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La Primera Piedra - Jesús Aherrojado (cap II)

Hola qué tal. Me gustaría poner aquí algo que he escrito, parte de un relato con bastantes palabras. Pongo el cap II, porque el I es muy largo. Poquísimas personas lo han leído, y ninguna imparcial. Yo no sé si está mejor o peor (sólo sé que me alegro de haberlo escrito, porque creo que es lo que yo quería escribir). Espero me deis alguna opinión, si lo encontráis digno. Gracias anticipadas.


II - JESÚS AHERROJADO

 

Que pase el reo.

Un sujeto harapiento y encorvado, de unos treinta y cinco años, se adelantó frente al Prefecto.

¿De qué se le acusa?

De doble asesinato.

¿Cómo le llaman?

Jesús, su señoría. Es galileo, de Nazaret.

El gesto de Pilatos se endureció. Se trataba de un tipo de complexión robusta, macizas articulaciones y calva pugnaz. Aunque rebasaba la cincuentena, conservaba todo su vigor intacto. Carraspeó ligeramente y desplegó parsimonioso el pergamino que sostenía sobre sus rodillas. Por un par de minutos pareció concentrarse profundamente en el sumario, y después retomó la palabra.

Así que tú eres la parra, y los demás tus sarmientos ¡Pues menuda parra nos ha salido!

Jesús no dijo nada.

Me cuentan -pronunció despacio, releyendo sus notas- que eres un taumaturgo, un obrador de prodigios, un profeta...que predicas un mensaje de buena voluntad y tolerancia. No se recogen los higos en el zarzal, ni las uvas en el abrojo. Hum, se ve que lo de las uvas te ha dado fuerte. Vaya, así que trabajar en sábado no constituye ya infracción...¿sabes lo que mi padre solía decir? Que el auténtico pecado es holgar todos los días del año. No juzguéis y no seréis juzgados: ésta sí que es una frase a propósito para un criminal. Pero la que más me ha llamado la atención, Jesús de Nazaret, es esta otra; si un enemigo te golpea, no te defiendas, antes bien ofrécele la otra mejilla para que vuelva a hacerlo...Dime ¿realmente enseñabas algo así?

Jesús no respondió.

Aseguran que la ocasión hace al ladrón, nazareno ¿No piensas entonces que al ofrecer la otra mejilla incitas a tu hermano a pecar otra vez? Sin embargo, tú no seguiste tal consejo...¿verdad? A tu primera víctima la encontraron degollada, semioculta entre las jaras y retamas del camino; mi puño hubiese cabido en el agujero de su garganta. La muchacha apareció detrás de la tienda de tu amante, estrangulada y con la cabeza deshecha.  Puedo entender que mataras a ese pupilo tuyo por celos, al fin y al cabo parece que él y tu novia te la estaban pegando, pero ¿por qué mataste a la jovencita? ¿sabía quizás demasiado?

De nuevo el acusado permaneció mudo.

¿Se da cuenta el reo de que su silencio le condena?

La potente voz del Gobernador resonó entre las gruesas paredes del salón de piedra del Pretorio. Cuatro legionarios montaban guardia en cada una de sus cuatro esquinas. Un solitario estandarte rojo se alzaba en su centro. Pilatos se recostó de nuevo en su triclinio, y escrutó aquel lívido rostro de labios amoratados. De todos sus deberes públicos, aborrecía particularmente el de actuar como Cuestor; cuando escuchaba las airadas soflamas, los ejemplares castigos que proponían aquellos que no tenían responsabilidad alguna sobre la vida o la muerte, pensaba en lo fácil que resultaba impartir en abstracto la justicia universal. La primera vez que tuvo que mandar a un hombre al patíbulo, se dio cuenta de dos cosas: una, que la mirada del peor asesino le recordaba siempre la de un niño perdido, en aquel trance; y la otra, que no tenía estómago para matar niños todos los días. Sin embargo, este asunto estaba realmente turbio. El Prefecto se volvió hacia Flavio, su asistente y consejero en temas locales, que era además su sobrino.

¿Tú qué opinas?

No veo forma de ayudarle. Es un desequilibrado. A la acusación de doble asesinato se une la cuestión religiosa.

¿Qué cuestión religiosa?

El secretario chasqueó la lengua y reordenó sus legajos. Era un joven desgarbado y huesudo que frisaba los treinta, de elevada estatura y caído de hombros, cabeza puntiaguda y ojos de alfiler. Sus ijares escurridos y sus alargados belfos le conferían una proverbial fisonomía equina.

