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Crónica de un desperdiciado concierto para una mariposa en metamorfosis

LegendarioLegendario Fernando de Rojas s.XV
editado julio 2015 en Humorística
En aquel momento había más de siete millones de orugas de la especie agraulis vanillae monitoreadas por otras tantas cámaras del grupo de los Observadores.
Los sensores conectados a ellas detectaron a una en especial que devoraba las hojas del arbusto de vanilla acuta a un ritmo descomunal, lo que atrajo la atención de Stavschenko.

El científico responsable de detectar orugas excepcionales la observó durante varios minutos, y reconoció que se trataba de una larva fuera de serie.
Stav –como le decían sus compañeros de trabajo- asignó a tres de sus mejores ayudantes a vigilar a esa prodigiosa criatura día y noche, mientras aumentaba su tamaño y su ciclo se acercaba al momento de generar su crisálida.

Era tan relevante ese momento, que Giorgio Rampi, el responsable de especies menores de los Observadores, reunió a su equipo de asesores para ver qué se podía hacer ante ese prodigio de ADN lepidóptero.

Tras de varias horas de deliberación, el Consejo de Observadores decidió que se presentaba la oportunidad única de considerar la teoría del brillante entomólogo Weber-Istalowsky, quien insistía en que las mariposas a punto de salir de la crisálida disfrutaban de la música selecta, y que al escucharla mientras se gestaban, adquirían habilidades extraordinarias, debido a que sus tubos de malpighi eran muy sensibles a la belleza acústica.

Inmediatamente se consultó al equipo de psicoentomología para saber si podrían generarse efectos secundarios negativos en la psicología de la naciente mariposa.

Contra lo esperado, este grupo de científicos confirmó las bondades de la teoría de Weber-Istalowsky y aconsejó seguir adelante con el experimento.

Una vez que el Consejo de Observadores se sintió seguro de que la mariposa por nacer se vería beneficiada con el hecho de poder escuchar música selecta dentro de la crisálida, se procedió a solicitar a la firma Steren-Brook de Nueva York el diseño de un equipo de microaudífonos para insertar en la ya incipiente crisálida de la recién descubierta oruga, bautizada por los Observadores como Ory.

Y cuando las cámaras que monitoreaban a esta maravillosa criatura mostraron que el proceso de crisalidación de Ory iniciaba, fueron colocados cuidadosamente los micrométricos y delicados altavoces de vanguardia en dicha crisálida.

Los psicoentomólogos, tras de reunirse con sus asesores en entomusicología, recomendaron que Ory escuchase Asi Habló Zaratustra de Richard Strauss, por su rítmica y brillante motivación existencial. Todo salió de acuerdo a lo planeado.

Ory, la oruga, se convirtió en Lepy, la mariposa dueña de todas las expectativas genéticas. Al acabar de romper su crisálida, la maravillosa criatura extendió sus preciosas y robustas alas, así como sus poderosas patas. Los Observadores –cientos de ellos que la monitoreaban- estaban extasiados de tanta belleza y poder en un insecto.

Emprendió el vuelo llena de majestuosidad, ante el enorme optimismo y alegría de sus mentores humanos, cuando de pronto, antes de veinte segundos, un inesperado cuervo atravesó su camino y devoró a Lepy de un solo picotazo.

Todos los Observadores se quedaron mudos de espantoso asombro: ese pájaro –de nombre Crowy- no debería haber estado ahí en ese momento.

Johann Friedrich, el experto ubicador de pájaros monitoreados fue despedido de su trabajo en Observadores, y demandado ante las autoridades por incumplimiento de sus funciones.

Jean-Louis de la Ville, el responsable de revisar el entorno de la crisálida previo al primer vuelo de Lepy, fue multado con 17 000 euros por su enorme descuido.
Crowy, el cuervo, fue rastreado con todo tipo de instrumental por un equipo especial de los Observadores durante varios kilómetros, hasta que lo vieron defecar.

Inmediatamente, un equipo de exploradores experimentados recogió las heces de Crowy que contenían los restos de Lepy, y éstos fueron llevados en helicóptero especial hasta el laboratorio principal de los Observadores, ubicado en Lausana (enorme viaje a través del Océano Atlántico) para reconstruirla a partir de su ADN.

Los adiestrados genetistas informaron al día siguiente que ése no era el ADN de Lepy, ni tampoco eran los excrementos de Crowy.

Filippo Mancini, jefe del equipo de exploradores, fue cesado del equipo, al igual que todos los rastreadores que perdieron el rastro de Crowy.

Lepy, la más relevante mariposa en la historia del planeta Tierra, había dejado de existir sin dejar rastro genético.

La Organización de las Naciones Unidas suspendió por siempre el financiamiento a los Observadores.

Mientras todo esto ocurría, un escarabajo de la especie dichotomius hope devoraba las heces del cuervo Crowy en un lugar muy lejos de lo imaginado. Muy pronto -un par de generaciones después- nacería Escary, un escarabajo inimaginable que, con los genes de Lepy, devoraría enteros a muchos seres humanos, y se convertiría en una tenebrosa leyenda amazónica, sin que nadie, absolutamente nadie, pudiese observarlo.
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