se hizo en cuatro barcos soviéticos que habían llegado con material cuatro días antes: el “Jruso”, el “Neva”, el “Kim” y el “Volgores”. La verdad es que no se registró ningún incidente durante las operaciones de embarque ya que en dichos barcos nos dice que él fue él indicado de nombrar los funcionarios que viajarían de la Dirección General del Tesoro y del Banco de España para efectuar en Moscú las tareas de recuento y entrega efectiva de todo el cargamento, según se había acordado.
    Convencido de que los hechos ocurrieron a sí, nos pide paciencia y perdón y sale del salón precipitadamente para minutos después, seguido de la abuela Matilde; aparece con un fardo de cartas en la mano, mientras la abuela con voz chillona le regañaba por el desorden causado en la habitación al buscar anhelosamente dichos sobres. – «Mirar es un legado patriota de Juan Negrín, una prueba más de la verdad histórica vivida por mí y que justifica la verdad».
    Mucho sé a escrito sobre el “Oro de Moscú”. Pero al recordar hoy las afirmaciones del abuelo he interesado por el tema después de la denigrante propaganda del régimen franquista.
    – Permitirme un inciso en los apasionados relatos del abuelo y voy a leerles ciertos pasajes de Juan Marichal profesor de la Universidad de Harvard, sobre el excepcional libro de Pablo Martín Aceña.
    En 1939, los representantes del ejército vencedor acudieron velozmente al Banco de España para comprobar la existencia de las reservas (sobre todo de oro) allí guardadas. Su sorpresa fue mayúscula, pues allí no había nada y supusieron que los soviéticos se habían llevado a Moscú el oro de España. Este tesoro, como bien nos dice el abuelo, fue trasladado a Cartagena para ser embarcado para Rusia y se suponía que iría a parar en los bolsillos de los españoles rojos. Pero el libro de Azaña muestra que todo el Tesoro de España fue empleado para defender la República, comprando armas y víveres para el pueblo español. El libro utiliza el llamado por el banco “dossier Negrín” para poder financiar la guerra. Cuando el doctor Negrín murió en octubre de 1956 en París. Su hijo Rómulo entregó a los representantes del gobierno de entonces un “paquete” cuidadosamente guardado por su padre en un banco de Francia. ¿En qué consistía el paquete? Nada menos que los recibos del oro y otras divisas que habían sido transferidos, según las necesidades republicanas, a un banco ruso creado para ese propósito en París.
    Las cuentas estaban muy claras y se podía hacer un cálculo favorable a Rusia. En suma, todo el oro había sido empleado por la República para la guerra. La documentación de Moscú era ya conocida; el profesor Ángel Viñas había publicado un libro a propósito, pero no-tenia la autoridad que le daba el “paquete” mencionado y que se guardaban en el Banco de España. Ahora, el economista Martín Aceña muestra que en su oficina está la documentación pertinente para el caso, y confirma lo señalado en su libro de hace algunos años.
    Todo esto es prueba del patriotismo de Juan Negrín. Que se ocupó de dejar a su muerte las pruebas irrefutables de que el “oro de Moscú” se había gastado en defender al pueblo español y alimentarlo. Y si una gran proporción del oro se había empleado en comprar víveres, no podía reclamarse nada a nadie del empleo del llamado oro de Moscú. O dicho en otros términos, lo que había en Moscú, que estaba antes en el banco de España, fue el costo de la guerra de 1936 a 1939. Y desde luego, no se podía acusar; a Juan Negrín, ministro de Hacienda. Ni a los que participaron en la operación; en suma, Negrín fue un gobernante patriota en él usó de las reservas españolas de oro.
    Si bien recuerdo. También nos dijo, que fue un domingo de primeros de diciembre. Cuando fue despertado por la dueña del pequeño hotel que se hospedaba, no muy lejos del Arsenal de Cartagena y al bajar al comedor desayunando tranquilamente se hallaba el oficial francés ya mencionado que le comunico que a él le habían encargado de conducirnos después de la verificación del embarque de oro a Madrid.
    Acomodado en el mismo automóvil de su último viaje y escoltados por dos potentes motos conducidas por militares dejaron la ciudad de Cartagena en aquel triste otoño del 37. Pero recuerda con cierta melancolía, que en las ventanas de las blancas casas se veían ya pelados los geranios y rosales y en el horizonte desgarradas nubes de un color gris como el plomo flotaban sobre el picado mar.
    El viaje fue rápido si se tiene en cuenta, lo difícil que supuso el viaje de ida, con más de una cincuentena de camiones cargados hasta los topes. Al anochecer el vehículo se estacionaba, para dejar al gobernador que nos hizo un viaje sin despegar sus labios, para después estacionar de nuevo en la esquina de la calle de la Ballesta.
    Después, el capitán, salió ágilmente del vehículo y se puso a andar por la acera con el fin de estirar las piernas y nos dice que al verlos desde el balcón sus dos hijas. Con gestos de sincera alegría no dejaron de saludarles y todo porque según nos dice que entre su hija Teresa y el francés estaba últimamente surgiendo una cierta simpatía lo que liencito para invitarlo a subir a su casa.
    Luego ya en su casa a ellas les choco como el joven oficial hablaba con un fuerte acento Francés, terminó y sincera simpatía por agradar a su familia. Aunque nos dice con cierta malicia que quien quedó más impresionada del joven fue sin duda su hija Teresa. De la que además el francés más tarde quedo fuertemente enamorado hasta su muerte. Pues siempre que Pierre Carré conseguía permiso en su regimiento, no dudaba en visitarnos con su doble intención, por un lado encontrar el calor de la familia y por otro los amores de Teresa.
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    El francés al parecer escribía a Teresa todos los días y Teresa se pasaba las primeras horas de la tarde esperando la llegada de su carta. Luego nos sigue contando con cierta tristeza, que se iba a su cuarto y como alma en pena salía solo para cenar para después seguir releyendo las cartas una y otra vez.
    Sin apenas dejar que su rostro se aliviara, sigue diciendo que el año 37, las luchas entre los diferentes partidos y organizaciones obreras eran continuas. Todo ello no era nuevo sino posible en una España, que según muchos años antes Emilio Castelar decía que la historia se seguía y se repetía y no sólo eso sino que ahora había empeorado. Después siguió desconcertándonos, pues si bien alaba el dinamismo, la disciplina, la capacidad organizadora del Partido Comunista, así como su comprensión de los problemas militares y políticos en tiempos de guerra. No por todo esto no recataba crítica a los comunistas, pues por razones que en su mayor o menor escala fueron ellos los valederos para el resto de los partidos, se sintieran disminuidos. –«Pues estos se creían con cierto fanatismo, superiores y que su disciplina organizativa era superior a los demás lo que sin la menor duda asustaba al resto de las organizaciones». Y como además ninguno era capaz de sostener una discusión racional, esto no hizo más que perjudicar el desarrollo de guerra. – ¡En una palabra todos pretendieron repartir la piel del león antes de cazarlo!
    En efecto. Nos dice con cierta tristeza, que las intransigencias en la guerra española de los comunistas, fue la que provocó la caída del gobierno de Largo Caballero - en mayo de 1937. Y que a raíz de esto también aceleraron los disturbios de Barcelona y de la abortada ofensiva de Extremadura.
    Después de un silencio profundo y con cierto recelo a las cortas explicaciones del conflicto entre las principales ideologías que luchaban por la República. Ante estas explicaciones del abuelo mi amigo Carlos le pide al abuelo explicaciones más profundas al respecto. A lo que él y sin titubeos, pero con el rostro rígido nos dice que España fue el único país donde los “Ácratas” se convirtieron en un poder político, a la vez que negaban toda forma de poder y para él fue esta contradicción una de las causas por las que también la guerra se perdió.
    « ¿Pero abuelo usted es anarquista?».
    – Si es verdad, pero yo por mis responsabilidades no políticas ni militares sino económicas, veo las cosas de diferente manera. – Ósea como dirían algunos. –Yo vi los toros desde la barrera.
    – La verdad es que si la vida es complicada la política lo es más, y creo que os será muy difícil comprender, sobre todo a vosotros, golpeados por la propaganda fascista. Pero no obtente y ante vuestra insistencia lo intentaré. Para empezar os diré que somos un país contradictorio. –Donde nunca cabe descartar la verdad más opuesta a la apariencia más notable. – Vivimos de espaldas a Europa y la historia europea anticipase siempre a la nuestra. – Somos un país peninsular. –En una palabra, tenemos, sin serlo las trazas de una isla y en esta isla supuesta que se halla unida al continente al tiempo también está separada del mismo, por razones diversas al convivir o malvivir hechos totalmente diferentes.
    Por todo esto en lo que se refiere a lo político, en nuestro país el anarquismo y marxismo son, contradictorios e irreconciliables. Bakunin funda todas sus premisas ideológicas en una certeza y a su vez incontrovertible. Pues mientras para los ácratas, el hombre debe ser libre precisamente por ser bueno, el estado lo corrompe y una sociedad a imagen de su libertad personal lo eximiría de todo vasallaje. Por lo contrario la concesión marxista desconfía de las flaquezas humanas individuales y hace una reverencia a las masas.
    – Sí, el problema de la España republicana, debería haber sido el ganar la guerra y unir circunstancialmente las partes políticas diversas. Pero la verdad es que no consiguió identificar jamás los medios propuestos para sus logros. Sus sacrificios fueron tan inciertos como su ineptitud para convivir con sus semejantes ideológicos y a este cambio necesario había que sumar la intolerancia hacia un prójimo que era otro español. En este sentido, al menos, el drama de la República es una tragedia española y, ante todo, lo es de todos nosotros.

