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Lo de siempre

PerroPerro Anónimo s.XI
editado julio 2016 en Negra
Sabes perfectamente a dónde van a parar los intentos, las caminatas, los sueños. Por eso agarras cualquier micro y te bajas al fin del recorrido, o dejas pasar los buses sin decidirte a subir. Todos los caminos conducen a Roma y ya sabes bien que allí se habla de otra vida, tan distante, tan bonachona, tan sinrazón, tan lejos de la salvación. Únicamente ablandan la calle donde un día caerás rodeado de extraños. Entiendes tan bien que la única salida a las discusiones, las sinrazones, el fastidio, es la distancia y saboreas por anticipado las conclusiones amargas, el chirriar de puertas selladas para siempre, el trámite, el reproche inútil, el cambio que nunca vendrá, así lo desees, así te dé igual. La realidad se yergue sin entusiasmo, como un oficinista resignado, cansada de repartir mala actitud, amargura, cansancio, cinismo y toda la cátedra de sinsabores a tanto necesitado indignado con ella y con su espejo. Ella, la vida, te señalará los trámites para ser aceptado en el selecto club de la chusma, te diráa dónde firmar sin inmutarse, y se fastidiará cuando quieras leer la maldita letra chica (¿acaso eres mejor que el resto?). Ella te gana, sabes que gana, aunque ni ella ni tú lo deseen. Es la fuerza de las cosas. Ve por donde te indica su dedo, cómete tu orgullo, bebe su mala leche, porque nadie se explica que tu mirada siga atravesando intenciones declaradas y entres en todas las pocilgas, en todas las mazmorras, con actitud solemne, como si te jugaras el alma preguntando por direcciones que nadie conoce. Ya, lo entiendo; no le crees a ese ramera, pero te obligas con todo el ser a dibujar una sonrisa, a no ser mezquino con los semejantes. Hasta una ramera cabe mejor en tu mirada que un hijo de estos tiempos. Sabes que te irritan, que vas de salida, que estás frito, que los sueños se pasaron de listos, se llenaron de hongos, malos gestos y ya nadie quiere comerlos. Ni siquiera tú. Ya, ya... los mantienes porque son tu descanso, pero ¿has notado cómo se van haciendo más grandes y absurdos? El Gran Premio para ayudar a tus parientes a salir del hoyo, para que todos vean la clase de persona que eres, que no olvidas a los tuyos, que tu origen siempre ha sido humilde... ¿Percibes acaso que ya no compras cuentas de color y el toque final de la conquista es que sueñes esas cosas como si pidieras la salvación en un grito que nunca tomará el impulso suficiente? Eso es soñar... contener toda esa rabia en silencio para no joder a los demás.
La función del sueño es siempre la misma: dejarte dormir.

No hay alegría en seguir... es una película repetida, mala, llena de actores infames, hijos de papá, hijos de puta, figurines y escoria que buscan protagonismo en la basura. te caga, al igual que a cada persona sensata, toda esa preocupación de los peinados lindos y rostros que fingen lo que tú conoces mejor que nadie.
Estás cansado, lo entiendo. Eres un rey sin nada en los bolsillos.
Y aún así me dices: "es que las cosas podrían ser de otro modo".
Te tengo noticias viejo: no trabajas solo, estamos juntos en esto, y si las cosas son lo que son, por algo es. O te adaptas o te jodes, no hay más... en ninguna parte del manual se dice que tengas derecho a volar.
Y me miras en silencio.
Y en esa incomodidad que no sé explicar, se me salen palabras ajenas, hechas por expertos en ingeniería y asesores oscuros que hace mucho se metieron en mi coco: no seas pendejo, deja de joder ¿es que no ves que nos haces sufrir? Abandona ya tu locura, déjala ir, let it go my brother.
Pero no aceptas el chantaje.
Qué felices seríamos de no haber gente como tú, eso te dije.
Y me miras con curiosidad, sin desprecio, como quien ve una vieja película con el argumento repetido, vacío, sin propuestas ni riesgos, sin pasión, sin alma.
Miro tus zapatos gastados, el cuello de la camisa limpia, tu pequeña casa que no es tuya... y aunque me duela, debo elegir entre el mundo y tú.
Ya tendré mi gran vida y sólo serás una piedra en el zapato... pronto compraré un auto, y no tendré que verte, pronto no tendré que caminar y sentir mi cuerpo. No tendré que sentirme, quise decir... sentirte.
Es así, no hay más... se da un portazo y chau, se acabó. Ya sé que no tienes miedo, y ése es tu gran problema: prefieres comer lentejas antes que esta mierda. Pues bien, el orgullo tiene su precio, y la rendición también. No hay salida, tenemos lo que merecemos, y aunque no lo merezcamos lo tendremos. Las cosas son lo que son, y no hay espacio para los ingenuos, no de este lado y ya está lleno de pillos de corbata y pillos sin zapatos. Tú caerás del lado correcto, con tu decencia y tus cosas. No disfrutaré la vista, pero al menos tendré donde caerme muerto. Es el miedo... el miedo. El miedo se come todo lo que fuiste, lo que eres, lo que quisiste ser. Y si no es tu miedo, será el miedo de los demás. Como dicen los religiosos; jódete ahora para que te salves en otro mundo... ya está visto que acá no la vas a hacer. Qué decirte... ni tú ni yo creemos esas bobadas. Nos salvamos y nos condenamos a cada paso; lo que dejas de hacer, lo que haces, lo que no aceptas ser... lo que sea que decidas, se paga; pagas de inmediato, y luego siguen las cuotas infinitas, y terminas devolviendo más de lo que compras. Así es para todos, así son los tratos con el diablo... no se vale llorar: o te quedas, o te subes.
Y ahí estás, dejando pasar las micros, entendiendo cosas que nadie recuerda, con esa actitud que ya nadie perdona.


La única verdad que nos une, es que perderemos todo tratando de desandar el camino a casa.
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