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La Leyenda Titánica Marina (Rol)

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Comentarios

  • AljanAljan San juan de la Cruz XVI
    editado febrero 2011
    -¡Señor! ¡Lord Brennan, milord! - Garblitz llamaba a la puerta de la habitación del gobernador sin obtener respuesta alguna. Johnson, el oficial de la Armada, le vio y se extrañó ante su conducta.

    -Sir Garblitz ¿qué hace?

    -Ah, hola. El gobernador me encargó una misión y vengo a decirle que ya está cumplida pero parece que no está.

    -Es tarde y hoy ha tenido un día duro. Me comentó que se iría pronto a la cama.- Indicó Johnson. Garbltiz deisistió en su empeño y bostezó, él también estaba cansado tras su misión de reparto en la que se había mezclado con gente violenta, agresiva y extraña. -En fin, Johnson, le informaré mañana...Me voy a la cama. Estoy agotado. Buenas noches.

    -Buenas noches, sir. - Se despidió el oficial. Garblitz se metió en su habitación y cerró. Johnson deseó poder dormir también pero Brennan quería tener su escolta lista para ir a ver al capitán Mabyn al día siguiente y había insistido en que sus hombres estuvieran impecables para causar buena impresión en la isla Tortuga y eso le llevaría bastante tiempo así que continuó su camino.

    La puerta de Brennan estaba cerrada a cal y canto pero él no estaba dormido...no estaba en la habitación.

    El almacén del Viejo Truhán se alzaba siniestro en el extremo del puerto. Era un desvancijado comercio antiguo cuyo propietario fue conocido por su riqueza y por su habilidad para estafar de modo que cuando murió no tardaron en tejer leyendas sobre su espíritu ligado para siempre a sus bienes materiales de modo que nadie quería demoler el almacén ni arrendarlo y aquel lugar, escudado por las supersticiones locales, era el lugar ideal para ocultar algo.

    En aquel almacén había un hombre con una larga capa y una capucha negra. En la oscuridad de la noche solo brillaba en aquella figura una espada que pendía de su cinto. El de negro se quitó la capucha: era Julian Brennan. El gobernador se dio la vuelta y contempló el destrozado almacén cubierto de polvo donde había citado dentro de un tiempo a quienes tuvieran valor para aceptar el trabajo. Le gustaba conocer el terreno antes y poder, así, preparar alguna prueba para que ningún incompetente se metiera en su grupo. No obstante, no podía pensar con claridad ya que, lo que fue tan solo una sensación fugaz ahora era una presencia auténtica que hacía arder la sangre templaria del gobernador y le indicaba claramente la presencia de criaturas mágicas en la isla. Brennan trató de calmarse. Desenfundó su espada templaria, que era bastante pesada y le impedía moverse con facilidad y la dejó sobre una superficie metálica cubierta de polvo.

    Con paso solemne se situó en la puerta del almacén, desde la que se dominaba casi todo el distrito portuario y miró con furia las tabernas y posadas locales sabiendo que aquella presencia estaba en una de ellas. Al mismo tiempo trataba de diseñar unas pruebas determinantes que le permitiesen elegir a su tripulación hasta que en su mente se hizo la luz y en su boca afloró una sonrisa de lobo. Habló en voz baja.

    -Dos pruebas...Una física, una mental. Los tripulantes que quiero tendrán que cumplir ambas...

    Un sonido le sacó de sus cavilaciones y rápidamente se giró para ver de que se tratabaaunque lo sospechaba. Volvió a donde había dejado la espada y vio que el metal bajo ella se había fundido y la hoja de su arma parecía emanar fuego. Solo había visto arder esa espada en una ocasión anterior, durante su Prueba. Aquel fenómeno le valió que su medalla identificativa tuviese forma de dragón. Brennan, cogiendo el arma en llamas sin quemarse se adentró áun más en el almacén donde prepararía todo para sus aspirantes. Tenía que ser rápido porque al día siguiente iba a hablar con la segunda parte de su plan: el capitán Mabyn.
  • editado febrero 2011
    Aún sentada en la misma roca, cuando el sol ya había caído por completo, Laodamia miraba alrededor. En sus varios siglos de vida había visto muchas cosas, unas bellas, otras horrorosas, pero nada de eso se comparaba con el efecto que la belleza de la naturaleza producía en ella. Al estar tan conectada con la Sabia Energía percibía cosas que los demás seres ignoraban, y se maravillaba de ellas.

    Estuvo así, contemplando la hermosura de aquella isla, por unas cuantas horas, apreciando cómo los cambios de luz la afectaban. Lo único que tenía que hacer en ese entonces era esperar, porque ya había emitido su mensaje y tenía la certeza de que había sido oído, así que debía esperar a que su humana viniera a ella.

    Los rumores de festejos de los humanos, provenientes del otro lado de la isla, ya casi se habían acabado por completo, debido a lo tarde que era en la noche. Sus oídos no percibían más que los sonidos normales del océano, y comenzó a adormecerse y perderse en sus pensamientos, que se convirtieron en el sueño mitad vigilia que tenían las sirenas.

    Veía a la humana de los ojos verdes junto a sí misma, y veía que ella sostenía un collar con una piedra roja sangre que recordaba de algún lado, pero no podía precisar de dónde. En el sueño ambas llevaban esa piedra al fondo del mar, a su hogar, y la colocaban en el Cetro Blanco, una formación rocosa que semejaba un cetro, y al hacerlo, una enceguecedora luz blanca salió de pronto de aquel lugar, despertándola.

    Un tanto confundida, Laodamia se sumergió en el mar para refrescarse, dio un par de volteretas y volvió a salir a la superficie. Eso siempre la ayudaba a despejarse luego de un sueño revelador. Contadas veces la Sabia se comunicaba a través de los sueños, cuando tenía algo importante para decir que no podía esperar a que se contactaran con ella, y esta había sido una de esas veces, se daba cuenta. El significado estaba claro: debía conseguir esa piedra, fuera cual fuere, y llevarla al Cetro Blanco junto a la humana. Cómo, ya vería cuando se encontrara con ella; pero lo que sabía a ciencia cierta era que esto tenía que ver con la muerte de Lis, y que esta era una forma de cerrar el vínculo abierto entre ambas razas.

    Un ruido la sacó de su ensimismamiento: algo se aproximaba a ella. Rápidamente se ocultó detrás de la gran roca y tensó su arco, preparando una flecha. Asomó su cabeza por un costado y vio que quien se acercaba entre la maleza era, por fin, la humana con ojos de sirena.
  • OcatoOcato Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2011
    Antes de acompañar a la camarera que la dueña habia presentado como Blanca el joven se acerco al mostrador y escribio su nombre en el registro de huespedes, "Ocato", despues acompaño a la camarera por donde le indicaba esta.

    -Esta sera su abitacion señor, aviseme si necesita algo.

    -Gracias, pero aora mismo me gustaria instalarme.

    -Como quiera.

    La joven camarera se retiro, Ocato volvio a sacar la carta que le habia entregado aquel chico al entrar en la taberna y volvio a leerla.

    -Ah... en fin, por haora solo puedo esperar.

    Coloco su mochila en un rincon de la habitacion, se quito la capa y se echo sobre la cama.

    -Ah, cuanto tiempo sin haber podido dormir en una cama decente...

    Cojio el colgante que llevava y se puso a mirarlo, por mucho que lo mirase siempre le volvia a fascinar la manera en que su estructura interna parecia cambiar arrancandole destellos en ocasiones, pero aquella vez parecia que estaba mas... ¿inquieto?

    -"imaginaciones mias" penso.

    Ya se estaba poniendo el sol, apago las velas y se dispuso para ese sueño tan reparador del que no disfrutaba desde hacia tiempo.
  • dimigadimiga Bibliotecari@
    editado febrero 2011
    Kahena despertó sobresaltada tras ver en sus sueños una enceguecedora luz blanca y la imagen difusa de su amiga Lis. Eso no estaba bien. Esta sirena se le parecía, pero había algo que le decía que no lo era. Se sintió extraña, sabía que debía salir de la habitación y encontrarse con alguien. Fue al baño, se refresco un poco y otra vez volvió a su mente ese destello blanco y la imagen de la perla roja. La Sabia Energía se había comunicado, el problema era que ella no podía aún interpretar el mensaje. Hace mucho tiempo no tenía estos raros avisos y no saber manejarlo la desesperaba.

    Cerró el cuarto y cuando empezó a bajar las escaleras escuchó un leve ruido en el bar. Vio algunas personas cantando, tomando, pasándola bien y al fondo Rossby hablaba con alguien. Entrevió que se sorprendió un poco al verla. Pero solo le sonrió y continúo su camino.

    Las calles cada vez estaban más solas, sin embargo muchos locales aún tenían clientes. El cielo estaba oscuro, pero la alborada en esta parte del mundo llegaría muy pronto. Buscó el lugar donde se suponía tenía que ir, pero antes tuvo que pasar por una maleza áspera. Cuando llego a la pequeña orilla observó que no había nadie alrededor, pero a lo lejos pudo ver la figura de una sirena escondida detrás de una gran roca con un arco en la mano.

    Aunque estaba muy retirada de la playa percibía que podía verla. La vista de los seres del mar era realmente impresionante, tanto dentro como fuera del mar. Cuando pudo ver su rostro se sobresaltó al reconocer un poco a Lis y captó inmediatamente la piedra que llevaba en su frente. Así que le hizo una reverencia con la cabeza. Tenía que hacerlo, así era la tradición en ese mundo.

    Como ya estaba cerca la aurora le hizo señas para que supiera que se le iba a acercar. Se sumergió en el agua y nado hasta dónde estaba. Cuando llegó, la saludo en su idioma como muestra del respeto que sentía por su raza y aquella mujer, tan parecida a su amiga, le respondió en el idioma de los humanos. Demostrándole la cortesía que sentía por ellos.

    Ambas sonrieron, tenían mucho que decir, pero no descifraban cómo empezar. Notó que la sirena tenía un gran dolor que como buena hija del agua trataba de disimular.

    La Princesa la miró fijamente y le dijo:

    - Te sorprendió verme, es como si me conocieras. Pero no es así. Conocías a mi hermana. Éramos muy parecidas... Ella... –

    Pero se quedó sin palabras, y su mirada se perdió en el recuerdo.