    CAPÌTULO XVIII

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    CAPÌTULO XVIII

    En Madrid la situación militar se hace cada vez más difícil, el fascismo, día a día va ganando nuevas posiciones y mientras la capital vive días de angustia. Por todo esto el Gobierno Republicano, decide abandonar la capital, actitud que es considerada automáticamente por el pueblo combatiente; como una simple fuga y un imperdonable acto de cobardía.
    Pese a todo Madrid se defiende y la noche del 7 la lucha fue dura, pero el pueblo y los milicianos combatieron magníficamente. Los altavoces sonaban por todo Madrid en la voz de la C.N.T. y demás organizaciones de izquierda llamando a la resistencia: –«Madrid será la tumba del fascismo»–«No pasaran».
    El 12 y 13, se intensifican las ofensivas y las heroicas “Brigadas Internacional”. Mandadas por el general Kleber junto con la “columna de Durruti” consiguen hacer un muro a la columna N°4 de los franquistas en el sector Oeste y Norte de la capital tocando los edificios de la Ciudad Universitaria y el 15 de noviembre, día gris y lluvioso la columna Durruti consigue hacer retroceder las tropas franquistas. Pero los fascistas al mando del general Várela ordena un segundo ataque con una fuerza infernal de cañones y de bombas que descuartizan las casas. Y después de intensas batallas las tres columnas fascistas atraviesan el Manzanares y comienzan a ocupar de nuevo la zona universitaria siguiendo sin interrupción el combate todo el día y a lo largo de la noche y también hay que destacar que al otro día un bombardeo intensivo hace numerosas víctimas por todo Madrid. Pero, ya no es solo Madrid si no que los “junker” alemanes se entrenan ya por toda España y la capital que se haya sitiada solo pueden las fuerzas de Durruti contener el avance.
    Pero además según cuenta el abuelo, con gran tristeza esta situación no duró mucho tiempo, pues el 19 de noviembre a las 14 horas y en circunstancias misteriosas. Es tiroteado en plena calle “Buenaventura Durruti” y además la herida es mortal por hallarse la bala alojada en la zona del corazón y por lo que al amanecer del día siguiente Durruti moriría a la edad de 40 años.
    Con gran admiración y tristeza, sigue diciendo que él personalmente se trasladó al edificio del sud-Comité Nacional de la C.N.T. Donde se organizó la velada de armas del cuerpo de Durruti y después una caravana de coches partiría de Madrid en dirección de Valencia para terminar en Barcelona. Adonde al igual que en Madrid una inmensa multitud de más de un millón de persona despidió el féretro de Durruti; que se hallaba cubierto por la bandera roja y negra. La muchedumbre a su paso levantaba el puño en alto como ultimo saludo. A la vez que cantaban el himno anarquista, “Hijos del Pueblo”.
    Aquellos días cuenta que quedaron grabados en su memoria, pues los acontecimientos de la guerra se fueron agravando día a día haciendo insoportable la capital. A las dos de la madrugada, volvieron a sonar las sirenas y apenas les dio tiempo a ganar el refugio cuando las bombas desgarradoras hacían blanco a menos de doscientos metros de distancia. En el refugio, no había sitio suficiente y un intenso griterío de niños y de mujeres asustadas impedía entenderse. Un hombretón a su lado gemía asustado e intentaba cubrirse su rostro con las manos y el abuelo nos dice que él también sintió todo el tiempo ganas de llorar al compadecerse de aquel hombre joven todavía. Enfrente y en una manta con los ojos desviados por su angustia se hallaba también una joven madre arrullando a sus dos pequeños hijos que dormían incapaces de comprender la tragedia en se hallaban. El resto de la gente intentaba con resignación adaptarse a la situación y se preguntaban unos y otros con tremenda inquietud en aquellos días finales del 38.

