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Motel Néctar [2/2]

Galiano CorreaGaliano Correa Anónimo s.XI
editado abril 2016 en Otros
El hombre miró al joven de ojos claros y se levantó en silencio. Entró en una habitación y trajo consigo un objeto plano, que Blake no consiguió saber con exactitud qué era, hasta que volvió a sentarse junto a él.
Era un espejo pequeño y cuadrado de oro. El marco estaba adornado en la base de cada extremo, con dos arboles de los cuales en vez de brotar ramas y hojas, lo hacían cables eléctricos y calaveras sin mandíbulas.
–Toma, cógelo –dijo Marc ofreciéndoselo. ¿Qué te parece? Está hecho a mano.
Blake lo tomó con las dos manos por los extremos y la parte trasera, para no mancharlo con ninguna huella.
–Es… extraña y perturbadoramente precioso. ¿Quién lo hizo?
–Cuentan que lo forjó un artesano europeo del siglo XVI. La mayoría decían de él que era un ermitaño que estaba loco, perturbado, endemoniado… Otros pocos creían que podía ver el futuro… Un futuro apocalíptico carente de vida tal y como la conocemos actualmente.
–Algo de visionario debería de tener, para pensar tallar cables eléctricos hace tantos siglos cuando la electricidad no existía aún. Aunque es posible que no sean eso mismo, sino algo de la época que se parezca a esos cables.
–Muy cierto –dijo sonriendo Marc pasándose un dedo por el labio.
–¿Qué fue de él? Del ermitaño.
–Tuvo que huir de su ciudad natal y desaparecer. La gente, la cultura imperante de la época, no entendía y por supuesto no toleraba sus grabados, su obra. Su arte. Eran una herejía.
Blake se contempló unos segundos en el casi perfecto pulido espejo.
–¿Qué ves? –dijo Marc.
–Nada nuevo –sonrió el joven–, un rostro que conozco bien.
–¿Cuántos años tienes?
–24. Cumplo 25 en tres meses.
–¿Es para ti muy importante tu apariencia física, verdad Blake?
–Bastante –dijo observando a Marc–. Sé que soy apuesto, aunque pienso que menos de lo que la gente me suele decir. Aun así, me gano la vida con mi cuerpo y mi aspecto tiene que estar lo mejor posible cada día. Deporte, cremas, peluquería... esas cosas ya sabes…
–¿Si pudieras elegir quedarte en una edad de tu vida para siempre, Blake, que edad elegirías?
El joven se sorprendió. Marc hacia unas preguntas que al tiempo que le impresionaban, le fascinaban e inquietaban a partes iguales. Pero había algo en él que le hipnotizaba. No era como todos los demás clientes que contrataban sus servicios para verlo desnudo y practicar sexo al momento de presentarse. Había un aura de respeto y misticismo que envolvía a Marc como una coraza casi impenetrable.
Blake volvió a observarse con detenimiento en el majestuoso espejo.
–Creo que me quedaría como ahora –dijo el joven de ojos claros.
–¿Por qué cómo ahora? –dijo Marc con el dedo índice colocado sobre sus labios y el pulgar en la mandíbula.
–Estoy en la mejor etapa de mi vida. Soy independiente. Hago prácticamente lo que quiero cuando quiero, con alguna excepción claro está –sonrió–. Algunos pensarán que mi trabajo es una mierda, pero no me quejo. No sé qué me depara el futuro, pero sé que anteriormente lo he pasado bastante mal y que llevo unos buenos años. Sí, creo que me quedo como estoy ahora.
–¿Si te dijera que puedo concedértelo, qué dirías?
–¿Concedérmelo?¿Te refieres a no envejecer?
–Eso es.
Blake lanzó una carcajada llevándose las manos a la cara. Miró a Marc y recuperó la compostura al ver que el hombre no sonreía.
–¿Lo dices en serio, no es una broma o un mal chiste? –dijo el joven extrañado.
–No es ninguna broma Blake.
–Pero, ¿trabajas para alguna empresa farmacéutica o alguna empresa de ingeniería genética?
–Algo por el estilo pero no –sonrió Marc–. Eres más inteligente de lo que esperaba para alguien de tu mundo Blake. Eso es muy raro de encontrar.
–Gracias. Pero hablando en serio. Me resulta casi imposible de imaginar, la verdad. Pero en el caso de que se pudiera, debe de ser caro, muy caro y no tengo tanto dinero Marc.
