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Desde mi lado de tu sombra.

EngelEngel Anónimo s.XI
editado junio 2015 en Prosa Poética


Lo he dicho muchas veces, eres expansiva como el mapa de silencio que dejas después de tu sonrisa. Y porque me hago de niebla, te rodeo con mis brazos transparentes en este lugar que somos sin estar. Aquí, tu silencio se vuelve sonrisa con los días, por eso no me importa esperar. Y aquí, donde sólo habito yo, ¿para qué vine? Seguro que para encontrarte y tal vez, para vencer una distancia.
Añoro el concepto que hemos creado sobre esta realidad para encubrirla entre las telas ocultas de nuestros encuentros. Y ahora te extraño, te extraño en una pasión de movimiento que empuja mis sentidos hacia un espacio que jamás llegarán a ocupar. Pero no me cansaré de ir hacia ti con mis palabras, comprendo dónde estás, más allá del horizonte, pero no más allá de mi lado de tu sombra. Y me traje esta pregunta, y en tu paisaje estoy.

Pensando en el silencio que me espera y mirando hacia atrás sin ira, de qué manera más impenetrable he imaginado poema tras poema, cuando a ella le aterran los lugares compactos y sin fisuras, los lugares herméticos como los que crea la vanidad, el rencor o la mentira. Así es ella, se pasaría el resto de su vida tendiendo puentes con sus ojos, tanteando en la oscuridad y reparando afectos. Al hablar desenrolla caminos por explorar y cuando calla, los vuelve a enrollar pero dejando siempre una tenue huella. Si no fuera porque la llevo dentro mi laberinto estaría en ruinas, sus latidos me dibujan el modo de salir. Se me antoja que gotas de su silencio son las que corren por mis venas. Imposible saberlo, tal vez, es quizá, el silencio que me espera.

Pues sí, hace tiempo que no puedo escapar de tu poder de seducción, ¿se notará en mis poemas el paso de ese tiempo? Mientras lo averiguo ya te veo cogida de mi mano y las convulsiones de tus deseos esparciendo cimientos de soledad mientras descubro tu cuerpo, mientras descubro tu cuerpo recurro a romperme perdido en tu sombra, mientras me obligo a olvidarte.
De aquella mirada, la mitad de la luz que filtraron mis ojos, se quedó dentro, tiempo después, la otra mitad es mi única certeza, me recuerda los caminos inocentes de la niñez. Ahora ha mudado el color y me trae los pasos blancos sobre la nieve del otoño. Arde en él, cada gota de esa luz rebota en las paredes de mi vida, generando una onda que se confunde con la espuma de aquel río o las cicatrices de tus sueños o la hierba de mi infancia.
Me sobrecoge reconocerme en la resonancia de tu eco pero me recuerda que existo oscuro en tu luz, portavoz de tus emociones con mis palabras, obligado a inventar otra mirada para soñar contigo.

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