    Kahena asintió y supo inmediatamente que Lis ya no estaba en este mundo. Le dio una gran pena. Y quiso hablar inmediatamente para que no se perdiera en ese triste recuerdo:

    - Dígame a que debo el honor de tan inesperada visita.

    - Así que tú eras su amiga misteriosa. Siempre pensé que eras un invento para fastidiarme un poco.


    Sonrío. Al parecer este recuerdo de su familiar calmaba un poco su pena y luego continúo.

    - Necesito algo de ti. La Sabia Energía me lo comunicó... Lis fue asesinada por un humano, y debemos cerrar el vínculo que se creó al ocurrir esa desgracia...

    La guerrera comprendía que si un humano mataba injustamente una sirena o viceversa la estabilidad que tenían podía cambiar. El Kraken podría renacer, trayendo consigo el caos y la desgracia para ambos mundos. La miro pensativa y le anunció:

    - Que necesitas que haga…

    Mientras esperaba la respuesta, apreció que el amanecer llegaba pronto y el contraste de la luz de la isla, el color del agua y la discrepancia con el alba era realmente un espectáculo maravilloso. Sencillamente no se podía describir, había que sentirlo.

    Abstraída en sus pensamientos advirtió que había alguien en la playa. Era un humano. Sin embargo sabía que no podría verlas. Para su vista estaban muy lejos y no alcanzaría a identificarlas.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2011
    Chiara estaba consternada al notar que algunas personas la podían ver y encima se asustan. No era su intención ocasionar un caos entre los marineros, ni el resto de la tripulación. Su único interés era estar al lado de su amor. Pero él estaba tan apegado a su recuerdo, que no podía distinguir la realidad de la ilusión.

    “Claro que en el plano en que estoy, soy una fantasía. Pero su mente delirante no puede captar aún que no es un espejismo, lo que creyó ver.” Se decía en voz alta.

    Su negativa a aceptarlo, hace que su ser etéreo se desvanezca al no tener acogida en su sub cociente. Tendría que seguir intentándolo de a pocos. Mientras tanto estaba decidiendo ir a merodear los otros barcos y tal vez darse una pasada por alguna isla. Quizás volvería a ver a su hermana...

    “Lo voy a intentar” se dijo. Llevaba mucho tiempo sin separarse de Dylan, pero tenía que darle un descanso y ella debía empezar a asimilar como iba a afrontar su nueva situación. Debía aprender a manejarse, si no quería que toda la tripulación terminara tirándose al vacío.

    Recordó que una vez escucho a un marinero hablar de una lejana isla, que no se alcanzaba a ver en lotananza. Donde vivía un ser gigante, que con su sola presencia espantaba a todo el mundo. Se decía que cuidaba un inmenso tesoro. Que no se había despegado de él en muchos años, por miedo a que se lo robaran. Pero tampoco se atrevía a llevarlo a tierra firme y disfrutar de él.

    Debería hacerle una visita y ver si de verdad existe. De pronto puedo hacerle compañía un rato, mientras mi Dylan se reúne con la gente que lo está buscando. Le doy tiempo a que recapacite sobre lo que creyó ver y yo voy practicando. Así a lo mejor cuando acepte la idea, podamos hablar” -Pensó - “Que gran idea”.

    También deseaba ver a Dorothy, pero no aspiraba aparecerse de un momento a otro, sin saber si ella quería verla. En ese momento pensó en Dylan y se dijo: “qué pasará cuando la vea, ¿será que se enamorará de mi hermana?, Dios no podía imaginarlo. Mejor esperar que llegue el día”. Dejó el tema abierto para otro momento. Estaba elucubrando demasiado. Pero qué más podía hacer, al no tener con quien hablar.

    Decidió emprender camino y buscar al gigante, tal vez lo encontraría, tal vez no, al fin y al cabo muchos de los temas que se hablan en los barcos son solo mitos y leyendas. Pero si lo encontraba quería saber el significado de ese rosario blanco que llevaba en el cuello.
  • LuliLuli Anónimo s.XI
    editado febrero 2011
    Al llegar al lado de la sirena, se podia oír un gran bullicio entre los hombres de Marcos, y el capitán se dijo a sí mismo:

    -¿Que le ha sucedido? Parece... muerta, tiene una herida grande en el abdomen que atraviesa todo su cuerpo, ¿pero que es lo que le ha provocado esa herida? -dijo muy confundido mirando detenidamente el cuerpo de la sirena que estaba boca abajo- ¡Hernán! Ve a recorrer un poco la isla y si hay mas de esto, vuelve.

    -¡Sí señor! -respondió, e inmediatamente salió corriendo a revisar la isla.

    -Mientras Hernán hace eso, nosotros, -dijo Marcos a sus hombres- subiremos a los barcos.

    No pasaron diez minutos cuando Hernán, ya estaba de vuelta, subió al barco y dijo a Marcos:

    -Capitán, hay más... muchas más, y todas parecen muertas, igual que la que vimos.

    Marcos, sin responder, comenzó a mirar alrededor, y vio una isla que parecía tener mucha gente.Lo pensó unos minutos y luego dijo:

    -En aquella pequeña isla parece haber mucha gente de fiesta quizas podríamos ir a investigar, tal vez averiguemos algo, pero seguramente salió en los perdiodicos lo que nos sucedió y no creo que seamos bien recibidos... deberíamos dejar los barcos en el otro lado de la isla, y despues, Hernan y yo iremos a investigar para no despertar sospecha.

    -¡Sí capitán! -respondieron todos al unísono.

    Entonces, los barcos salieron rumbo a la isla que parecía estar de fiesta.

    Durante el viaje, Marcos, fue a su habitación a pensar, se tiró en la cama y con la mirada perdida en el techo, se preguntó para sus adentros:

    -¿Qué es lo que esta sucediendo? ¿Que le ocurrió a todas esas sirenas? Sea lo que sea que haya pasado, -dijo en voz alta- no tengo un buen presentimiento acerca de ello, quizás esto signifique algo, pero... ¿qué?

    -Marcos -dijo Hernán golpeando la puerta- ya llegamos a donde usted nos dijo.

    Marcos se levantó, y salió de su habitación.

    -Esta isla, -dijo Hernán- según un cartel que había allí, se llama "Isla Tortuga".

    -Esta bien, -respondió Marcos- supongo que todos saben que es lo que tiene que hacer, ¿verdad?

    Todos asintieron. Solo bajaron Hernán y Marcos, los demás se quedaron en los barcos esperando como habían acordado. Se adentraron en unos árboles de escasa abundancia y del otro lado de los arboles llegaron a un callejón, como no habia nadie cerca, no había quien pudiese haberlos visto.

    -Bien, -dijo Hernán- nadie nos ha visto, ahora debemos bucar un lugar en el que podamos conseguir algun tipo de información.

    -Sí, -respondió mirando un pequeño local- ¿eso es una taberna?

    -Así parece, -dijo Hernán- ahi deberíamos ir, a la taberna "La sirenita", ¿qué dice capitán?

    -Sí, vamos -dijo Marcos, tomando la delantera.

    Al llegar a la puerta, justo un hombre sale de la taberna.

    -¿Iban a entrar señores? -preguntó amablemente el señor dejando la puerta abierta con una mano.

    -Sí, muchas gracias -dijo Marcos.

    El hombre desconocido para ellos, se quedó sorprendido un momento, y luego dijo:

    -¿Es usted Marcos Fernandez, el capitan de la armada maritima española?

    -Sí, ese es mi nombre y mi trabajo -dijo Marcos.

    -Entonces, usted es la persona indicada, tome, -dijo extendiendo la mano con un sobre.

    Marcos tomó el sobre con su mano derecha, y cuando levantó la mirada para responderle al hombre, este ya estaba varios metros lejos de él.

    Entonces, abrió el sobre, y al leerlo, quedó pensando unos minutos, y luego le dijo a Hernán:

    -Hernán, nos volvemos, luego te explico y lo hablamos todos juntos.

    Y comenzaron a caminar con destino a su barco.
  • Gessias IIGessias II Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2011
    El cañón apuntando directo a la sien de James lo hizo recapacitar unos segundos, los suficientes para sentirse conforme consigo mismo en aquella fugaz pelea. Miró al pirata que con un grueso dedo limpiaba su pómulo, el cual había comenzado a sangrar. El impacto del puño de su contrincante había hecho que, entre el puño y el hueso, la piel se abriera y comenzara a sangrar profusamente.

    - Así que esto se siente eso de ser solidario ¿Verdad?... Hablo de lo bien que se siente dar sin recibir nada a cambio. - Rió ante su propia broma y volvió a agarrar el taburete que había tirado en el revuelo armado hacía instantes. Tomó asiento y miró a la tabernera, aún subida a la barra con una mirada que le era suficientemente clara como para entender todo lo que pasaba por la mente de la muchacha, muchos adjetivos para él, aunque... Estaba seguro que entre ellos no entraban ni bonito ni gracioso - Tranquila Ros, sólo nos divertíamos - Y ante la mirada asesina que la chica le devolvió, agregó - Entiendo, prometo no volver a hacerlo si te portas bien y me traes un trago. - Finalizó con una sonrisa.

    Echó un vistazo alrededor y comprendió que su pelea parecía un gran espectáculo. Unas cuantas personas observaban el cuadro como si fuera una especie de entretenimiento y otras tantas con preocupación. Una vez que los latidos del corazón volvieron a su ritmo normal al igual que su respiración, comenzó a beber de una gran jarra de ron. Aunque repentinamente observó una extraña mueca parecida a una sonrisa que se formaba en la cara de Rossby. Al instante escupió todo lo que aún conservaba en la boca y gritó:

    - ¿Qué has hecho, maldita? - Se sentía extrañamente mareado y su cuerpo comenzaba a pesar más de lo común. Su vista se nublaba a cada segundo un poco más y sentía su mente vagar como si no entendiera del todo lo que sucedía. - ¡Le pusiste algo a la bebida!

    La joven tabernera rió entre dientes y se le acercó lo suficiente como para que sus narices quedaran a centímetros de distancia.