    – ¿Qué pasa en Madrid?
    – ¿Cuándo terminara este infierno?
    Estos y otros interrogantes eran los que con cierta tristeza ensayaba todo el mundo de explicase y a lo que nadie según el abuelo en esos cruciales días de la guerra sabia responder. Lo que sí era verdad es que nada había cambiado y que todo ocurría para los combatientes exactamente como los primeros días de la contienda. Pues seguían sus barricadas, sus escaparates vacíos, sus tranvías abarrotados, sus calles engalanadas con banderas republicanas y carteles de los diferentes partidos y sindicatos llamando a la defensa de la República. No obstante, la gente sensata parecía convencida de que la difícil situación que atravesaban no tendría el fin esperado.
    Al seguir explicando sus tristes recuerdos, quedamos como asustados al observar el aspecto rígido y tieso de sus manos temblonas intentándolas descansar sobre el mantel y fue cuando comprendimos que se hallaba recordando una de las situaciones más difíciles de su vida. Pero luego como siempre, cogió aire en sus delicados pulmones y con una sombría inspiración prosiguió su penosa charla.
    – «No, no podréis jamás imaginaras ese Madrid gris, los obuses silbando por la Gran Vía. Sí, si ese Madrid hambriento y aterido; con largas colas ante los establecimientos que repartían sus pocas provisiones. - El Madrid del “metro” caliente como refugio nocturno de familias entera; con sus mujeres atormentadas, sus alegres muchachas desnutridas y sus soldados de todas las edades. - En fin el Madrid – “rompeolas de todas las Españas”.
    La ofensiva de Extremadura, fue el último y desesperado intento por romper el dogal que amenazaba de estrangulamiento a los ejércitos republicanos situados en el corazón de la península y en esta fracasada ofensiva cundió por todas partes el rumor de que la ofensiva había sido descaradamente saboteada. Hubo órdenes contradictorias y como consecuencia desbarajuste y caos. Al sentir de Francisco Ayala. La España republicana fue víctima de su desprevenida inocencia y la batalla del Ebro preparada por el Estado mayor soviético lo confirma.
    Pues fue en esta ofensiva, donde se demostró la incapacidad estratégica de los “consejeros soviéticos". Que desde entonces se puso su colaboración en entredicho.
    – ¿Cómo podían ignorar estos señores, tan dotados, que el alto mando fascista no aprovecharía la concentración de sus efectivos, al ser bien informados por su “Quinta Columna”, para emprender una acción ofensiva sobre Cataluña y asestar así a la república el golpe de gracia?
    En las batallas anteriores –Teruel, Brunete, Belchite y tantas otras habían emprendido siempre la ofensiva. Pero siempre con resultados demasiado costosos al querer mantener las posiciones y tenerse que retirar poco después para salvar fuerzas y efectivos. En el paso del Ebro, al quinto día del ataque, se sabía con certeza; que nunca se sería lo bastante fuertes para hundir el frente enemigo y al final tuvieron que replegarse poco a poco y evitar así la estéril destrucción del grueso de nuestras fuerzas. Por todo esto, Franco desencadena la ofensiva final, con un ejército de 350.0000 hombres, el 23 de diciembre de1938 y el 26 de enero del 39. Todos nuestros incondicionales del mundo recibían consternados la noticia de la caída de Barcelona.
    Otro aspecto de la responsabilidad soviética en la derrota española. Es sin la mayor duda la retirada de los voluntarios de la Brigada Internacional en el momento más dramático de nuestra resistencia en el Ebro y cuando el Gobierno falto de tropas. Llamaba a filas a los mozalbetes y a los hombres de cuarenta y cinco años. La consecuencia de todo esto fue que cuando los moros y los carlistas habían tomado la capital de Cataluña. Las carreteras se llenaban de desdichados fugitivos, arrastrando sus pobres bienes y sus hijos. Los últimos combatientes del ejército de Cataluña protegían, a la medida de sus escasas fuerzas. La triste retirada de aquella muchedumbre de medio millón de desesperados hacia el paso de Perthus. Aquellos bravos, que arriesgaron cien veces la vida, lloraban de congoja.
    Con escondidas lagrimas, el abuelo nos dice después, que una mañana a comienzos del mes de octubre, en que se hallaba desayunando en las dependencias del banco; al hojear el periódico EL PAÍS, vio en la lista de desaparecidos y muertos en el frente, el nombre del comandante Pierre Carré. Al salir del banco, torció hacia la avenida de la Castellana pensando cómo dar tan triste noticia a su hija Teresa, y fue al atardecer que después de ambular por las calles, se decidió entrar en su casa y contarla todo y tal
    como el periódico explicaba y sin añadir más: –» hija la cosa no es muy segura pueden haberse confundido. Pero Teresa lo dio por hecho, después de las últimas cartas recibidas por ella, donde le hablaba de las terribles perdidas en dicha batalla.
    – ¿Por qué tanto sufrimiento?
    – ¿Hasta siempre?… – ¡Mi querido Pedro! Teresa juntó las manos con ademán suplicante, para decir de nuevo. – « ¡Padre, ayúdame! – No creo que todo se haya acabado para mí… –Padre quiero algo completamente distinto. Después, Teresa guardó silencio y desprendiéndose de sus brazos salió precipitadamente del salón para encerrarse en su habitación de la que tardó varios días en salir y después pasó el resto de su vida añorando tristemente a este joven francés y sinvolver casarse.
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    En los últimos tres meses de la guerra se hizo evidente que era inútil resistir, pero las cosas en el ámbito político no estaban claras pues en la capital y no lo dice con tristeza, recibió la orden de ocuparse del último envío de oro y trasladarse de nuevo al Arsenal de Cartagena. Un mes después las cosas se empeoraron hasta el extremo que el 2 7 de marzo el Consejo Nacional de Defensa abandonó Madrid, para establecerse en Valencia. Mientras Besteiro se queda en Madrid, Miaja huye en avión y el resto de la Junta del coronel Casado se aleja de España en un barco de guerra Ingles. El 25 de marzo el general Franco comienza su ofensiva en el frente extremeño; el día 26 en el frente de Andalucía, el 28 entra en Madrid, mientras que el cuerpo de Ejército Italiano avanza hacia el litoral y ocupa Alicante. El 1, de abril. “La guerra ha terminado”.
    La verdad es que el final de la guerra no lo hubiera evitado ni aplazado Negrín y ni siquiera intentó hacerlo. En cuanto a lo desastroso de ese final, tampoco es cierto que fuera culpa de la Junta de Defensa y tan siquiera la lucha ocurrida en Madrid puede imputársela a ella. Pues con o sin la Junta, nadie hubiera podido frenar los odios acumulados en la mayoría de las unidades no comunistas del ejército. Por tanto, habría que condenar la huida de la Marina de Guerra Española en Cartagena, Pues esta sin lugar a dudas fue la causa de la desbandada de todas las agrupaciones populares y la del ejército de la zona Centro-sur.
