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La gallina de los huevos de colores

LegendarioLegendario Fernando de Rojas s.XV
editado febrero 2015 en Infantil y Juvenil
Al principio, el universo y el mundo eran en blanco y negro. Los colores no existían en ninguna parte. A la vida le faltaban alegría e ilusiones.

Pero una vez, en una granja en la montaña, nació una pollita blanca muy dulce, que gustaba a todos sus compañeros por su piar melodioso y sus enormes afectos.

Un día, escarbando la tierra debajo del gallinero en busca de una lombriz negra, se encontró con un agujero que conducía a la casa de unos duendes pequeños de color gris claro, a quienes ella agradó desde el principio por su tierna mirada.

Enseguida se hicieron amigos, y así, todas las mañanas, en cuanto salía el blanco sol, ella iba a visitarlos, pues siempre le daban de comer algunos granos de cereal mágico del que cultivaban ancestralmente en una granja subterránea.

La pollita nunca supo de las razones de los duendes ni de las consecuencias que le traería esa dieta diaria de extraño cereal, hasta que se convirtió en gallina y empezó a poner huevos.

Fue entonces que se dio cuenta que los lunes sus huevos eran de color azul celeste; los martes de color rosa; los miércoles, púrpuras; los jueves, verde pastel; los viernes de color amarillo; los sábados de color rojo; y finalmente, los domingos salían multicolores.

Tras de empollar sus huevos, que eran la curiosidad y orgullo de toda la granja, nacieron muchos pollitos de todos los colores, todos ellos muy cariñosos, con piar melodioso como el de su madre.

En cuestión de un par de meses, el gallinero lucía de lo más alegre imaginable, no sólo por los colores de los pollitos, sino porque se escuchaba un dulce coro de pío-pío por toda la granja.

Y así, los extraños duendes grises que habitaban bajo aquella tierra, decidieron un día darle a los pollitos de colores la capacidad de volar, y éstos, cuando lo hicieron, contagiaron con su contacto al mundo y al universo de hermosos colores, de alegría y de ilusiones.

Una vez cumplida su labor, los duendes crearon el arcoíris para que los pollitos de colores descansaran después de cumplir con su obligación de colorear todo, y con ello, alegrar el universo.

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