    - Sólo quería que creyeras eso, no he hecho nada con tu trago. No mataría a uno de mis mejores clientes.- Se dio vuelta y se dirigió a unas cuantas personas que parecían querer hospedarse allí. La pesadez del cuerpo empezó a calmar y todo volvió a la normalidad. ¡Había quedado como un completo estúpido! Por suerte su reputación ya no era la impecable que alguna vez había tenido, por lo que no se preocupó demasiado.

    De un sorbo se tomó lo que aún quedaba en la jarra y se levantó.

    - Bueno, creo que es hora de salir de aquí.- Extrañamente parecían haber pasado muchas horas desde que había despertado, porque el sol comenzaba a
  • AljanAljan San juan de la Cruz XVI
    editado febrero 2011
    Brennan pasó toda la noche preparando los enigmas que probarían los aspirantes a realizar su misión. Una vez hubo realizado el trabajo acorde a sus expectativas miró a través de un ventanuco y se horrorizó al comprobar que había pasado más tiempo del previsto. Tenía que volver a su habitación o comenzaría a levantar demasiadas sospechas. Por fortuna aún disponía de tiempo de sobra de modo que se colocó la capucha y salió del almacen...

    En cuanto salió al aire libre sufrió un terrible dolor en el corazón que le hizo doblarse un instante en el que su sangre comenzó a hervir. Las criaturas mágicas estaban cerca. Recomponiéndose y , habiendo aprendido a sobrellevar aquella sensaión ardiente, Julian se acercó a los embarcaderos empuñando su espada flamígera por si aquellos seres eran hostiles que, seguro, lo eran. En la semioscuridad que reinaba podía acabar con ellos en el acto y volver a su habitación a tiempo.


    Se acercó amparado por la oscuridad. A medida que caminaba notaba que se acercaba al lugar donde los seres estaban y supo que no era solo uno tanto como supo en enorme poder que tenían y que necesítaría toda su habilidad para poder con ellos.

    Estaba muy cerca. Sus sentidos estaban agudizados hasta tal punto que podía escuchar el leve rozamiento del agua contra las placas metálicas de su galeón y, por supuesto, escuchaba la conversación entre los dos seres cuando el alba comenzaba ya a relampaguear como una esfera de oro en el horizonte.

    Brennan imaginaba asquerosas criaturas reptiles como con la que tuvo que enfrentarse, demonios, pulpos gigantes y otras abominaciónes. Se parapetó tras unas cajas. Las criaturas estaban allí y algo le decía que le habían visto en la lejanía. Empuñó su espada y su estoque y, con un enérgico movimiento se dispuso a desenfundarlas y entrar en batalla...

    Pero no pudo. Ante sus ojos no había una criatura reptil ni un demonio sino una hermosa joven exótica cuyo rasgo más destacable eran unos ojos verdes luminosos capaces de cortar la respiración a un hombre por su profundidad y su belleza. Julian nunca había visto unos ojos así. En sus manos brillaban anillos y tenía un tatuaje llamativo en el brazo. Pero su sangre no le engañaba: era ella de la que emanaba toda la energía que percibiía...de ella y de una señal palpitante que detectaba en el mar, oculta pero era, también, muy poderosa y seductora.

    Toda su tradición y todo su entrenamiento, así como toda su furia se cayó al mar en el momento en el que se planteó que quizá la magia y las criaturas mágicas no eran los engendros y brujos que siempre había pensado que eran y que había aprendido a odiar y a perseguir. Notó como su sangre se templaba. La mujer de los ojos verdes pareció quedar un poco turbada por su aparición. Brennan fue incapaz de atacar. No concebía que tras aquella luminosa mirada hubiera un demonio o un alma impía.
  • Juancho_1337Juancho_1337 Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2011
    -Mientras las saladas y cálidas olas del mar azotan suavemente las orillas de la Isla Escondida, y mi tesoro está bien guardado en una cueva, las gaviotas revolotean y sobrepasan las copas de las palmeras… pasan sobre mí, y se pierden en el horizonte, como me gustaría ser una de ellas, libre, y andar por donde quiera sin cargar con nada, vivir, y ser feliz.

    Al decir esto, Deus Thesaurus, se levantó de la piedra gris en la que estaba sentado, y comenzó a caminar rodeando la isla como era su rutina, pues muy lejos no podía ir, pues estaba condenado a resguardar ese invaluable tesoro… caminaba, añoraba la compañía de su vida anterior, su amor, se lamentaba el no poder abandonar la isla.

    -Doce años han pasado ya, desde aquel día, -dijo triste- desde que comencé a vivir esto, este castigo, vigilar este tesoro, que cada vez, hay menos personas que vienen a buscarlo, si me lo arrebatan, iré al infierno, y no quiero eso… pero pensándolo bien, ¿a quién le estoy hablando? ¿acaso hay alguien que este escuchándome?... creo que no, soy solo yo, hablando solo, con mi corazón marchitado, mi mente oxidada y mi alma olvidada, me pregunto si todavía me recuerdas…

    Luego, siguió caminando en silencio, sin seguir hablando solo, dio unas vueltas mas, y luego vio delante suyo algo muy extraño, parecía una persona, pero toda blanca…

    -¿Quién eres tú? –gritó poniéndose en posición para defenderse.

    Pero no hubo respuesta, resultaba un tanto extraño.

    -¿Quién eres? ¿Vienes a llevarte mi tesoro?

    La ausencia de respuesta del blanco ser, irritaba a Deus.

    -No tengo más opción, –dijo levantando su brazo derecho- si no vas a responder, deberé sacarte de aquí.

    Bajó estrepitosamente su brazo, y una gran ola arrasó con el extraño visitante, luego, al volver toda el agua al mar, vio que todavía seguía ahí, no había sido arrastrada por el agua.

    -¿Qué eres? –gritó muy nervioso.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2011
    Luego de recapacitar consigo misma, al no tener con quien, Chiara, viendo todo lo que estaba pasando alrededor, sirenas, muertas, sin saberse la causa, seres del mar cuchicheando, algarabía en la Isla Tortuga, con el gobernador dando discursos baratos, como todos los políticos, se sentía el ambiente algo pesado y enrarecido. Chiara vio a su hermana Dorothy entrar en “La sirenita”, todos se estaban congregando allí.

    Decidió darse una vuelta por la Isla Escondida, donde supuestamente habitaba el gigante con su tesoro, la curiosidad pudo más que la precaución, además que nada le podía suceder de raro.

    Al llegar allí, se quedó un poco rezagada observando a este gigantón, no se explico como haría para mantenerse así de fortachón, cuando la vio, no se asustó, Chiara creyó que ya estaba curado de espantos, sólo la miró y le pregunto con su voz atronadora quien era.

    -Con razón que no tiene amigos, con solo oírlo, se quiere estar a kilómetros de allí –prensó Chiara.

    Al ver que no le respondía, pues Chiara tiene la costumbre de quedarse muda, cuando le gritan, alzó uno de sus descomunales brazos para echarle una gran ola encima, si fuese un mortal cualquiera, habría quedado ahogada.

    -¡Qué poco hospitalario! –pensó.

    Él le pregunto:

    -¿Qué eres?

    Chiara, tartamudeando le respondió:

    -Soy un fantasma que viene del más allá para asustarte.

    -Pues yo soy del más acá y no me has asustado –respondió irónico.

    -Bromeaba, -respondió- no quiero asustarte, solo tenía curiosidad por conocerte.

    -Que lastima, yo quiero que te vayas de acá inmediatamente –dijo sonriendo.

    -No puedo robar tu tesoro si es lo que te proecupa ¿o es que no te has dado cuenta? –respondió Chiara acercándose un poco más a él.

    -Es verdad, -dijo poniéndose en posición normal- no puedes, entonces me puedes hacer un poco de compañía, para no hablar sólo, ven acompáñame y nos sentamos.

    -Si quieres te hago compañía, pero no me canso de flotar, gracias –dijo con una sonrisa Chiara.

    -Me gustaría invitarte a comer algo, -dijo el gigante- no sé ¿qué te provoca?

    -La verdad no veo mucha variedad, pero igualmente gracias, mi dieta es un poco estricta.

    -Pues yo como peces y frutas, ¿no quieres algo de eso?

    -No, con un poco de viento molido y agua raspada tengo. Cuéntame algo de tu vida, ¿Por qué estás aquí?

    -Es un poco larga la historia, te la resumiré, pero la base es que me culparon por cosas que no hice. Pero empezó cuando me culparon por la muerte de 33 de mis ex compañeros de colegio, que me hacían la vida imposible y como todo lo malo que sucedía en la ciudad me lo achacaban, también la muerte del alcalde, me encarcelaron, y luego, escapé. Agarré un bote, y salí con rumbo al horizonte, sin saber dónde ir, navegué durante tres días y tres noches. Luego, la tercera noche de mi travesía llegué a esta isla, sin haber comido nada, pesqué y comí hasta saciarme. Luego, al amanecer, con la luz del día, quise investigar un poco esta isla y en su centro encontré esa cueva –dijo señalando una cueva a unos metros de ellos- entré, y en su interior, había un cofre que relucía en dorado, pero en la pared que tenía el cofre atrás había tallado en ella unas palabras que decían:

    "Abrirlo, será un pecado, serás condenado y te encargarás de su cuidado, hasta que te sea arrebatado, hasta ese entonces, a él estarás atado"

    -Yo no hice caso a lo que decía, y lo abrí, y al hacerlo, emanó una fuerte luz, y luego caí al suelo y podía oír una voz grave que me dijo:

    "Serás condenado, por abrir este cofre y todas las personas que mataste, no podrás irte de la isla, deberás cuidar de este tesoro, pues quien se lo lleve no padecerá lo mismo que tú, tú eres el primer idiota en abrirlo, si te lo roban, irás al infierno.Solo podrás librarte de él, aprendiendo el verdadero significado de la vida"

    -Luego, pude levantarme y salí corriendo, trate de salir de la isla en el bote que había llegado, pero no pude, una pared parecía rodear la isla, que el único que no puede atravesarla soy yo, después de eso, descubrí que tenía poderes para dominar el agua a mi gusto, y el poder de hipnotizar a la gente. Mis ojos cambiaron de color marrón a azul, mi cuerpo se hizo más grande, y mi mente se hizo más audaz. Luego, poco a poco, me fui envenenando aquí, matando a quien intentara llegar y mi tesoro arrebatar. Doce años han pasado ya…

    -Que historia tan triste la que me cuentas.
  • Rosa NegraRosa Negra Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2011
    Luego de las múltiples interrupciones, cuando intentaba darle una golpiza al hombre que parecía llamarse “James”, Morgan decidió retomar un poco la compostura y sentarse nuevamente. Para ello, agarró la mesa que unos momentos atrás había revoleado y enderezó la silla. No tenía intenciones de volver a armar una trifulca, y menos con una mujer armada tan cerca.