    Lo verdaderamente lamentable fue no haber podido hacer salir de aquella zona, a las treinta o cuarenta mil personas republicanas más significadas. Ya que muchos de las cuales, pagaron con sus vidas la lealtad a la República. Pero esto tampoco es imputable a la junta de Defensa, pues como bien digo si hubiésemos conservado la Escuadra; no cabe la menor duda que se hubieran salvado no solamente los que nos encontrábamos en la costa. Sino muchos pertenecientes a los ejércitos de Andalucía, Extremadura y centro. Dado que se replegaron hacia la costa, por no existir una “frontera”, que les estimulara hacerlo. ”La marcha de la Escuadra fue, como ya he dicho, la causa de este humano desastre”.
    Otro error, quizá consecuencia del primero, fue el lema de paz, que comenzó por enarbolar Casado; cuando debía de haber hecho todo lo contrario. Levantando la moral de la zona, organizando los cuadros de mando con la llegada de militares profesionales y reforzando las unidades con parte del armamento que existía en Francia. Aunque no pudiera emplearse todo él, hubiéramos podido presentar en el Centro un ejército mucho más potente que el de Cataluña. Con ello os aseguro que la resistencia se hubiera prolongado unos meses más y lo suficiente para dar lugar a un cambio en la situación internacional.
    Cualquier mediano observador, podía saber perfectamente que después de Munich la guerra mundial era inevitable. Recuerdo, nos dice el abuelo, que la primera noche que pase en Marsella le dije a un oficial francés que pronto lucharíamos juntos, a lo que este lo reconoció al tener las mismas convicciones que yo. Pero cuando no dejo lugar a dudas, fue en marzo del 1939 después de la entrega de Checoslovaquia a los Alemanes. A partir de aquel momento, incluso Chamberlain, deseaba la guerra.
    Cartagena en los últimos días de la guerra era un hervidero de gentes en busca de una plaza en cualquiera de los barcos que salían precipitadamente del arsenal, para entregarse a las autoridades francesas y con gran tristeza nos dice que dos días después de su llegada a Marsella. Los periódicos locales daban la noticia del final de la guerra Española.
    El abuelo ahora hablaba pausadamente y sin gran tristeza en su voz. Como si hubiera largo tiempo meditado este momento. Para decirnos que en un buque de la Armada Española de guerra llegó a últimos de marzo a Marsella y recuerda que experimentó cierta admiración al doblar el cabo Croisette y ver cómo se abría ante la proa una vasta curva marítima. En el centro de ella, una colina abrupta y desnuda avanzaba hacia el mar, sosteniendo en su cumbre la basílica y la torre cuadrada de Nuestra Señora de la Guardia.
    Marsella era por aquel entonces el puerto más importante del Mediterráneo, y en su bahía de cortas olas se alzan varias islas amarillentas con franjas de espuma y sobre ellas las torres robustas del novelesco castillo de If. Donde el Conde de Montecristo consiguió evadirse para limpiar su nombre, logrando así su venganza. Después, nos dice que él, ya conocía Marsella pero siempre llegó a ella por tierra y ahora al contemplar la ciudad como algo insólito. Nos dice que ese día el mar se hallaba picado por un fuerte “Mistral” que forzaba la embarcación hacia la bahía. El puerto se hallaba repleta de mástiles y al fondo su amontonamiento de edificios grises, sobre los cuales brillaba la cúpula bizantina de la nueva catedral. En torno de Marsella se abre un semicírculo de alturas desnudas y secas, coloreadas alegremente por el sol de la Provenza y más allá de dicho semicírculo el horizonte estaba cerrado por un anfiteatro de ásperas y pardas montañas.
    – ¡Marsella, señor Antonio! – Le decía el oficial que gobernaba la embarcación y que según nos cuenta, era un madrileño de carácter muy abierto. Por lo visto, el también, en varias ocasiones había hecho escala en la ciudad.
    «Sonría hombre que cuando terminemos los trámites administrativos con las autoridades, le convido a una “buillabaisse” en el mejor restaurante de la Cornisa.
    – ¡Es terrible nos dice con un gesto agrio el abuelo! – Para, luego continuar diciendo que para él, Marsella en estos momentos, no tenia mayor interés y reconoce que había perdido su vigorosa alegría de vivir.
    Sobre todo porque esta ciudad le recordaba sus años jóvenes, dado en estas mismas calles repartía propaganda y en muchas ocasiones dormían en los soportales. Pero ahora lo que más le producía desesperación, era la situación de su familia; abandonada a su suerte en ese Madrid vencido.
    El buque llegó a la boca del puerto viejo, dejando a su derecha y en lo alto las baterías del faro. Este puerto viejo era el recuerdo más interesante de la antigua Marsella que tantas veces inmortalizo “Marcel Pagnol” a través de sus libros. El puerto penetra como un cuchillo acuático en las entrañas de la ciudad y es original observar como los edificios se extienden por sus muelles. Es como una plaza enorme de agua a la que afluyen todas las calles. Pero su área, por resultar insignificante para tanto traficó marítimo, hizo que ocho puertos nuevos venían de abrirse cubriendo toda la ribera de la bahía y finalizando en el pequeño puerto pesquero de la Estaca. Desde aquí el puerto se prolongaba tierra dentro por el gran canal subterráneo que veía de nuevo su luz en el municipio de Marignane, para seguir su ingenio trazado hasta poner en comunicación al puerto con el Ródano.
    Los tramites con las autoridades francesas. Fueron excelentes, y el “prefecto” que le recibió personalmente quedó sorprendido por su buen francés no tardando en expedirle su carta de refugiado político; a la vez de ofrecerle una ayuda económica momentánea y hasta que encontrara una ocupación remunerada. Al salir de la prefectura se dirigió a las señas que un gendarme le había aconsejado como hotel muy cerca de la famosa “Cannebiere” vía central que termina en el puerto y concentra la mayor actividad de la ciudad. Ese día cuenta, que como tantos otros días un viento violento arremolinaba en ella los cartones y papeles.
    Este molesto Mistral pone en guardia a los comerciantes y cada dueño de establecimiento se preparaba para hacer frente al habituado huracán, que vuelca mesas e impide a la gente, con sus ráfagas continuas poder marchar sin sujetarse en las paredes.
    Más tranquilo y con un rostro que determinaba resignación, sigue para decirnos que una de las cosas que más le gustaba por las mañanas era pasear por el viejo puerto, con el fin de apreciar la variedad de pescados. Que todavía algunos de ellos saltaban con movimientos bruscos ante la falta de su única posible existencia. - El agua.
    Era verdaderamente curioso admirar estos puestos alineados a lo largo del viejo puerto a la vez que esto le permitía entablar conversación con algún grupo de españoles.
    Después dice que marchaba a una de las calles paralelas a la Cannebiere donde había un local frecuentado por españoles y nos dice que además era raro el día que no se acercaba a este pedazo de España. Ya que en su interior, laminas en representaban corridas de toros, periódicos de Madrid olvidados en las mesas y una guitarra en un rincón hacían de este establecimiento algo que le hacía menos penoso su exilio.
    -Sí, ese era el lugar ideal donde españoles con sus mismas inquietudes buscaba las últimas noticias de su tierra.
