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A mi amigo Marcelino, allá donde esté: Feliz Cumpleaños, 21-4-11

ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
editado mayo 2011 en Narrativa
Hablando de diversidad y de aceptación (tras el micro "Alicia" de Alhaken), he aquí de nuevo uno de mis relatos más queridos, en ocasión de un nuevo cumpleaños...



Marcelino transcurre sus días en la peluquería de su hermana Ana. Desenvuelve tareas rutinarias y sencillas en un ambiente que conoce como su propia casa: limpia los cepillos, barre el suelo, lleva las revistas a las señoras. También ordena los rulos y bigudís en los cajones y dobla las toallas por colores.


Algunos días se pone una de las batas y se queda sentado largo rato en silencio, con los ojos cerrados, o bien, pasea sin cesar por el local. En esas ocasiones está taciturno y malhumorado, tal vez le duele la cabeza.


Generalmente es loquaz y amable, las señoras lo conocen y le tratan con cariño, pues él tiene siempre una palabra, un gesto para cada una, incluso alguna vez se ha atrevido a regalar un dibujo a una en especial.
- Éste es para ti.
- ¿Para mi? Pregunta la señora obsequiada. ¿Y qué es?
- Es tu retrato, señora.
- Muy bonito, gracias Marcelino.

La señora observa divertida el retrato de una niña vestida de rosa con rulos en la cabeza, en medio de un prado verde y un cielo azul coronado por un sol amarillo.

Marcelino no tiene malicia. Su rostro está siempre enmarcado por una dulce sonrisa, por una alegre mirada de ojos almendrados y risueños. Cuando escucha las conversaciones de las clientas se queda ensimismado, un hilillo de baba resbalándole por la barbilla.

Su pasión es el fútbol. Conoce todos los equipos, los nombres de los jugadores y está al día de los partidos, los goles. Opina sobre cómo han jugado el domingo, por qué unos han perdido y otros han ganado. En la peluquería él es el experto en este tema, las mujeres le escuchan y aprecian sus opiniones de entendido. Es tal su lealtad, que además de los pantalones bermudas que siempre viste dejando descubiertas sus cortas piernas imberbes, nunca deja de ponerse la camiseta de su equipo preferido.


Todos los años, el día de su cumpleaños, se repite el mismo ritual. Ya unos días antes de la fecha, Marcelino se dirige una por una a las clientas, para invitarlas a su fiesta:
- Estás invitada a mi fiesta el jueves. Me harías muy feliz si vinieras. Habrá pastelitos y pizzas.

La señora acepta, como todas las otras. Alguna le llevará un detalle, un llaverito o algo similar, objetos relacionados con el fútbol, con su equipo favorito. Podría ser incluso una camiseta nueva.

Para la ocasión, Ana prepara una mesa en el fondo del local, cocina pequeñas pizzas con queso mozzarella, tomate y orégano que a Marcelino gustan mucho, una torta mimosa, su preferida, profiteroles de chocolate y nata.

El día del cumpleaños, Marcelino atiende impaciente en la entrada de la peluquería, controla la llegada de las señoras, nota si falta ésta o la otra, se pregunta si se retrasa, si no va a venir. No le perdonaría a ninguna que no viniese, por lo menos no le dirigiría la palabra en una semana.


Está exultante. Ha esperado todo el año y para la ocasión viste unas bermudas rojas y una camiseta roja y amarilla, la de su equipo; las zapatillas de deporte son nuevas, regalo de Ana.

Mientras su hermana preparaba el refresco, ya se ha comido sin que nadie le viese, tres profiteroles, de chocolate, que le gustan más. Lleva la marca delatadora en la sombra del bigotillo.

Por fin llega el momento de soplar las velas. Su hermana apaga las luces, en el salón de peluquería reina la expectativa. Marcelino se prepara, abriendo con desmesura los ojos, encogiendo los labios por donde soltará el aire que ahora aspira rumorosamente.
Aparece Ana con la torta, las señoras cantan cumpleaños feliz, cumpleaños feliz... Marcelino aplaude con vigor mientras su hermana posa la enorme tarta delante de él.
Entonces Marcelino, con toda la fuerza que sus pequeños y asmáticos pulmones le permiten, sopla y apaga de un solo golpe las 56 velas de su tarta.


A Marcelino, amigo mío
Down

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado abril 2011
    Muy bonita historia la de Marcelino, :), inspira mucha ternura;):p:)
  • Alhaken IIAlhaken II Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado abril 2011
    Entrañable y generosa felicitación.
    Muy bien escrito tu cuento, Shaianti, con el ritmo perfecto para ir embebidos en un personaje que va a ser especial al final del mismo.
    Los ¿enfermos? de síndrome de Dawn son personas especiales por sí y porque hay personas que los hacen especiales.
    Yo tuve un amigo oligofrénico (lo nombro sin eufemismos), durante mi práctica militar. La rigidez (y brutalidad) de la milicia lo tenía maltratado y marginado. Pude favorecerlo y, a pesar de su limitación, me ayudaba eficazmente y no dejaba de darme muestras de agradecimiento. Se llamaba Antonio y era de Mollina, un pequeño pueblo de Granada. No lo olvidaré porque, para mí, fue especial... como tu Marcelino.

