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La lechera de Vermeer

licomanuellicomanuel Pedro Abad s.XII
editado marzo 2015 en Ensayo
LA LECHERA DE VERMEER




Piensa en tres visiones distintas de una mujer. Tres momentos distintos, en los que se hubiera parado el tiempo, en los que hubiera participado una mujer. No me voy a perder, en este sentido, en procurar expresiones o situaciones que se nos puedan presentar en un póster o en un anuncio de televisión o radio, aunque pudieran ser buenos. Me voy a centrar en los recuerdos, en los míos, para más señas. Yo creo que todos tenemos este tipo de hilos mentales, enraizados a traves del cuerpo, engarzados al maremagnum de nuestro cerebro.


Como quien observa el silencio, hace 20 minutos estaba contemplando a Vera, recorriendo el frigorífico con la mirada, contando y recomponiendo la distribución de lo poco que tenemos y haciendo la lista de lo que necesitamos comprar. Como dijo un cantante una vez, yo abriendo una ventana para hablar de lo que tiene importancia y ella escribiendo lo importante. En un momento dado, en el que la mente quiere hacer su transición hacia territorios más difusos y dejar atrás el camino de lo cotidiano, ella se yergue y se coloca el bolígrafo en la boca, mordiendo la parte trasera. Comienza a pensar en lo que hace falta y más concretamente en lo que nos hace falta. Lo estático de la situación hace que divise lo novedoso del asunto: está cavilando, intentando pensar en alguna cosa más que se le haya pasado a la hora de confeccionar la lista, siendo la innovación la combinación de nuestras necesidades en su discurso mental. En cierta manera, aunque yo estuviera asomándome a una ventana para contaros esto que estáis leyendo, por unos breves instantes fui pensamiento yaciendo en el espacio de la habitación, absolutamente huérfana de ruido, una ausencia de sonido que sólo Manchester puede reproducir. Vera terminó la comanda de la comida, liberando el espacio estéreo de los dos, inclinada sobre el papel y apuntando lo último que precisamos mientras su cara iluminada, indicaba su conexión íntima y absoluta con el presente, como hacía en su cuadro la lechera de Vermeer.


Otra visión. Una de la oscuridad que envuelve una habitación común, en un lugar lejano, con gente de otras regiones, sin la capacidad de comunicarse, con el escaso entendimiento que reside en las manos. El unico soporte que existía en aquellos días en la habitación del hospital era una silla y por cuestiones de logística, la más eficaz calefacción era una manta. El día que me internaron no estaba sólo, físicamente hablando. Vino Miguel Ángel a verme y a preguntarme como había ido todo, él me recordó que tenía que llamar a mis padres para decirles que me habían operado. Y después de llamar vinieron todos juntos. Cuando llegó la noche, yo ya sabía que no iba a poder dormir porque mi compañero de habitación era una persona con problemas psicológicos y cierto retraso mental que estaba, literalmente cada diez minutos, recordando que le dolía la barriga (i have pain in my stomach, gritaba). Así que de esa forma fue muy difícil dormir. Lo curioso, o debería decir mejor lo entrañable, del asunto era que la persona que estuvo a mi lado toda la noche no consiguió dormir mucho pero su presencia era patente. Tan clara y rotunda, advirtiendo siempre cualquier problema y atenta a cualquier cambio en mi estado. A pesar de no haber dormido casi nada y con un viaje a cuestas, siempre oía su voz detrás de mí cuando venía la enfermera a darme la medicación o a ver cómo estaba. Todavia recuerdo cuando vino la asistente la primera vez y ella se desperto cuando oyo el ruido. Me dijo algo como "eh?, que pasa?, estas bien Andres Jesus?", yo le respondi para tranquilizarla "si, mamá, no te preocupes, estoy bien", mientras la miraba con una de esas sonrisas que le dirijes a alguien que esta quedando dormido conforme habla, alguien a quien quieres. Palabras en la noche en un hospital de Irlanda. Mi madre no se separó de mí en toda mi estancia.


Una de las características principales de todo terapeuta (segun la literatura inglesa) es la capacidad de autoactualizarse. Esta cualidad se refiere a la habilidad de los terapeutas para mejorarse a uno mismo, para intentar siempre avanzar en aquello que nos supone una dificultad o las áreas donde existe mayor margen de maniobra. Lo curioso en esta vida ocurre cuando en lugar de autoactualizarnos, nos actualizan y nos marcan un camino que anteriormente podría habernos parecido lleno de obstáculos y completamente incierto y que a los ojos de los demás, sin embargo, puede parecer como la senda más natural. Esto fue precisamente lo que le paso a mi hermana y más concretamente, lo que me dijo. En un mundo en el que la mayoría de las elecciones que realizamos están rodeadas por un halo de miedo, cuando escuchas la verdad en la boca de los que te quieren, te parece lo más lógico que hayas escuchado nunca. Si a eso le sumas la capacidad de raciocinio y la de tener los pies en el suelo, entonces es como si estuvieras visitando al oráculo. La conversacion que tuve con mi hermana fue acerca de mi costumbre de escribir y sobre mi optativa por continuar haciéndolo, aún a base de tomar decisiones drásticas como dejar el trabajo que tenía (que tengo) para escribir la historia que siempre quise escribir. Le dije "he pensado en dejar el trabajo y sentarme a escribir la historia que siempre he tenido en la cabeza, es una idea un poco peregrina, no?". Ella me miró y relajando los labios sobre el mentón me dijo "no, yo no creo que sea una idea loca". Me dijo lo que nadie en su sano juicio me hubiera dicho, lo que todos una vez vestidos de gris hubiéramos negado. Me lo dijo no porque estuviera aún más iluminada en ese instante, sino porque sabía lo que podía iluminarme a mí.


En estas tres visiones podemos ver algunos de los distintos aspectos de lo que, en mi opinión, significan las mujeres en nuestra sociedad. No sólo pueden ser igual de competentes o eficientes (y lo contrario) que los hombres en un trabajo o incluso equivocarse y errar el juicio igual que todos nosotros. También pueden pensar en tí, contar contigo, no abandonarte, luchar por tí, apoyarte y sacar lo mejor de uno, de la misma forma que cualquier hombre podría hacer. El problema es que debido a la polaridad sexual de esta sociedad, un hombre con todas esas cualidades puede ser concebido como un líder; una mujer con esas cualidades podría ser tu novia, tu madre o tu hermana.


Enhorabuena a todas las mujeres (tardíamente) y espero que poco a poco se vaya serenando la injusticia en nuestra sociedad, colocándonos a todos en nuestro lugar, es decir, a la misma altura.

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