    Los días al principio parecían monótonos, pero no tardo mucho en producirse el acontecimiento terrible del siglo. Pues como era de esperar la IIª Guerra Mundial acababa de estallar y pese que ese día encontró un grupo de españoles que le aseguraban que la guerra sería muy corta. No fue así, pues transcurrieron los meses, la guerra se prolongaba y nadie podía adivinar su término. Por el dueño del bar que era un Catalán con ideas anarquistas y afincado desde niño en Marsella, ese día nos dice que participó en una reunión que se celebraba en un local de la F.A.I (Federación Anarquista Ibérica)no muy lejos de allí y más preciso, en la rué Pavillo. Allí nos dice, que pronto conoció a sinnúmero de refugiados como él y que por sus conocimientos del francés fue elegido al comité de resistencia “antifascista” y a la vez, responsable de relaciones con las autoridades. En realidad su responsabilidad era la solidaridad con los demás grupos y sobre todo la ayuda a todos los españoles necesitados.
    Se sigue
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    editado mayo 2011
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    La campaña contra Francia comenzó el 5 de junio, Italia declaró la guerra a Francia y Reino Unido el 1 de junio. La “Línea Maginot”, que dejaba a merced del enemigo la frontera con Bélgica que creían indestructible, pero no aguanto la poderosa ofensiva Alemana. Pues el comandante de las fuerzas francesas, el general Máxime Weygand, no disponía de ningún medio para proteger París por el norte y el oeste. El 17 de junio, el mariscal Henri Philippe Pétain, nombrado jefe de gobierno el día anterior, solicitó un armisticio, que fue firmado el 22 de junio, en el que se acordó que Alemania controlaría el norte y la franja Atlántica de Francia. Pétain estableció la capital de su gobierno en Vichy el 1 de junio, en la zona no ocupada del sudeste y constituyó así un régimen colaboracionista.
    El 6 de diciembre del 40 François Pietri, embajador del gobierno de Vichy y allegado del Estado español. Presentó sus cartas credenciales al general Franco, y mismo se dice que Pietri y Franco se separaron fríamente. Más tarde los dos consejeros y funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores. Lebel y de la Tour du Pin. Completaron el equipo de Pietri, consiguiendo inmejorables relaciones de cooperación. A estos les siguieron los agregados militares. El capitán Delaye y los tenientes coroneles Epine y Beroetta. Que llegaron a un acuerdo vergonzante de colaboración que incluirá la represión y entrega sistemática de los refugiados españoles unos a los alemanes y los más significativos, al gobierno Español.
    En estas circunstancias pronto comenzó un éxodo masivo de evadidos de Francia. En cuanto a las cifras, unos dan 35.000 alistados en las fuerzas francesas combatientes, formando los batallones de choque. Otro número importante se lanzó a la lucha guerrillera en las ciudades o en el monte, y otros fueron apresados y conducidos por fuerza a trabajar en las fábricas alemanas. Así como los que con menos suerte, al ser delatados por los servicios secretos españoles, fueron conducidos a los tristes campos de exterminio.
    La situación desesperante dio luz al crearse la “Francia Libre”. Denominación que recibió el grupo de voluntarios franceses que, durante la IIª Guerra Mundial, se reunieron en torno del general Charles De Gaulle. Después de su llamamiento, hecho desde Londres el 28 de junio de 1940, para proseguir la lucha contra la ocupación alemana. Oponiéndose al armisticio francés del 22 de junio. Pronto contó con el apoyo de las denominadas Fuerzas Francesas Libres (F.F.L), dependientes de la logística británica. En junio del 43, se creó un comité Francés de Liberación Nacional en Argel, comprendido inicialmente por el propio De Gaulle y el general Henri Honoré Giraud. Tras la dimisión de éste en noviembre, el comité se trasladó en mayo del año siguiente a Londres.
    «Perdone abuelo pero quisiera preguntarle, si usted mantenía correspondencia con la familia». El abuelo sonríe, para luego sentándose a su lado cariñosamente le cogió la mano y le dijo: – No creas Antoñito que me olvide de la familia y además os contaré que por mis responsabilidades en la resistencia francesa conseguí mantener comunicación continua con la familia.
    Durante algún tiempo, las responsabilidades en el comité se limitaban a ayudar económicamente a través de la Cruz Roja Francesa a los compatriotas necesitados. La situación empeoraba por una guerra que se prometía larga y sus responsabilidades fueron cambiando hacia actitudes cada vez más peligrosas. Y es en noviembre del 42 que comenzó el éxodo en masa de evadidos franceses. Ante tal situación y por sus conocimientos, fue nombrado por los dirigentes de la resistencia de la que hacia parte activa. Responsable de organizar la salida masiva de oficiales franceses dispuestos a ganar Londres o Argel con el fin de incorporarse a la Francia Libre.
    Como veréis todo sucedió al azar, pues al mantener un contacto permanente con la Cruz-Roja y recibir consignas del comité de Argel por el intermediario de un comisario de Asuntos Extranjeros del que se manifestó voluntario a colaborar con la Cruz-Roja, nos dio por zonas geográficas los centros hoteleros dispuestos ayudarnos en España. Y así fue pues una mañana a comienzos de diciembre, le presentaron tres oficiales franceses, que por casualidad uno de ellos fue Louis Jacquinot y que después de la guerra fue ministro de De Gaulle.
    Fue Luis Jacquinot quien le facilitaría el contacto con Ms. André-Mas, responsable del paso de fronteras, a la vez Ms. André-Mas les proporcionaría unos voluntarios anónimos que les ayudaban a pasar la frontera por unos puntos clave, de este a oeste de los Pirineos. Siendo los más destacados; Dancharinea, Elizando, Valcarlos, Isaba, Nuria y un etcétera que una vez cruzado la frontera tenían que ganar Madrid.
    Es verdad que parecía una misión difícil, pero al parecer el enlace que les acompaño. Conocía a un compatriota suyo, llamado Joaquín Sánchez Robles, director del hotel Mora de Madrid. Situado cerca del museo del Prado y que durante la guerra hospedaba a gran número de franceses evadidos y con el beneplácito de ciertos policías locales bien remunerados. A este francés procedente de Argel y de origen español el abuelo de él dice, que le quedó muy agradecido por sus servicios a él personalmente y en particular a la Cruz-Roja.
    Al parecer la cosa fue más fácil de lo que creyó al principio y la carta con sus señas llegó por la mano del dueño del hotel Mora a su mujer y que luego periódicamente él se encargó durante años de que no le faltara correspondencia. Y es por ello que supo que su hija Matilde se había casado con un juez de primera instancia y que un año después nació este mocoso que es mi nieto. También os diré que en estos años tan difíciles y peligroso tuve mucha suerte al estar siempre muy resguardado por gentes de diferentes ideologías y que nunca podrá agradecerles lo que hicieron por él.
    Mientras tanto las tropas estadounidenses y francesas. Habían llegado a la costa meridional de Francia(al sur de Marsella) el 19 de agosto y establecieron el contacto con las fuerzas de Bradjey en las proximidades de Dijon la segunda semana de septiembre.