    Le hizo una seña a la camarera para que le trajera otro grog. Y al alcanzárselo intercambió unas palabras.

    -¿Le importa que la dueña del local lo acompañe un momento? – Dijo la mujer - Bueno, creo que partimos con el pie izquierdo... para que sepa, soy Rossete Bonaphie, pero todos me conocen por Rossby. Antes de cualquier cosa, no crea que no me di cuenta de sus .."necesides" jajajaja, yo no soy de esas, pero mire, se fijó en la mesera rubia? ¿Blanquita? bueno, ella es más fácil que sumar dos más dos, asi que dele nomás...

    Los ojos se le volvieron libidinosos y tiró el cerillo que acababa de encenderse al suelo, para pisarlo con su zapato y salir disparado tras Blanquita… pero Rossete volvió a hablar.

    - ¿En que iba? Ah, si, bueno Sr... Dígame su nombre después... Le tengo una propuesta... luego de ver su interés en la noticia del kraken y más aun por su prestancia para la lucha, creo que le va a gustar esto... – musitó mientras le entregaba un sobre.

    - Francis Morgan – se presentó mientras sacaba el contenido del presente – parece interesante…

    Sacó de su bolsita de cuero unas monedas para pagar la bebida y otro cigarrillo. Mientras leía atentamente la invitación del papel jugaba con los pelos de su barbilla, arremolinándolos.

    La carta estaba escrita en puño y letra por el Gobernador Julian Brennan, al parecer buscaba a las personas más aptas para emprender una travesía por la mar. A Francis no le gustaban los corsarios, así que no trabajaría para ninguna corona Sin embargo, teniendo en cuenta las noticias que corrían de boca en boca sobre la Leyenda Titánica lo invadía la curiosidad. No perdería nada con saber exactamente qué se traía entre manos el gobernador de la Isla Santa Ana. Así que luego de beber toda la bebida que le quedaba se levantó y salió de la taberna.

    Su barco estaba amarrado en el muelle y seguramente Rich ya había regresado. Descansaría bien, y por la mañana se encargaría de encontrar el paradero de Julian.

    Si tenía suerte, podría encontrar a ese tal “James” para terminar la pelea que habían comenzado.
  • dimigadimiga Bibliotecari@
    editado marzo 2011
    Kahena notaba que el humano la observaba fijamente, tenía a su alcance un par de armas a las que se aferró como si quisiera utilizarlas. Se suponía que ellos no podían identificarlas claramente desde esa lejanía, así que intentó calmarse y ver si había alguien más con él. Sin embargo estaba completamente solo y observándola fijamente. Disimuladamente miró hacia la Princesa que estaba oculta gracias a la gran roca. Eso la tranquilizo un poco.

    De un momento a otro notó que la sirena se alteró. Algo pasaba, pero no era por ese hombre, eso era claro. Se miraron fijamente y supo que esta visita había terminado. Laodamia se sumergió y se alejo de ella dejándola sola. Le dio un mal presentimiento esta repentina salida, más cuando tenían tanto de que hablar y aún no le había dicho lo que necesitaba de ella. Sabía que pronto la contactaría para seguir con el tema y desde luego para explicarle porque su mirada se había desfigurado al momento de marcharse.

    Mientras miraba a la orilla, no estaba segura si dirigirse a este lugar o tratar de llegar por otro lado, debido a la presencia del hombre, que aún seguía allí y la miraba - ¿pero cómo era esto posible? – pensó. Igualmente no sintió temor de él. Así que creía que podía acercarse. Tal vez, si algo raro pasaba le borraría los recuerdos y seguiría su camino sin problema.

    Inicio el retorno nadando, cuando llegó al borde y empezó a caminar, no muy cerca del humano, estaba empapada, su vestido oscuro, casi de color negro se arrastraba a su paso. Pero camino firmemente a penas mirando al hombre que estaba parado observándola. Había cierto poder en él, muchas dudas, algo de inseguridad, pero tenía una gran fuerza en su interior. Sus ojos marrones la observaban de manera penetrante y cuando al fin se encontraron fijamente con sus ojos verdes sintió que él estaba al corriente sobre su mundo, pero poco sobre ella.

    Mientras se miraban, la mañana empezaba a abrirse paso a su alrededor. Iba a ser un día hermoso, después de que en la noche amenazaba con alguna tormenta. El cielo estaba despejado, con un azul claro y el sol a penas perfilándose. No sabía si era una buena idea saludarlo, preguntarle quién era, por qué no le quitaba el ojo de encima y no decía nada...

    El silencio se prolongo un poco más, mientras se seguían mirando fijamente. Percibió una fuerte barrera en sus pensamientos y de un momento a otro toda esa furia que emergía de su interior estaba completamente en silencio, calmado y relajado. Intentó abrir sus labios para decirle algo, pero no pudo, así que decidió alejarse sin decir nada. Bajo la mirada y sintió que no debía irse, pero no sabía que decir. Así que dio media vuelta y emprendió la marcha. Sintiendo su mirada clavada en su espalda, se llenó de valor y le dijo:

    “¿Conoces algún sitio donde podamos hablar? Creo que ambos tenemos muchas preguntas. Pero en este momento parece que tú deberías estar en otro lugar”

    Sus ojos inmediatamente se abrieron y pudo notar con mayor precisión dos cicatrices pequeñas bajo el ojo derecho. Su mirada le inspiraba mucha confianza, algo que era extraño porque al parecer por un momento él quería matarla. Así que volvió a mirarlo fijamente esperando su respuesta. El silencio a su lado se sentía bastante bien.
  • Juancho_1337Juancho_1337 Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2011
    Llegaron al centro y Deus se sentó en la misma piedra en la que estaba a la mañana, y Chiara quedó flotando a su lado.

    -Sí, lo es, -dijo Deus cabizbajo- sufrí mucho por eso, por lo que dejé y por lo que ahora tanto anhelo. Pero, -levantando la cabeza- dejando de hablar de mí, cuéntame tu historia... ahora que lo pienso, yo me llamo Deus Thesaurus, desde hace 12 años, pero dime Deus, ¿y tu como te llamas?

    -Mi nombre es Lady Chiara, –respondió el fantasma- prometida de Dylan, famoso hombre de armas de la armada británica

    -¿Porque estas ahora aquí y no con Dylan? –preguntó Deus.

    -Porque él se encuentra un poco deprimido, -respondió Chiara- no se ha podido reponer de mi perdida, me aparecí frente a él de repente y se asustó un poco, no me reconoció. Entonces decidí dejarlo, un rato para que asimile mi presencia, además no puedo ser egoísta, él debe tratar de olvidarme, lo ideal seria que se enamorara de otra, pero no se, me dolería mucho.

    -Pero si de verdad lo amas, -dijo Deus- no te debería doler, al contrario, tendrías que sentirte feliz, que no sufre por ti.

    -Sí, –dijo Chiara- es lo que más deseo, sólo que nuestra separación fue tan abrupta, que no lo hemos podido asimilar.

    -¿Y como se separaron, quiero decir, porque has muerto? –preguntó Deus.

    -Por una enfermedad, -respondió Chiara con un tono triste- incurable, leucemia… pero bueno, no sigamos hablando de mi cuéntame que historia es la de ese Rosario que te cuelga en el cuello.

    -Me has pedido la tarea mas difícil para mí, -dijo Deus triste tocando la cruz del Rosario- porque me recuerda, lo mas valioso que tuve en mi vida, y que ahora no tengo.

    -Bueno, si quieres cuéntame, tenemos tanto tiempo… -respondió Chiara.

    -No me hará mal recordar otra vez eso, así que, empiezo, –dijo Deus juntando sus manos y entrelazando sus dedos- todo comenzó una tarde de marzo, cuando conocí una persona que con solo mirarme me enamoró, pero el sentimiento no me era correspondido, o al menos eso parecía, pero nunca me animé a decirle nada, un año pasó y no la vi más, y entré en desesperación. Me obsesioné con ella, no quería vivir sino era con ella, y yo tenía este Rosario –dijo tacándolo con una mano- y el nombre de esa chica, era Rosario, por eso era que lo usaba. Y cuando mis pocas oportunidades fueron eliminadas, por terceros, estuve a punto de terminar con mi vida, pues había perdido mi propósito, mi razón para vivir, pero momentos antes de hacerlo recordé una frase que había hecho yo mismo, la frase es:

    "No tiene sentido vivir sin un propósito, pero si tiene sentido vivir para buscarlo”

    -Al recordar esa frase, se me fueron todas las ganas de morir, y me dieron ganas de vivir, para buscar un propósito. Tiempo después, encontré otra persona, su nombre era Lucía, que estaba enamorada de mí, y estuve a punto de negarme a ella, pero una amiga del alma, me hizo dar cuenta, que Rosario, ya había pasado, que de vuelta la página, lo hice, y me enamoré de Lucía, y como el Rosario, significaba tanto para mí, se lo regalé y siempre lo usó. Nunca nos separamos, al crecer más, nos casamos y tuvimos dos hijos, luego del casamiento, Lucía, me entregó de vuelta el Rosario, éste había tomado otro significado para mí, simbolizaba otra cosa, mis ganas de vivir, el amor que sentimos, todo lo que vivimos, mi vida entera

    -Que hermosa historia –dijo Chiara-. Osea, que te separaste de tu familia.

    -Sí, éramos muy felices, pero cuando esto pasó… desde hace doce años, no he visto ni a mis hijos ni a mi esposa, y los extraño mucho –dijo Deus dejando caer una lágrima

    -Bueno, -dijo Chiara dándole la espalda a Deus- te dejo solo un tiempo, me voy a recorrer la isla

    -Bueno, -dijo Deus- hasta luego.