    Gracias por recodármelo.
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado abril 2011
    Shai,es precioso el relato,has conseguido con ternura,poner voz a esas personas.Me encanta y hasta me atrevo a decirte que me ha emocionado,caray,si hasta tengo un nudo en la garganta.Felicidades.
    Un saludo desde el sur.
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado abril 2011
    Alhaken, me alegro que este relato te haya acercado ese afectuoso recuerdo.
    Entre otros avatares de mi vida, trabajé durante largo tiempo en un centro psiquiatrico, en Italia, a cuyos usuarios he dedicado unos relatos bajo el tìtulo de Tapices, publicados en el foro, entre ellos el de Marcelino.
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado abril 2011
    Muy emotivo relato que hace justicia a estas personas con síndrome de Dawn. Yo también traté de cerca, en mi trabajo, a una niña así, y tu escrito me ha recordado algunos momentos vividos.

    Además, quiero felicitarte por lo bien que escribes tus relatos. Si no comento algunos es porque el tema no me atrae, pero, sin embargo, en todos he reconocido tu maestría narrativa.

    Un abrazo.
    Sinrima
  • IfigeniaIfigenia Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado abril 2011
    Me ha gustado mucho el relato.
    Buscaré Tapices.
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado abril 2011
    Sinrima, gracias por tu generoso comentario. Yo también te leo por aquí y en poesia, y aunque no siempre comente, aprecio y estimo tu labor.

    Ifigenia, los capítulos que publiqué del conjunto Tapices (el último también lleva este título) son, en el orden: La Clase, Feliz Cumpleaños Marcelino, Diana, El Doctor, y Tapices. Puedes encontrarlos en mi perfil, buscando temas publicados por mi. Apreciaría mucho tu comentario, así como el de otros foristas nuevos. Es una obra en la que en realidad aún estoy trabajando y es importante ver el punto de vista del lector "desde afuera".
    Como cito: "en el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón" (Niestzsche)
  • Alejandro68Alejandro68 Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2011
    De chico tuve un golpe, que me dolió de grande.
    Tu hermosa narración Shai, también removió mis recuerdos; cuando niño...

    Tuve una bici Graziella rodado 16" con todos los chiches,dínamo&luces, etc.; y con 6 intrépidos años debía pedalear en el aire:D porque mis pies estirados desde el asiento agatas se afirmaban en lo suyo. Ésto viene a cuenta para que tengan una idea del pesado vehículo en cuestión.

    Lucy, vivía cerca de mi casa, más específicamente en la misma cuadra.
    Ese día sucedió que rebasé su casa, para llevar mi paseo hasta tres vecinos más...¡ y a la vuelta, justo cuando estaba levantando velocidad !..." salía ella, vestida de rosado con falda corta y zapatillas de cristal "; igual que en una caja musical ella, bailaba sus bemoles de chica Down.
    Todo fue tan rápido; yo que sabía de su existencia quise mostrarle como andaba, y Lucy, supongo que quiso mostrar su felicidad al viento y cuan bello era su rosado tul.

    El choque fue inevitable e imponente:( Ambos nos desparramamos.
    Lloré, por miedo al pensar que la había lastimado.
    Cuando salieron sus padres para socorrernos, Lucy llorando se me acercó y me abrazó!!!
    Por Dios, qué Divina que fue.
    Sus papás me explicaron que recién cumplía quince años y que no me preocupara, los cortes eran de poca entidad.

    Los años vinieron, y siempre sentí el aprecio de esa familia.
    Y la cosa no termina ahí, porque cierto día en su casa le pregunté a mi querida & tierna amiga si se acordaba de aquella vez...
    Pues sí, lo tenía patente.

    ...Sentí su desaparición.
    Lucy, fue muy especial no por su condición, sino por su extraordinaria bondad.
    Cuando otros niños pretendían burlarse de ella yo les paraba el carro en seco. Algunos, nunca supieron qué clase de persona fue.

    Un gran abrazo, para todos._
  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado mayo 2011
    Dragon, se me despistó tu comentario. Gracias por tus palabras, me alegra saber que mi escrito te transmitió esa conmoción.

    Alejandro, qué bonita remembranza. Estas personas, lo único que tienen de especial es el corazón...
  • AljamodAljamod Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2011
    ¡Hola Shai!

    Me gustó tu relato, y me trajo recuerdos. Cuando niño fui amigo de Pablo, un niño unos años mayor que yo que tenía el síndrome de Dawn.
    Y concuerdo con el comentario de Alhaken II. "Los ¿enfermos? de síndrome de Dawn son personas especiales por sí y porque hay personas que los hacen especiales."
    El niño que yo conocí era bastante malhumorado. Y creo que eran sus padres quienes se lo transmitían.

    Saludos
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado mayo 2011
    Shai,no te preocupes,yo misma hay veces que no veo ni la mitad de lo que ponen y me doy cuenta pasado los dias de los buenos relatos o escritos que han colgado.
    Como dije,es un relato enternecedor,y más de una vez,nos olvidamos de que hay personas ahí afuera,que con su saber estar y cariño,son mejores que muchos.Dá igual si tienen alguna " tara ",( palabra que no me gusta para nada,pero perdoname si la pongo,no encuentro la palabra correcta ),más " taras " tienen,el que no sabe apreciar la sencillez.Saludos desde el sur.
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