    CAPÌTULO XIX

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    editado mayo 2011
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    CAPÌTULO XIX

    Al terminar la guerra en Francia. Las cartas de Matilde fueron más continuas y alentadoras donde le decía que por mediación de su madre y de su yerno que él no conocía. Habían intervenido en la persona de un responsable político de alta categoría de la falange (Rafael Sánchez Mazas). Que no era otro que aquel joven espigado que en su día conoció en los salones del Casino de San Sebastián y que pretendió ser el futuro marido de Matilde. Al poco tiempo le comunicaron el día que debía pasar por el consulado de Marsella a recoger el visado que le permitiera regresar sin ningún peligro, de nuevo a Madrid.
    – ¿Creéis que no me da pena? – dijo–. «Siempre odié con todas mis fuerzas el fascismo, y ahora se me permite volver con el rabo entre las piernas a condición de perder mis actividades y presentarme periódicamente en la comisaria centro. – ¡Qué pena siento!… ¡Qué pena!»… Al ver en la situación que se hallaba nos precipitamos todos hacia él, para pasarle las manos por los hombros y al unísono le dijimos: –«abuelo no sufra la vida es así».
    –Muchachos… ¿Qué decís? – Sí, soy viejo pero no le deseo a nadie esta vida. – ¡Qué asco! ¡Qué asco! – En fin, -¿para qué recordar todo esto?
    – Abuelo no sufra y sepa que nosotros le comprendemos y sepa su lucha no fue en vano y con su sacrificio un día mismo si usted no lo ve. Conseguiremos que los hombres sean libres y los “Derechos Humanos” sean una razón de Estado.
    Al abuelo por fin, le hicimos sonreír y la pesadumbre que sintiese poco antes parecía desvanecerse. Pero también es verdad que nosotros aunque conseguimos tranquilizarle sus últimas palabras crearon una angustia indescriptible.
    Después se sentó de nuevo cerca de su nieto, para decirle: – ¿Comprendes? No tuve más remedio que seguir viviendo así y te pido que no-té de pena de mí, pues yo hice lo que creí que era mi obligación mora, pero la vida es así.
    – « ¿Comprendes?, Antoñito, no puede ser de otra manera. – Es verdad que al principio se me hacía muy cuesta arriba, pero ahora he llegado a comprender que no puedo seguir amargando las vidas de mis seres queridos».
    Bueno muchachos yo creo que no obstante debo continuar explicados como fue mí llagada a la capital. Que os diré que pasé toda una noche sin dormir y que por fin, a las cinco de la tarde llegó el tren sin mayor complicación a la estación del norte. Y os aseguro que el Madrid del año 45 me dio mucha pena y misma si se había establecido la tranquilidad de los años de guerra. Os asegura con cierta resignación que las gentes marchaban tristes y con un abatimiento general.
    De nuevo sintió otra vez odio contra esta dictadura fascista inhumana y retrógrada y, al llegar a la altura de la Plaza del Callao permaneció inmóvil con la mirada perdida en este gentío y dice que percibió en sus rostros una notable indiferencia a los acontecimientos. Algo así como si su única ilusión fuera pasar desapercibidos en su precaria subsistencia.
    Después levanto los hombros y sonriendo con desprecio a esta pasividad de las gentes, se dijo con cierta resignación que con el tiempo la dictadura se fortalecería por su privilegiada situación geográfica en Europa. Contaría siempre con el apoyo incondicional de las potencias capitalistas de Europa y especialmente con el apoyo incondicional de los Estados Unidos de América en su desesperada lucha contra el Comunismo.
    Como si le animase de pronto una nueva fuerza, se puso a caminar por la calle abajo en dirección a la Corredera Bajo de San Pablo y no volvió a levantar los hombros al sentirse acobardado ante su nueva situación tan desagradable. Pero ahora hacia su persona; por haber aceptado volver… Pero nos dice que según se acercaba a su casa se fue calmando poco a poco al recordar que su familia le necesitaba y que no eran responsables de sus derrotadas ideas.
    Más tarde, al recordar de nuevo su situación actual y observar que no dejaba de su mano el salvoconducto que le entregaron en Marsella le hizo reflexionar sobre su situación y comprendió que si su vida estaba amenazada y controlada; no debían por su familia crearla de nuevo más problemas.
    – Y, además. – ¿Quién sabe si le habrán seguido hasta aquí?
    – Él tenía la certeza que por mediación de la policía francesa conocían sus actividades en Marsella y que en todo instante seria vigilado.
    ¡Maldita política!… Y está desesperada afirmación de su situación, le hizo sonreír burlonamente al recordar doloroso pasado y reconocía que su recuerdo pesaría el resto de su vida como una losa. Pues él reconocía que su filosofía era una utopía y sus ideas eran buenas las religiones seguían envenenado todo lo relacionado con el humanismo. Ante la insistencia de sus recuerdos y la tenacidad con que se repetían. Terminó por cerrar sus puños y avanzar con paso rápido por la calle, hasta encontrarse ante el oscuro y silencioso portal de su casa.
    Como si le animase de pronto una nueva fuerza, dice que sonó la puerta como si fuera un ser extraño y, al abrir la puerta una mujer surgió del profundo pasillo que salto hacia él con los brazos extendidos y fue tan violento el impulso que le hizo chocar contra el cerco de la puerta. Era Matilde que con su abrazo femenino cerro a la vez sobre él su boca con esos de labios ávidos, suspirantes, a la vez unos ojos lagrimosos por la emoción; era acompañado de una sonrisa, mezcla de amor y de nerviosidad dolorosa.
    – ¡Tú!… ¡Tú! – Volvió a repetir Matilde con voz llorona, a la vez que le temblaban las piernas y nos dice que como una ola de frío le estremeció la espalda de felicidad. – ¡Antonio! – Suspiró Matilde, intentando abrazarle de nuevo y después recuerda que era tal su felicidad que poco a poco se fue habituando a la luz difusa del pasillo. La cual le permitió ver detrás de ella a su hija Teresa esperando su abrazo, que fue a la vez prolongado, cariñoso y sufrido. Luego al contemplar de nuevo a las dos mujeres con ojos amorosos nos dice, que aún guardaba cierta timidez llego a decir a Matilde: – ¡Estás muy bonita! – ¡No has cambiado nada! A lo que Teresa al ver en la situación en que se hallaban sus padres terminó por decirles.
    – ¿Qué hacen ahí contemplándose con ojos exaltados? – ¡Cierren la puerta y pasen al comedor que padre estará cansado!
    –Os lo afirmo con la mayor convicción que fue después de este hermoso momento, que comprendí que al fin y al cabo la vida era hermosa; pese a la situación en que se encontraba. Era la teoría del eterno comenzar de las cosas, mismo si no aceptaba su falsedad. Para él los hombres y los sucesos, se continuarían repitiendo como ocurre en la tierra, los días y en las estaciones. Y aunque todo a los ojos de los demás pareciese igual, las cosas no serian nunca iguales realmente para él. La verdad es que mismo si la situación en las calles para muchos parecía de una tranquilidad correcta. Él estaba convencido que era una paz de cementerios y mismos si su situación era difícil sus sentimientos no cambiarían.
    – Es verdad, pero cruel que la vida se desarrolle así siempre ocultando su situación mentirosa e inmovilista durante centenares de siglos. – ¿No era un simple engaño de sus ojos?– ¿Era su mente la que vivía en un error? Debía de reconocer de una vez para siempre, que era inútil, pensar que sus ideas al quedar hoy vencidas, un día se desarrollen como él había pensado.
    – ¡Frustración, esa será su realidad!
    – «Ya que de una vez para siempre debería dejar de soñar y asumir en la nada sus sentimientos».
    Se sigue y termina
  • pablogarciapablogarcia Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2011
    termina
    EPÍLOGO
    Ante nuestro silencio profundo, y después de extender su mirada cansada por cada uno de nosotros. Se levantó cautelosamente y con gesto de fatiga pidió perdón y se dirigió hacia la puerta del pasillo donde la abuela Matilde le esperaba con la sonrisa de siempre. Para después perderse con su caminar fatigado y torpe por el pasillo.
    Mientras tanto España. Se cierra en una larga historia cada vez más complicada haciendo Franco oídos sordos a los continuos fusilamientos de los llamados rojos y donde más de 300.000 serán fusilados. Para un buen español su deber era denunciar a un “Rojo” y los abusos fueron tantos que se tuvo al final un poco al obligar por adelantado tener que hacerlo por escrito y firmar. No obstante, los tribunales militares instituidos por Franco, son de consejo de guerra y sin apelativos… Siendo inútiles todas las protestas internacionales. « España entra en una atmósfera trágica y oscura».
    Para hacerse una idea del poder de la dictadura habría que partir del decreto del 4 agosto de 1937, en el que define a Franco como instigador. - «De una época histórica durante la cual España cumplía su destino si realizaba los objetivos del “Movimiento”». “El Caudillo” ejerce la autoridad la más absoluta y en el más amplio termino. « El Caudillo es responsable delante de Dios y de la Historia».
    Las leyes de los años siguientes le acordaran « todo el poder del Estado, todas las funciones gubernamentales» y «el poder supremo de establecer las normas jurídicas de carácter general». En una palabra, él es el Caudillo de España por la gracia de Dios, ó sea: « ¡El estado es mío!».
    Fue la última vez que el abuelo volvió a sentarse con nosotros de la misma manera y fueron los años de dura frustración que acabaron con él. Pero para mí, el abuelo no llegó a comprender que le tocó vivir la época más brutal de la historia humana. Al ser la codicia probablemente la problemática más dura que ha de afrontar el ser humano… No creo que el carácter fundamental de la humanidad vaya a cambiar y todo porque somos animales carnívoros y esto nos fundamenta.
    También estoy seguro de que su vida fue como la de tantos otros en el sufrido periodo que le tocó vivir y sus recuerdos son corrientes. Sus sentimientos le vienen de que cuando fue joven había cuatro o cinco pensadores que marcaron la pauta del siglo… Einstein, por ejemplo, era uno de ellos, otros eran: Bakunin, Marx, Alber Schweitzer, Ghandi y alguno más a los que él admiró. Pero ahora no hay nadie parecido, desde que mataron al “Che Guevara”– Ya no queda nadie…
    – Y pese a que siempre tuve miedo a la huida del tiempo, al desgaste del recuerdo y las esperas frustradas. Siempre recuerdo palabra por palabra todo lo que “el abuelo” nos contó y por eso que decidí escribir algo parecido a sus memorias que él no llegó nunca a escribir. – No obstante, la verdadera historia de Antonio Hernández fue sin ninguna duda su gran personalidad y sobre todo sus humanos sentimientos. Por eso estoy seguro que su sacrificio como el de tantos otros no fue en vano, pues ellos contribuyeron con su ejemplo y sacrificio a que otros jóvenes más tarde hiciéramos realidad sus sueños. «La de una España que si no es Republicana, por el momento ya es democrática».
    Marginane – Francia--
    Pablo-García-Cabrero
  • GaiaGaia Anónimo s.XI
    editado mayo 2011
    pablogarcia escribió : »
    Gracias y este libro está a la venta, pero también se puede descargar gratuitamente en:
    http://www.bubok.es/

