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Vives i March, Juan Luis - Tratado del alma

odmaldiodmaldi Fray Luis de León XVI
editado agosto 2016 en De la A a la Z
Juan Luis Vives, en latín Ioannes Ludovicus Vives (Valencia, 6 de marzo de 1492 — Brujas, 6 de mayo de 1540), fue un humanista, filósofo y pedagogo español.

Biografía

Nació en Valencia en 1492. La familia Vives era importante dentro del núcleo de comerciantes judíos, religiosos y económicamente acomodados en Valencia. Para proteger la vida de sus familiares así como sus propiedades y evitar así mismo el riesgo de ser expulsados, se vieron obligados a convertirse al cristianismo. Sin embargo, siguieron practicando el judaísmo en una sinagoga que tenían en su casa y de la que era rabino un primo hermano de Juan Luis, Miguel Vives. Pero en 1482, la Inquisición descubrió a Miguel y a su madre en la sinagoga en plena liturgia, iniciándose así un proceso contra la familia Vives a manos de la Inquisición.

Leer más en Wikipedia
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Título: Tratado del alma
Author: Vives, Juan Luis, 1492-1540
Publisher: Madrid ["La Lectura"]
Call number: AFB-9319
Digitizing sponsor: University of Toronto
Book contributor: Robarts - University of Toronto


PRÓLOGO
Si en la historia de la filosofía española quisiéramos buscar un nombre que representara en ella un valor semejante al de Descartes, Bacon o Kant en la de Francia, Inglaterra o Alemania, seguramente habríamos de acordarno s del de Luis Vives. Porque ni nuestros místicos, no obstante su alta y tal vez incomparable significación, ni la pléyade de nuestros grandes juristas, sin los cuales no podría explicar la historia cabal y completamente la personalidad de Grocio, y en su consecuencia, la de todo el movimiento de la filosofía del derecho en los siglos XVII y XVIII, ni, en fin, ninguno de nuestros teólogos, aunque alguno como Suárez vaya subiendo cada vez más en jerarquía, pueden ser en justicia considerados, al modo de Luis Vives, como un eslabón en la cadena del pensamiento, sin el cual, no ya esta o la otra actividad especulativa quedaría disgregada y suelta de la totalidad y del conjunto, sino que la evolución y la continuidad lógica de la filosofía entera quedaría truncada y deshecha.

En efecto, bastará para justificar nuestro aserto, la sencilla consideración de que no podríamos comprender nunca el alcance y la significación de la filosofía moderna si desconociéramos el valor sustantivo y la finalidad suprema del Renacimiento, y éste sería inexplicable si prescindimos de lo que en él representan, especialmente Erasmo y nuestro gran pensador.

Hemos de ver, por tanto, en Luis Vives, un filósofo que entra por derecho propio en la historia universal de la especulación filosófica, aunque su intelecto tenga, como era y será siempre necesario en semejantes casos, a quella modalidad y aquella característica distintiva e inconfundible de la raza y del pueblo de donde procedía. Esto quiere decir, que la doctrina y la concepción total de nuestro filósofo no puede ser íntegramente comprendida si no es considerada desde el doble punto de vista de lo humano y de lo nacional, o si se quiere, de lo universal y podríamos decir genérico y objetivo de la indagación filosófica, y desde a quel otro, en que la propia especulación se nos ofrece condicionada y como moldeada por los elemento s inseparables de su propia esencia, el del lugar y el del tiempo, y el que a nosotros ahora más nos importa, el de su raza y su nacionalidad. O si se nos exigiera una mayor concisión en lo que queremos expresar, que habrá que estudiar en Luis Vives, su doble cualidad de filósofo y de español, cuando sepretenda conocer el valor íntegro de su doctrina en la historia de la cultura.

[...]


PREFACIO

Dedicado a don Francisco, duque de Béjar, conde de Belalcázar, etc.

No hay conocimiento de cosa alguna más importante que el del alma, ni tampoco más agradable, ni más admirable, y que tenga mayor utilidad para las materias más altas, porque al ser el alma lo más excelente de cuanto se ha creado bajo el cielo, y aun más que los cielos mismos, sucede que tenemos en mucho todo aquello que podamos aprender acerca de ella. Hay en el alma tal variedad, armonía y ornato, que no se ha hecho pintura ni descripción semejante de la tierra ni del cielo; es además inventora y artífice de las cosas admirables de toda la vida, hasta el punto de que no es posible contemplarla sin sumo placer y gran admiración. Desde luego, por radicar en ella la fuente y origen de todos nuestros bienes y males, nada más conveniente que el conocerla debidamente, para que, una vez limpio el manantial, salgan puros los arroyos de todas las acciones: pues mal podrá gobernar su interior y sujetarse a obrar bien quien no se haya explorado a sí mismo. En efecto: lo primero es conocer al artífice para saber qué actos hemos de esperar de él, para qué cosas es apto, ya como agente o paciente, y para cuáles otras no lo es; por eso aquel antiguo oráculo, famosísimo en el mundo entero, mandaba establecer como primer paso en el camino de la sabiduría éste: «que cada uno se conozca a sí mismo»; y no ciertamente los huesos y la carne, los nervios y la sangre, aunque todo ello también, mas lo que quería se estudiase es la naturaleza y cualidad del alma, su ingenio, facultades y afectos, así como explorar en lo posible su s diversas y largas revueltas y sinuosidades.

[...]

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