    Y Chiara se alejó flotando lentamente, mientras Deus se quedó sentado en la piedra pensando.
  • AljanAljan San juan de la Cruz XVI
    editado marzo 2011
    Brennan contemplaba la luna llena desde la ventana del Almacén del Viejo Truhán mientras recordaba todo lo que le había pasado en tan poco tiempo. Primero, la mujer de los ojos verdes que había sido incapaz de atacar, luego, la sarta de excusas impropias de un diplomático como él que tuvo que contar a la guardia del ayuntamiento y la misteriosa y repentina indisposición de Dylan Mabyn, con quien ya había contado para su plan magistral.

    -Miremos el lado positivo- Sonrió Brennan - Al menos pude tomarme la mañana libre y dormir.

    La carta anónima citaba allí a los interesados en la misión y el gobernador ya tenía dispuestos los acertijos y preparado el duelo de espadas amén de unas cuantas botellas de ron que, sabía, harían las delicias de sus nuevos mercenarios y les granjearía su respeto, apoyo y, ante todo, simpatía, pues bien la necesitaría y si sus dotes carismáticas y el ron no funcionaban siempre tenía a mano una buena cantidad de oro y un permiso especial de la Armada así como la promesa de una carta de recomendación personal.

    No pensaba mantener el anonimato en la reunión y se desvelaría como tal y desvelaría sus propósitos. Paladeó su idea.

    - Gran Bretaña es la nación más poderosa sobre la faz de la Tierra...pero tenemos amenazas y competidores...La Vara de la que hablan las leyendas nos dará la hegemonía mundial sobre los océanos. Empuñaré el arma más poderosa que ha conocido la Humanidad y llevaré a la gloria a mi país. No solo seré gobernador de Santa Ana...Su Majestad me dará dominio sobre medio mundo. No. ¿¡Qué digo!? ¡Del mundo entero! ¡JA,JA, JA!

    En el puerto había atracado un nuevo barco, el que había destinado para la expedición y la luna se reflejaba en el águila de plata del mascarón de proa y que daba nombre al barco, el Silver Eagle. Era toda una maravilla de barco y tenía un grupo de mercenarios como tripulación: hombres agresivos y atrevidos que habían sido expulsados de la Armada y, por tanto, tenían una formación militar.

    La Vara podía no ser más que una leyenda pero hasta los libros de su familia hablaban de ella de modo que merecía la pena comprobarlo y correr el riesgo. Sus sueños de gloria y poder se disiparon en cuanto escuchó el inconfundible ruido de la puerta del almacén abrirse. El gobernador se apartó de la ventana y se colocó con las manos en la espalda mirando hacia el frente. Él estaba en el piso superior, si no veían a nadie en el de abajo era posible que subieran al de arriba. Si tenían miedo del fantasma se marcharían sin mirar en todo el almacén y entonces no servían para su meta. Él mismo se había cuidado de dar una imagen fantasmagórica, se había puesto un traje negro largo y, colocado de espaldas a la luna, calculaba que su imagen era, como mínimo, inquietante. Les había citado a todos a la misma hora de modo que no tendría que preocuparse de filtraciones.

    Cuando escuchó murmullos y pasos afloro en sus labios una sonrisa digna de un dragón.
  • dimigadimiga Bibliotecari@
    editado marzo 2011
    Después de salir durante el día con su nueva amiga, comprar algunas cosas que no quería y otras que necesitaba. Kahena Pensaba si debía ir o no al lugar que le había dicho el individuo de los ojos marrones. Hablo sobre una especie de reunión o misión, pero ella estaba concentrada, mientras él hablaba con bastante dificultad, en identificar quien era, qué sabía y por qué la miraba de esa manera. Pero no lo logro.

    Tras darle muchas vueltas al asunto y al ver que la sirena no se comunicaba, se dispuso a salir de la habitación e ir rumbo al sitio donde le dijo que estaría. Era un comercio abandonado, completamente oscuro y según le había dicho Melody esa tarde, era el Almacén del “Viejo Truhán”. Al parecer había un mito alrededor del dueño y la zona no era frecuentada por nadie por temor de su espíritu y otras cosas que la excitaba joven no dejaba de decir.

    Al abrir la puerta sintió una poderosa energía, invisible pero constante. Supo que había alguien en el segundo piso. Al parecer llego temprano, porque no percibió a más gente en el entorno. Al empezar a subir las escaleras, sintió que el corazón le palpitaba muy deprisa. No sabía si era por temor de ser atacada o por algo más. Sin embargo siguió adelante, hasta que encontró a un joven absorbido por las sombras. Aunque no vio su cara, sabía quién era.

    Estaba ensimismado mirando por la ventana, tal vez no se dio cuenta que estaba allí. Cosa que entendía. Cuando se proponía ser silenciosa lo lograba. Dejo de mirarlo y observó el local que estaba completamente en silencio y con una tenue luz que entraba por la ventana, cubierta prácticamente con el cuerpo de este hombre. Definitivamente el sitio estaba abandonado, el polvo a su alrededor y la humedad eran palpables, así como la energía que había sentido a su ingreso. Miro fijamente un pergamino con acertijos, luego las espadas, el ron y otros documentos.

    En ese mismo instante otra persona entro, pudo escuchar un murmullo acompañado de pasos. Cuando el sujeto se dio la vuelta, colocó las manos en la espalda y miro hacia el frente. Realmente era inquietante verlo en esa oscuridad con una gran sonrisa que le daba un toque algo malévolo. Ella camino, se volvió visible a sus ojos y al encontrarse con los suyos, sintió que quería matarla, pero al mismo tiempo estaba confuso en sí debería o no hacerlo. La guerrera no sabía porque, pero creía que si la embestía en ese momento no podría defenderse. Estaba completamente hipnotizada, pero "no era por él precisamente", pensó. Algo pasaba, alguien le enviaba un mensaje…
  • editado marzo 2011
    No podía ser cierto. No, se negaba a creerlo. Además, ¿cómo su sensor no se lo había dicho antes? ¿Por qué se enteraba recién en ese momento?

    Con una mirada que intentó ser de disculpas pero que acabó demostrando terror, Laodamia se sumergió en el mar, dejando a Kahena sola en la playa. Sabía que podía cuidarse por sí misma, así que el hecho de abandonarla ahí no le preocupó; más tarde la buscaría para terminar esa conversación.

    Pero en ese momento sus pensamientos estaban en otro extremo de esa isla. Dag acababa de darle un inconfundible mensaje. Le había transmitido una imagen aterradora. Nadó con todas sus fuerzas hasta el lugar indicado, y cuando llegó, no dio crédito a sus ojos. Delante suyo yacían no menos de una veintena de sirenas muertas. Permaneció allí, contemplándolas un rato. Su mente trataba de registrar cada detalle que veía, porque sabía que todo lo que hubiera allí le sería importante más adelante.

    Se acercó a la sirena más cercana, y por el adorno en su cabello entendió que esas sirenas eran de un pequeño clan del oeste, no muy numeroso, pero conocido por su gran determinación. Estiró lentamente la mano y rozó con sus dedos el brazo que tenía delante. Había algo raro allí; los cuerpos de los Hijos del Mar, al morir, se enfriaban tanto que llegaban a congelarse, pero el brazo de esta estaba tibio. Al instante de percibir esto Laodamia sintió una oleada de energía que le recorría el cuerpo, comenzando desde el punto en que había hecho contacto con la otra sirena.

    No le tomó demasiado tiempo deducir lo que había ocurrido allí: alguien había hechizado a sus hermanas del oeste infundiéndoles un descanso eterno, para robar con solo tocarlas su energía. Por qué ese alguien había sido tan descuidado como para dejar los cuerpos allí solos era un misterio que debía resolver luego, lo que era más urgente era tratar de devolverlas a su estado normal. Se concentró y buscó las palabras en su lenguaje que llevarían a cabo sus deseos, pero al pronunciarlas, fue como si la Sabia Energía hiciera oídos sordos a su llamado. Eso confirmaba sus sospechas: allí había habido magia negra.

    Al relajar su mente luego del intento fallido, una enceguecedora luz blanca apareció, y vio con claridad a aquella humana de ojos tan verdes sosteniendo esa misteriosa piedra roja, y se vio con ella, junto al Cetro Blanco otra vez.

    Sabía que para eso iba a necesitar a la misma persona que para el misterio de estas sirenas, por lo que se dispuso a llamarla nuevamente.
  • OcatoOcato Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2011
    Despues de haber estando paseando por la ciudad durante el dia, Ocato se encamino hacia el almacen que se mencionaba en la carta que le habia sido entregada cuando entro en la taberna, donde hospedaba.

    Sabia que el no seria el unico en venir a esa reunion, habia visto mas sobres lacrados como el que le entregaron circulando por la taberna aquella noche y la mañana siguiente mientras desayunaba, obiamente no todos a los que se les entregaron vendrian, pero en cualquier caso preferia llegar pronto y buscar un sitio desde donde se pudiera ver la entrada para tener una idea de que clase de jente iba a asistir a esa reunion, habia llegado cuando el sol aun se estaba poniendo y econtro un sitio idoneo para vigilar; otro viejo almacen adyacente en ruinas, es hai donde estaba situado donde vio entrar a la primera persona, una joven mujer de ojos verdes, le parecio que la habia visto la primera noche en la taberna pero no le dio la importancia, el resto de "invitados" estaba llegando.
  • ValeVale Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado marzo 2011
    Cerró sus parpados y respiro hondo sintiendo la suave brisa que recorría el exterior del Almacén del “Viejo Truhán” esa noche, el lugar estaba claramente abandonado hacia ya años y circulaba sobre él una leyenda de fantasmas. A Dorothy le parecían una tontería esas típicas historias de fantasmas, después de todas las aventuras que había vivido en su vida a lo último a lo que le temería seria a un muerto.

    Pero allí se encontraba dispuesta a vivir una aventura más, o por lo menos a escuchar la propuesta del gobernador, quien a través de unas misteriosas cartas citaba a todo aquel quien se atreviera a la aventura de su vida. Soltó una risita irónica al pensar en como ese sobre perfectamente lacrado había llegado a sus manos.