–¿Y si te dijera que para ti sería gratis?
–¿Por qué, qué sacas tú de esto? –dijo el joven entrecerrando los ojos.
–Sólo que cuando te llame para vernos, vengas sin objeciones de ningún tipo. Disponibilidad prácticamente total y que por supuesto no me cobres.
–¿Mi compañía gratis por quedarme congelado en el tiempo tal y como estoy? –dijo mirándose una vez mas en el magnífico espejo.
–Eso es Blake.
–Vale, trato hecho. Es un poco surrealista pero de acuerdo –sonrió con efusividad.
Marc le ofreció la mano. Blake la miró y las apretaron.
–Así firmamos el trato, ¿no? –dijo Blake jovial.
–Así es, el trato está hecho.
–Sería bonito que fuera verdad Marc. De veras. Me lo he pasado muy bien fantaseando. Es raro. La gente que me contrata apenas quiere conversación.
Marc lo miró sonriendo y se levantó.
–Ellos se lo pierden –dijo mientras se quitaba la chaqueta y se desabrochaba los gemelos dorados.
Blake lo observó con los ojos entornados mordiéndose el labio inferior.
–¿Te apetece ir a la habitación? –dijo Marc suavemente.
–No me apetece... me encantaría… –murmuro Blake levantándose despacio.
Marc le cogió de una mano y guió al joven caminando lentamente por el estrecho pasillo bañado por la azulada atmósfera. El hombre abrió la última puerta del pasillo y entraron.
Blake comenzó a desnudarse quitándose primero la chaqueta. Marc se sentó en la cama al mismo tiempo que se desabrochaba su corbata negra y gris y se deshacía de sus zapatos.
No perdía un ápice de atención, de como el joven iba perdiendo poco a poco la cobertura de su belleza carnal, hasta que este al fin, depositó sobre una silla la última prenda.
El cuerpo desnudo, sonrió a Marc y se llevó un dedo a los labios que mordió ligeramente con la punta de los dientes, al tiempo que con timidez se balanceaba.
Marc se levantó y aproximó a Blake, entrelazaron sus manos y se besaron con dulzura.
–Ven a la ducha –dijo Marc.
El hombre abrió el agua y dejó que saliera durante unos segundos.
–¿Está a tu gusto?
Blake se acercó y tocó el caudal de agua.
–A ver… Un poco fría –sonrió y movió un poco el grifo de posición–. Ahora está como me gusta... un poco caliente…
Marc puso su mano en el agua. Observó durante unos segundos como el vapor de agua humeaba de su extremidad. Parpadeó un par de veces como recuperándose de una ensoñación y entró a la ducha.
–¿Te bañas con ropa? –dijo sonriendo Blake.
–No siempre precioso –rió Marc.
El joven entró en la cabina de hidromasaje y el tiempo pareció ralentizarse.
Marc se colocó tras Blake. Apoyó su mano izquierda sobre el rostro del rubio ángel y fue deslizándola con ternura. Cara… cuello... costado… cadera… Masajeó su terso trasero con ambas manos y volvió a subirlas deslizándolas por la espalda hasta llegar al cuello. A Blake se le escapó un ligero gemido. El hombre vestido cogió con suavidad pero con firmeza las manos del joven y las apoyo contra la espalda de este. Acercó su cara por detrás a la de Blake y se quedó unos segundos a la altura del oído izquierdo.
–Un trato es un trato –susurró Marc en la oreja de Blake.
Blake notó como su cuello se le oprimió por un costado, al tiempo que le ardía como si fuego manara de él y comenzó a gritar.
El agua que por los chorros brotaba, poco a poco se fue tiñendo más y más de rojo bermellón, creando una imagen parecida a la de un barril de vino acribillado por un subfusil Uzi.
Marc no se despegaba del cuello del joven. Lo tenía atenazado por la yugular como un león, con una fuerza titánica a la vez que hacía unos movimientos espasmódicos con la cabeza.
Trajeado por la barbarie, el hombre levantó el rostro, con los ojos abiertos hasta el exceso y emitió un grito gutural mostrando unos colmillos largos y afilados. Lamió a Blake los dos orificios que le había provocado y estos dejaron de sangrar casi de inmediato.
Depositó al joven inconsciente en el sillón de la cabina de hidromasaje.
–Bienvenido –le murmuró mientras sonreía mirándolo con atención y el agua rojiza golpeaba sus cuerpos.
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