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Se busca corrector de textos

GadesGades Garcilaso de la Vega XVI
editado octubre 2014 en Narrativa
Lo dejo aquí porque no sé dónde ponerlo.



SE BUSCA CORRECTOR DE TEXTOS

Tenía una mirada especial, cautivadora. Lo recuerdo porque sus ojos fueron lo último que vi tras despedirle. Tampoco había en su persona mucho más que recordar. No era precisamente interesante. Estaba volcado en su trabajo, lo era todo en su vida. Supongo que esa fue mi manera de llegar hasta él, convertirme en parte de su trabajo. No había otra forma ya que no pensaba en toda la mañana en nada que no fuese leer, releer y corregir un texto tras otro. La mesa de su estudio, ¡qué digo la mesa!, la habitación al completo era un cúmulo de escritos cubiertos de anotaciones en colores varios.
- Te he dicho mil veces que lo subrayado en verde está bien.
- Entonces ¿lo de azul?
- Es lo que sobra, se puede eliminar sin perder sentido
- Ya veo. Pero mis textos siempre están cargados de tachones rojos.
- Errores, errores, errores… Cometes muchos errores.

Resultaba frustrante comprobar lo mismo con cada escrito que le entregaba. Yo pretendía que viese el significado de las palabras, el fondo del texto, y él no hacía más que destripar cada detalle, cada pequeña e insignificante incorrección, cada elemento descolocado o redundante.
Sí, a eso se dedicaba cada mañana, a diseccionar el cuerpo de todo relato que caía en sus manos. Tú ibas allí y le dejabas sobre la mesa palabras cargadas de valor, al menos para ti. Te devoraban los nervios mientras esperabas que levantase la mirada del papel para observarte parapetado en sus lentes y emitir el veredicto final. Tras un silencio asfixiante, cubría tus hojas te anotaciones, subrayados y tachones varios y soltaba su valoración sin inmutarse, sin dar una muestra de humanidad.
El caso es que siempre tenía una palabra agradable. Tras destrozar sutilmente cuanto habías hecho, con toda la flema del mundo, tenía el valor de decirte que estaba bien, que el fondo le gustaba y que siguieras escribiendo. Te pedía, con su tímida sonrisa y cara de bueno, que le enseñases también lo próximo. “¿Enseñarte más cosas mías?, pensaba yo camino de mi casa. ¡Acabo de dejarte el alma sobre la mesa y me devuelves tripas ensangrentadas!”.
Fuera de su trabajo no era una persona muy diferente. Cambiaba los rotuladores de color por la pluma y se dedicaba a escribir sus propias historias. Historias que luego tenía a bien compartir conmigo. A veces con orgullo, otras tímido y algunas temeroso, sobre todo las últimas. Supongo que intuía las cuentas pendientes que podría querer cobrarme en sus relatos, mi derecho a ser cruel. Pero mi juicio nunca llegó a ser tan despiadado como el suyo. Yo siempre buscaba un sentido en sus historias, no me fijaba en los errores ni en la forma si no en el fondo. Eso le salvaba siempre de mi crítica.
Una noche me propuse cambiar de estilo y convertir mis textos en algo mejor, algo que valiese la pena. Para ello tuve que retomar los viejos cuentos del pasado, revisar cada corrección, tomar las ideas salvables, eliminar todo aquello que me subrayó de azul. Busqué el motivo de cada corrección en rojo. Aprendí. Y de lo aprendido elaboré el mejor de mis relatos. Sentía que éste sí le iba a gustar, que no le podría poner ninguna pega, que por fin, al no verse estorbado por los errores, llegaría al fondo de la historia. Me sentía muy orgullosa de mí misma.
Necesité un par de días para encontrar el valor suficiente. Me asustaba enfrentarme a esa mirada para recibir nuevamente una decepción, un juicio con sentencia de muerte para mi escrito. Reunidas las fuerzas, me acerqué a su pequeño estudio. Había tenido el detalle de anticiparle el motivo de mi visita: le llevaba el mejor de mis relatos, el definitivo. Lo dejé en sus manos y esperé sentada frente a él. Siguió el aterrador silencio mientras leía. Una vez terminada la lectura, mi corazón se paró al verle tomar los rotuladores. Desde la primera hasta la última página no quedó un solo párrafo sin sufrir el ataque frenético de sus correcciones. Tuve que respirar hondo, tragar saliva, repetir una y mil veces que eso no era lo que más importaba, esperar. Al final levantó la vista posando sobre mí esa mirada tierna de quien nunca ha roto un plato.
- Ya está.
- Pero…
- No entiendo muy bien porqué decías que era el relato definitivo.
- Pero… el significado… - Mi estado sólo me permitía balbucear como una cría asustada.
- El significado es el mismo de siempre, una tontería romántica, una historia insignificante.
- Yo…
- Olvídate de esto ahora. - Dijo devolviéndome con desgana mis papeles.- Voy a enseñarte lo que escribí ayer. ¡Verás qué pedazo de historia!

Tomé su pluma mientras él sacaba de la vieja mochila un folleto arrugado. Se puso a leer con entusiasmo, mirándome de hito en hito, buscando mis reacciones. No puedo recordar el tema ni el sentido de aquella historia. Mientras leía, yo sólo podía ver errores. Al terminar, levantó la mirada expectante. Y yo comencé las correcciones.
Su primera reacción fue de estupor. No esperaba que le corrigiese tan profundamente. Al principio se resistió un poco. Se le escapó incluso algún grito. Supongo que no le gustaba la idea de ser destripado con su propia pluma. Pero no entiendo de qué se podía quejar. A mi modo de ver, las correcciones que le hice eran muy acertadas. Incluso me permití copiar sus costumbres. Al concluir, el cuerpo de aquella historia había quedado prácticamente cubierto de rojo. Dejé sobre el escritorio todo su razonamiento tintado de azul hasta las orejas. Y para concluir, sacándola de contexto, coloqué su mirada a mis pies, sobre la alfombra, enmarcada en verde.
He necesitado un tiempo de reposo para atreverme a escribir de nuevo. Sigo temiendo las correcciones como si fuesen el mismo demonio. Pero al fin me he decidido. Tengo algunos textos esperando que alguien sepa corregirlos. No resulta fácil encontrar un buen corrector de textos hoy en día.

Comentarios

  • Sigue siendo difícil encontrarlos:)
  • YorickYorick Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado octubre 2014
    Pensé que era un aviso de ofrecimiento laboral... :(-(
  • GadesGades Garcilaso de la Vega XVI
    Madre de Dios, pero qué maleducada he sido estos años. 
    Amparo, igual es mejor no encontrarlos, jejeje
    Yorick, siento haberte confundido. Espero que al menos el relato no te quite las ganas de corregir ningún texto.
  • No cometeré el error de hacer una crítica de esta historia... sorprendente.

  • GadesGades Garcilaso de la Vega XVI
    Gracias por pasarte Bruderlin. 
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