Sus apariciones públicas han desatado un escándalo sin precedentes -agregó.

Procédase a leer los cargos.

Adelantando su estrecho y rasurado tórax, Flavio dio lectura al acta judicial.

Jesús, hijo de María, de padre desconocido. Se te acusa de perpetrar dos asesinatos en primer grado con ensañamiento y premeditación; se te acusa también de conducta irreverente, participación en disturbios callejeros, alentar la insurrección contra Roma y dirigir invectivas continuas contra las autoridades públicas y el Sanedrín. Dime -¿cómo te declaras?

El reo arqueó ligeramente sus cejas oscuras, apenas visibles bajo sus largas y mugrientas greñas. Pero no abrió la boca. El Prefecto se volvió de nuevo hacia su ayudante.

¿Se ha informado ya de sus derechos a este hombre?

Desde luego.

Y respecto a esa cuestión religiosa...

 (continúa abajo)

Comentarios

  • Es un tema de lo más peliagudo -observó Flavio- Se enraíza profundamente en el sentir popular de estas gentes; por lo visto el prisionero ha puesto patas arriba todas las supersticiones autóctonas. Hay testigos que afirman incluso haberle oído decir que es hijo directo de su dios.

    ¿Hijo de un dios? Hum...Alejandro sojuzgó a medio planeta antes de proclamar algo así, y aún lo hizo con la boca chica.

    Éste afirma ser el Mesías redentor...el cordero.

    ¿Un cordero?

    El Ungido, el Eterno Rey de David, la oblación que rescató la vida de Isaac, el sacrificio que redime al primogénito: el rito que celebra la fecundidad de las ovejas y el fin de la invernada. Sería en todo caso ganado menor, y defectuoso. Apenas válido para comprar las faltas de un plebeyo. Su madre fue blanco de bastantes habladurías. Al parecer su marido, dueño de una cantera de ladrillos de adobe, llegó a dudar en público de la procedencia de su retoño. Más tarde, cuando ese hombre la repudió secretamente, ella tomó un nabateo como nueva pareja, y viajaron juntos a Petra y Egipto. Tras la pubertad el acusado fue admitido en la Sinagoga de Cafarnaúm, ya que pretendía ser rabino: permaneció allí por dos años, demostrando ser un alumno dedicado y a ratos brillante, con interesantes y originales puntos de vista, aunque siempre dentro de la más estricta ortodoxia. Pero su carácter difícil le granjeó numerosos enemigos, que acabaron por sacar a relucir de nuevo el tema de su nacimiento; abandonó la sinagoga y viajó por el Mediterráneo, visitando la Fenicia, Chipre, y otras islas del Mar Interior. Cuando regresó a Palestina trabajó en el negocio familiar regentado por sus hermanos, pero muy pronto volvió a las andadas; vagabundeó por el desierto del este, frecuentó a los nazaritas, y se unió a una comunidad de descontentos a orillas del Asfaltites, pero de allí también le expulsaron. Se amancebó con una ramera de Samaria, y se lanzó a predicar; reclutó varios adeptos entre las clases más bajas, y hasta logró convencer a sus hermanos para que abandonaran el negocio y le acompañasen. Recorrió la Vía Maris hasta las riberas del Genesaret, comenzando poco a poco a labrarse cierta reputación como místico y anacoreta: advertía del fin del mundo, anunciaba el castigo de los poderosos y preconizaba la igualdad universal, al tiempo que arremetía contra Fariseos y Saduceos, tal y como es habitual en este tipo de sectas.

    Vaya…¿otro asceta que promete la divinidad a los esclavos?

    O a los patricios ¿ya no recuerdas a tu vecino Publio? Se dejó engatusar por el culto a Isis, allá en Roma, y le quitaron hasta la camisa.

    Hum...sí, le recuerdo. Nada tan seductor como un apocalipsis inminente ¿Por qué nos resultará tan antipático el sentido común?

    La lucidez es a un hombre lo que la mujer de su mejor amigo -aventuró Flavio- Dos horas a solas con ella pueden resultar mortalmente aburridas. O de lo más peligroso.

    Pilatos fijó en su sobrino sus penetrantes pupilas grises.

