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Misteriosa desaparición

PuyoutuPuyoutu Anónimo s.XI
editado mayo 2016 en Terror
La pareja se palpaba y manoseaba apasionadamente amparados por la oscuridad de la noche, ocultos entre las sombras. En aquel camposanto viejo y mohoso, el único sonido que se oía era el de sus labios y la respiración acelerada. Un crujido de una rama.
- ¡¿Qué ha sido eso?! -gritó la chica sobresaltada.
- No ha sido nada, habrá sido el viento o algún animal.
El joven continuaba sobando a la chica mientras la besaba el cuello.
- ¡Para! ¡He visto algo! -gritó ella apartándole de un empujón.
- ¿Pero qué dices?
- Ahí, entre las lápidas, algo se ha movido, ¡una sombra se ha movido!
El chico miró tratando de enfocar su visión a las tumbas donde ella decía haber visto algo. Pero ni allí ni por las inmediaciones se veía nada, ni se escuchaba nada. Él se levantó y abrochó el pantalón. Se arregló un poco la camisa y avanzó unos pasos.
- ¡No vayas!
- Tranquila, no pasará nada. Será algún animal, algún chucho callejero.
- Tengo miedo, siento un escalofrío. Vámonos de aquí, por favor.
- ¿Te dan miedo los muertos? -soltó una carcajada.
- No hagas bromas. Siento algo extraño.
- No te asustes, voy a echar un vistazo, espérame.
El chico avanzó, aunque quería hacerse el valiente y vacilar un poco a la chavala, también sentía un escalofrío inquietante que iba más allá del frío húmedo de un cementerio costero. Pero no veía nada, no oía nada. Era un silencio sepulcral, casi sobrenatural. Avanzó entre las brillantes lápidas de granito pulido. Las cruces y las imágenes religiosas miraban al intruso con manchas negras de moho que caían por las mejillas de las estatuas y que simulaban lágrimas. Pasó por delante de los nichos de los que colgaban viejas flores muertas. La verdad es que el corazón se le aceleró porque, aunque no veía nada, sentía una presencia. Se sentía observado y no sabía por quién.
- ¡¿Hola?!
Su voz se perdió en el silencio de la noche y todo volvió a quedar en el más absoluto silencio. Su imaginación le estaba jugando una mala pasada y los asesinos aparecían tras las tumbas y los fantasmas se lamentaban por osar pecar en un lugar sagrado. Comenzó a sentir auténtico pavor al caminar solo en la noche por allí. Un remolino de aire gélido apareció de la nada bufando y con la misma rapidez desapareció. El joven se santiguó y decidió ir en busca de Amanda, a la que había dejado sola. En su camino de regreso, por un momento temió haberse perdido entre las tumbas, pero enseguida encontró el camino. Amanda no estaba, sólo su chaqueta vaquera. Él la recogió.
- ¡Amanda!
No hubo respuesta. Lo que faltaba, ahora ella se habría escondido para asustarle, como siempre hacía.
- ¡Amanda, déjate de bromas! ¿Dónde estás?
Silencio. Ni un susurro. Ni una respiración, sólo el latido de su propio corazón latiendo cada vez más fuerte dentro de su pecho. Se echó la mano al bolsillo y sacó el teléfono. Marcó su número y esperó. Pero el móvil de la chica no sonaba por ningún lado, sin embargo daba la señal. Aguardó y agudizó el oído por si ella lo había puesto en vibrador para continuar con la broma. Nada.
- ¡Estupendo! ¡Amanda, sal hostia!
Silencio. Comenzó a caminar de nuevo entre las tumbas buscándola. No había ni rastro. Se asomó por la verja al coche aparcado en la entrada, estaba vacío. ¡Qué tontería! había cerrado con llave y él tenía las llaves, no podría haber subido al vehículo. Miró por debajo por si veía las piernas de la chica, por si estuviera escondida detrás. Nada. Por fuera del cementerio no estaba, ni a uno ni otro lado de la valla. Entró de nuevo, cada vez más nervioso. Dio otra vuelta entre las tumbas.
- ¡Amanda, joder, déjate ya de tonterías! ¡Vámonos!
Volvió a llamar por teléfono. Nada, daba señal pero ella no lo cogía ni se oía por allí cerca. Bufó. Estaba empezando a perder la paciencia, mitad enfadado mitad asustado por si aquello no era precisamente una broma, aunque de ello intentara auto convencerse.
- ¡Amanda, joder!
Miró lápida por lápida, la zona de los nichos, la entrada, el perímetro, el tanatorio contiguo... ni rastro de la chica ni el más mínimo sonido. No tenía sentido. ¿Dónde se había metido para no verla ni oírla? ¿A dónde había ido? La carretera se adentraba hacia las lejanas luces del pueblo, pero dudaba que hubiera ido andando por allí. ¿Por qué coño la dejaría sola? Empezaba a esta muy asustado. Volvió a recorrerse el cementerio por dentro y por fuera, llamándola a gritos y al móvil y con idénticos resultados. No sabía qué hacer. ¿Debería coger el coche y marcharse, dejándola allí sola? ¿Debería seguir buscándola por si le había pasado algo? ¿Debería recorrer el camino hasta el pueblo? ¿Esperarla allí? ¿Qué?
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