    SENTIMIENTOS FRUSTRADOS
    PABLO GARCIA CABRERO
    A Mercedes


    PRÓLOGO

    Si se quiere relacionar el tiempo histórico con el tiempo presente, veremos que es necesario tomar conciencia de que la historia no solo se hizo por personas cuyos nombres figuran en sus anales.
    El desconocimiento de la verdad histórica, fue y es una tremenda injusticia y a la vez la sustancia transformadora de males mayores. Por eso, he creído necesario; aprovechar mi experiencia personal y elaborar ordenadamente todos los datos obtenidos por personas que participaron en los acontecimientos reales de nuestro pasado histórico. Sensibilizar a las nuevas generaciones del dolor y sufrimiento que ha costado la conquista de los Derechos Humanos y el bienestar social.
    Este libro, busca mejorar la relación humana con nuestros hijos a quienes tenemos la obligación de explicarles que todo el sacrificio de una generación es la consecuencia de lo que son; seres vivos, capaces de no olvidar el pasado y poder transmitir y defender nuestro patrimonio cultura.
    Proclamada la República tras la victoria electoral del 12 de abril. «Llegaron las manifestaciones de júbilo». La gente comenzó a gritar: - ¡Viva la República! ¡Ha entrado la República!
    Para mí, la república del 31 es algo casi utópica, pues «la República fue muy avanzada para su época». - Mejor que la actual democracia… En mi opinión, la monarquía de la época fue negativa: «Con la monarquía nadie estaba contento». La represión era continua y la libertad de expresión no existía por lo que nadie quería a Alfonso XIII y todo el mundo pedía una República.
    La República duro solo… hasta las elecciones de 1933 que ganaron los conservadores. Ante estos acontecimientos empezaron a organizarse manifestaciones, unos con las manos abiertas y alzadas, y otros con las manos cerradas y en alto. Hasta las madres levantaban los brazos a los niños.
    Al no dar solución a sus reivindicaciones los disturbios no cesaban, produciendo la rotura de los trabajadores con la República, a tal punto, que mismo la gente del pueblo tenía miedo a los “rojos”. Aprovechando que en aquella situación la Iglesia que tenía mucha importancia y al existir una especie de alianza entre las armas y la cruz. José Antonio Primo de Rivera fundó La Falange, para intentar glorificar la España del pasado.
    La guerra, para la mayoría fue inevitable, dado que los intereses económicos en juego eran enormes, en una España donde el 85% del pueblo era analfabeto y las clases oligárquicas no dispuestas a perder sus privilegios.
    Aquella guerra fue sangrienta al enfrentarse hermanos contra hermanos, solo por el hecho de estar situados en diferentes regiones. «La Guerra Civil, según mi padre, “fue demasiado sangrienta para describirla con palabras, aunque las más adecuadas podrían ser: hambre, dolor, armas e Iglesia." El 1 de abril de 1939 el general Francisco Franco emitió el último parte de guerra anunciando la victoria de los rebeldes. El triunfo de estos permitió la restauración de un régimen dictatorial encabezado por el mismo general Franco. Dicho régimen dictatorial sustituyó al sistema parlamentario republicano.
    La guerra, la ganó «El Caudillo con la gracia de Dios y el apoyo de todo el capitalismo internacional». A Franco lo apoyaron Alemanes (con aviones y artillería), Italianos y moros, de ahí que la ganase; aparte de que el número de militares de derechas era mayor que el de izquierdas, también hay que añadir que Dios siempre estuvo del lado de los poderosos y la prueba está aquí: –Himno de los españoles patriotas Nace el día que no muere.
    Brilla de nuevo nuestro sol.
    Resurgir que Dios lo quiere de nuestro Caudillo Español.