    Hacia no muchas horas se había despertado muerta de hambre en su habitación entendiendo que Rossby se había olvidado completamente de subirle algo para comer, enfurecida por el hambre y el mal sueño bajó las escaleras pero no encontró a la tabernera, en su lugar había un par de hombres riendo y bebiendo junto a Blanquita sirviéndoles muy amistosamente. Poniendo los ojos en blanco se había dirigido a la cocina del local buscando algo de comer, encontrando de inmediato un gran canasto cubierto con una sabana, pensó que allí se guardarían los panes tapados para que no se pongan feos. Sin pensarlo había quitado la sabana y descubierto las cartas obviamente escondidas entre los panes.

    “De acuerdo” se dijo después de haber rememorado esa tarde, es hora de entrar.
  • dimigadimiga Bibliotecari@
    editado marzo 2011
    Mientras Kahena se quedaba un momento inmovilizada, empezaron a llegar más personas al almacén. Las podía sentir, pero estaba recibiendo un mensaje de la Princesa dónde le daba indicaciones claras de un lugar al que tenía que ir. Así que se acerco al anfitrión y le dijo al oído:

    “Debo irme. Siento no poder quedarme en la “fiesta”. Pero vendré luego y espero estés aquí”

    Le dio la espalda y miro a las personas que están ubicándose, algunas de las cuales ya había visto en el bar “la sirenita” y otros pocos en la calle esa misma tarde. - “Definitivamente iba a ser muy interesante verlos a todos haciendo las pruebas”- Pensó.

    Salió del bar y se chocó con el joven del colgante de la perla rojo sangre. Se estremeció con el rose y por un momento recordó el sueño de la enceguecedora luz blanca. Lo miro a los ojos y se sobresaltó al ver el color azul grisáceo de ellos. Pero no tenía tiempo para hablar. Así que se despidió y siguió su camino.

    Cuando salió del lugar busco un sitio oscuro, lo necesitaba ya que se iba a desmaterializar para llegar a la otra isla donde estaba Laodamia y no necesitaba público para ello. Al conseguirlo notó una gran revolución en el lugar, pero sobre todo el khell, un hechizo poderoso que ocultaba a los ojos de los humanos lo que estaba sucediendo alrededor. Algo muy oportuno teniendo en cuenta la cantidad de sirenas que estaban cerca a la orilla y el resto de criaturas del mar alrededor tratando de ayudar. Pudo ver un bote atracado y muchos humanos alrededor buscando algo por toda la playa.

    Se acerco a la sirena, hizo el respectivo saludo, mientras ella le comentaba que la noche anterior cuando habían estado hablando, Dag le había enviado el mensaje de lo que pasaba en este zona. Al principio pensó que estaban todas muertas, pero no era así, simplemente estaban “descansando” y ahora necesitaban trasladarlas a un sitio seguro. Mientras encontraban la forma de ayudarlas.

    La guerrera ya había recorrido esta isla, teniendo en cuenta que fue a la que llego con un grupo de sobrevivientes. Sabía que no había humanos alrededor, salvo los que estaban en ese momento. El día que estuvo había visto a muchas criaturas alrededor, ¿sería esto lo que ocultaban?, pero ¿por qué no las había visto entonces?, ¿Cuánto tiempo llevaban así? Tenía muchas preguntas y al parecer la Princesa también.

    Las criaturas del mar no podían tocar a las sirenas, ya que con el encantamiento que tenían, si lo hacían les quitaban el poco poder que les quedaba y podían matarlas inmediatamente. Supuestamente ella era la ayuda que necesitaban, al ser humana podría tocarlas y trasladarlas. En teoría, pues algo de sirena corría por sus venas y tal vez no fuera buena idea acercarse demasiado. Sin embargo tras la presión de su compañera se acerco a una y efectivamente al tocarla sintió que le robaba la poca energía que tenía. Tendrían que pensar en otra solución.

    No sabían exactamente qué hacer, necesariamente necesitaban la ayuda de humanos. En ese momento Dag apareció y les dijo que había encontrado una cueva al extremo de la isla, ideal para esconder a todas las sirenas.

    Todos allí estaban listos para ayudar, la pregunta era como hacían para moverlas sin tocarlas. Kahena sugirió que les pidieran ayuda a las personas que estaban cerca, podía hacer que hicieran lo que necesitaba y luego borrarles la memoria para que no recordaran nada. Era arriesgado, teniendo en cuenta que eran muchos. Pero las sirenas no podían permanecer mucho tiempo en la orilla y el khell no duraba eternamente.

    Laodamia no estaba muy a gusto con el plan, pero así lo hicieron. Mientras la guerrera salía del hechizo hablo con un humano llamado Juan. Le preguntó por el capitán del barco y le dijo que este se llamaba Marcos Fernández y que en ese momento se encontraba en la Isla Tortuga en una reunión. Le explicó que había unos pocos allí porque estaban buscando a las sirenas, pero que ya no estaban. Le pregunto:

    “Sabe usted dónde han ido”.

    La misteriosa mujer le sonrió y le dijo:

    “Lo sé y necesito tu ayuda y la de tus amigos, ¿podrías llamarlos?”

    El joven algo aturdido busco a sus otros compañeros y cuando se reunieron la mujer de los ojos verdes les hablo claro y pausado diciéndoles:

    “Necesito que por favor me ayuden a trasladar estas sirenas a una cueva que esta al final de la isla. Para llegar a ella deben sumergirse un poco, pero no tendrán problemas no es una cueva muy profunda. Cada uno tomará una y las ubicaran a todas allí”

    Alguien le pregunto:

    “¿Están vivas?”

    Ella le miro y respondió:

    “Así es y necesitamos protegerlas. Pero nosotros no podemos tocarlas, así que deben ser ustedes ¿nos ayudarán?”

    Todos respondieron al uníoslo:

    “SI!!!!”

    La Princesa quito el hechizo y pudieron ver de nuevo a todas aquellas hermosas sirenas en la arena. Cada uno tomo una y empezaron el camino a donde esta hermosa aparición les había indicado. Las criaturas del mar estaban pendientes del proceso y todo se llevo con calma y precisión. Cuando terminaron de llevar la última sirena Juan le preguntó:

    “¿Ahora qué debemos hacer?”


    Con una sonrisa en los labios le dijo que reuniera a todos allí. Cuando lo hicieron, les agradeció su ayuda y borro sus memorias sobre este suceso. Lo que habían visto antes era más difícil de eliminar, teniendo en cuenta que no eran los únicos que las habían visto.

    Las criaturas del mar desaparecieron siguiendo las indicaciones de Laodamia, mientras ambas se fueron nadando a dónde habían estado hablando el día anterior. Había muchas cosas que tratar. Según las sospechas de la Sirena este “atentado” a sus amigas del clan del oeste tenía que ver con la muerte de Lis. Lo que significaba que un humano y algunas criaturas del mar muy poderosas estaban trabajando juntos y eso definitivamente no era algo bueno.
  • Rosa NegraRosa Negra Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2011
    La tripulación de Morgan había estado de fiesta durante la noche, puesto que la llegar al barco sólo se encontró con Sebastian, un marinero joven cuya misión era vigilar desde el carajo. Seguramente Rich bebió de más y no volvería hasta la mañana.

    El filibustero entró al camarote, y extendió la carta de invitación que había conseguido en “La Sirenita” sobre la mesa. Estaba seguro que esa letra pertenecía al Gobernador de Santa Ana, pero para sacarse la duda comenzó a buscar unos cuantos papiros y mapas que habían robado meses atrás a una embarcación pequeña de la Armada. Efectivamente la letra era parecida, se podía decir que hasta idéntica.

    - ¿Qué te traes entre manos? – dijo pensando en voz alta.

    Enrolló los mapas y los guardó nuevamente en la gaveta. Sólo necesitaba descansar. Así que se quitó los zapatos, dejó su espada y bolsa de cuero a un lado de la cama y se recostó.

    A fuera, se oía el murmullo lejano de hombre y mujeres divirtiéndose. El barco de Morgan se bamboleaba suavemente por efecto del agua, lo cuál creaba un efecto de cuna capaz de dormir a cualquiera. Cuando estaba a punto de caer en el sueño profundo las voces de dos hombres hicieron que se recompusiera en la cama.

    - ¡Te digo que es cierto! – Insistía el primero – ¡La tripulación entera de Marcos Fernandez ha desaparecido!

    - Son mentiras… el periódico anunció un ataque, pero decía que habían sobrevivido… - replicaba el segundo.

    - ¡Pero qué diario mugroso lees! ¡Esas son noticias viejas! ¡Te digo que los han visto en una isla cercana y cuando viajaban hacia el sur desaparecieron! No saben si fue un torbellino acuático u otro krak…..

    Las voces se alejaron dejando a Francis con la intriga de saber qué había ocurrido, pero era mejor no apresurar las cosas, si era cierto que krákenes gigantes estaban atacando tripulaciones, estaba fuera de peligro en la costa y tierra firme. Se volvió a acostar y a los cinco minutos se durmió.

    A la mañana siguiente, luego de desayunar rápidamente unos panes con té caliente, iría al almacén del Viejo Truhán.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado marzo 2011
    Luego de conocer la triste historia del gigante, Chiara se marchó, no sin antes pensar, que era una tontería estar cuidando un tesoro que no le iba a beneficiar de ninguna manera. "Toda una vida desperdiciada al son de los tarros", se dijo.

    Cuando se encaminaba rumbo a la isla, se dio cuenta que el barco de Dylan seguía sin aparecer. Lo último que había escuchado era que había desaparecido de un momento a otro y por más que lo intentará no lograba encontrarlo, para volver a su lado. Lo malo era que si él había muerto tal vez pasaran años antes de encontrarse nuevamente. Ya que estarían en lugares astrales diferentes. “Es mentira lo que dice la gente, que cuando uno se sucumbe se encuentra con las persona que amaba, pues cuando las circunstancias de las muertes son diferentes, les toca pasar muchas pruebas antes de reunirse en el mismo nivel“- Pensó.

    Sería genial que les concedieran estar juntos, pero al parecer de momento no iba a ser así, por lo cual ella tenía que seguir vagando en este mundo. Algo la amarraba a él. Recordó a su hermana, tal vez sería ella y no Dylan la que la tenía anclada en esa existencia etérea.