    Si perseveras tras la estela de Diógenes -reconoció en latín, entre complacido e impresionado- harás carrera.  Prosigamos -añadió, retornando al griego- Es mejor que confieses, Jesús; recuerda que es tu propia amante quién te delata. Ella declara que salió de vuestra tienda para bañarse en el arroyo, dejándote dormido en el lecho; su prima Soraya descansaba tras unas cortinas, a poca distancia. Sin embargo, cuando tu novia regresó a la jaima no había nadie; sabía que tú planeabas abandonar el asentamiento por la mañana temprano, y creyó que su prima había ido a lavarse también. Pero poco después encontraron el cadáver de la niña. Más tarde encontraron el de tu compañero, cosido a puñaladas, y que según todos los indicios fue el primero en morir.

    El acusado permanecía aherrojado e inmóvil. Una mueca de indescriptible estupor se dibujaba en su rostro.

    Dos de tus siervos, que pernoctaban a la intemperie junto a la entrada frontal de la tienda, confirman su versión de los hechos; admiten que sólo existían dos candados para dicha entrada, de los cuales únicamente tú tenías la llave, y que era imposible introducirse bajo los faldones traseros de la jaima desde fuera, lo que corrobora la evidencia de que no pudo hacerlo nadie más. Tú mismo reconoces que no observaste nada extraño en toda la noche, ni cuando al amanecer partiste con algunos de tus seguidores más escogidos hacia el Túnel de Siloé...¿y bien?

    El reo seguía sin contestar. Iba descalzo y cubierto de andrajos. Apestaba. Provocaba una muy humana y natural reacción de rechazo: sus barbas astrosas, sus uñas roñosas, su mirada oblicua, sus legañas, todo predisponía en su contra. Flavio estaba en lo cierto, la suerte de aquel desgraciado estaba decidida de antemano. Pero por razones éticas y profesionales, Pilatos trataría de conseguir su confesión completa.

    (Bueno, si a alguién le interesa, sigo poniendo)

  • Una nueva versión, sigue colocando la continuación, me da curiosidad.
  • GadesGades Garcilaso de la Vega XVI
    Oye, estoy con Amparo, sigue poniendo que nos ha picado la curiosidad a ver cómo acaba este Jesús. De momento has conseguido captar nuestra atención.
  • ¿Has visto morir a un hombre en la cruz, nazareno? -insistió- No es un final agradable: la carne atravesada por los clavos resbala sobre la madera, y los nervios y tendones se desgarran milímetro a milímetro. Oleadas de agonía recorrerán tus venas cada vez que respires, cuando tus huesos y músculos se despedacen contra el metal, pero esto no será sino el principio. Lo peor es el calvario de la sed. Cuando por la mañana adviertas el clarear del alba tras las lejanas montañas, agradecerás que la brisa tibia disipe los fríos vapores del relente de la madrugada. Pero antes del mediodía tu lengua será una masa informe, tu piel una hinchada corona de yagas y granos de arena que se calcinará bajo el tórrido azote del viento del desierto.  Por la tarde no recordarás nada más que la náusea, y suplicarás mil veces la muerte, y esperarás todavía un milagro, pero cuando levantes la frente sólo encontrarás el sol cegador, ese sol de sangre que se derramará segundo a segundo sobre tus ojos pétreos como el cristal. El suplicio puede prolongarse durante muchas horas, y durante todo ese tiempo tus allegados permanecerán a tus pies, escarnecidos contigo, sufriendo contigo...muriendo contigo. Pero existen otras soluciones: la hierba de Circe, ciertos brebajes secretos, una lanzada simple y certera...yo puedo proporcionártelas, pero necesito que me ayudes.

    El acusado manifestó algo de forma casi imperceptible.

    ¿Qué?

    Soy inocente -repitió Jesús.

    ¿Sí?

    No pude hacerlo. Fui concebido sin pecado.

    ¿Eh?

    Un hombre incólume, puro, perfecto -aclaró el secretario- Según ciertas doctrinas de los partos adoptadas por los esenios, algunos profetas son concebidos sin mácula para cargar de esta manera con las faltas de los otros.

    ¿Hombres engendrados más allá del error para cargar con las faltas del resto? Qué idea tan rara, no le encuentro la lógica -suspiró Pilatos- ¿Quién en su sano juicio iba a fiarse de tipos así? Y por lo que me cuentan, galileo, tal afirmación es en tu caso cuando menos discutible, porque tu madre...De súbito el cuerpo de Jesús se contrajo violentamente, y bajo su frente tostada sus ojos llamearon.

    Perdona, muchacho, no quise ofenderte.