    La principal consecuencia de la guerra civil española fue la gran cantidad de pérdidas humanas (tal vez más de un millón), no todas ellas atribuidas a las acciones bélicas; sí no también muchas relacionadas con la violenta represión ejercida por el fascismo después de acabar la guerra y a esto hay que añadir el destacado numero de exiliados originado por el conflicto.
    En lo que respecta a lo económico, las consecuencias principales fueron la pérdida de reservas, la disminución de la población activa, la destrucción de las infraestructuras, así como de viviendas. Por todo esto la mayoría de la población española tuvo que padecer durante la contienda, y tras terminar esta, a lo largo de las décadas de 40 y 50, los efectos del racionamiento y privación de bienes de consumo.
    «La guerra fue mala porque se perdieron amigos y familia, pero la posguerra fue peor a causa del hambre, la miseria y la falta de libertad». La represión, sin contar los asesinatos de gentes durante la guerra, hay que añadir los que Franco continuo matando hasta unos días antes de morir, cuando firmó las últimas sentencias de muerte.
    Al acabar la guerra muchos huyeron a las sierras y montañas para que no los mataran; estos grupos fueron los llamados “maquis”. Este tipo de guerrilla se desarrolló hasta bien entrado los años cincuenta, y posteriormente la lucha contra la dictadura se prolongó después con diferentes tácticas clandestinas, hasta la “destrucción del sistema Franquista”.
    En conclusión este libro, intenta narrar a través de sus protagonistas los sacrificios de hombres y mujeres que anterior a la guerra, en la guerra y postguerra. Les marco sus vidas. Es la historia de tres generaciones que «vivieron con la angustia del miedo» y no dudaron en morir o dar lo mejor de sus vidas por la reconciliación nacional de una España libre y democrática.



    CAPÌTULO I


    Cuenta mi amigo Francisco Ruantes, que fue en la posguerra cuando todos sintieron en mayor o menor grado frustrados. Un ejemplo fue el de su padre Cipriano Ruantes que encontró grandes dificultades para hallar un trabajo digno. Pues para acceder a él, era necesaria la presentación de informes favorable de los vecinos del pueblo y familiares, que atestiguaran que se trataba de una persona de confianza pero según su padre no consiguió nunca esos informes favorables.
    Mi amigo está seguro que su padre luchó en zona Republicana porque Asturias quedó en este bando, «pero está convencido que su padre no se enteró mucho de cuál fue la razón de su lucha». Su padre dice que estuvo en Murcia, en Almería y en Madrid donde la batalla fue muy sangrienta cayendo poco después prisionero de los nacionales.
    La verdad fue que el padre de Francisco al terminar la guerra estuvo preso en un cuartel de Leganés donde según cuenta «tenía que apartar los piojos del lavabo para poderse mojar un poco la cara.» Había allí «cinco mil hombres, custodiados por otros cinco mil del bando nacional, los cuales se limitaban a darles cada veinticuatro horas un trozo de pan…y cuando preguntaban por alguien se podía predecir que lo iban a fusilar.» Según el padre de Francisco, las cárceles franquistas eran durísimas, por las malas condiciones de habitabilidad que hacían que la mayoría tuviese que dormir en el suelo o con más suerte sobre un colchón de paja y en pésimas condiciones de higiene. La ropa se lavaba de tarde en tarde, la comida era mala y escasa y recuerda el hambre, el frío y más de una que vez tuvo que dormir a cielo raso mientras helaba.
    Los abuelos de Francisco llegaron a creerlo muerto hasta que les llegó una carta por mediación de un soldado del bando contrario que era de un pueblo cerca del suyo. Pero mismos así, hasta que no volvió Asturias sus padres no llegaron a creerse que aun estuviese vivo. Durante la guerra muchos de sus paisanos fueron perseguidos y bastantes de ellos murieron a manos del ejército nacionalista, siendo algunos de ellos delatados por sus propios paisanos y amigos de toda la vida. Sin embargo, al padre de mi amigo Paco, nadie lo delato ni hablo mal de él a pesar de su fama de liberal e incluso de rojo. Esto no impidió que según cuenta su padre estuviese preso durante dieciocho meses, hasta que fue liberado después que la encuesta demostró que no-tenía nada que esconder de su vida. Su padre volvió, al mismo tiempo que un amigo llamado Antonio, el cual tuvo la sorpresa de encontrar a su novia embarazada por uno de sus mejores amigos que trabajaba en el ayuntamiento y que termino siendo uno de los cabecillas de la “falange”.
    Al enterarse, todos los vecinos del barrio creyeron que su amigo le iba a matar y pese a que su padre intentó ayudarlo moralmente, no pudo por qué la gente se reía de esa falta de orgullo y, un día que la chica marchaba sola por la calle, enfurecido la mató a cuchilladas. Como era “rojo” y pobre, llegaron los civiles a por él y lo fusilaron de inmediato en el frontón de la iglesia.
    El padre de Paco le contó esta historia durante muchos años sin comprender jamás cómo se llegó aquella situación y repetía que nunca ni él ni su madre pudieron olvidar aquellos amargos días.
    La posguerra fue una época de «mucho miedo y poco pan», y su padre a pesar de trabajar muchas horas, mismo siendo propietarios, no logró que su familia pasase mucha hambre. Fue entonces cuando se notaron las diferencias de clase. ¡Pues los que tenían dinero podían comprar y los que no a pasar hambre!…

    Se sigue y gracias

    La verdad es que ya lo que es el prólogo me ha encantado y me lo he bajado para leerlo entero. Gracias por colgarlo y facilitar el link Pablo, es todo un regalo.
  • pablogarciapablogarcia Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado mayo 2011
    Gracia y Bubok podrás también leer además de Sentimientos Frustrados mis otros libros.
    El Habanero--Hijos del Celibato-El Humanismo Imposible y Grabado en la Memoria. Saludos
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado junio 2011
    Estaba más atrasada, pero aqui voy de nuevo por Matilde:D:D:p:)
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