    Mientras, pensaba en Dorothy vio un barco anclado en una isla y se dijo que tal vez allí podría estar un tiempo. Según había escuchado la gente de esta embarcación estaba curtida con el tema de espantos, criaturas del mar y demonios. Morgan era el cabecilla y tenía una fama muy interesante. Seguro no se asustarían con su presencia, al menos eso esperaba. Porque quería encontrar un sitio en donde pasar un tiempo. Ojala con una que otra emoción de por medio.

    Para empezar trataría de pasar desapercibida y ver que se movía al interior del lugar. “Ojala no me descubran pronto”- Pensó mientras se filtraba en la bodega del barco.
  • AljanAljan San juan de la Cruz XVI
    editado marzo 2011
    Toda la frialdad de Brennan cayó de la impresión que recibió cuando vio salir a la joven de los ojos verdes que había encontrado en el puerto de entre las sombras. Ni su ojo, ni su oído ni su sangre la habían advertido de aquella presencia y, como guerrero, su primer impuslo fue considerar que quería matarle y se llevó la mano a su espada templaria pero de nuevo dudó un instante precioso porque la mujer parecía tener la guardia baja o estar confusa por algo. Aún así, no arremetió hasta que ella le miró, se acercó a él, que estaba confuso ya que una parte de él le obligaba a dar el espadazo y otra a contenerse. La guerrera le dijo mientras la gente comenzaba a entrar en el almacén:

    -“Debo irme. Siento no poder quedarme en la “fiesta”. Pero vendré luego y espero estés aquí”

    Y se marchó. Brennan se preguntó qué le hacía irse pero inmediatamente recuperó la compostura y la frialdad para recibir a sus invitados. Si algo pasaba, se enteraría, pues tenía soldados en toda Isla Tortuga. Se prometió esperar a la misteriosa mujer de ojos verdes tras el reclutamiento.

    La gente que se disponía para la prueba comenzó a entrar. Eran personas de diversa apariencia, edad y estatus social pero todos parecían valerosos y fuertes. Una vez hubieron llegado todos los invitados Brennan les miró directamente y disfrutó del sobresalto que sufrieron al reconocer al gobernador. Aprovechando ese golpe psicológico comenzó a caminar de un lado para otro con el talante serio de un general que revisa a sus tropas e hizo gala de todas sus dotes oratorias y carismáticas para encandilar a esa gente como lo hacía con el pueblo.

    -Damas y caballeros. Estan ustedes aquí para enfrentaros a la más ardua, peligrosa y beneficiosa empresa que jamás hayan imaginado pero, precisamente por esto, no puedo permitir que gente débil e incompetente entre en ella de modo que, como es natural, he de someterles a un, ¿cómo decirlo?. Proceso de eliminación...

    Detuvo su paseo frente a un joven marinero asustado por las maneras del gobernador y demasiado amedrentado para hablar.

    -Tú primero. Coge este pergamino y lee el acertijo. Si aciertas pasas a la siguiente fase...Tienes 10 segundos...

    El marinero tomó el pergamino temblando y lo desenrrolló pero sentía la mirada del gobernador tan fija y su presencia tan poderosa que no pudo concentrarse en resolven el acertijo. Comenzó a sudar y a temblar y los diez segundos de la prueba le parecieron eternos. Cuando hubo expirado el tiempo Brennan le quitó el pergamino, le miró a los ojos y tan solo murmuró.

    -Ahora tienes cinco segundos para desaparecer de mi vista y más te vale no contarle a nadie nada de esto...¡Desaparece!

    El joven marinero vio un brillo de fuego en los ojos marrones de Brennan y, asustado, salió corriendo del lugar emitiendo ligeros chillidos y jadeos de miedo. Por su parte, el gobernador se colocó de nuevo en posición autoritaria.

    -Ahí lo tienen. No toleraré débiles en esta expedición y, para evitar riesgos innecesarios solo a los clasificados se les revelarán los detalles de dicha misión. Suerte a todos. La primera prueba, como ven, es un acertijo sencillo. Tienen diez segundos para resolver uno de los acertijos que están escritos en estos pergaminos y decirme la respuesta. Uno por uno y en voz baja. Si saben la respuesta se adelantan y me la dicen al oído. Si alguien quiere retirarse con el rabo entre las piernas aún está a tiempo, sin más compromiso que no decirle a nadie nada.

    Esa maravillosa autrozación sonó a gloria en los oídos de dos mercenarios asustados que también salieron corriendo, quedó el grupo con aspecto más valeroso y eso alegró al gobernador el cual mostró los pergaminos al primero de la fila: un joven rubio de piel blanca que llevaba un colgante extraño. Brennan intentó intimidarle pero no pareció surtir efecto.

    -Elige uno al azar. Resuelve el acertijo y dímelo. Pasaré al siguiente y así sucesivamente.
  • Rosa NegraRosa Negra Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2011
    El parloteo del loro de Rich hizo que Morgan se levantase de mal humor. Odiaba profundamente a esa ave desde que le enseñaron a decir “No hay más ron” cada vez que alguien se acercaba a la bodega, algunos despistados le creían y desistían de su búsqueda etílica.

    El pájaro parlanchín llevaba por lo menos diez minutos gritando esa frase, por lo que Francis supuso que alguien estaba buscando algunas botellas en la despensa. Subió a la escotilla y bebió rápidamente una infusión con un par de panes calientes. Luego le comentó al contramaestre a dónde se dirigiría por si no regresaba al anochecer.

    - Al almacén del Viejo! Recuérdalo! – gritó antes de mezclarse entre los feriantes que esa mañana armaban sus puestos cerca del muelle.

    A medida que se alejaba del centro notó que varias personas seguían su mismo camino, al perecer el Gobernador había hecho una buena propaganda al evento. Le pareció reconocer a un joven caucásico que había pasado la noche anterior en “La Sirenita”. Recordó por unos momentos a Rossby, la dueña y decidió que luego de los asuntos con Julian iría a visitarla, aún le quedaban cosillas pendientes para intentar con ella.

    Cuando llegó al almacén se atusó el bigote, y tanteó el florete que colgaba de su cinturón, para asegurarse que la amada arma estuviese en su sitio. Adentro, estaba atestado de gente. Al cerrarse la puerta con el último “invitado” un hombre se adelantó y comenzó a hablar, se trataba de Julian Brennan.

    - Damas y caballeros. Están ustedes aquí para enfrentaros a la más ardua, peligrosa y beneficiosa empresa que jamás hayan imaginado pero, precisamente por esto, no puedo permitir que gente débil e incompetente entre en ella de modo que, como es natural, he de someterles a un, ¿cómo decirlo? Proceso de eliminación...- relató el Gobernador.

    El filibustero miró por encima del hombre de otro muchacho cómo Julian le entregaba a un marinerito un pergamino. El joven, apabullado por la presión comenzó a temblar y salió corriendo. Algunos hombres comenzaron a abuchear, otros a silbar y el resto que permaneció mudo, unos segundos después, abandonaron también el lugar, quedando casi la mitad de las personas todavía en pie.

    El Gobernador se dirigió al joven caucásico que Francis había visto en La Sirenita y le ofreció un pergamino.

    - Qué tipo de prueba es esta… - murmuró malhumorado el pirata mientras se adelantaba para tomar él también un pergamino.

    Al cabo de un minuto todos los presentes tenían entre sus manos una copia de la primera prueba. Ni una mosca volaba por el aire. Francis se quedó pensativo, escuchando únicamente el sonido del exterior, la tensión allí dentro se podía cortar con una navaja. “Si me nombras, desaparezco…”, releyó para sus adentros unas tres veces. Y cuando iba a abrir la boca para maldecir e irse del lugar, un hombre de entrada edad chilló a sus espaldas.

    - ¡¡No sé leeeeeeeer!!

    Se produjo una risa generalizada que suavizó el momento.

    - ¡¡Hagan silencio que no puedo concentrarme!! – gritó un hombre barbudo.

    - ¡Eso es! – dijo Morgan con satisfacción y se acercó hasta Brennan para decirle al oído “el silencio”.
  • ValeVale Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado marzo 2011
    Fue el turno de Dorothy, entonces el gobernador se acerco a ella y extendiendo su brazo le dio un pergamino enrollado. Dedicándole una picara sonrisa lo tomo entre sus manos y lo abrió lentamente, movió su boca quedamente y sin emitir sonido mientras leía el acertijo.

    Al cabo de un minuto el hombre pidió el pergamino de vuelta, con un paso lento se acerco a él y puso sus labios a centímetros del oído del gobernador, y le dijo –“ la oscuridad, mientras más grande es menos se ve”. Entonces alejo su cabeza y lo miro dulcemente dedicándole una sonrisa, había coqueteado con tantos hombres en su vida que no iba a dejar pasar la oportunidad. Sabía muy bien que los hombres son hombres y una mirada tierna lograba muchas cosas.

    Después de todo esta era una gran oportunidad, básicamente era la aventura de su vida y le ofrecían todo lo que necesitaba, no podía dejar pasar algo como esto, lo sabía muy bien.
  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado marzo 2011
    Levaba días escuchando aquellas extrañas noticias y los rumores la habían guiado hasta allí de la forma más insospechada. Había decidido seguir a aquellos hombres, había salido de La Sirenita con la intención de seguirlos. Ahora estaba sumergida en un mar de dudas, se había introducido en la bodega. Su gato Shiro le pedía alimento, acurrucado maullando suavemente inclinándose contra su pecho.
    Había dejado de escuchar ruidos y había perdido el sentido del tiempo.
    Salio a tientas, en la oscuridad más absoluta, de alguna forma había conseguido entrar. Escucho las voces, allí estaba aquel tal Morgan. Escucho más de una voz distinta, un hombre acaba de entrar en último lugar. Se escondió y quedo a la expectativa. Su gato maullaba de vez en cuando pidiendo alimento y eso la puso en tensión. Pero decidió aguardar, aún no debía descubrirse.
  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado marzo 2011
    la visita no me a ayudado en nada, así que me dirijo al Almacén y justo en ese momento me encuentro con una mujer y un hombre, ambos se miran como si se conocieran de toda la vida. No quiero interrumpir, y permanezco semi oculta pero Shiro chan tan curioso como siempre salta de mis brazos y se dirige hasta la mujer y le reclama su atención.