    No se veía todos los días al Gobernador de Judea disculparse ante un convicto de asesinato; pero si alguno de los legionarios presentes encontró algo de divertido en aquello, se guardó mucho de manifestarlo. El interrogatorio continuaba.  Pilatos trataba de desorientar al prisionero, de confundirle, pero éste se obstinaba en no despegar los labios; se mostraba inexpresivo, indolente, como si nada de aquello le incumbiese...

    Pero ¿quién me acusa? preguntó al fin.

    ¿Otra vez? -refunfuñó molesto el Procurador- Todos te acusan.  Hasta tus propios discípulos testifican en tu contra.

    ¿Mis...discípulos?

    Exacto.

    No...eso lo dices tú...yo no soy más que una víctima.

    Una víctima es un verdugo mal situado. Y tú has demostrado situarte la mar de bien.

    ¡No! ¡No pude hacerlo! -exclamó el reo fuera de si- ¡Era mi hermano! ¡Todos los hombres lo son!

    Ya. Pero según vuestra propia tradición el primer hombre nacido de mujer también mató a su hermano. A veces los hombres se matan, y tú estabas muy enamorado ¿correcto?

    No...soy inocente ¡Digo la verdad!

    ¿La verdad? ¡Ja! ¿Y eso, qué es? Sobre todo, para alguien que no está en sus cabales.

    Jesús susurró algo en míshnico.

    Ha dicho "Yo Soy la Verdad" -tradujo Flavio- Debe tratarse de alguna fórmula litúrgica.

    Pilatos parecía más y más sorprendido.

    Vaya, ahora resulta que tú eres la verdad, ¿eh? Pues de poco ha de a servirte, dadas las circunstancias; no aspiras a mucho tratando de personificar algo tan vulgar y tan sucio, y en tu caso, tan luctuoso. Vamos, confiesa, confiesa ahora y te ahorrarás la tortura de los interrogatorios.

    No...soy inocente...nadie estuvo conmigo para llenar los cestos...solo yo pise las uvas en el lagar...

    ¿Qué?...y dale con las dichosas uvas…Allá en Antium tengo una hermosa villa, frente a la bahía; ya en febrero mis esclavos podan el emparrado, porque en marzo estalla la primavera y cada pájaro se vuelve loco, y la flor de pluma trepa por las columnas y baña de malva las blancas estatuas.  Más tarde llega el verano abrasador, y los pámpanos se mecen suavemente en la brisa marina. En junio despuntan las primeras yemas de los agraces, como diminutas almendras que se escurriesen entre los dedos, y en julio un terso reflejo de verde pálido se insinúa tras sus pieles irisadas.  Bajo el implacable sol de agosto crecen y crecen las uvas hasta mostrarse henchidas y turgentes, como si fuesen a explotar, pero algunas no maduran nunca. Quedan arrugadas y pasas, resecas y flácidas, abandonadas al recio viento del otoño y a las frías madrugadas de octubre. Dime, nazareno ¿No ocurrirá lo mismo con los hombres? ¿El bien y el mal, el amor y el odio, el fracaso y el triunfo, todo en un mismo racimo?

    Yo no hice nada...sólo vine hasta aquí para consolar a los agobiados y afligidos, para recompensar a los simples de espíritu.

    Pero ¿es que crees que los simples de espíritu aspiran a otra recompensa que a dejar de serlo? Basta de estupideces. Dinos por qué les mataste.

    No les maté. Natanael era mi amigo. A Soraya la dejé durmiendo. Juro que cuando abandoné la jaima aún estaba viva.

    ¡Mientes! –exclamó el Gobernador, montando súbitamente en cólera- ¡Estás colmando mi paciencia! ¡Vamos, confiesa! ¡Confiesa, o te haré azotar!

    Jesús, derrotado, se hincó de hinojos y comenzó a llorar amargamente.

    ¡No! ¡Por favor! ¡No les maté! ¡Lo juro! ¡Nunca haría daño a una niña indefensa!

     ¡Lleváoslo! -ordenó furioso el Prefecto- ¡Azotadle! ¡No! ¡Esperad! Por unos instantes, Pilatos pareció irresoluto. Trasladad al cautivo a la Torre -dispuso finalmente- Se levanta la sesión.

    (Este capítulo continúa algo más, y luego tiene más capítulos) Si os va interesando, agradecería ánimos pero sobre todo críticas (y cuánto más duras y rigurosas, mejor). Saludos.

  • A mi me interesa, pero criticas si no tendrás de mi, a lo mejor Gades tenga algo que criticarte, tiro la piedra y escondo la mano.
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