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Os presento a Bruno

marta012marta012 Pedro Abad s.XII
editado 22 de enero en Literatura

¡Hola, queridos lectores! 


Quiero desearos a todos los lectores un increíble año, cargado de ilusión, aventuras y proyectos (factibles de cumplir, a ser posible), amor y salud. La vida fue creada para disfrutarla: pasar tiempo con los que te rodean, dedicarte a ti mismo esos instantes que te hacen feliz, cambiar esos aspectos de nuestra personalidad que nos impiden avanzar, leer un buen libro, descubrir nuevos lugares, conocer nuevas personas, compartir tiempo con los animales. ¿Sabéis algo? Tenemos infinitas cosas que aprender de ellos: no saben qué es el rencor, nos dan todo su cariño sin esperar nada, son fieles... No tengo más que palabras buenas. ¿Puedo decir lo mismo del ser humano? No lo tengo tan seguro.

¡Por fin! ¡Ya estabas tardando!


Y es más, os voy a contar una historia un tanto peculiar, llamado Bruno. Un niño que deseó algo con tanto entusiasmo, que se hizo realidad.

Entonces, tenía tan sólo nueve años. La vida no le había tratado especialmente bien, que se diga. El vivir en los suburbios de la ciudad, el vestir día sí y día también con la misma camiseta raída o el tener que conformarse con un bocado por la noche; no era todo lo que Bruno sufría. Imaginaos lo difícil que puede ser salir adelante para alguien tan joven. Y si todo ello lo vives con los tuyos, vaya que vaya, te sientes más arropado. Pero, si os digo que Bruno compartía casa con una familia de acogida, la cosa cambia. 

El niño había quedado huérfano hacía un par de años y los Servicios Sociales le había asignado unos padres: Aitor y Sheila. Dos seres inmundos, que no merecían su compañía y que le proporcionaban condiciones nefastas. Con apenas nueve años, tenía una vida gris. 

Sin embargo, la mente del pequeño trabajaba cada mañana. Tenía metassueños y proyectos en su cabeza. Eran rebuscados, aparente difíciles. ¿Imposibles? No. Para Bruno no había nada imposible. Y era algo que había grabado a fuego en su corazón y que su madre le había confesado una noche, días antes de fallecer: "Si me ponen un muro de cinco metros, usaré una escalera de seis". 

Una tarde, harto de aguantar la misma situación, decidió que su vida debía tomar otro rumbo: no era feliz. Escapar era la solución, sí. Pero, ¿hasta dónde tenía que correr para huir de todo aquello? 

Se puso manos a la obra. Se enfundó unos guantes, cogió su cubo, un palo, una cuerda y el ingrediente estrella. Se trataba de una bolsa de polvitos mágicos que su madre había guardado para él. Úsalos cuando te sientas triste, ellos te ayudarán; le había susurrado una mañana. Mezcló éstos a partes iguales con agua y removió enérgicamente. Aquello tenía un aspecto extraño, pero algo le decía al pequeño que funcionaría.

Estaba convencido de que con ellos podía crear una burbuja tan grande en la que montar y volar hasta el más allá. Y esa burbuja fue creada, a partir de un deseo, a partir de una ilusión: soñaba con reencontrarse con sus padres.

A partir de esa tarde no se supo más de Bruno. Le buscaron por todos sus entornos habituales, denunciaron su desaparición. Sin embargo, a esas alturas el pequeño estaba ya muy lejos, más de lo que todos podían pensar.

Estaba allá donde su imaginación le había llevado.

Queridos lectores, esto no es más que un relato ficticio. Pero, por suerte o por desgracia, cualquiera podemos ser Bruno. Podemos vernos literalmente atrapados, encerrados en vidas que no nos dan la felicidad que necesitamos. Es entonces cuando debemos crear nuestra burbuja y volar. Demos volar hacia donde nos lleven nuestros propósitos.

¡Nos vemos por las redes!

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