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Los Escritos de Giji: RIMAS DE UN VIEJO MARINERO

RIMAS DE UN VIEJO MARINERO

Durante las frescas mañanas, resonantes de la brisa y el golpeteo del mar rompiendo en las rocas de la costa Veracruzana, se sentaba en la orilla un viejo de barba blanca ceniza. Un sombrero viejo de paja abordaba sus blanquecinos cabellos y sus piernas, una colgando hacia el mar y la otra reposando sobre la barda del muelle, cubiertas por unos bermudas grisáceos desgastados con hoyuelos y raspaduras espolvoreados por la arena de playa.

Se encontraba tarareando una melodía melancólica de tiempos pasados, como recordando viejas historias de alta mar de hace mucho. Sus ojos verdosos clavaban la mirada a lo lejos, observando las gaviotas sobrevolando las aguas. Avistaba la pequeña isla de los sacrificios, nombrada así por su historia que contaba sobre una cultura antigua cuyos sacrificios se llevaban a cabo ahí. El faro blanco con rojo en mitad de la isla y algunas aves a los alrededores como pelícanos o halcones peregrinos que eran apreciados por el viejo desde la orilla.

Una mañana caminé por el malecón y más allá, por la playa y la costa, pues el viento y la brisa peinaban mis cabellos y, siendo temprano aún, compré un coco a unos vendedores que hallé en mis caminos. Escuchaba las aves graznando y en la cercanía una silueta montada en la orilla de la bardilla, donde abajo las olas rompían con las rocas mohosas, se distinguía sin dificultad.
Mientras me iba acercando se volvía cada vez más claro. Primero el sombrero de paja, luego las ropas que vestía, y por último los rasgos faciales. Era el viejo, al verme hizo un ademán de que me sentara a su lado.

Al sentarme le ofrecí del coco que llevaba, tomo un pedazo y lo llevó a su boca masticándolo con cierta cautela, como un niño cuando prueba por primera vez un caramelo o un chocolate de una exquisitez envolvente. O quizá solo como quien disfruta un platillo hasta las migas, devorando lento y apaciguando el sabor por completo, deleitándose hasta el final.

-He de contarte hoy, de lo que me pediste que hablara antes.- Dijo el viejo.
-Por favor, si no causo molestia o le es incomodo.- Enfaticé mientras me acomodaba junto a él apreciando la costa este.


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