    Les miro atentamente y al final decido acercarme, no se como reaccionaran. Por si acaso, coloco suavemente la mano en mi arma, tan escondida debajo de mi capa que no creo que lo note, miro a mi gato con reproche pensando que me a vendido, el parece divertirse, la vestimenta y el olor de la mujer le son de su agrado. Hay algo en ella que me recuerda al hombre que amo.

    Antes de que digan nada más me presento con voz gélida:
    -mi nombre es Shizuko, ¿Por favor señorita le importaría devolverme mi gato?
  • OcatoOcato Pedro Abad s.XII
    editado marzo 2011
    Habia estado bastante tiempo observando como la gente iba reuniendose en el interior del almacen, ya no parecia que nadie mas fuera a llegar, ninguno de los que habian entrado le llamaba demasiado la atencion, a los que habian atraido su interes los observaria mas de cerca durante la reunion.

    Se encamino hacia el almacen pero justo antes de entrar se cruzo con la mujer que habia visto entrar al principio, sus miradas se cruzaron por un momento, ella se disculpo y siguio hacia los muelles.

    Cuando entro procuro situarse lo mas cerca posible de donde estaba el anfitrion, obiamente este pretendia intimidar a los asistentes, Ocato le reconocio como aquel politico que estaba dando el discurso en la plaza central de la ciudad cuando llego a la isla.

    El hombre paseandose de lado a lado comenzo a recitar otro discurso...

    -Damas y caballeros. Estan ustedes aquí para enfrentaros a la más ardua, peligrosa y beneficiosa empresa que jamás hayan imaginado pero, precisamente por esto, no puedo permitir que gente débil e incompetente entre en ella de modo que, como es natural, he de someterles a un, ¿cómo decirlo?. Proceso de eliminación...

    Se detubo junto a un chabal y le puso un pergamino en las narices diciendole que resolviera uno de los acertijos, el muchacho acabo acobardandose y salio corriendo del almacen, solto un par de amenazas mas con el objetibo de librarse de mas cobardes, en cuanto estos salieron corriendo le enseño el pergamino a Ocato.

    -Elige uno al azar. Resuelve el acertijo y dímelo. Pasaré al siguiente y así sucesivamente.

    Ocato miro despreocupadamente el pergamino, eligio el acertijo mas facil que vio y se acerco al hombre para susurrarle la raspuesta:

    -Tijeras.

    Se alejo del grupo que aun seguia estrujandose los sesos y se sento en una de las muchas cajas del almacen aguardando el resto de lo que aquella reunion pudera ofrecer.
  • AljanAljan San juan de la Cruz XVI
    editado marzo 2011
    Había acabado la prueba y Brennan contempló como la gente que había fallado o no había respondido a tiempo se retiraba con el miedo en el cuerpo, corriendo la mayoría de las veces o temblando en otras. Sonrió ante la potencia que había tenido la intimidación y se alegró al ver que esa gente débil y poco apta se retiraba dejándole solo a los más adecuados para su misión pero tenía la sensación de que habían pasado demasiados entre los que se había fijado en un hombre curtido y con aspecto imponente, un joven caucásico que llevaba un extraño colgante y una chica joven que le sonreía dulcemente. La tranquilidad y el poderío de esos personajes le dejó claro al gobernador que serían elegidos pero había más gente y, entre esa gente algunos que no deberían participar de modo que dio por concluida la primera prueba y procedió a la segunda, la prueba de fuerza, el combate entre ellos a espada. Se colocó las manos a la espalda y comenzó a caminar de un lado para otro como un general ante sus tropas.

    - Enhorabuena a todos, pues habéis superado la prueba de inteligencia y eso ya dice mucho a vuestro favor pero para triunfar en esta expedición necesitaréis algo más que eso. Si algo me ha enseñado la experiencia es que la inteligencia no es suficiente en estas empresas...- Llegado a este punto sonrió y puso un tono casual, haciendo un inciso en la prueba que calmó el ambiente y evitó que a varias personas que habían pasado les diera un ataque de nervios.

    - Ah, sí...¿Sabéis? Antaño envié tres expediciones más y no tuve mucha suerte. Contraté a diez hombres expertos en ruinas y saqueo de tumbas para conseguir un artefacto mítico que daría a mis tropas una ventaja decisiva en cualquier batalla. Envié a esos diez mercenarios especializados a las ruinas nórdicas del Valhalla para obtener el Mijolnir, el Martillo de Thor. - Una sombra siniestra cruzó su rostro. - Lo que me contó el único superviviente antes de desangrarse fue que antes de llegar a la cámara del Martillo fueron atacados por un una criatura muerta que arrastraba lastimeramente su piel podrida y sus huesos apestados. Les mató a todos...- Se acercó a un hombre tembloroso y dijo en tono confidencial que, no obstante, se oyó en toda la sala. - Recuerdo que podéis iros cuando queráis. - Inmediatamente dos personas salieron a la carrera. Brennan sonrió y siguió. - Luego quise obtener el poderío económico definitivo para Gran Bretaña y envié otra partida de diez expertos mercenarios a buscar El Dorado...lo único que encontraron fueron las garras de los tigres, las panteras y el veneno de las serpientes.- Se acercó a un hombre y éste, temblando, se retiró poco a poco de la sala. -Por último, deseando obtener un trofeo importante, envié a diez expertos rastreadores para que cazaran a un unicornio...El maldito bicho se llevó por delante a más de la mitad de una sola vez.- Se acercó a un tembloroso joven y le puso dos dedos en el pecho, a la altura del corazón. - Dos hombres empalados de una sola cornada...- El joven dio un grito y salió corriendo pero los demás quedaron impávidos. Brennan había purgado a los últimos cobardes. Uno de los que quedaba hasta se adelantó sonriendo con aire retador y seguro de sí mismo.

    -Oh, vamos, muertos vivientes, Martillos de Thor, el Dorado...¿Cuántas cosas se ha inventado, jefe?- Dijo con aire retador y chulesco.

    - Tiene razón. He mentido. - El hombre sonrió, altivo ante la respuesta de Brennan. -No envié a diez. Envié a cincuenta hombres a cada expedición.

    Este individuo dio un salto atrás y, tras unos instantes de vacilación, abandonó. Todavía quedaba un cobarde. El gobernador tomó las espadas que había traído y señaló a dos personas al azar.

    - Segunda prueba. Quiero una lucha entre vosotros para ver como os las arregláis con las espadas. Se lucha a primera sangre, nada de matar ni herir gravemente o pagaréis las consecuencias. Quiero juego limpio. Tú y tú, vamos, sois los primeros.
  • Suara BaalSuara Baal Juan Boscán s.XVI
    editado marzo 2011
    No soy muy estudiosa, pero la primera prueba fue de lo mas sencilla, ahora nos decían que debíamos mostrar nuestra valía, y eso era algo que me encantaba.
    Esos dos están a apunto de comenzar la prueba, miro a los demás, me adelanto, quiero pelear en cuanto esta termine, me pregunto quien sera mi contrincante. Dejo mis cosas en una esquina, las pocas que poseo, y deposito a mi gato entre ellas.

    Le miro, parece entender que sobra, le hago un gesto para que no se mueva, pero cuando vuelvo para ver la prueba que esta a punto de comenzar, el muy condenado tonto se sube escalando hasta mi hombro. Me lame la cara, tengo que admitirlo, este mínimo es mi debilidad. Saco mi arma, y me dispongo a tratarla, pero no quito la vista de los demás, examino buscando información en su lenguaje corporal.

    Luego miro a los dos combatientes, no voy a quitarles ojo. Shiro se desliza y hace que tenga que guardar mi arma en el cinto, se refugia temblando de miedo, parece que intuye que va a pasar algo.
  • Rosa NegraRosa Negra Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado marzo 2011
    Luego de la seña satisfactoria, Francis, se apartó de la multitud. Faltaba que el resto de los invitados resuelva el enigma para así, saber quiénes pasarían a la siguiente ronda.

    El hombre que no sabía leer estaba en un rincón del almacén intentando pasar desapercibido. Tal vez, el gobernador Brennan no se percataba de su ausencia y lograba llegar a la segunda prueba.

    - Esta sí que ha sido fácil – musitó en voz baja el hombre barbudo que antes había pedido silencio.

    - ¡Ja! ¡Sólo espero que la próxima contemple la resistencia al ron! le respondió el filibustero.

    Uno a uno los presentes fueron resolviendo los enigmas. Aquellos cuyas respuestas eran incorrectas abandonaron la posada del Viejo Truhán. Francis, por su parte, se dispuso a armar un tabaco mientras esperaba.

    A los diez minutos, Julian se paró en frente de los hombres y mujeres que aún permanecían en el lugar, llevando sus manos a la espada que le colgaba del cinturón. Antes de decir en qué consistía la prueba, dio una charla jactándose de sus anteriores travesías. A Morgan dichos discursos lo aburrían, nunca fue de esos que contaban sus experiencia en la mar, al contrario, se mantenía bastante reservado cuando se trataba de su vida privada.

    - Segunda prueba. Quiero una lucha entre vosotros para ver como os las arregláis con las espadas. Se lucha a primera sangre, nada de matar ni herir gravemente o pagaréis las consecuencias. Quiero juego limpio. Tú y tú, vamos, sois los primeros.

    Luego de la perorata, señaló a dos personas. La primera era una mujer que había sido de las últimas en entrar al almacén. Tenía un gato pequeño que Morgan miró con desprecio. El segundo hombre, era el mismo pirata.

    Tomando la espada por su puño, se adelantó unos pasos de la multitud y avanzó sobre la mujer, separándose de ella unos cuatro metros.

    - ¡Vamos mujer! ¡Enséñame tu mejor estocada! – gritó provocativamente.

    -*-*-*-*-*-*-*-*-*-
    En ese mismo momento, en el barco de Morga, Rich se disponía a almorzar. Preparó rápidamente un estofado de verduras y tortugas, que era su especialidad.

    Cruzó a pasos agigantados medio barco para introducirse en la bodega, pero algo le llamó la atención. Su loro, gritaba pasmódicamente “No hay más ron”, lo cuál indicaba que alguien más estaba entre las botellas de alcohol.
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