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La última noche

Welchire. La prisión peculiarmente más pacífica que exista, y esto último solo por una característica atípica: sólo permitía a personas clasificadas como ‘enfermos mentales’ al finalizar su investigación.

De su muy reducida cantidad de convictos, pues solo albergaba a 21, un anciano destacaba del resto. Lo apodaban “carcajada rancia”, por su aparente forma seca de reír. Durante la noche desasía un grito que culminaba en una carcajada; acto seguido podían escucharse fuertes ronquidos desde su habitación. Y aleatoriamente, durante el día, precisamente durante la hora del almuerzo, daba un fuerte alarido antes de tomar bocado, para nuevamente después carcajear y luego seguir con su rutina.

Durante una noche al realizar la vigía nocturna, el nuevo guardia, Floyd, pasaba cerca del cuarto del anciano, el cual leía el periódico junto a una luz incandescente muy tenue y empezó a reír. Floyd confundido se acercó a la habitación, sin embargo para antes de haberse aproximado lo suficiente, el anciano ya había sofocado la luz con sus manos, para luego irse a dormir. Esta sensación de duda, provocada por esas risas, permanecieron con él durante toda la noche, y la mañana después.

Durante la mañana del siguiente día, de forma imprudente trató de indagar en repetidas ocasiones qué causaban las carcajadas del anciano, sin recibir respuesta; finalmente, de parte de uno de sus jefes en turno, recibió la tan anhelada contestación: “dirígete mañana casi al anochecer a su habitación, y revisa debajo del colchón; hallarás algo que te servirá. Probablemente él aún no esté allí ya que mañana es cuando acostumbra leer hasta tarde en la biblioteca, antes de ser regresado a su habitación.”

Decidido, Floyd esperó pacientemente al anochecer del día después, para poder revisar la habitación. Habiendo llegada esa noche, percibió un olor muy desagradable proveniente del pasillo de habitaciones. Con muy poco tiempo, desesperado, no pensó otra forma de aminorar el desagradable olor, mas que cubrir su boca con la mano izquierda. Inmediatamente después, se apresuró velozmente a la habitación del anciano.

Al llegar, pudo notar una parte de papel periódico sobresalir debajo del colchón, y una especie de diario forrado en piel negra sintética, puesto cerca de la almohada.

Tomó el diario y lo abrió, en la que, aparentemente era la única página escrita, y había sido separada con un trozo de periódico viejo de color amarillento. Observó que el trozo de papel tenía marcada la fecha: “3 de septiembre de 1866”, fecha que coincidía con la de ese día, pero de 50 años atrás. Preguntándose el por qué, procedió a leer la página abierta rápidamente:

“Hoy vienen por mí. Me escocerán la piel. Tengo que huir de ellos. He hecho algo terrible” 
- Alden, 3 de septiembre de 1866.

Aún más desconcertado por esto, e intentando soportar el desagradable olor que se intensificó en la habitación, haló el pedazo de periódico que sobresalía debajo del colchón, y al hacerlo provocó que éste se resbalara de su base lentamente.

Tan pronto leyó el título del periódico, y captó cuál era el origen del intenso olor en la habitación, huyó atemorizado de allí sin mirar atrás. El guardia no ha vuelto a pisar esa prisión más.

Seis años después. Los clasificados están en todos los diarios. Nuevamente hay alguien buscando un guardia en la vieja prisión Welchire, quien no ha sido llamada aún de nuevo por el puesto.

Al día de hoy la gente sigue preguntando qué ocurrió en ese lugar la última vez que alguien tomó este puesto, y qué era exactamente lo que provocaba las risas de “carcajada rancia”.

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